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Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
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Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
Nervios, esa quizás era la palabra perfecta para definir con precisión las sensaciones que se habían estado apoderando de la rubia a lo largo de estos últimos días. Recordaba como quien quisiera que todo esto fuera una terrible pesadilla en la que, tarde o temprano, sería capaz de interrumpir y despertaría entre sus cómodas sábanas iluminadas por la luz del sol, el día en el que sus padres (en un acto de solidaridad para con una familia que siempre le brindó apoyo incondicional a su padre, Alois) le informaron que contraería matrimonio con el hijo de la familia Schwarz. Desde ese entonces Jenah fue capaz de sentir cómo el resto de su vida se vería completamente arruinada tras unirse y compartirla a lado de alguien con quien nunca fue capaz de conocer en un pasado no muy lejano. Sus primeros días, el comportamiento de esta Doncella parecía verse predominado por un enojo muy mal disimulado, frustrada por tomar tal drástica decisión sin siquiera haberle otorgado a Seiffert la oportunidad de tomarse unos días para procesar y analizar la situación. Si hubiese estado bajo su propio criterio, Pauline no le importaría en lo más mínimo tomar sus pertenencias y trasladarse a un Reino donde ese tipo de obligaciones le eran exigidas estuviese o no de acuerdo. Para Jenah, quien tenía la culpa de todo esto, el infeliz (siendo esta una de los adjetivos en los cuales solía catalogar a los integrantes de la familia Schwarz) que osó arruinar su vida había sido Markus Schwarz, no cabía la menor duda que el objeto utilizado para desahogarse era aquel desconocido.
En sí, Seiffert no era precisamente el ejemplo andante de una persona hiperactiva, no obstante, eso no quería decir que la joven no fuese feliz, por supuesto que lo era. Se encontraba satisfecha por todo lo que se había cruzado en su camino (exceptuando quizás la separación que tuvo de su amiga de la infancia, Anneliesse Schäfer), su estilo de vida, se encontraba basado en un trabajo el cual, si bien no siempre cumplía con sus expectativas, se veía incapaz de someterla a circunstancias como las que su padre y su madre la posicionaron. No es extraño que, ella, siendo una mujer de gran seriedad y cierto deje de amargura (porte de querer matar a todo aquél que se cruce en su camino, según su madre) se viese en una magnitud aumentada, con carentes preocupaciones por querer ocultarlo frente al ojo público. Se sentía como una especie de conejillo de indias gracias a un drama que le perseguiría por el resto de su vida, de no ser por la infinita generosidad de su padre ella estaría tranquila. Sin embargo, no todo en su vida parecía encontrarse por debajo de una lluviosa y tormentosa nube que le impedía saborear la alegría de buenos momentos, pues, había sido capaz de reencontrarse con una persona a quien la rubia creía que jamás volvería a ver, Anneliesse, quien le contó que se encontraba en Ahnalt por motivos de matrimonio le inspiró una curiosa sensación de coincidencia, debido a la situación en la que Jenah había introducida que era prácticamente similar a la de su amiga. Deseosa de ponerse al día con todo el tiempo y experiencias perdidas quiso organizar una reunión donde sería capaz de, no sólo compartir tiempo con ella, sino también con el hombre que sería su futuro esposo.
Fueron incontables los días durante la Doncella se quedaba despierta a altas horas de la noche, creándose una idea sobre lo que sería su día junto a la Condesa, así mismo, la desesperación y ansiedad por conocer al hombre con quien se uniría generaba que, entre sus pensamientos, un joven de buena posición económica, caballeroso, con un físico envidiable, se viera tomado de la mano de su mejor amiga (si es que con el tiempo seguía siendo la dulce e inocente niña con quien se juntaba en sus tiempos de ocio). Con algo de suerte, podría tener un motivo por el qué alegrarse, mas a pesar de que Pauline no es una mujer amante del romanticismo, le entusiasmaba mucho la idea de tener la oportunidad de conocer al prometido de Anneliesse. Se maldijo a sí misma por no exigirle información sobre su futuro esposo, quizás, de habérselo pedido, Schäfer le podría resumir algunos detalles respecto a su personalidad, tal vez de esa manera no estaría tan emocionada, ni gastaría noches en desvelo, preguntándose quién sería el hombre que compartiría el resto de la vida de su vieja amiga. Pero... fue en ese momento cuando la vergüenza apareció, su relación con Markus, no era precisamente la de una pareja modelo próxima a casarse, su inmadurez e incapacidad por guardar silencio le daba mil y un dolores de cabeza la mayor parte del tiempo. Si su amiga viese su trato para con Markus muy probablemente se encontraría confundida, comenzaba a arrepentirse de haber accedido a la petición de Gissela de presentarle a su prometido.
Tras ponerse de acuerdo con los otros tres invitados a la reunión, acordaron verse en "The Snuggly Dickling", el cual era un bar bastante cotizado por los habitantes de su reino (incluyéndola, gracias al buen estado y constante cuidado que sus trabajadores le han brindado a lo largo de los años). Víctima de la soberbia y vanidad, Jenah procuró tomar un vestido de una rica y fina tela, cuya tonalidad carmesí generaba una perfecta combinación con su piel. Para con su hermosa cabellera, optó por darle una forma rizada. Con la matemática de su rostro, cubrió sus pestañas con una ligera capa de mascara, mientras un labial de fuerte tonalidad rosada pintaba sus carnosos labios. Prosiguió con la tarea de maquillar su rostro colocando una ligera capa de polvo sobre sus mejillas, con el único propósito de ocultar la palidez habitante en estos. Unas zapatillas de tacón, cuyo color eran un blanco bastante elegante se habían unido a su vestimenta. Y, una vez que hubo terminado con el proceso de vestirse, abandonó su sitio de residencia y se dirigió al establecimiento donde iba a reunirse con Anneliesse, el prometido de su amiga, y Markus.
A lo largo de quince minutos de haber abandonado su hogar, hubo llegado al bar, tras darse cuenta que nadie más había llegado, se tomó las molestias de escoger una mesa que se encontraba casi al fondo del bar. Tenía a su lado una ventana que otorgaba una iluminación y ventilación directa. Sintiéndose a gusto, tomó asiento y se limitó únicamente a esperar a que los demás llegasen.
En sí, Seiffert no era precisamente el ejemplo andante de una persona hiperactiva, no obstante, eso no quería decir que la joven no fuese feliz, por supuesto que lo era. Se encontraba satisfecha por todo lo que se había cruzado en su camino (exceptuando quizás la separación que tuvo de su amiga de la infancia, Anneliesse Schäfer), su estilo de vida, se encontraba basado en un trabajo el cual, si bien no siempre cumplía con sus expectativas, se veía incapaz de someterla a circunstancias como las que su padre y su madre la posicionaron. No es extraño que, ella, siendo una mujer de gran seriedad y cierto deje de amargura (porte de querer matar a todo aquél que se cruce en su camino, según su madre) se viese en una magnitud aumentada, con carentes preocupaciones por querer ocultarlo frente al ojo público. Se sentía como una especie de conejillo de indias gracias a un drama que le perseguiría por el resto de su vida, de no ser por la infinita generosidad de su padre ella estaría tranquila. Sin embargo, no todo en su vida parecía encontrarse por debajo de una lluviosa y tormentosa nube que le impedía saborear la alegría de buenos momentos, pues, había sido capaz de reencontrarse con una persona a quien la rubia creía que jamás volvería a ver, Anneliesse, quien le contó que se encontraba en Ahnalt por motivos de matrimonio le inspiró una curiosa sensación de coincidencia, debido a la situación en la que Jenah había introducida que era prácticamente similar a la de su amiga. Deseosa de ponerse al día con todo el tiempo y experiencias perdidas quiso organizar una reunión donde sería capaz de, no sólo compartir tiempo con ella, sino también con el hombre que sería su futuro esposo.
Fueron incontables los días durante la Doncella se quedaba despierta a altas horas de la noche, creándose una idea sobre lo que sería su día junto a la Condesa, así mismo, la desesperación y ansiedad por conocer al hombre con quien se uniría generaba que, entre sus pensamientos, un joven de buena posición económica, caballeroso, con un físico envidiable, se viera tomado de la mano de su mejor amiga (si es que con el tiempo seguía siendo la dulce e inocente niña con quien se juntaba en sus tiempos de ocio). Con algo de suerte, podría tener un motivo por el qué alegrarse, mas a pesar de que Pauline no es una mujer amante del romanticismo, le entusiasmaba mucho la idea de tener la oportunidad de conocer al prometido de Anneliesse. Se maldijo a sí misma por no exigirle información sobre su futuro esposo, quizás, de habérselo pedido, Schäfer le podría resumir algunos detalles respecto a su personalidad, tal vez de esa manera no estaría tan emocionada, ni gastaría noches en desvelo, preguntándose quién sería el hombre que compartiría el resto de la vida de su vieja amiga. Pero... fue en ese momento cuando la vergüenza apareció, su relación con Markus, no era precisamente la de una pareja modelo próxima a casarse, su inmadurez e incapacidad por guardar silencio le daba mil y un dolores de cabeza la mayor parte del tiempo. Si su amiga viese su trato para con Markus muy probablemente se encontraría confundida, comenzaba a arrepentirse de haber accedido a la petición de Gissela de presentarle a su prometido.
Tras ponerse de acuerdo con los otros tres invitados a la reunión, acordaron verse en "The Snuggly Dickling", el cual era un bar bastante cotizado por los habitantes de su reino (incluyéndola, gracias al buen estado y constante cuidado que sus trabajadores le han brindado a lo largo de los años). Víctima de la soberbia y vanidad, Jenah procuró tomar un vestido de una rica y fina tela, cuya tonalidad carmesí generaba una perfecta combinación con su piel. Para con su hermosa cabellera, optó por darle una forma rizada. Con la matemática de su rostro, cubrió sus pestañas con una ligera capa de mascara, mientras un labial de fuerte tonalidad rosada pintaba sus carnosos labios. Prosiguió con la tarea de maquillar su rostro colocando una ligera capa de polvo sobre sus mejillas, con el único propósito de ocultar la palidez habitante en estos. Unas zapatillas de tacón, cuyo color eran un blanco bastante elegante se habían unido a su vestimenta. Y, una vez que hubo terminado con el proceso de vestirse, abandonó su sitio de residencia y se dirigió al establecimiento donde iba a reunirse con Anneliesse, el prometido de su amiga, y Markus.
