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A new day will dawn for those who stand strong
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A new day will dawn for those who stand strong
A Kristoffer nunca le han gustado las multitudes, a menos que su al menos un %60 de la misma fuese femenina. Siempre había tenido una debilidad por las féminas, es algo que nunca pudo o quiso evitar. El ser hombre, de la realeza y tener la bendición física que él tenía, eran demasiado buenas como para dejar pasar todas las oportunidades que la vida se ofrecía a brindarle en bandeja de plata. Pero había otra cosa que no soportaba, las multitudes que solicitaban su presencia para hablar de negocios. Si bien, era cierto que estaba en el reino de Lohr, para concertar detalles sobre las acciones futuras de Ulrika y su monarquía, le molestaba el hecho de que no pudieran siquiera parpadear sin pedirle su opinión. Desde luego, él siempre tenía ideas concretas y perfectamente delineadas para casi todas las cosas, su buen juicio lo dejaba acertar en sus decisiones, pero, no se le daba la gana ayudar a la clase elitista a pensar. Suponía que los Dioses les habían brindando cerebros útiles, y prefería dejar que averiguaran solos como demonios hacerlos funcionar.
Así que había salido sigilosamente cuando un barullo sobre la reina de Lohr, se había alzado. No entendió a que se referían, algo acerca de rudeza en los tratos y una princesa desaparecida, de igual manera, no le importaba. Para Kristoffer, solo existía él mismo y nadie más… a excepción de su hermana. Kaysa era la excepción que confirmaba la regla, el único eslabón sensible que Kris aceptaba. Pero, era cuidadoso incluso con eso; afirmaba que dejar que el mundo conociera sus debilidades, era darle herramientas a sus enemigos para que cavaran su tumba. Por ello, mantenía a Kaysa como su preferida, la luz de sus ojos y la única capaz de ayudarlo a enmendar sus errores cuando estaba dispuesto, dentro de las paredes de su mansión. Sus allegados sabían que ella significaba un mundo para él, pero nadie más.
Una vez fuera del recinto, donde la reunión se llevaba a cabo. Kris se escabulló en dirección de los jardines para respirar aire fresco. Necesitaba liberar su mente de toda la testosterona contenida dentro de la habitación; un par de metros recorridos y se dio cuenta de que, los jardines desembocaban en el bosque.
La arboleda, se extendía hacia el norte, mientras el sol parecía comenzar a menguar en el horizonte. Al conde le gustaba caminar para desembarazarse de las ideas de los otros; de alguna manera, el hecho de estar en contacto con la naturaleza, le brindaba la oportunidad de encontrar un punto medio donde se sentía bien.
El único sonido que se escuchaba en varios metros frente a él, era el de los pájaros trinando con suavidad, mientras a sus espaldas, las voces de los hombres se convertían en murmullos ininteligibles. No tardo demasiado en dar con un pequeño claro, curiosamente, las flores que crecían eran todas rojas. Se inclinó, para obtener un vistazo más real y entonces escuchó el crujido.
Suave, una rama probablemente podrida por la humedad del lugar, pero sus oídos lograron detectarlo. –Quiero suponer que no eres el lobo feroz –murmuró haciendo apología al rumor que se acrecentaba en otro reino. Algo acerca de un hombre con la capacidad de mutar en una bestia, con colmillos afilados y sed de sangre. -Muéstrate –exigió, en tono que no dejaba lugar para ser desobedecido.
Así que había salido sigilosamente cuando un barullo sobre la reina de Lohr, se había alzado. No entendió a que se referían, algo acerca de rudeza en los tratos y una princesa desaparecida, de igual manera, no le importaba. Para Kristoffer, solo existía él mismo y nadie más… a excepción de su hermana. Kaysa era la excepción que confirmaba la regla, el único eslabón sensible que Kris aceptaba. Pero, era cuidadoso incluso con eso; afirmaba que dejar que el mundo conociera sus debilidades, era darle herramientas a sus enemigos para que cavaran su tumba. Por ello, mantenía a Kaysa como su preferida, la luz de sus ojos y la única capaz de ayudarlo a enmendar sus errores cuando estaba dispuesto, dentro de las paredes de su mansión. Sus allegados sabían que ella significaba un mundo para él, pero nadie más.
Una vez fuera del recinto, donde la reunión se llevaba a cabo. Kris se escabulló en dirección de los jardines para respirar aire fresco. Necesitaba liberar su mente de toda la testosterona contenida dentro de la habitación; un par de metros recorridos y se dio cuenta de que, los jardines desembocaban en el bosque.
La arboleda, se extendía hacia el norte, mientras el sol parecía comenzar a menguar en el horizonte. Al conde le gustaba caminar para desembarazarse de las ideas de los otros; de alguna manera, el hecho de estar en contacto con la naturaleza, le brindaba la oportunidad de encontrar un punto medio donde se sentía bien.
El único sonido que se escuchaba en varios metros frente a él, era el de los pájaros trinando con suavidad, mientras a sus espaldas, las voces de los hombres se convertían en murmullos ininteligibles. No tardo demasiado en dar con un pequeño claro, curiosamente, las flores que crecían eran todas rojas. Se inclinó, para obtener un vistazo más real y entonces escuchó el crujido.