A lo largo de quince minutos de haber abandonado su hogar, hubo llegado al bar, tras darse cuenta que nadie más había llegado, se tomó las molestias de escoger una mesa que se encontraba casi al fondo del bar. Tenía a su lado una ventana que otorgaba una iluminación y ventilación directa. Sintiéndose a gusto, tomó asiento y se limitó únicamente a esperar a que los demás llegasen.

Jenah P. Seiffert- Doncella de Anhalt
- Mensajes: 11
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 26/12/2011
Re: Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
Anneliese no cabía en si de la emoción. Lo único bueno desde su llegada a Ahnalt, además de percatarse que era un lugar bastante hermoso, era el reciente encuentro que había realizado. Un día durante una de sus múltiples fugas en busca de un poco de tranquilidad, se había decidido a ir a la plaza a pasear y dedicar su tiempo a recorrer local tras local. En una de las tiendas más costosas, donde elaboraban unos vestidos muy hermosos, había escuchado a una señora dialogar con su hija. Aquellas voces, le eran demasiado conocidas y le traían infinidad de recuerdos de su infancia, pero Anneliese no se atrevía a acercase y no estaba completamente segura si aquellas mujeres eran quien ella creía. Indecisa, se escondió detrás de los pliegues de un vestido para observarlas y escucharlas mejor. Aquella mujer de rostro bondadoso era inconfundible, era Magdalena Seiffert. Observó a la joven que la acompañaba. Acaso aquella muchacha de cabellos rubios, ¿era Jenah?
Por primera vez en mucho tiempo, la felicidad se apoderó de la castaña. Indudablemente, aquella joven era su compañera de aventuras y travesuras de la infancia, quien había abandonado Lohr sin dejar rastro alguno. Sentía ganas de ponerse a bailar, pero debía guardar la compostura. Tímidamente se acercó a ellas y con la simple mención de su nombre, ambas mujeres se acercaron a abrazar a la castaña. Magdalena, quien siempre cuido de ella, no dejaba de abrazarla y hacerle cumplidos. La alegría la abrumaba y tras dejar a Magdalena, Jenah la acompañó a dar una vuelta. No encontró momento de reprocharle por su abandono, ya que eran demasiadas las confidencias que debía hacerle, entre ellas el reciente compromiso con el Duque. Al parecer Jenah se encontraba en la misma situación, así que como Anneliese debía volver pronto a la residencia de los Köhler, acordaron verse al día siguiente en un lugar llamado "Snuggly Duckling" y le aseguró que posiblemente llegara acompañada de su prometido, ya que creía que no le permitirían salir sola, así que insistió en que Jenah llevara también a su prometido.
Anneliese debía elaborar con sumo cuidado el plan que seguiría para poder asistir a la reunión con Jenah. Sabía que su padre se negaría si se enteraba de aquello, así que sutilmente comenzó a hacer mención de cierta condesa de Francia que había conocido aquella tarde en la plaza. Tal y como había esperado, su padre se mostró interesado en la nueva amistad que Anneliese estaba forjando con aquella "condesa". La castaña comentó con inocencia que habían acordado de verse mañana a lo que su padre frunció el ceño y se quedó en silencio. La castaña comenzó inventarse toda clase de cosas, desde dónde vivía aquella condesa, de quien era pariente y que sería descortés no asistir a aquella reunión. Como los padres de Aldric se encontraban presentes, le sugirieron a su padre, que Aldric acompañara a Anneliese a aquella reunión para que cuidara de ella, como ella había imaginado que harían.
"Por supuesto, es tan caballeroso y atento que primero me ofrece a mí como carnada antes de que alguien le quiera destrozar su bello rostro por tratar de defendernos." Sabía que si Aldric asistía, quedaría evidenciada de que todo aquello era una mentira, por lo que trató de convencerlos de que no era necesario que Aldric fuera con ella, que era lo suficientemente capaz de cuidarse a sí misma y que ya conocía bastante bien la ciudad. Pero su padre se negó rotundamente a que asistiera sola, así que en la noche le fue informado a Aldric que tendría que acompañar a la castaña. Anneliese tuvo otro motivo para regocijarse al ver la cara de Aldric al escuchar que tendría que acompañarla y cuidarla.
Aquella noche logró fácilmente conciliar el sueño, feliz de que había encontrado a la única amiga que había sido como una hermana para ella y que había logrado fastidiar por un rato al molesto de su prometido, ya que tendría que acompañarla quisiera o no. Despertó con la alegría suficiente para cantar mientras se arreglaba. Lucía radiante con aquel vestido rosa que le habían obsequiado los padres de Aldric. Un par de broches en su cabellera castaña, el cuello perfumado, unas preciosas zapatillas y Anneliese estuvo lista para ir a buscar a Aldric. Antes de abandonar la habitación, dudo un momento en si debía o no colocarse el anillo de compromiso. Con el ceño fruncido, abrió el cajón y colocó aquella enorme roca en el dedo de su mano izquierda. Suspiró mientras contemplaba el diamante, cuyo brillo era tan hermoso y digno de ella, pero que no tenía valor sentimental alguno y simplemente lo usaba para cumplir con su deber de prometida.
No quería darle motivo alguno a su padre para desbaratar sus planes, así que como pocas veces, la castaña se mostró dócil y atenta para sorpresa de todos, aunque estaban un poco retrasados por culpa de Aldric. Obviamente tras abandonar la residencia de los Köhler, los reproches por parte de Aldric le hicieron favor de armonizar el viaje, pero la felicidad de Anneliese era tan grande, que no le importaba si el chico estaba ahí en contra de su voluntad. Bajó del carruaje y miró aquel peculiar lugar. Era un bar, así que torció los labios ya que no sabía cuánto control podría tener Aldric sobre el vicio que Anneliese recientemente había descubierto que poseía. Ignorando a Aldric, entró a la estancia y se acercó rápidamente a la mesa más alejada, donde Jenah ya se encontraba.
-¡Jenah! - Exclamó alegremente mientras se acercaba a abrazar a su amiga. - Disculpa la tardanza, pero ese hombre es más vanidoso que yo. - Aldric se había tomado la molestia de demorarse más de lo debido en su habitación para fastidiar a Anneliese, pero simplemente no había logrado robarle la alegría a su prometida.
Por primera vez en mucho tiempo, la felicidad se apoderó de la castaña. Indudablemente, aquella joven era su compañera de aventuras y travesuras de la infancia, quien había abandonado Lohr sin dejar rastro alguno. Sentía ganas de ponerse a bailar, pero debía guardar la compostura. Tímidamente se acercó a ellas y con la simple mención de su nombre, ambas mujeres se acercaron a abrazar a la castaña. Magdalena, quien siempre cuido de ella, no dejaba de abrazarla y hacerle cumplidos. La alegría la abrumaba y tras dejar a Magdalena, Jenah la acompañó a dar una vuelta. No encontró momento de reprocharle por su abandono, ya que eran demasiadas las confidencias que debía hacerle, entre ellas el reciente compromiso con el Duque. Al parecer Jenah se encontraba en la misma situación, así que como Anneliese debía volver pronto a la residencia de los Köhler, acordaron verse al día siguiente en un lugar llamado "Snuggly Duckling" y le aseguró que posiblemente llegara acompañada de su prometido, ya que creía que no le permitirían salir sola, así que insistió en que Jenah llevara también a su prometido.
Anneliese debía elaborar con sumo cuidado el plan que seguiría para poder asistir a la reunión con Jenah. Sabía que su padre se negaría si se enteraba de aquello, así que sutilmente comenzó a hacer mención de cierta condesa de Francia que había conocido aquella tarde en la plaza. Tal y como había esperado, su padre se mostró interesado en la nueva amistad que Anneliese estaba forjando con aquella "condesa". La castaña comentó con inocencia que habían acordado de verse mañana a lo que su padre frunció el ceño y se quedó en silencio. La castaña comenzó inventarse toda clase de cosas, desde dónde vivía aquella condesa, de quien era pariente y que sería descortés no asistir a aquella reunión. Como los padres de Aldric se encontraban presentes, le sugirieron a su padre, que Aldric acompañara a Anneliese a aquella reunión para que cuidara de ella, como ella había imaginado que harían.
"Por supuesto, es tan caballeroso y atento que primero me ofrece a mí como carnada antes de que alguien le quiera destrozar su bello rostro por tratar de defendernos." Sabía que si Aldric asistía, quedaría evidenciada de que todo aquello era una mentira, por lo que trató de convencerlos de que no era necesario que Aldric fuera con ella, que era lo suficientemente capaz de cuidarse a sí misma y que ya conocía bastante bien la ciudad. Pero su padre se negó rotundamente a que asistiera sola, así que en la noche le fue informado a Aldric que tendría que acompañar a la castaña. Anneliese tuvo otro motivo para regocijarse al ver la cara de Aldric al escuchar que tendría que acompañarla y cuidarla.
Aquella noche logró fácilmente conciliar el sueño, feliz de que había encontrado a la única amiga que había sido como una hermana para ella y que había logrado fastidiar por un rato al molesto de su prometido, ya que tendría que acompañarla quisiera o no. Despertó con la alegría suficiente para cantar mientras se arreglaba. Lucía radiante con aquel vestido rosa que le habían obsequiado los padres de Aldric. Un par de broches en su cabellera castaña, el cuello perfumado, unas preciosas zapatillas y Anneliese estuvo lista para ir a buscar a Aldric. Antes de abandonar la habitación, dudo un momento en si debía o no colocarse el anillo de compromiso. Con el ceño fruncido, abrió el cajón y colocó aquella enorme roca en el dedo de su mano izquierda. Suspiró mientras contemplaba el diamante, cuyo brillo era tan hermoso y digno de ella, pero que no tenía valor sentimental alguno y simplemente lo usaba para cumplir con su deber de prometida.
No quería darle motivo alguno a su padre para desbaratar sus planes, así que como pocas veces, la castaña se mostró dócil y atenta para sorpresa de todos, aunque estaban un poco retrasados por culpa de Aldric. Obviamente tras abandonar la residencia de los Köhler, los reproches por parte de Aldric le hicieron favor de armonizar el viaje, pero la felicidad de Anneliese era tan grande, que no le importaba si el chico estaba ahí en contra de su voluntad. Bajó del carruaje y miró aquel peculiar lugar. Era un bar, así que torció los labios ya que no sabía cuánto control podría tener Aldric sobre el vicio que Anneliese recientemente había descubierto que poseía. Ignorando a Aldric, entró a la estancia y se acercó rápidamente a la mesa más alejada, donde Jenah ya se encontraba.
-¡Jenah! - Exclamó alegremente mientras se acercaba a abrazar a su amiga. - Disculpa la tardanza, pero ese hombre es más vanidoso que yo. - Aldric se había tomado la molestia de demorarse más de lo debido en su habitación para fastidiar a Anneliese, pero simplemente no había logrado robarle la alegría a su prometida.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
- Mensajes: 77
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 26/12/2011
Edad: 22
Re: Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
La suave voz de mi madre me hizo despertar de ese profundo sueño en el que me había sumergido, en el que me había refugiando por algunas horas, desde que había tocado mi cabeza la suave almohada. Abrí los ojos lentamente a su petición, encontrándome con ella en el marco de la puerta de mi habitación. Era la persona más dulce y alegre, a veces no concebía que fuera así, era sencilla y fiel a mi padre y a mí, a pesar de no llevar los lujos de su juventud con los abuelos, o los que mi padre lograba darnos, ella siempre me regalaba una sonrisa, que me inspiraba día a día. Me indico que me apresurara, era hora del desayuno, con una sonrisa afirme con la cabeza y ahí empezó mi mañana, una un poco diferente a las demás, ¿Por qué? No sabía aun, pero sería especial o al menos diferente. La mañana fue normal, el desayuno, una plática con mis padres y luego a trabajar, tenía una fachada pendiente para un de las grandes familias del reino, les habían encantado mis trabajos y tenía la fortuna de ir a tiempo con el trabajo, pues queriendo o no, tuve que dejar inconcluso ese trabajo, metiéndome a la ducha. Hoy era un día importante, al menos para Jenah.
¿Quién era Jenah? Era la hija de uno de los grandes amigos de papá. ¿Por qué se relacionaba directamente conmigo? Porque era mi nueva prometida, mi futura esposa. Esa idea jamás le había agradado a mi madre, quien era fiel creyente de que el matrimonio debía basarse en el amor, así como lo era el suyo, pero mi padre tenía la necesidad de recuperar su prestigio. ¿El precio? Su propio hijo. Yo, como mi madre, no estaba de a cuerdo con aquel pacto, pero poco podía hacer. Jenah no era una mala persona, aunque no era la persona con la que deseara estar toda mi vida, su carácter chocaba frecuentemente con el mío, su seriedad trataba de opacar mi dadivosa personalidad, mi alegre sonrisa. Y por las sutiles ordenes de mi padre, debía frecuentarle, aseguraba que con el tiempo nos llevaríamos bien, que le llegaría a ver con otros ojos. Dudaba eso.
Mientras buscaba entre mis ropas algo adecuado para la ocasión, no dejaba de pensar en aquella gran e importante persona que se suponía que Jenah me presentaría. Hablaba de ella con tal devoción y alegría, que llegaba a desconocerle en gran medida. Cuando hablaba de su gran amiga de la infancia, se le iluminaba la mirada, incluso en esos momentos, llegaba a pensar que en realidad podríamos tener una buena relación, a pesar de la extraña relación que teníamos entre los dos. Me mostraba amable, caballeroso y hasta atento con ella cuando estábamos en público, era su prometido y según mi padre, debía comportarme como todo un caballero con ella, aunque en la intimidad, cuando estábamos solos, nos comportábamos como simples amigos, tal vez solo conocidos, pues pocas eran las cosas que sabía de ella y pocas las que ella sabía de mi.
Al final de cuentas y después de mucho buscar encontré las prendas perfectas para mi encuentro con Jenah, su misteriosa amiga y el prometido de esta. Antes de vestirme, me afeite perfectamente la barba, sabía que a Jenah le molestaba un poco que me mostrara algo descuidado con la barba o cualquier aspecto de mi imagen. Me vestí cuidadosamente el pantalón de vestir de color o, un perfecto negro, como aquella camisa blanca, tan blanca como las mismas nubes del cielo. Me abotoné hasta el último botón, solo para poder poner la corbata en color gris, mi padre no me dejaría ir sin corbata, era algo hasta más especial para él que para mí aquella cita doble. Por último, un chaleco a juego con el pantalón, todo estaba perfecto y en su lugar. Me peine a como pude, mi cabello ya estaba algo crecido y trataba de darle algo de forma, no quería una mala mirada de las personas ni de Jenah. Por último, los últimos toques, algo de perfume, fresco y agradable, de los pocos que me quedaron y aquel anillo que en mi también demostraba que estaba unido a alguien, aunque fuera a la fuerza.
Salí de casa con buen tiempo, caminado con calma hasta el punto de reunión, algo pensativo, despertando algunas miradas curiosas de las personas que pasaban a mi lado. A medida que me iba acercando, me iba arremangando las mangas de la camisa, una maña mía. Al llegar al lugar, sentí los nervios en mi estomago. Limpie mis recién lustrados zapatos, pues las calles polvorientas los habían opacado. Con un último respire entre al local, buscando a Jenah con la mirada, encontrándola con una joven que hasta ahora estaba de espaldas a mí, camine despacio hasta ambas mujeres – Una disculpa por mi tardanza – Pedí, haciendo una leve reverencia ante ellas, aunque olvidando un poco mis modales al ver a la gran y secreta amiga de mi prometida –¿Anne? – Pregunte sorprendido. ¿Cómo era que yo ni me había enterado? Con una sonrisa de verdad sincera, le salude, tomando con delicadeza su mano y dándole un beso en el dorso de esta, notando el anillo que adornaba sus finos dedos – Esta si es una gran sorpresa – Murmure, para colocarme al lado de Jenah, como me correspondía.
¿Quién era Jenah? Era la hija de uno de los grandes amigos de papá. ¿Por qué se relacionaba directamente conmigo? Porque era mi nueva prometida, mi futura esposa. Esa idea jamás le había agradado a mi madre, quien era fiel creyente de que el matrimonio debía basarse en el amor, así como lo era el suyo, pero mi padre tenía la necesidad de recuperar su prestigio. ¿El precio? Su propio hijo. Yo, como mi madre, no estaba de a cuerdo con aquel pacto, pero poco podía hacer. Jenah no era una mala persona, aunque no era la persona con la que deseara estar toda mi vida, su carácter chocaba frecuentemente con el mío, su seriedad trataba de opacar mi dadivosa personalidad, mi alegre sonrisa. Y por las sutiles ordenes de mi padre, debía frecuentarle, aseguraba que con el tiempo nos llevaríamos bien, que le llegaría a ver con otros ojos. Dudaba eso.
Mientras buscaba entre mis ropas algo adecuado para la ocasión, no dejaba de pensar en aquella gran e importante persona que se suponía que Jenah me presentaría. Hablaba de ella con tal devoción y alegría, que llegaba a desconocerle en gran medida. Cuando hablaba de su gran amiga de la infancia, se le iluminaba la mirada, incluso en esos momentos, llegaba a pensar que en realidad podríamos tener una buena relación, a pesar de la extraña relación que teníamos entre los dos. Me mostraba amable, caballeroso y hasta atento con ella cuando estábamos en público, era su prometido y según mi padre, debía comportarme como todo un caballero con ella, aunque en la intimidad, cuando estábamos solos, nos comportábamos como simples amigos, tal vez solo conocidos, pues pocas eran las cosas que sabía de ella y pocas las que ella sabía de mi.
Al final de cuentas y después de mucho buscar encontré las prendas perfectas para mi encuentro con Jenah, su misteriosa amiga y el prometido de esta. Antes de vestirme, me afeite perfectamente la barba, sabía que a Jenah le molestaba un poco que me mostrara algo descuidado con la barba o cualquier aspecto de mi imagen. Me vestí cuidadosamente el pantalón de vestir de color o, un perfecto negro, como aquella camisa blanca, tan blanca como las mismas nubes del cielo. Me abotoné hasta el último botón, solo para poder poner la corbata en color gris, mi padre no me dejaría ir sin corbata, era algo hasta más especial para él que para mí aquella cita doble. Por último, un chaleco a juego con el pantalón, todo estaba perfecto y en su lugar. Me peine a como pude, mi cabello ya estaba algo crecido y trataba de darle algo de forma, no quería una mala mirada de las personas ni de Jenah. Por último, los últimos toques, algo de perfume, fresco y agradable, de los pocos que me quedaron y aquel anillo que en mi también demostraba que estaba unido a alguien, aunque fuera a la fuerza.
Salí de casa con buen tiempo, caminado con calma hasta el punto de reunión, algo pensativo, despertando algunas miradas curiosas de las personas que pasaban a mi lado. A medida que me iba acercando, me iba arremangando las mangas de la camisa, una maña mía. Al llegar al lugar, sentí los nervios en mi estomago. Limpie mis recién lustrados zapatos, pues las calles polvorientas los habían opacado. Con un último respire entre al local, buscando a Jenah con la mirada, encontrándola con una joven que hasta ahora estaba de espaldas a mí, camine despacio hasta ambas mujeres – Una disculpa por mi tardanza – Pedí, haciendo una leve reverencia ante ellas, aunque olvidando un poco mis modales al ver a la gran y secreta amiga de mi prometida –¿Anne? – Pregunte sorprendido. ¿Cómo era que yo ni me había enterado? Con una sonrisa de verdad sincera, le salude, tomando con delicadeza su mano y dándole un beso en el dorso de esta, notando el anillo que adornaba sus finos dedos – Esta si es una gran sorpresa – Murmure, para colocarme al lado de Jenah, como me correspondía.
Invitado- Invitado
Re: Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
Ciertamente, hace ya tiempo que Aldric no deseaba tanto que una chica desapareciese de su vida. Y es que desde que sus padres habían conocido a Anneliese y habían decidido que ella debía formar parte de su vida, todo había ido de mal en peor.
En primer lugar, sus padres, que nunca le obligaban a algo, le forzaban a un compromiso indeseado, alegando que ya estaba en edad casadera y que querían tener nietos antes de morir. Y no se conformaban solo con ello, no. Parecían disfrutar de someterlo a la compañía de la muchacha, haciendo que el dispusiese de su tiempo (¡su tiempo!) para acompañarla en diversas actividades sociales. Como la que le habían informado la noche anterior.
Y si bien, él alego que no sería cortés que él interviniese en una reunión de damas, sus padres y su futuro suegro le aseguraron que debía conocer a la duquesa francesa de la cual nunca había oído, y que a ella también le acompañaría su prometido ¡Qué adorable, una cita doble! Además, era parte de su deber como prometido acompañar a su amada, cuidarla y protegerle de lo que pudiese ocurrirle. Tan animados se mostraban todos que Aldric tuvo que tragarse su molestia y lanzarla en una mirada que enfatizaba que las cosas no se quedarían así a la Condesa de Lohr, antes de aceptar con una sonrisa practicada y decir que en ese caso, lo haría encantado.