Suave, una rama probablemente podrida por la humedad del lugar, pero sus oídos lograron detectarlo. –Quiero suponer que no eres el lobo feroz –murmuró haciendo apología al rumor que se acrecentaba en otro reino. Algo acerca de un hombre con la capacidad de mutar en una bestia, con colmillos afilados y sed de sangre. -Muéstrate –exigió, en tono que no dejaba lugar para ser desobedecido.

Kristoffer Lillkvist- Conde de Ulrika
- Mensajes: 42
Reputación: 2
Fecha de inscripción: 23/12/2011
Re: A new day will dawn for those who stand strong
Anneliese, habla bien. Anneliese, ¿por qué te peinas así? Anneliese, Anneliese... aquel nombre se escuchaba a toda hora en la casa de la familia Schäfer. Tras 21 años de vivir aquella desastrosa situación, la castaña había llegado a la conclusión de que simplemente había venido al mundo para que su padre tuviera a alguien con quien entretenerse. Día y noche encontraba cualquier pretexto para sermonearla y recordarle que ella ahora era la responsable de mantener en alto el apellido Schäfer y que si algo llegaba a ocurrir, sería por su culpa y por su poca preocupación respecto al título nobiliario que poseía. La castaña vivía en constante angustia y simplemente esperaba el día en el que todo aquel estrés que había acumulado durante los años, hiciera efecto sobre su salud.
Odiaba todo en aquellos momentos. Odiaba a su padre, el simple hecho de recordar que era una condesa le causaba repudio, pero ¿qué hacer? No había descubierto aun la forma en la que pudiera escapar de aquella pesadilla que vivía a diario. Había momentos en los que deseaba con fuerzas sobrenaturales el tener a su madre con ella. Las cosas hubieran sido tan sencillas para la ojiazul si tan solo su madre hubiera sobrevivido. Pero no, el "hubiera" no existía, así que tampoco se podía pasar día y noche lamentándose acerca de la vida perfecta que habría podido tener.
¿Cuál había sido el motivo por el que se había enfurecido aquella tarde Anneliese? Sencillo. Su padre había mencionado la palabra matrimonio. Le aseguraba que se encontraba en la edad perfecta, si no es que ya se les había pasado un poco el tiempo, para que comenzaran a buscar al joven indicado que le otorgara seguridad y el prospecto de un futuro exitoso a la joven. A su padre su padre le brillaban los ojos por la ambición. Estaba decidido a encontrar a un joven adinerado que pudiera asegurarle no solo el futuro a Anneliese, sino también a él.
La agresividad con la que había respondido Anneliese, había sido merecedora de una gran bofetada por parte de su padre. Solo la había golpeado en alguna ocasión cuando era muy pequeña, pero en aquel momento la joven no cabía en sí de coraje y odio. A pesar de los gritos de su padre de que volviera a la casa, la joven tras asegurarse de que azotaba bastante fuerte la puerta de la entrada, salió huyendo. Corrió bastante, hasta que la falta de aire la obligó a detenerse. Alzo la mirada y trato de ubicarse. Se había adentrado un poco en el bosque. Había escuchado de los peligros que supuestamente se corrían al adentrarse, pero su enojo no la detuvo y se adentró en el lugar.
Trataba de encontrar el claro, pero las ramas y la luz que comenzaba a desaparecer, parecían estar decididas a entorpecerle el camino. La tranquilidad del lugar la había calmado un poco, así que continuó con su camino. Tras hacer crujir una rama, escuchó una voz masculina. Esta le ordenaba que mostrara su presencia. ¿Más ordenes? La castaña estuvo a punto de salir corriendo, pero prefería lidiar con el desconocido a lidiar con la furia de su padre.
-Te podría mostrar los colmillos, así sabrás que tan feroz puedo ser... - comentó con cierto sarcasmo mientras salía de atrás de un tupido árbol con una sonrisa burlona. Rodeado de hermosas flores rojas, se encontraba un joven, quien por su aspecto y vestimenta, no dejaba en duda que pertenecía a la nobleza.
Odiaba todo en aquellos momentos. Odiaba a su padre, el simple hecho de recordar que era una condesa le causaba repudio, pero ¿qué hacer? No había descubierto aun la forma en la que pudiera escapar de aquella pesadilla que vivía a diario. Había momentos en los que deseaba con fuerzas sobrenaturales el tener a su madre con ella. Las cosas hubieran sido tan sencillas para la ojiazul si tan solo su madre hubiera sobrevivido. Pero no, el "hubiera" no existía, así que tampoco se podía pasar día y noche lamentándose acerca de la vida perfecta que habría podido tener.
¿Cuál había sido el motivo por el que se había enfurecido aquella tarde Anneliese? Sencillo. Su padre había mencionado la palabra matrimonio. Le aseguraba que se encontraba en la edad perfecta, si no es que ya se les había pasado un poco el tiempo, para que comenzaran a buscar al joven indicado que le otorgara seguridad y el prospecto de un futuro exitoso a la joven. A su padre su padre le brillaban los ojos por la ambición. Estaba decidido a encontrar a un joven adinerado que pudiera asegurarle no solo el futuro a Anneliese, sino también a él.