Al día siguiente, se levantó mucho más tarde de lo que tenía acostumbrado y decidió que era un buen momento para practicar su francés, tarea que dejo de lado sólo cuando su madre entró para saber si ya se encontraba listo, instándolo a arreglarse cuando le vio aún no había decidido levantarse. Se decidió por una camisa de seda color borgoña, un traje negro y corbata y zapatos a juego, sin olvidar los detalles de gemelos de oro en las mangas de su camisa. Se arregló el cabello, y perfumó. Aunque no tuviese ganas de asistir a conocer a las amistades de Schäfer, no podía por ello descuidar su presentación personal.
Durante el viaje que realizaron en una de las tantas carrozas que su familia poseía, no perdió oportunidad de ser mordaz, como queriendo adelantarse a las palabras que debería tragarse en el transcurso del día y, por sobre todo, por detestar que Anneliese se viese tan feliz, queriendo contagiarle algo de su molestia.
Cuando llegaron al punto de encuentro, la chica se adelantó y saludo a una joven rubia que no pudo observar muy bien. Suspiró y se acercó a paso lento, llegando justo para escuchar al otro muchacho que de seguro debía ser el prometido de la amiga de Schäfer.
Alzó ambas cejas, observando la escena- Disculpen mi atraso, pero mi prometida se encontraba demasiado exaltada ante el encuentro y se adelantó en vuestra búsqueda- se excusó con calma, haciendo una reverencia en honor a las damas, antes de mirar más detenidamente a la otra pareja. La chica rubia poseía una belleza extraordinaria y delicada, y no dudaba que sus modales fuesen reflejo de su imagen, en contraste de su acompañante que con las mangas de la camisa arremangadas, algo totalmente fuera de protocolo, parecía un muchacho cualquiera, hijo de un burgués de poca monta. ¿De verdad que esa chica, siendo una condesa como había dicho Anne, estaría por casarse con alguien que, a simple vista, parecía tan poca cosa?- Pensé que habías dicho que no conocías al acompañante de tu amiga, querida.- dijo, alzando su ceja izquierda, sin dejar entrever algún tono específico en su voz. Algo le decía que en todo esto había algo gato encerrado. Y él lo liberaría (Quizás eso le ayudaría a deshacerse de Schäfer, ¿quién sabe?). Y si para ello, debía actuar medidamente, hasta encantador, lo haría.
Volvió a sonreír a los presentes.
-Soy el Duque Aldric Köhler de Anhalt, prometido de vuestra amiga- se presentó -un gusto conocerles- Besó caballerosamente la mano de la dama desconocida y estrechó la mano del otro joven, para pasar a sentarse junto a su prometida, sin dejar de sonreír en ningún momento.. Hasta él se maravillaba de sus dotes de actuación. Y eso era mucho decir.
En primer lugar, sus padres, que nunca le obligaban a algo, le forzaban a un compromiso indeseado, alegando que ya estaba en edad casadera y que querían tener nietos antes de morir. Y no se conformaban solo con ello, no. Parecían disfrutar de someterlo a la compañía de la muchacha, haciendo que el dispusiese de su tiempo (¡su tiempo!) para acompañarla en diversas actividades sociales. Como la que le habían informado la noche anterior.
Y si bien, él alego que no sería cortés que él interviniese en una reunión de damas, sus padres y su futuro suegro le aseguraron que debía conocer a la duquesa francesa de la cual nunca había oído, y que a ella también le acompañaría su prometido ¡Qué adorable, una cita doble! Además, era parte de su deber como prometido acompañar a su amada, cuidarla y protegerle de lo que pudiese ocurrirle. Tan animados se mostraban todos que Aldric tuvo que tragarse su molestia y lanzarla en una mirada que enfatizaba que las cosas no se quedarían así a la Condesa de Lohr, antes de aceptar con una sonrisa practicada y decir que en ese caso, lo haría encantado.
Al día siguiente, se levantó mucho más tarde de lo que tenía acostumbrado y decidió que era un buen momento para practicar su francés, tarea que dejo de lado sólo cuando su madre entró para saber si ya se encontraba listo, instándolo a arreglarse cuando le vio aún no había decidido levantarse. Se decidió por una camisa de seda color borgoña, un traje negro y corbata y zapatos a juego, sin olvidar los detalles de gemelos de oro en las mangas de su camisa. Se arregló el cabello, y perfumó. Aunque no tuviese ganas de asistir a conocer a las amistades de Schäfer, no podía por ello descuidar su presentación personal.
Durante el viaje que realizaron en una de las tantas carrozas que su familia poseía, no perdió oportunidad de ser mordaz, como queriendo adelantarse a las palabras que debería tragarse en el transcurso del día y, por sobre todo, por detestar que Anneliese se viese tan feliz, queriendo contagiarle algo de su molestia.
Cuando llegaron al punto de encuentro, la chica se adelantó y saludo a una joven rubia que no pudo observar muy bien. Suspiró y se acercó a paso lento, llegando justo para escuchar al otro muchacho que de seguro debía ser el prometido de la amiga de Schäfer.
Alzó ambas cejas, observando la escena- Disculpen mi atraso, pero mi prometida se encontraba demasiado exaltada ante el encuentro y se adelantó en vuestra búsqueda- se excusó con calma, haciendo una reverencia en honor a las damas, antes de mirar más detenidamente a la otra pareja. La chica rubia poseía una belleza extraordinaria y delicada, y no dudaba que sus modales fuesen reflejo de su imagen, en contraste de su acompañante que con las mangas de la camisa arremangadas, algo totalmente fuera de protocolo, parecía un muchacho cualquiera, hijo de un burgués de poca monta. ¿De verdad que esa chica, siendo una condesa como había dicho Anne, estaría por casarse con alguien que, a simple vista, parecía tan poca cosa?- Pensé que habías dicho que no conocías al acompañante de tu amiga, querida.- dijo, alzando su ceja izquierda, sin dejar entrever algún tono específico en su voz. Algo le decía que en todo esto había algo gato encerrado. Y él lo liberaría (Quizás eso le ayudaría a deshacerse de Schäfer, ¿quién sabe?). Y si para ello, debía actuar medidamente, hasta encantador, lo haría.
Volvió a sonreír a los presentes.
-Soy el Duque Aldric Köhler de Anhalt, prometido de vuestra amiga- se presentó -un gusto conocerles- Besó caballerosamente la mano de la dama desconocida y estrechó la mano del otro joven, para pasar a sentarse junto a su prometida, sin dejar de sonreír en ningún momento.. Hasta él se maravillaba de sus dotes de actuación. Y eso era mucho decir.
OoC: Estoy sin Internet y he tenido que mendigar por allí xD. En la semana lo soluciono. Lamento la demora u.ú
Invitado- Invitado
Re: Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
Pasando a la ansiedad fue capaz de presenciar cómo su mal humor comenzaba a aparecer, causando que por las facciones de su rostro adoptara cierto semblante de molestia se limitó simplemente a tomar un mechón de su rubia cabellera y pasarlo por entre sus delgados dedos. Entre sus cualidades, uno de los rasgos más imperativos de los cuales muchos (incluyéndola) carecen, la paciencia era el principal don por el cual en momentos como aquéllos deseaba poseer. Mordiendo su labio inferior y mientras entre sus mejillas un leve sonrojo se apoderaba de sí ya las frustración comenzaba a ser más notoria... ¿realmente debía pasar por eso?. Jenah comenzaba a creer que su amiga le había dejado plantada, y es que cuando cinco minutos y medio ya han pasado la rubia doncella esperaría que Anneliesse (quien llevaba varios años de no haber visto y de gozar de un encuentro de esta categoría) cruzara por esa puerta y recuperaran el tiempo que se hubo perdido gracias a los tristes acontecimientos por los cuales, tanto Jenah como sus padres, se vieron forzados a abandonar el Reino de Lohr. Habían pasado cerca de diez minutos, principal rasgo que la Doncella consideraba era un gran delito el retrasarse ante estas condiciones, estos años que hubo perdido con Anneliesse comenzaban a indicarle que su amiga de la infancia muy probablemente habría cambiado.
Como si el cielo hubiese escuchado sus plegarias fue capaz de presenciar la llegada de su amiga, su mal humor e irritable obsesión por la puntualidad pareció desaparecer tras el reciente suceso, y, esbozando una dulce y entusiasta sonrisa se limitó a levantarse de su asiento con exagerado dramatismo mientras se dedicaba a corresponder al abrazo que había recibido por parte de la Condesa. -Estuve cerca de levantarme de esta mesa y volver a casa, creí que no te habían dejado venir o algo por el estilo... como verás soy una obsesionada con el tiempo-. Se limitó a comentar con cierto deje de indiferencia, como si aquél aspecto fuese algo de carente interés en la conversación que estaría por generarse con el simple pasar de los segundos. Miró a su alrededor en búsqueda de su prometido, de no conocerlo, Seiffert se extrañaría y sentiría ofendida por el atrevimiento de no haber hecho su aparición a la hora indicada, Markus era una personalidad tan opuesta a Pauline que, a diferencia de Jenah, el chico tenía una irrespetuosa y mala costumbre (sumándole a esto una gran facilidad por sacar de sus casillas a la Doncella) por llegar tarde. Dentro de sus pensamientos estaba formulando numerosas oraciones para que, cuando su prometido entrase por la puerta del bar, ella pudiese reprocharle. Una de las actividades favoritas de Seiffert era de echarle en cara a su futuro esposo los muchos defectos que poseía, como si intentara darle a entender que no estaba a la altura de alguien de la categoría de la rubia.
-Y como puedes ver, mi prometido no es precisamente el ejemplo andante de la responsabilidad-. Comentó con cierto deje de rencor en su voz, si recibiese una cuota dineral por cada vez que ella juzgara cualquier acción de Markus dinero sería el factor sobrante en su vida. Apreciando cómo pasados varios minutos después de la llegada de su mejor amiga, Schwarz había llegado, una sarcástica sonrisa se dibujó en sus labios mientras le dedicaba una fría mirada al segundo invitado de la reunión. Dándole tiempo para escuchar su excusa por la tardanza, le miró con desdén mientras adoptaba una posición más cómoda en su silla.-Me encantaría conocer las causas de tu retraso, Markus, según recuerdo, debiste haber llegado hace más de quince minutos-. Le reclamó con una odiosa mirada y empleando un grosero tono de voz. Si lucía grosera, o inclusive estaba mostrando una faceta desconocida para con su amiga era un rasgo irrelevante para la Doncella, era mucho el tiempo de haber compartido a lado de Schwarz y él ya debería de saber que el llegar tarde era lo que más odiaba en un ser humano.
Posteriormente, su mirada se centró ahora en la pareja de su amiga, cierto semblante de curiosidad se había generado ahora en la joven y sintió cierta curiosidad por conocerlo. A simple vista, debía reconocer que poseía un físico bastante atractivo, bajo las expectativas de Jenah, era básicamente lo que esperaba conocer en el hombre que formaría parte de su vida. Ahora lo que seguía sería entablar una conversación con el propósito de analizar los rasgos de su personalidad, como no fue capaz de haber hablado antes con su amiga era un tanto difícil saber si su compañía sería agradable. Una mueca era lo que ahora predominaba en su rostro tras darse cuenta que Markus conocía a su amiga, de pasar a sentirse cómoda y entusiasmada por el encuentro con la Condesa, ahora la incomodidad y ansiedad por conocer cómo Anneliesse conocía a Schwarz. Estuvo a pocos segundos de formular una pregunta cuando la frase articulada por el acompañante de su amiga se le había adelantado, estaba deseosa de saber cómo se conocían.
-En realidad... me gustaría saber cómo es que tu conoces a Anneliesse, Markus-. Dijo pasados unos segundos mientras su mirada se posaba nuevamente en su pareja, con semblante de seriedad y fría mirada como si estuviese exigiendo una respuesta ahora mismo. Dicho esto miró rápidamente a su amiga y a su acompañante, tras escuchar su presentación esbozó una leve sonrisa ante su acto.-Jenah Seiffert... me dedicaría a realizar un discurso tan largo como el tuyo de no ser porque no es algo que guste hacer-. Dijo respondiendo a su saludo con cierto deje de tranquilidad mientras las facciones de su rostro se tornaban suaves y tranquilas.
Como si el cielo hubiese escuchado sus plegarias fue capaz de presenciar la llegada de su amiga, su mal humor e irritable obsesión por la puntualidad pareció desaparecer tras el reciente suceso, y, esbozando una dulce y entusiasta sonrisa se limitó a levantarse de su asiento con exagerado dramatismo mientras se dedicaba a corresponder al abrazo que había recibido por parte de la Condesa. -Estuve cerca de levantarme de esta mesa y volver a casa, creí que no te habían dejado venir o algo por el estilo... como verás soy una obsesionada con el tiempo-. Se limitó a comentar con cierto deje de indiferencia, como si aquél aspecto fuese algo de carente interés en la conversación que estaría por generarse con el simple pasar de los segundos. Miró a su alrededor en búsqueda de su prometido, de no conocerlo, Seiffert se extrañaría y sentiría ofendida por el atrevimiento de no haber hecho su aparición a la hora indicada, Markus era una personalidad tan opuesta a Pauline que, a diferencia de Jenah, el chico tenía una irrespetuosa y mala costumbre (sumándole a esto una gran facilidad por sacar de sus casillas a la Doncella) por llegar tarde. Dentro de sus pensamientos estaba formulando numerosas oraciones para que, cuando su prometido entrase por la puerta del bar, ella pudiese reprocharle. Una de las actividades favoritas de Seiffert era de echarle en cara a su futuro esposo los muchos defectos que poseía, como si intentara darle a entender que no estaba a la altura de alguien de la categoría de la rubia.
-Y como puedes ver, mi prometido no es precisamente el ejemplo andante de la responsabilidad-. Comentó con cierto deje de rencor en su voz, si recibiese una cuota dineral por cada vez que ella juzgara cualquier acción de Markus dinero sería el factor sobrante en su vida. Apreciando cómo pasados varios minutos después de la llegada de su mejor amiga, Schwarz había llegado, una sarcástica sonrisa se dibujó en sus labios mientras le dedicaba una fría mirada al segundo invitado de la reunión. Dándole tiempo para escuchar su excusa por la tardanza, le miró con desdén mientras adoptaba una posición más cómoda en su silla.-Me encantaría conocer las causas de tu retraso, Markus, según recuerdo, debiste haber llegado hace más de quince minutos-. Le reclamó con una odiosa mirada y empleando un grosero tono de voz. Si lucía grosera, o inclusive estaba mostrando una faceta desconocida para con su amiga era un rasgo irrelevante para la Doncella, era mucho el tiempo de haber compartido a lado de Schwarz y él ya debería de saber que el llegar tarde era lo que más odiaba en un ser humano.
Posteriormente, su mirada se centró ahora en la pareja de su amiga, cierto semblante de curiosidad se había generado ahora en la joven y sintió cierta curiosidad por conocerlo. A simple vista, debía reconocer que poseía un físico bastante atractivo, bajo las expectativas de Jenah, era básicamente lo que esperaba conocer en el hombre que formaría parte de su vida. Ahora lo que seguía sería entablar una conversación con el propósito de analizar los rasgos de su personalidad, como no fue capaz de haber hablado antes con su amiga era un tanto difícil saber si su compañía sería agradable. Una mueca era lo que ahora predominaba en su rostro tras darse cuenta que Markus conocía a su amiga, de pasar a sentirse cómoda y entusiasmada por el encuentro con la Condesa, ahora la incomodidad y ansiedad por conocer cómo Anneliesse conocía a Schwarz. Estuvo a pocos segundos de formular una pregunta cuando la frase articulada por el acompañante de su amiga se le había adelantado, estaba deseosa de saber cómo se conocían.
-En realidad... me gustaría saber cómo es que tu conoces a Anneliesse, Markus-. Dijo pasados unos segundos mientras su mirada se posaba nuevamente en su pareja, con semblante de seriedad y fría mirada como si estuviese exigiendo una respuesta ahora mismo. Dicho esto miró rápidamente a su amiga y a su acompañante, tras escuchar su presentación esbozó una leve sonrisa ante su acto.-Jenah Seiffert... me dedicaría a realizar un discurso tan largo como el tuyo de no ser porque no es algo que guste hacer-. Dijo respondiendo a su saludo con cierto deje de tranquilidad mientras las facciones de su rostro se tornaban suaves y tranquilas.

Jenah P. Seiffert- Doncella de Anhalt
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Fecha de inscripción: 26/12/2011
Re: Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
La emoción de haberse reunido con su amiga por segunda ocasión en el transcurso de simplemente dos días, no le había permitido recordar que su amiga estaba algo obsesionada con la puntualidad. Tenía todo el derecho de reprochárselo, pero en aquella ocasión no había sido culpa de la castaña, sino de Aldric, quien había buscado cualquier pretexto para demorar su salida de la residencia Köhler.
-¿Acaso no me conoces? Así me hubiesen encerrado en la torre más alta, hubiera encontrado la forma de asistir. - Se acercó a abrazarla por segunda ocasión y una gran sonrisa se dibujó sobre su rostro. Habían pasado cerca de 10 años y Jenah no cambiaría nunca. - Además como te mencioné, en esta ocasión no fue mi culpa. - Le susurró con cierta discreción ya que se sentía bastante apenada por haberla dejado esperando un poco más de lo que habían acordado. Pero no había necesidad de vengarse, el simple hecho de que los padres de Aldric lo hubieran forzado a acompañar a la castaña, era más que suficiente.
Aunque la sonrisa no parecía querer desaparecer del rostro de Anneliese, en el fondo albergaba cierto temor, ya que de un momento a otro, estaba segura de que Aldric notaría que toda aquella historia fantástica de su nueva y grandiosa amiga quien poseía el título de condesa de Francia, era toda una farsa. No dudaba que el odio de Aldric se hubiera acrecentado durante el trayecto y debía de esperar una cruel venganza por parte del joven. Pero la ilusión de haberse reencontrado con su mejor amiga después de todos aquellos años en los que se les negó el placer de disfrutar tiempo juntas, calmó un poco los nervios de la ojiazul, así que procuró concentrarse en su amiga y después ya tendría tiempo de elaborar un plan o encontrar alguna de forma de mantener en secreto la identidad de Jenah.
De la felicidad pasó al asombro cuando el prometido de Jenah se hizo presente en la mesa. Aquella voz traviesa y ojos azules eran inconfundibles, aunque sintió una ligera punzada que procuró ignorar.
-La misma Anneliese que has tenido el placer de conocer antes. - Sonrió a la pareja. - Nunca me contaste de tu prometida, Markus. - Lo miró con cierto reproche ya que de haberla mencionado antes, hubiera hallado el paradero de su amiga mucho tiempo antes. Le sorprendió la forma en la que su rubia amiga se dirigía hacia su prometido. Si no se equivocaba, Jenah parecía que tampoco hallaba la elección de sus padres como la más certera y no pudo evitar alzar las cejas. - Tranquila Jenah, nosotros tampoco llegamos tan puntuales como debíamos. - Sonrió amablemente a ambos ya que de cierta forma le incomodaba la manera de expresarse de Jenah. Pero no debía de sorprenderse, así era ella, un tanto rebelde y no poseía el mismo control sobre su persona como Anneliese, quien muy a menudo sentía ganas de ahorcar a su prometido, pero debía contenerse y demostrarle al mundo que eran la pareja perfecta, feliz y enamorada.
Cuando se disponía a tomar asiento notó que Aldric al fin se había dignado a entrar y a presentarse como era debido.
-Claro, cielo, como te mencioné, no quería dejar esperando más tiempo a Jenah. - Sonrió con cierta burla. - ¿Acaso crees que te diría mentiras? En realidad no estaba enterada de la relación que Jenah tenía con Markus. - Rodó los ojos y tomó asiento frente a la rubia. - No sería capaz de engañarte, cariño, y me sorprende que dudes de mi palabra. - Comentó añadiendo cierto dramatismo a su tono de voz. Tuvo que contenerse y procurar hablarle a Aldric con toda la dulzura posible por mucho que tuviera ganas de tirarle una de las bebidas sobre la cabeza. Su mirada se poso sobre el gran anillo que llevaba puesto sobre sus delicados dedos. Aquella joya brillaba con tal intensidad que parecía burlarse de la castaña y al mismo tiempo recordarle que tenía como prometido al hombre más frío que hubiera podido existir, igual que aquel diamante.
Suspiró y alzó la mirada para fijarse en Markus. No estaba segura de si debía dejar que joven hablara o ella comenzar a relatar la forma en la que se habían conocido. Fue en aquel momento en el que se dio cuenta de su gravísimo error. ¿Cómo había creído que Aldric no notaría que Jenah y Markus no eran las personas que ella había dicho que verían? Su prometido carecía de muchas cualidades, pero la astucia no formaba parte de ellas. Se mordió el labio y escondió sus manos debajo de la mesa.