La agresividad con la que había respondido Anneliese, había sido merecedora de una gran bofetada por parte de su padre. Solo la había golpeado en alguna ocasión cuando era muy pequeña, pero en aquel momento la joven no cabía en sí de coraje y odio. A pesar de los gritos de su padre de que volviera a la casa, la joven tras asegurarse de que azotaba bastante fuerte la puerta de la entrada, salió huyendo. Corrió bastante, hasta que la falta de aire la obligó a detenerse. Alzo la mirada y trato de ubicarse. Se había adentrado un poco en el bosque. Había escuchado de los peligros que supuestamente se corrían al adentrarse, pero su enojo no la detuvo y se adentró en el lugar.
Trataba de encontrar el claro, pero las ramas y la luz que comenzaba a desaparecer, parecían estar decididas a entorpecerle el camino. La tranquilidad del lugar la había calmado un poco, así que continuó con su camino. Tras hacer crujir una rama, escuchó una voz masculina. Esta le ordenaba que mostrara su presencia. ¿Más ordenes? La castaña estuvo a punto de salir corriendo, pero prefería lidiar con el desconocido a lidiar con la furia de su padre.
-Te podría mostrar los colmillos, así sabrás que tan feroz puedo ser... - comentó con cierto sarcasmo mientras salía de atrás de un tupido árbol con una sonrisa burlona. Rodeado de hermosas flores rojas, se encontraba un joven, quien por su aspecto y vestimenta, no dejaba en duda que pertenecía a la nobleza.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
- Mensajes: 77
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 26/12/2011
Edad: 22
Re: A new day will dawn for those who stand strong
El momento exacto entre la tarde y la noche; cuando los últimos ayos del sol pintaban el cielo de naranja sanguinolento, era el preferido de Kristoffer. De cierta manera lo hacía sentirse cómodo con sus alrededores, consigo mismo. Como si tomara fuerzas de la oscuridad que se elevaba cubriendo al mundo con un manto oscuro. Quizá se debiera enteramente a que el conde era un ser de sombras. La palabra malvado, no podía definirlo completamente, pero si se aproximaba bastante. De cualquier manera, la soledad del bosque, aunada a la oscuridad y a la libertad total de sus obligaciones, le otorgaba un ligero pero peligroso sentido del humor. Por lo que cuando escuchó la voz femenina a sus espaldas, no pudo evitar que una sonrisa malintencionada se unificara al sarcasmo de la mujer. La ironía era su segundo nombre, y también su primer apellido. Su idioma y su medio ambiente. Se puso de pie con lentitud, dejando que las yemas de sus dedos acariciaran el suave pasto al pasar, para también arrancar una de las pequeñas flores. Giró su cuerpo para enfrentarse a la extraña que había logrado filtrarse al claro. No es que fuese realmente difícil de encontrar; Kristoffer había hecho uso de su memoria para recordar el camino y no perderse cuando intentara volver. Una vuelta a la izquierda, dos a la derecha, veinte pasos hacia el frente y un último giro a la izquierda al llegar a un montículo de piedras, sencillo.
Observó detenidamente a la joven, teniendo cuidado en abordar todos los rasgos de la misma; era ya una costumbre, para catalogar a las mujeres que podían disfrutar de su compañía y las que serían desechadas. Se dio cuenta de que los ojos de la chica, eran salvajes. Sin tener en cuenta el color o la forma de los mismos, era solo la impresión fiera que estos brindaban. Enarcó una ceja, diciéndose a sí mismo, que no había posibilidad en el mundo de que una campesina tuviera esos ojos.
-Podrías; pero, quizá descubras que puedes resultar mordida –seguía prendando en la idea del rumor del lobo. Era una idea desquiciada, pero le gustaban los tintes oscuros que poseía; es decir, un hombre con la capacidad de transformar su cuerpo en el de un animal sediento por la sangre humana ¿a quién no le gustaría? Al menos era una mejor historia que esas que contaban sobre mágicos finales felices. –No deberías estar aquí –pronunció como si el bosque le perteneciera, como si incluso ver las flores que yacían a sus pies, fuese una afrenta a la buena conducta. Para luego, permitir que una sonrisa mitad honesta, mitad estudiada, apareciera sobre sus labios –Es decir; puedes encontrarte con peligros que desconoces –se encogió de hombros restándole importancia. Probablemente el mayor peligro que encontraría en muchos kilómetros a la redonda, sería él, y por el momento solo quería ver que tan interesante podía ser una chica de la nobleza que se atrevía a usar sarcasmos delante de los desconocidos sin tener en cuenta la mala imagen que eso le daba. Se acercó con parsimonia, con los brazos afianzados a su propia espalda, de alguna manera, Shiv, solía decir que eso lo hacía lucir amenazador y a Kris le gustaba.
Ooc: Perdón, perdón, perdón xDDD, se que tardé muchísimo, pero gkhdkadssad, mi inspiración no servía, ya sabes, tiende a apagarse y a negarse a funcionar de nuevo. Como sea, prometo posts mejores, que este no quedó bonito ¬¬
Observó detenidamente a la joven, teniendo cuidado en abordar todos los rasgos de la misma; era ya una costumbre, para catalogar a las mujeres que podían disfrutar de su compañía y las que serían desechadas. Se dio cuenta de que los ojos de la chica, eran salvajes. Sin tener en cuenta el color o la forma de los mismos, era solo la impresión fiera que estos brindaban. Enarcó una ceja, diciéndose a sí mismo, que no había posibilidad en el mundo de que una campesina tuviera esos ojos.