-Es sencillo, Jenah. - Comentó con naturalidad. - Mi padre y yo visitamos muy a menudo Ahnalt y en una de aquellas tantas veces fue que Markus me encontró. - Aquel joven la había rescatado de un par de maleantes que habían tratado de divertirse a costa de ella gracias al aspecto inocente que daba la joven. En realidad aquellos hombres no brillaban por su inteligencia y simplemente se habían aprovechado de lo perdida que se encontraba Anneliese, pero Markus había logrado librarla de aquella situación y se había convertido en un gran amigo para la castaña.
-¿Acaso no me conoces? Así me hubiesen encerrado en la torre más alta, hubiera encontrado la forma de asistir. - Se acercó a abrazarla por segunda ocasión y una gran sonrisa se dibujó sobre su rostro. Habían pasado cerca de 10 años y Jenah no cambiaría nunca. - Además como te mencioné, en esta ocasión no fue mi culpa. - Le susurró con cierta discreción ya que se sentía bastante apenada por haberla dejado esperando un poco más de lo que habían acordado. Pero no había necesidad de vengarse, el simple hecho de que los padres de Aldric lo hubieran forzado a acompañar a la castaña, era más que suficiente.
Aunque la sonrisa no parecía querer desaparecer del rostro de Anneliese, en el fondo albergaba cierto temor, ya que de un momento a otro, estaba segura de que Aldric notaría que toda aquella historia fantástica de su nueva y grandiosa amiga quien poseía el título de condesa de Francia, era toda una farsa. No dudaba que el odio de Aldric se hubiera acrecentado durante el trayecto y debía de esperar una cruel venganza por parte del joven. Pero la ilusión de haberse reencontrado con su mejor amiga después de todos aquellos años en los que se les negó el placer de disfrutar tiempo juntas, calmó un poco los nervios de la ojiazul, así que procuró concentrarse en su amiga y después ya tendría tiempo de elaborar un plan o encontrar alguna de forma de mantener en secreto la identidad de Jenah.
De la felicidad pasó al asombro cuando el prometido de Jenah se hizo presente en la mesa. Aquella voz traviesa y ojos azules eran inconfundibles, aunque sintió una ligera punzada que procuró ignorar.
-La misma Anneliese que has tenido el placer de conocer antes. - Sonrió a la pareja. - Nunca me contaste de tu prometida, Markus. - Lo miró con cierto reproche ya que de haberla mencionado antes, hubiera hallado el paradero de su amiga mucho tiempo antes. Le sorprendió la forma en la que su rubia amiga se dirigía hacia su prometido. Si no se equivocaba, Jenah parecía que tampoco hallaba la elección de sus padres como la más certera y no pudo evitar alzar las cejas. - Tranquila Jenah, nosotros tampoco llegamos tan puntuales como debíamos. - Sonrió amablemente a ambos ya que de cierta forma le incomodaba la manera de expresarse de Jenah. Pero no debía de sorprenderse, así era ella, un tanto rebelde y no poseía el mismo control sobre su persona como Anneliese, quien muy a menudo sentía ganas de ahorcar a su prometido, pero debía contenerse y demostrarle al mundo que eran la pareja perfecta, feliz y enamorada.
Cuando se disponía a tomar asiento notó que Aldric al fin se había dignado a entrar y a presentarse como era debido.
-Claro, cielo, como te mencioné, no quería dejar esperando más tiempo a Jenah. - Sonrió con cierta burla. - ¿Acaso crees que te diría mentiras? En realidad no estaba enterada de la relación que Jenah tenía con Markus. - Rodó los ojos y tomó asiento frente a la rubia. - No sería capaz de engañarte, cariño, y me sorprende que dudes de mi palabra. - Comentó añadiendo cierto dramatismo a su tono de voz. Tuvo que contenerse y procurar hablarle a Aldric con toda la dulzura posible por mucho que tuviera ganas de tirarle una de las bebidas sobre la cabeza. Su mirada se poso sobre el gran anillo que llevaba puesto sobre sus delicados dedos. Aquella joya brillaba con tal intensidad que parecía burlarse de la castaña y al mismo tiempo recordarle que tenía como prometido al hombre más frío que hubiera podido existir, igual que aquel diamante.
Suspiró y alzó la mirada para fijarse en Markus. No estaba segura de si debía dejar que joven hablara o ella comenzar a relatar la forma en la que se habían conocido. Fue en aquel momento en el que se dio cuenta de su gravísimo error. ¿Cómo había creído que Aldric no notaría que Jenah y Markus no eran las personas que ella había dicho que verían? Su prometido carecía de muchas cualidades, pero la astucia no formaba parte de ellas. Se mordió el labio y escondió sus manos debajo de la mesa.
-Es sencillo, Jenah. - Comentó con naturalidad. - Mi padre y yo visitamos muy a menudo Ahnalt y en una de aquellas tantas veces fue que Markus me encontró. - Aquel joven la había rescatado de un par de maleantes que habían tratado de divertirse a costa de ella gracias al aspecto inocente que daba la joven. En realidad aquellos hombres no brillaban por su inteligencia y simplemente se habían aprovechado de lo perdida que se encontraba Anneliese, pero Markus había logrado librarla de aquella situación y se había convertido en un gran amigo para la castaña.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
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Re: Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
Aquello seria un revuelo inmenso, más después de aquella cita doble, porque si Jenah ya estaba reclamando cosas en público sobre mí, no quería imaginar las cosas que me diría cuando todo esto terminara. En fin, si ya había aguantado los desplantes de Jenah en ocasiones pasadas, una mas no haría mal a nadie, además tenía una ligera ventaja de mi lado, quería considerarlo así porque no quería ser pesimista ante mi futuro cercano. Anne me conocía, varias veces habíamos entablado conversación con ella, sabía que mi actitud era fresca y en ocasiones informal, cosa que al parecer y a los pocos segundos de conocer a su prometido, no le causaba gracia alguna por su forma de mirarme y más por la forma tan anticuada en que se había presentado ante nosotros, como si el titulo te hiciera mejor persona, por supuesto que no. Le estreche la mano por mera cordialidad, porque no podía portarme mal ante Jenah y Anne, pero si por mi fuera le hubiera negado el saludo. Estuve a punto de rodar los ojos ante los insistentes reproches de la rubia – Te pido una disculpa por mi tardanza, no ha estado en mis manos la cuestión de mí llegada a tiempo al lugar. Ahora, si eres tan amable, me gustaría entablar una buena y amena platica con nuestros acompañantes – Le hable firme, aunque procurando la mayor cordialidad que en mi ser podía haber. Esperaba que con ello, dejara de insistir en marcar mi retardo y como lo había dicho Anne, ellos tampoco habían llegado puntuales, pero con el único con el que se encajaba, era conmigo – Una disculpa a ustedes también. Por cierto, mi nombre completo es Markus Schwarz, es un placer compartir este tiempo con ustedes – Les sonreí, como si aquella pequeña pelea con Jenah, nunca hubiera pasado en este momento.
Para no atrasar más el momento, con una leve reverencia y un ademan de la mano, les invite a tomar asiento, acomodándole con la silla como debía ser a mi prometida. Me senté a su lado, aunque podía sentirse y verse la distancia que manteníamos emocionalmente, algo que también podía ver en ellos dos, era vernos a Jenah y a mí, reflejados en los ojos de Anne y Aldric. Mire con atención a Anne, dando su explicación simple y sencilla sobre el cómo y porque ella y yo nos conocíamos y a leguas nos llevábamos bien, al menos mejor que lo que nos llevábamos con nuestros compromisos – Fue cosa del destino, ella estaba en el lugar equivocado y en el tiempo equivocado, pero yo estaba en el momento ideal y en el tiempo perfecto –Me encogí de hombros, mostrando una amplia sonrisa en el rostro. No detalle más, pues no me parecía adecuado contar algo así sin el consentimiento de la castaña, pues era un capítulo de su vida no muy agraciado para ella. Le sonreí a la castaña, la conexión que ella y yo teníamos era simple y a la vez compleja, me entendía mucho mejor con ella que con mi prometida, a ella parecía molestarle todo lo que hacía, sin mencionar de que nunca podía sacarle de su posición y a Anne, luego de algunos minutos, lograba convencerle de alguna locura nueva.
Sin demora, la chica que atendía en el local nos atendió apenas vio que los cuatro habíamos tomado asiento en nuestros lugares. La joven dejo la carta para cada quien y se retiro, dándonos tiempo a elegir que era lo que pediríamos para amenizar esta reunión. Le reste un poco de atención a la carta, concentrándome un poco en los cuestionamientos de Anne, la verdad nunca se me había ocurrido mencionarle sobre Jenah, era un tema que me rehusaba a tocar, inclusive conmigo mismo – Bueno, siendo absolutamente sincero, no fue un tema que me viniera a la cabeza en esos momentos. Además, no lo creí muy relevante y por otro lado, ¿Cómo iba a imaginar yo que mi prometida era tu amiga perdida de años? – Alce ambas cejas al final de hablar, no podía ocultar que me sentía un poco culpable por nunca haberle comentado eso, ni a Anne que conocía a Jenah, ni a la rubia mencionarle de mi amistad con la castaña, sin embargo, sentía que las cosas siempre pasaban por algo, y debía imaginar que si no dije nada, era porque así debían de suceder las cosas.Trate de disculparme con una sincera sonrisa con ella, pues era quien me conocía mejor de los presentes – Por cierto, si me disculpas el atrevimiento, me gustaría le comunicaras a tu padre que aceptare con gusto el realizar ese trabajo tan especial para él, el día que guste me pongo a sus ordenes – Trataba de mantener en oculto mi profesión, a Jenah le daba pena que supieran que su futuro esposo fuera un simple herrero, aunque para mi, llevaba el porte con orgullo, no todos tenían la habilidad para crear las obras que podía hacer yo. Anne sabia que me refería a esas fachadas que le habían encantado a su padre, las cuales solo yo realizaba de aquella manera.
Para no atrasar más el momento, con una leve reverencia y un ademan de la mano, les invite a tomar asiento, acomodándole con la silla como debía ser a mi prometida. Me senté a su lado, aunque podía sentirse y verse la distancia que manteníamos emocionalmente, algo que también podía ver en ellos dos, era vernos a Jenah y a mí, reflejados en los ojos de Anne y Aldric. Mire con atención a Anne, dando su explicación simple y sencilla sobre el cómo y porque ella y yo nos conocíamos y a leguas nos llevábamos bien, al menos mejor que lo que nos llevábamos con nuestros compromisos – Fue cosa del destino, ella estaba en el lugar equivocado y en el tiempo equivocado, pero yo estaba en el momento ideal y en el tiempo perfecto –Me encogí de hombros, mostrando una amplia sonrisa en el rostro. No detalle más, pues no me parecía adecuado contar algo así sin el consentimiento de la castaña, pues era un capítulo de su vida no muy agraciado para ella. Le sonreí a la castaña, la conexión que ella y yo teníamos era simple y a la vez compleja, me entendía mucho mejor con ella que con mi prometida, a ella parecía molestarle todo lo que hacía, sin mencionar de que nunca podía sacarle de su posición y a Anne, luego de algunos minutos, lograba convencerle de alguna locura nueva.