-Podrías; pero, quizá descubras que puedes resultar mordida –seguía prendando en la idea del rumor del lobo. Era una idea desquiciada, pero le gustaban los tintes oscuros que poseía; es decir, un hombre con la capacidad de transformar su cuerpo en el de un animal sediento por la sangre humana ¿a quién no le gustaría? Al menos era una mejor historia que esas que contaban sobre mágicos finales felices. –No deberías estar aquí –pronunció como si el bosque le perteneciera, como si incluso ver las flores que yacían a sus pies, fuese una afrenta a la buena conducta. Para luego, permitir que una sonrisa mitad honesta, mitad estudiada, apareciera sobre sus labios –Es decir; puedes encontrarte con peligros que desconoces –se encogió de hombros restándole importancia. Probablemente el mayor peligro que encontraría en muchos kilómetros a la redonda, sería él, y por el momento solo quería ver que tan interesante podía ser una chica de la nobleza que se atrevía a usar sarcasmos delante de los desconocidos sin tener en cuenta la mala imagen que eso le daba. Se acercó con parsimonia, con los brazos afianzados a su propia espalda, de alguna manera, Shiv, solía decir que eso lo hacía lucir amenazador y a Kris le gustaba.
Ooc: Perdón, perdón, perdón xDDD, se que tardé muchísimo, pero gkhdkadssad, mi inspiración no servía, ya sabes, tiende a apagarse y a negarse a funcionar de nuevo. Como sea, prometo posts mejores, que este no quedó bonito ¬¬

Kristoffer Lillkvist- Conde de Ulrika
- Mensajes: 42
Reputación: 2
Fecha de inscripción: 23/12/2011
Re: A new day will dawn for those who stand strong
Aquel lugar era el perfecto escondite y Anneliese solía escaparse y así torturar durante algún tiempo a los sirvientes y a su padre, ya que la consideraban lo suficientemente cobarde como para adentrarse en aquel bosque, que a simple vista no daba una buena imagen, pero que para Anneliese significaba encontrar un poco de paz y tranquilidad y la oportunidad de despejar un poco su abrumada y atolondrada cabeza. Como ya era algo normal que la castaña se fugara cada vez que peleaba con su padre, no se tomaban la molestia en buscarla y hacerla entrar en razón ya que cuando estaba enojada, no había forma alguna de lograr convencer a la joven así que preferían dejar que se calmara y más tarde regresara a casa, aunque estaba segura de que aquel día se iba a ganar otra terrible reprimenda.
-Podría, pero por desgracia no le tengo miedo a los colmillos de un lobo inexistente.- Desde niña le habían contado infinidad de historias de todos los peligros que habitaban en las profundidades del bosque, con la esperanza de infundirle miedo a la castaña. Pero el miedo no formaba parte de su persona y tras esconderse en varias ocasiones entre los tupidos árboles, solo se había llevado un par de sustos al creer que se enfrentaba con alguna criatura, que en realidad resultaba ser una ardilla o un ciervo, así que no tenía nada que temer. Sonrió al escuchar la sugerencia del joven. No le quedaba duda alguna de que era extranjero, aunque todavía no estaba segura de donde provenía y mucho menos comprendía que hacía a la mitad del bosque. - Usted tampoco debería de estar aquí. - Comentó mientras se acercaba un poco más y lo miraba detenidamente con una ceja alzada. - ¿Peligros? Le aseguro que conozco bien el lugar y estoy segura de que nada inusual habita por aquí. - No sabía si agradecer la aparente preocupación por la seguridad de Anneliese o quedarse callada. Optó por lo segundo, ya que todavía estaba demasiado enfadada y temía ser descortés con el desconocido.
-¿Podría saber con quién tengo el honor de conversar en pleno claro del bosque? - Preguntó Anneliese. No le costó mucho trabajo regresar aquel encantador tono de voz que utilizaba con los desconocidos, aunque una extraña sensación comenzaba a oprimirle el pecho. Sabía que preguntar el por qué se encontraba ahí, sería algo descortés y no pretendía abrumarlo con preguntas, así que simplemente se quedó contemplándolo a la espera de una respuesta. La sonrisa encantadora se desvaneció poco a poco de sus labios, ya que después de haberlo observado cuidadosamente, sus ojos azules habían detectado la forma peculiar en la que el castaño la contemplaba. ¿Acaso aquella imagen que daba el joven le semejaba a un animal a punto de cazar a su presa? Comenzaba a arrepentirse de haberle hecho caso a su impulso de responder y de no haber regresado por donde había llegado. - Comienza a oscurecer... - Comentó con fingida naturalidad ya que una extraña opresión había aparecido en su pecho y algo le decía que debía de abandonar aquel lugar tan pronto como le fuera posible. - Creo que ha llegado la hora de finalizar mi paseo, mi padre comenzará a preguntarse dónde me he metido. - Mentira. Aquello no le daba una buena espina, así que retrocedió un par de pasos sin borrar la sonrisa de sus labios que pretendía ser encantadora.
OOC: Tranquila, creeme que te entiendo con la falta de imaginación, me pasa seguido. Y en realidad no le veo nada de malo y horroso a tu post, así que no te preocupes *-* el post que quedó horroroso fue el mío u.u disculparás a esta señorita no-inspirada-del-todo xD
-Podría, pero por desgracia no le tengo miedo a los colmillos de un lobo inexistente.- Desde niña le habían contado infinidad de historias de todos los peligros que habitaban en las profundidades del bosque, con la esperanza de infundirle miedo a la castaña. Pero el miedo no formaba parte de su persona y tras esconderse en varias ocasiones entre los tupidos árboles, solo se había llevado un par de sustos al creer que se enfrentaba con alguna criatura, que en realidad resultaba ser una ardilla o un ciervo, así que no tenía nada que temer. Sonrió al escuchar la sugerencia del joven. No le quedaba duda alguna de que era extranjero, aunque todavía no estaba segura de donde provenía y mucho menos comprendía que hacía a la mitad del bosque. - Usted tampoco debería de estar aquí. - Comentó mientras se acercaba un poco más y lo miraba detenidamente con una ceja alzada. - ¿Peligros? Le aseguro que conozco bien el lugar y estoy segura de que nada inusual habita por aquí. - No sabía si agradecer la aparente preocupación por la seguridad de Anneliese o quedarse callada. Optó por lo segundo, ya que todavía estaba demasiado enfadada y temía ser descortés con el desconocido.
-¿Podría saber con quién tengo el honor de conversar en pleno claro del bosque? - Preguntó Anneliese. No le costó mucho trabajo regresar aquel encantador tono de voz que utilizaba con los desconocidos, aunque una extraña sensación comenzaba a oprimirle el pecho. Sabía que preguntar el por qué se encontraba ahí, sería algo descortés y no pretendía abrumarlo con preguntas, así que simplemente se quedó contemplándolo a la espera de una respuesta. La sonrisa encantadora se desvaneció poco a poco de sus labios, ya que después de haberlo observado cuidadosamente, sus ojos azules habían detectado la forma peculiar en la que el castaño la contemplaba. ¿Acaso aquella imagen que daba el joven le semejaba a un animal a punto de cazar a su presa? Comenzaba a arrepentirse de haberle hecho caso a su impulso de responder y de no haber regresado por donde había llegado. - Comienza a oscurecer... - Comentó con fingida naturalidad ya que una extraña opresión había aparecido en su pecho y algo le decía que debía de abandonar aquel lugar tan pronto como le fuera posible. - Creo que ha llegado la hora de finalizar mi paseo, mi padre comenzará a preguntarse dónde me he metido. - Mentira. Aquello no le daba una buena espina, así que retrocedió un par de pasos sin borrar la sonrisa de sus labios que pretendía ser encantadora.
OOC: Tranquila, creeme que te entiendo con la falta de imaginación, me pasa seguido. Y en realidad no le veo nada de malo y horroso a tu post, así que no te preocupes *-* el post que quedó horroroso fue el mío u.u disculparás a esta señorita no-inspirada-del-todo xD


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
- Mensajes: 77
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 26/12/2011
Edad: 22
Re: A new day will dawn for those who stand strong
Rió musical, armónica y sarcásticamente, por el comentario de la joven. Quizá él no era un lobo como tal; porque en sus manos había dedos en lugar de garras y en su boca dientes relucientemente perfectos, en lugar de colmillos manchados de sangre, pero, desde su punto de vista podía ser igual o más peligroso que cualquier animal normal o mutante que existiese. La razón era simple, Kristoffer no temía a nada. Y eso, lo convertía en un hombre aventurado más allá de lo concebible. Tenía un título nobiliario para escudarse y una sonrisa que podía derretir el hielo, así que, cualquier cosa que quisiera hacer, la haría sin suponerle ningún problema. Desde luego, la joven no sabía esos detalles, y el conde no sería quien le arruinara la sorpresa de descubrirlos poco a poco, como si de un regalo a desenvolver se tratase. Era parte de la diversión de cruzarse con extraños, el no saber cómo sucedería nada, el correr riesgos, el sentirse vivo. –Probablemente no –admitió socarronamente. Él debía estar encerrado tras las puertas de roble, sentado en una mesa rectangular, rodeado de idiotas pomposos que solo sabían hablar de oro, de problemas de estado y de ideas tan pasadas de moda, que probablemente ni siquiera su bisabuela encontraría novedosas.
-Conoces el lugar, pero no a mí –se encogió de hombros tras pronunciar la frase. Probablemente estaba usando armas para asustarla antes de tiempo, pero no podía evitar sentirse tentando a hacerlo. Se estaba proclamando como un peligro y le gustaba la sensación de poder admitirlo frente a alguien más. Las estructuras de la realeza eran demasiado cuadradas para su gusto, por lo que necesitaba de vez en cuando, hacer cosas estúpidas como esa. Divagar con una extraña, sobre su posible maldad, le parecía… excitante.
Decidió no responder la pregunta de la joven por el momento, no le interesaba romper el hechizo delatando su posición social o su nombre. –No te preocupes, la oscuridad no esconde nada a lo que temerle –murmuró sonriendo al verla retroceder. Kristoffer avanzó un paso por cada uno de los que ella desanduvo, dejándolos en la misma posición que al principio de la conversación, excepto que al conde le apetecía circundarla para aumentar la presión. Dio dos zancadas, lo suficientemente grandes, para quedar a penas a unos centímetros del rostro de la joven. Lo suficientemente cerca para observar su pecho subir y bajar, además de la sonrisa perfecta que se desplegaba en sus labios. –Es de mala educación abandonar a las visitas en medio de un claro –no era su visitante, y desde luego la joven podía irse cuando quisiera, pero apeló por las buenas costumbres que todo el mundo se regodeaba de tener. –Creo que tu padre puede esperar –se pasó la mano derecha por el cabello, deshaciéndose de una pequeña hoja atrapada entre las hebras.