Sin demora, la chica que atendía en el local nos atendió apenas vio que los cuatro habíamos tomado asiento en nuestros lugares. La joven dejo la carta para cada quien y se retiro, dándonos tiempo a elegir que era lo que pediríamos para amenizar esta reunión. Le reste un poco de atención a la carta, concentrándome un poco en los cuestionamientos de Anne, la verdad nunca se me había ocurrido mencionarle sobre Jenah, era un tema que me rehusaba a tocar, inclusive conmigo mismo – Bueno, siendo absolutamente sincero, no fue un tema que me viniera a la cabeza en esos momentos. Además, no lo creí muy relevante y por otro lado, ¿Cómo iba a imaginar yo que mi prometida era tu amiga perdida de años? – Alce ambas cejas al final de hablar, no podía ocultar que me sentía un poco culpable por nunca haberle comentado eso, ni a Anne que conocía a Jenah, ni a la rubia mencionarle de mi amistad con la castaña, sin embargo, sentía que las cosas siempre pasaban por algo, y debía imaginar que si no dije nada, era porque así debían de suceder las cosas.Trate de disculparme con una sincera sonrisa con ella, pues era quien me conocía mejor de los presentes – Por cierto, si me disculpas el atrevimiento, me gustaría le comunicaras a tu padre que aceptare con gusto el realizar ese trabajo tan especial para él, el día que guste me pongo a sus ordenes – Trataba de mantener en oculto mi profesión, a Jenah le daba pena que supieran que su futuro esposo fuera un simple herrero, aunque para mi, llevaba el porte con orgullo, no todos tenían la habilidad para crear las obras que podía hacer yo. Anne sabia que me refería a esas fachadas que le habían encantado a su padre, las cuales solo yo realizaba de aquella manera.
Invitado- Invitado
Re: Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
Mientras seguía evaluando con la mirada a los amigos de su prometida, siempre manteniendo una leve sonrisa en el rostro, permaneció en silencio, escuchándolos, tratando de inferir algo sobre ello a través de sus palabras.
Sólo habló cuando Anneliese se refirió directamente a él, no sorprendiéndose por el hecho de que ella tratase de portarse cordial con él frente a sus conocidos - No desconfió de ti, querida. Eso jamás.- le sonrió de lado, tratando de disimular el deje burlón del gesto - Es sólo que me pareció curioso que no lo supieses de antes... y me parece que a tu bella amiga también le debe ser un tema de interés. – indicó, haciendo un ademán elegante con la mano, queriendo quitarle importancia al tema. La postura defensiva de Schäfer debía significar algo y lo más seguro es que estuviese relacionado con sus acompañantes en esa feliz velada.
Volvió a fijarse en los presentes. Jenah tenía aires de gran señora, algo en su porte y en su forma de ser le resultaba interesante, pero aún no veía en Markus algo que le convenciese de la historia que Anneliese había dicho a los progenitores de ambos. Y si bien, la rubia tenía aires de aristócrata, su nombre parecía más bien alemán que francés, para ser una francesa, y no le sonaba de ninguna parte, al igual que el del otro muchacho.
Escuchó atentamente las siguientes palabras de todos, no queriendo que algún detalle importante se le pasara por alto. Así que el castaño frecuentaba su reino... y si nunca lo había visto, lo más seguro es que no perteneciese a la aristocracia. Interesante. Quizás era un burgués que poseía una acaudalada arca y Seiffert provenía de una familia noble en decadencia, que se vio en el aprieto de buscar a un pretendiente que quisiese casarse con ella a pesar del déficit financiero y apareció ese joven burgués que tenía dinero y no título, lo cual sería un buen trato para ambas familias…. Porque amor, claramente no había entre ellos, ya que el frío trato no paso desapercibido para Aldric, cosa que sería difícil de no notar, pues ni intentaban disimular su disgusto, como lo hacían Schäfer y él.
Sonrió para sí, los gestos nerviosos que a veces podía percibir en Anneliese le regocijaban. ¿Acaso pensaba que si mentía él no lo descubriría? ¡Pobre ilusa!
-Por tus palabras, deduzco que le ayudaste a salir de un aprieto. – Comentó hacia Schwarz- también que os conocéis hace tiempo.- mantuvo el silencio unos segundos, como pensando de qué forma continuar, usando un tono de curiosidad- Me sorprende que nunca antes haya escuchado tu nombre en las conversaciones en casa, porque al parecer tienes tratos con el Señor Schäfer…. – Miró a la Condesa de Lohr con una sonrisa en el rostro- ¡Y con lo efusivas que eres para referirte a tus amistades, querida! En la cena no dejaste de comentar lo entusiasmada que te encontrabas por reunirte con tu nueva amiga francesa- le tomó la mano izquierda, en un intento de gesto amoroso- Oh, disculpen mi descortesía, pero me emociono fácilmente con los temas que involucran a mi querida Anneliese- se disculpó, sin borrar la sonrisa de su rostro. Ja, cinismo máximo. Sentía la mano sudorosa de la muchacha entre la suya. Sea lo que sea que ella estaba ocultando, la estaba atrapando. Touché.
Después de todo, de alguna forma debía divertirse en un bar, sin beber, y más aún si eso incluía molestar a Schäfer. Ahora, solo le quedaba observar como se seguían desarrollando los acontecimientos en esa velada y discernir cómo podía poner la situación de su parte. Y él estaba más que acostumbrado a eso. Y si fuese necesario, era capaz de no echar al agua a su prometida, si eso le resultase beneficioso a futuro, pues no la creía tan tonta (después de todo era mujer, y como todas las de su género, poseía muchas mañas para alcanzar lo que quiere.) como para no saber cómo arreglar las cosas que él había dicho, ya que se había preocupado de no hacer referencia directa a Jenah... aunque era mejor no esperar cosas de la gente, por regla general, uno siempre terminaba por llevarse disgustos.
Sólo habló cuando Anneliese se refirió directamente a él, no sorprendiéndose por el hecho de que ella tratase de portarse cordial con él frente a sus conocidos - No desconfió de ti, querida. Eso jamás.- le sonrió de lado, tratando de disimular el deje burlón del gesto - Es sólo que me pareció curioso que no lo supieses de antes... y me parece que a tu bella amiga también le debe ser un tema de interés. – indicó, haciendo un ademán elegante con la mano, queriendo quitarle importancia al tema. La postura defensiva de Schäfer debía significar algo y lo más seguro es que estuviese relacionado con sus acompañantes en esa feliz velada.
Volvió a fijarse en los presentes. Jenah tenía aires de gran señora, algo en su porte y en su forma de ser le resultaba interesante, pero aún no veía en Markus algo que le convenciese de la historia que Anneliese había dicho a los progenitores de ambos. Y si bien, la rubia tenía aires de aristócrata, su nombre parecía más bien alemán que francés, para ser una francesa, y no le sonaba de ninguna parte, al igual que el del otro muchacho.
Escuchó atentamente las siguientes palabras de todos, no queriendo que algún detalle importante se le pasara por alto. Así que el castaño frecuentaba su reino... y si nunca lo había visto, lo más seguro es que no perteneciese a la aristocracia. Interesante. Quizás era un burgués que poseía una acaudalada arca y Seiffert provenía de una familia noble en decadencia, que se vio en el aprieto de buscar a un pretendiente que quisiese casarse con ella a pesar del déficit financiero y apareció ese joven burgués que tenía dinero y no título, lo cual sería un buen trato para ambas familias…. Porque amor, claramente no había entre ellos, ya que el frío trato no paso desapercibido para Aldric, cosa que sería difícil de no notar, pues ni intentaban disimular su disgusto, como lo hacían Schäfer y él.
Sonrió para sí, los gestos nerviosos que a veces podía percibir en Anneliese le regocijaban. ¿Acaso pensaba que si mentía él no lo descubriría? ¡Pobre ilusa!
-Por tus palabras, deduzco que le ayudaste a salir de un aprieto. – Comentó hacia Schwarz- también que os conocéis hace tiempo.- mantuvo el silencio unos segundos, como pensando de qué forma continuar, usando un tono de curiosidad- Me sorprende que nunca antes haya escuchado tu nombre en las conversaciones en casa, porque al parecer tienes tratos con el Señor Schäfer…. – Miró a la Condesa de Lohr con una sonrisa en el rostro- ¡Y con lo efusivas que eres para referirte a tus amistades, querida! En la cena no dejaste de comentar lo entusiasmada que te encontrabas por reunirte con tu nueva amiga francesa- le tomó la mano izquierda, en un intento de gesto amoroso- Oh, disculpen mi descortesía, pero me emociono fácilmente con los temas que involucran a mi querida Anneliese- se disculpó, sin borrar la sonrisa de su rostro. Ja, cinismo máximo. Sentía la mano sudorosa de la muchacha entre la suya. Sea lo que sea que ella estaba ocultando, la estaba atrapando. Touché.
Después de todo, de alguna forma debía divertirse en un bar, sin beber, y más aún si eso incluía molestar a Schäfer. Ahora, solo le quedaba observar como se seguían desarrollando los acontecimientos en esa velada y discernir cómo podía poner la situación de su parte. Y él estaba más que acostumbrado a eso. Y si fuese necesario, era capaz de no echar al agua a su prometida, si eso le resultase beneficioso a futuro, pues no la creía tan tonta (después de todo era mujer, y como todas las de su género, poseía muchas mañas para alcanzar lo que quiere.) como para no saber cómo arreglar las cosas que él había dicho, ya que se había preocupado de no hacer referencia directa a Jenah... aunque era mejor no esperar cosas de la gente, por regla general, uno siempre terminaba por llevarse disgustos.