-¿Te han dicho que eres hermosa? –inquirió sin realmente importarle si ella quería salir huyendo o no. Caminó hasta colocarse a su espalda –Y, respecto a tu pregunta anterior –exhaló una pequeña cantidad de aire sobre su oído antes de hablar de nueva cuenta –Soy tu mejor sueño, o tu peor pesadilla, depende de ti –se mordió los labios para retener la risa irónica que se formaba en su pecho. En ese momento, era Kristoffer al %100, sin rastro alguno de buenas intenciones.
Ooc: jajaja, ¡es contagioso .-.! Yo no podía sacar algo decente, y creo que rehíce tu post como cuatro veces y este es el que quedo menos feo xDDD! Oh, por cierto, siéntete libre de golpear a Kris si quieres xDDDDDDDDD!
-Conoces el lugar, pero no a mí –se encogió de hombros tras pronunciar la frase. Probablemente estaba usando armas para asustarla antes de tiempo, pero no podía evitar sentirse tentando a hacerlo. Se estaba proclamando como un peligro y le gustaba la sensación de poder admitirlo frente a alguien más. Las estructuras de la realeza eran demasiado cuadradas para su gusto, por lo que necesitaba de vez en cuando, hacer cosas estúpidas como esa. Divagar con una extraña, sobre su posible maldad, le parecía… excitante.
Decidió no responder la pregunta de la joven por el momento, no le interesaba romper el hechizo delatando su posición social o su nombre. –No te preocupes, la oscuridad no esconde nada a lo que temerle –murmuró sonriendo al verla retroceder. Kristoffer avanzó un paso por cada uno de los que ella desanduvo, dejándolos en la misma posición que al principio de la conversación, excepto que al conde le apetecía circundarla para aumentar la presión. Dio dos zancadas, lo suficientemente grandes, para quedar a penas a unos centímetros del rostro de la joven. Lo suficientemente cerca para observar su pecho subir y bajar, además de la sonrisa perfecta que se desplegaba en sus labios. –Es de mala educación abandonar a las visitas en medio de un claro –no era su visitante, y desde luego la joven podía irse cuando quisiera, pero apeló por las buenas costumbres que todo el mundo se regodeaba de tener. –Creo que tu padre puede esperar –se pasó la mano derecha por el cabello, deshaciéndose de una pequeña hoja atrapada entre las hebras.
-¿Te han dicho que eres hermosa? –inquirió sin realmente importarle si ella quería salir huyendo o no. Caminó hasta colocarse a su espalda –Y, respecto a tu pregunta anterior –exhaló una pequeña cantidad de aire sobre su oído antes de hablar de nueva cuenta –Soy tu mejor sueño, o tu peor pesadilla, depende de ti –se mordió los labios para retener la risa irónica que se formaba en su pecho. En ese momento, era Kristoffer al %100, sin rastro alguno de buenas intenciones.
Ooc: jajaja, ¡es contagioso .-.! Yo no podía sacar algo decente, y creo que rehíce tu post como cuatro veces y este es el que quedo menos feo xDDD! Oh, por cierto, siéntete libre de golpear a Kris si quieres xDDDDDDDDD!

Kristoffer Lillkvist- Conde de Ulrika
- Mensajes: 42
Reputación: 2
Fecha de inscripción: 23/12/2011
Re: A new day will dawn for those who stand strong
La castaña simplemente sonrió vagamente. El sonido musical de la risa del joven le había provocado un ligero escalofrío y los delgados vellos de la nunca y brazos se le habían erizado. Gracias a su título nobiliario, muy a menudo debía socializar con infinidad de personas, pero hasta donde podía recordar, nunca un joven le había provocado aquella angustia que parecía no querer abandonar su pecho y se lo oprimía con demasiada fuerza. Respiró un par de veces para tratar de calmarse, ¿qué le sucedía? Su inocencia la mantenía cegada y no le parecía posible o si quiera creíble que alguien pudiera hacerle daños. Toda su vida había recorrido el bosque de Lohr y nunca había encontrado algún tipo de peligro que la hubiera obligado a alejarse así que simplemente trato de convencerse a sí misma de que debía estar imaginando cosas y la risa del joven debía ser algo normal y su creativa mente le hacía creer que era una risa malévola.
-¿Acaso debo tomar esa frase como una especie de amenaza? - Preguntó mientras enarcaba una ceja. Tal vez su todas las ideas que cruzaban por su mente no eran realmente producto de su imaginación y había llegado el momento perfecto de abandonar aquel lugar lo más rápido que sus torpes pies le permitieran. Un ligero crujido de ramas detrás de ella, la obligó a girar el rostro con velocidad y retrocedió un paso. Era una simple ardilla que miraba con curiosidad a los intrusos del bosque. Regresó la mirada al joven y se cruzó de brazos. -Insisto, me encantaría saber su nombre. ¿Acaso hay algo malo en querer conocerlo? - No comprendía los motivos del joven por querer ocultarlo. Lo único que había deducido por su forma de hablar y vestimenta, era que pertenecía a un rango alto gracias a la elegancia que poseían su ropaje y que claramente no pertenecía a Lohr por el acento. -Pero la simple oscuridad es a lo que muchos temen, y enfrentarse a algo desconocido es a lo que en realidad se teme.- Haber retrocedido no le había servido de nada ya que a cada paso que daba, era alcanzada por otro del castaño. Sus movimientos eran tan sutiles que de pronto tenía el fino rostro del joven cerca del suyo. -Pues tendrá que disculpar mi mala educación, debo obedecer las reglas de mi padre... - Murmuró mientras sentía como su corazón latía con violencia. Simple pretexto para poder abandonar el lugar ya que rara vez obedecía a su padre, empezando por el hecho de que no debía merodear por el bosque y siempre terminaba ocultándose ahí. -Temo decirle que mi padre es un hombre que no se caracteriza por ser paciente.- Sus manos comenzaban a sudar frío así que tuvo que frotarlas contra la tela de la falda mientras que sobre su rostro procuraba disimular una sonrisa tranquila.
Se quedó paralizada y de nuevo sintió un terrible escalofrío al escuchar al escuchar la voz del joven tan cerca y su cálido aliento sobre su oído y cuello. Aquel cumplido le había provocado más miedo y quería correr, pero sus pies parecían no querer responder. -Suena tentador, pero me temo que deberé rechazar ambas ofertas.- Se limitó a mirarlo de reojo y después comenzó a caminar con cierta rapidez. Posiblemente cualquier otra joven hubiera aceptado que aquel joven se convirtiera en su mejor sueño, pero la castaña prefería no arriesgarse y caer en los brazos de un desconocido que ante sus ojos, cada vez parecía ser más peligroso.
Off: Omg disculparás la lentitud para responder y lo medio feo de mi post u.u. La universidad y yo no somos buenas amigas xD pero no creas que dejaré abandonado al malvado de Kris hahaha xD
-¿Acaso debo tomar esa frase como una especie de amenaza? - Preguntó mientras enarcaba una ceja. Tal vez su todas las ideas que cruzaban por su mente no eran realmente producto de su imaginación y había llegado el momento perfecto de abandonar aquel lugar lo más rápido que sus torpes pies le permitieran. Un ligero crujido de ramas detrás de ella, la obligó a girar el rostro con velocidad y retrocedió un paso. Era una simple ardilla que miraba con curiosidad a los intrusos del bosque. Regresó la mirada al joven y se cruzó de brazos. -Insisto, me encantaría saber su nombre. ¿Acaso hay algo malo en querer conocerlo? - No comprendía los motivos del joven por querer ocultarlo. Lo único que había deducido por su forma de hablar y vestimenta, era que pertenecía a un rango alto gracias a la elegancia que poseían su ropaje y que claramente no pertenecía a Lohr por el acento. -Pero la simple oscuridad es a lo que muchos temen, y enfrentarse a algo desconocido es a lo que en realidad se teme.- Haber retrocedido no le había servido de nada ya que a cada paso que daba, era alcanzada por otro del castaño. Sus movimientos eran tan sutiles que de pronto tenía el fino rostro del joven cerca del suyo. -Pues tendrá que disculpar mi mala educación, debo obedecer las reglas de mi padre... - Murmuró mientras sentía como su corazón latía con violencia. Simple pretexto para poder abandonar el lugar ya que rara vez obedecía a su padre, empezando por el hecho de que no debía merodear por el bosque y siempre terminaba ocultándose ahí. -Temo decirle que mi padre es un hombre que no se caracteriza por ser paciente.- Sus manos comenzaban a sudar frío así que tuvo que frotarlas contra la tela de la falda mientras que sobre su rostro procuraba disimular una sonrisa tranquila.
Se quedó paralizada y de nuevo sintió un terrible escalofrío al escuchar al escuchar la voz del joven tan cerca y su cálido aliento sobre su oído y cuello. Aquel cumplido le había provocado más miedo y quería correr, pero sus pies parecían no querer responder. -Suena tentador, pero me temo que deberé rechazar ambas ofertas.- Se limitó a mirarlo de reojo y después comenzó a caminar con cierta rapidez. Posiblemente cualquier otra joven hubiera aceptado que aquel joven se convirtiera en su mejor sueño, pero la castaña prefería no arriesgarse y caer en los brazos de un desconocido que ante sus ojos, cada vez parecía ser más peligroso.
Off: Omg disculparás la lentitud para responder y lo medio feo de mi post u.u. La universidad y yo no somos buenas amigas xD pero no creas que dejaré abandonado al malvado de Kris hahaha xD


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
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Re: A new day will dawn for those who stand strong
Fingió meditar la pregunta de la joven por un largo minuto; suponiendo que la espera, serviría para ponerla nerviosa, si es que no lo estaba ya. En su rostro se podía apreciar una sonrisa cínica y desenfadada, como si el mundo no significara nada, como si su mera presencia en el medio del claro de ese bosque en particular, fuera su regalo para el mundo. Su ego, ayudaba en la ocasión, dándole ínfulas de un poder que probablemente no tenía en sus manos, pero que no había forma alguna en que la fémina lo supiera. En los juegos de poder, se necesitaba alguien exactamente como Kris, tan seguro de sí mismo, que hiciera retroceder a cualquiera. Incluso si no estaba dispuesto a lastimarla realmente. –No, no como una amenaza –sacudió la cabeza lentamente, sin perder el porte o la gracia que lo caracterizaban –Como una advertencia, tampoco –se encogió de hombros, restándole importancia, como si hablar con ella fuese cosa de todos los días y estuviese comentándole acerca del clima –Como una cortesía de mi parte –asintió para sí mismo, complacido con su elección de palabras, si de algo se podía sentir orgulloso era de que en el manejo de las frases, nadie podía igualarlo, tanto como si quería elevar el ego de alguien, como si quería destruirlo. –No sé si te lo han dicho, creatura –probablemente la joven tenía su edad, pero era parte del juego, hacerla que se sintiera inferior a él, inclusive en edad –pero, deberías tener cuidado con lo que quieres –paso su mano derecha por el cabello castaño de ella, asegurándose de parecer totalmente casual, como si no hubiese planeado el movimiento aun antes de llevarlo a la práctica –el universo podría complacerte y… quizá no te guste –su voz había bajado un par de decibeles, haciéndose solo audible para ella, un murmullo, similar a la voz que utilizaba la gente para contar secretos oscuros.
-¿Tú le temes a lo desconocido? –preguntó respirándole cerca del rostro, en esos tiempos, la cercanía entre un hombre y una mujer, se consideraba un grave desacato a las normas de convivencia, pero a Kris le gustaba estar en contacto con sus presas, sentir su respiración acelerarse por su sola presencia, ver su piel erizarse al contacto de la suya. Con lentitud y parsimonia, deslizó un dedo por sus labios un roce efímero, solo con la punta del mismo, para luego repetir el movimiento sobre los labios de ella, retirando su mano un poco después. Estaba siendo pasivo y a la vez demostrando una pauta agresiva, quería confundirla y asustarla, un poco de ambas. –Tu padre, seguramente estaría encantado de que pasaras el tiempo conmigo, soy una excelente compañía –tenía la firme creencia de que todo el asunto acerca de “su padre” era solo una excusa para imponer una distancia prudencial entre ellos, porque lo había denominado un peligro difícil de sortear por las buenas.
Ella se alejó, como si él no fuera algo suficiente, como si simplemente se tratara de un campesino más al que cualquier mujer le pudiese decir que no y salir de ahí como si nada hubiese sucedido. La joven caminaba con rapidez, pero las piernas de Kristoffer eran más agiles, más veloces y también más grandes, por ende, le tomó poco más de diez segundos darle alcance. Tiró de su brazo con suavidad, obligándola a detenerse y a girarse; no estaba aplicando suficiente presión como para hacerle daño, aun no era necesario; pero si un poco, para que haga lo que él quiere. –Me temo que no era una oferta –suspiró profundamente –y me has decepcionado, creí que habría un poco de buena voluntad de tu parte o quizá, solo buena educación –se encogió de hombros nuevamente –supongo que fue mi error –le dedicó una mirada afilada por un momento, mientras la mano que sostenía su brazo, se cerró con mayor fuerza alrededor de la piel de la joven.
Ooc: No te preocupes, yo tengo lapsus en que nada me da tiempo .-., o mi musa se fuga con el muso de alguien mas xDDD!
-¿Tú le temes a lo desconocido? –preguntó respirándole cerca del rostro, en esos tiempos, la cercanía entre un hombre y una mujer, se consideraba un grave desacato a las normas de convivencia, pero a Kris le gustaba estar en contacto con sus presas, sentir su respiración acelerarse por su sola presencia, ver su piel erizarse al contacto de la suya. Con lentitud y parsimonia, deslizó un dedo por sus labios un roce efímero, solo con la punta del mismo, para luego repetir el movimiento sobre los labios de ella, retirando su mano un poco después. Estaba siendo pasivo y a la vez demostrando una pauta agresiva, quería confundirla y asustarla, un poco de ambas. –Tu padre, seguramente estaría encantado de que pasaras el tiempo conmigo, soy una excelente compañía –tenía la firme creencia de que todo el asunto acerca de “su padre” era solo una excusa para imponer una distancia prudencial entre ellos, porque lo había denominado un peligro difícil de sortear por las buenas.
Ella se alejó, como si él no fuera algo suficiente, como si simplemente se tratara de un campesino más al que cualquier mujer le pudiese decir que no y salir de ahí como si nada hubiese sucedido. La joven caminaba con rapidez, pero las piernas de Kristoffer eran más agiles, más veloces y también más grandes, por ende, le tomó poco más de diez segundos darle alcance. Tiró de su brazo con suavidad, obligándola a detenerse y a girarse; no estaba aplicando suficiente presión como para hacerle daño, aun no era necesario; pero si un poco, para que haga lo que él quiere. –Me temo que no era una oferta –suspiró profundamente –y me has decepcionado, creí que habría un poco de buena voluntad de tu parte o quizá, solo buena educación –se encogió de hombros nuevamente –supongo que fue mi error –le dedicó una mirada afilada por un momento, mientras la mano que sostenía su brazo, se cerró con mayor fuerza alrededor de la piel de la joven.
Ooc: No te preocupes, yo tengo lapsus en que nada me da tiempo .-., o mi musa se fuga con el muso de alguien mas xDDD!

Kristoffer Lillkvist- Conde de Ulrika
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