Invitado- Invitado
Re: Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
Una mueca había sido dibujada en las facciones del rostro de la joven poseedora de cabellos dorados mientras se limitaba únicamente a dedicarle una mirada significativa a Markus, sintiéndose deseosa por proseguir en su tarea de sacar a relucir sus numerosos defectos (en un intento de darle a entender a su amiga, y a su acompañante, la desgracia a la cual era sometida), estuvo a punto de pronunciar una oración de no ser porque Anneliesse había restado importancia al asunto. De no ser por el gran aprecio y respeto que tenía reservado hacia su amiga de la infancia se habría limitado simplemente a ignorarla, por lo que, dicho esto, Jenah dio un respingo en señal de resignación (no obstante susurró algo bastante confuso que sonaba muy parecido al adjetivo irresponsable) y tomó asiento mientras su mirada se dirigía nuevamente hacia el prometido de la Condesa. Quiso estudiar por varios segundos su rostro, sintiendo curiosidad tras ver lo distante que parecía mostrarse ante la conversación recién formulada hace poco. No sabía a ciencia cierta si el trato entre su Anneliesse y Aldric presentaba alguna semejanza con la de la rubia con el herrero, sin embargo, si tal fuese el asunto la Doncella se sentiría gustosa de cambiar de posición con la Condesa. Bajo el criterio personal de Seiffert, lanzarse desde algún precipicio sería una experiencia de mayor placer que el tener que verse forzada a celebrar una ceremonia de gran influencia en su vida como lo era el contraer matrimonio con alguien como era Markus. ¿Razones?... Simple, Jenah goza de una personalidad bastante realista y madura, mientras que, a gran contraste de Seiffert, Schwarz resultaba ser bastante optimista, y (según la Doncella) irrespetuoso, pues su gran afán por merodear entre las calles sacando a relucir su alegría en un vano intento por contagiarlo con otros era un rasgo contribuyente a que Jenah se mantuviese poco interesada en conocer más a fondo al herrero.
-¿Te encontró?-. Murmuró mientras su mirada se dirigía hacia su pareja, más adelante, una vez que esta reunión llegase a su fin, la Doncella se encargaría de rendir cuentas (reclamar si la situación lo exigía) con Markus. Estaba deseosa de escuchar más detalles con respecto al acontecimiento causante de la amistad entre Anneliesse y el herrero, pues si daba un breve análisis con respecto a las personalidades de ambos seres la rubia se encontraba completamente sorprendida que existiese la cordialidad entre la Condesa y Markus. A gran diferencia de su prometido, Anneliesse era una joven cuya forma de ser se podía resumir en adjetivos donde virtudes como la madurez y coherencia (según la Doncella) solían ser factores predominantes en los aspectos de su personalidad, quizás lo que podría contribuir a que mantuviesen una buena relación sería la curiosa e inocente personalidad de Schäfer, mas eso no bastaba para justificar que alguien de gran elegancia y dulzura culminase por juntarse con un ser de tan poca clase como lo era aquél herrero. Quiso formular una larga lista de preguntas (e insultos) a Schwarz, sin embargo, por consideración a la reunión con su mejor amiga, y también por respeto a Aldric, se vio forzada a guardarse sus comentarios y esperar más adelante para sacar a la luz su criterio respecto al asunto.
La molestia y disgusto llegaron a su fin, y con ello, su corazón bajó hacia las profundidades de su estómago tras darse cuenta que su prometido mantenía contacto con el hombre que, literalmente, les exilió de Lohr a tempranas edades infantiles de la rubia. ¿Desde cuándo Markus trabajaba para el padre de Anneliesse? ¿Cómo se atrevía él a ocultar semejante información?... Miles y miles de incógnitas inundaban su mente, mientras una fuerte migraña había hecho que la rubia apoyara sus codos sobre la mesa mientras entre sus manos sostenía su cabeza. Este tema era bastante delicado para la Doncella, pues fue gracias a ese hombre parte de su vida se vio envuelta en una serie de complicaciones, no sólo en el ámbito económico, sino también en su vida social. Probablemente de no ser por él, Jenah no sería sometida a esta tortura en la cual dentro de poco tiempo uniría su vida a lado de un completo inmaduro como Markus. Segundos... minutos... no se sabía a ciencia cierta cuánto tiempo había pasado en que Seiffert adoptó aquella posición tratando de recuperar la compostura que hubo sido perdida tras el comentario formulado por el herrero. Con un último suspiro logró recuperarse y adoptar nuevamente el semblante de indiferencia que tanto le caracterizaba.-Lo siento, me mareé-. Se limitó a decir en justificación a su comportamiento.
-Creo que me has estado ocultando mucha información... tenemos que ponerlos al día Anne-. Se apresuró a decir mientras le dirigía una leve mueca de desprecio a Markus. Posteriormente, una vez que aquello hubo sido dicho se sintió un poco desconcertada debido a la escena que estaba presenciando durante aquellos momentos, estudió las facciones del rostro de su amiga de la infancia y pudo apreciar que los nervios se habían apoderado de ella. Comenzaba a sospechar que algo estaba fallando en la actividad a la cual tanto ella como Jenah habían acordado realizar para el día de hoy. No sabía con precisión a qué se refería Aldric, pues a juzgar por la forma en cómo se estaba expresando (¿acaso había dicho "amiga francesa"?), su mejor amiga habría de suprimir numerosos datos con respecto a Jenah, y tal parece que eso incluía su procedencia. -Si me permites opinar, creo que yo soy la culpable de eso, yo suprimí varios datos sobre mi acompañante, no había forma alguna de que supiera que yo estuviese comprometida con Markus-. No sabía realmente en qué se estaba metiendo, pero, debido a cómo Anneliesse estaba reaccionando ante lo dicho por Aldric supuso que la Condesa se vio forzada a esconder varios datos respecto a la reunión para así poder tener la oportunidad de asistir.
Off: Lo siento es lo mejor que pude escribir, disculpen mi mediocridad x.x
-¿Te encontró?-. Murmuró mientras su mirada se dirigía hacia su pareja, más adelante, una vez que esta reunión llegase a su fin, la Doncella se encargaría de rendir cuentas (reclamar si la situación lo exigía) con Markus. Estaba deseosa de escuchar más detalles con respecto al acontecimiento causante de la amistad entre Anneliesse y el herrero, pues si daba un breve análisis con respecto a las personalidades de ambos seres la rubia se encontraba completamente sorprendida que existiese la cordialidad entre la Condesa y Markus. A gran diferencia de su prometido, Anneliesse era una joven cuya forma de ser se podía resumir en adjetivos donde virtudes como la madurez y coherencia (según la Doncella) solían ser factores predominantes en los aspectos de su personalidad, quizás lo que podría contribuir a que mantuviesen una buena relación sería la curiosa e inocente personalidad de Schäfer, mas eso no bastaba para justificar que alguien de gran elegancia y dulzura culminase por juntarse con un ser de tan poca clase como lo era aquél herrero. Quiso formular una larga lista de preguntas (e insultos) a Schwarz, sin embargo, por consideración a la reunión con su mejor amiga, y también por respeto a Aldric, se vio forzada a guardarse sus comentarios y esperar más adelante para sacar a la luz su criterio respecto al asunto.
La molestia y disgusto llegaron a su fin, y con ello, su corazón bajó hacia las profundidades de su estómago tras darse cuenta que su prometido mantenía contacto con el hombre que, literalmente, les exilió de Lohr a tempranas edades infantiles de la rubia. ¿Desde cuándo Markus trabajaba para el padre de Anneliesse? ¿Cómo se atrevía él a ocultar semejante información?... Miles y miles de incógnitas inundaban su mente, mientras una fuerte migraña había hecho que la rubia apoyara sus codos sobre la mesa mientras entre sus manos sostenía su cabeza. Este tema era bastante delicado para la Doncella, pues fue gracias a ese hombre parte de su vida se vio envuelta en una serie de complicaciones, no sólo en el ámbito económico, sino también en su vida social. Probablemente de no ser por él, Jenah no sería sometida a esta tortura en la cual dentro de poco tiempo uniría su vida a lado de un completo inmaduro como Markus. Segundos... minutos... no se sabía a ciencia cierta cuánto tiempo había pasado en que Seiffert adoptó aquella posición tratando de recuperar la compostura que hubo sido perdida tras el comentario formulado por el herrero. Con un último suspiro logró recuperarse y adoptar nuevamente el semblante de indiferencia que tanto le caracterizaba.-Lo siento, me mareé-. Se limitó a decir en justificación a su comportamiento.
-Creo que me has estado ocultando mucha información... tenemos que ponerlos al día Anne-. Se apresuró a decir mientras le dirigía una leve mueca de desprecio a Markus. Posteriormente, una vez que aquello hubo sido dicho se sintió un poco desconcertada debido a la escena que estaba presenciando durante aquellos momentos, estudió las facciones del rostro de su amiga de la infancia y pudo apreciar que los nervios se habían apoderado de ella. Comenzaba a sospechar que algo estaba fallando en la actividad a la cual tanto ella como Jenah habían acordado realizar para el día de hoy. No sabía con precisión a qué se refería Aldric, pues a juzgar por la forma en cómo se estaba expresando (¿acaso había dicho "amiga francesa"?), su mejor amiga habría de suprimir numerosos datos con respecto a Jenah, y tal parece que eso incluía su procedencia. -Si me permites opinar, creo que yo soy la culpable de eso, yo suprimí varios datos sobre mi acompañante, no había forma alguna de que supiera que yo estuviese comprometida con Markus-. No sabía realmente en qué se estaba metiendo, pero, debido a cómo Anneliesse estaba reaccionando ante lo dicho por Aldric supuso que la Condesa se vio forzada a esconder varios datos respecto a la reunión para así poder tener la oportunidad de asistir.
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Jenah P. Seiffert- Doncella de Anhalt
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Re: Meeting Old Friends and Making New Enemies {Anne, Markus, Aldric}
Nadie podía engañar a Anneliese. Se había dedicado a observar con sumo cuidado las reacciones de Jenah y Markus e indudablemente el odio entre ambos jóvenes no se podía ocultar. Incluso la castaña y Aldric podían disimular a la perfección que eran una joven pareja de enamorados, pero por el carácter de Jenah, quien le había demostrado a la castaña que por más que transcurriera el tiempo, una persona nunca llegaría a cambiar, estaba claro que aquel esfuerzo por mantener una relación cordial con su futuro esposo no duraría por mucho tiempo. Si Anneliese se sentía sumamente desgraciada por estar atada a aquel insoportable duque, no podía imaginar lo que sentía la rubia al tener que estar comprometida con Markus. Sintió pena por su amiga ya que si alguien podía comprender como se sentía, era ella.
-Claro, es una historia simple y sencilla. - Comentó tras escuchar las palabras de Markus y lo miró significativamente. Espera que el castaño comprendiera que no era prudente hablar de más en aquellos momentos y no Jenah sino por Aldric, quien estaba segura que buscaría y estaría atento a cualquier mínimo detalle para fastidiarla. Respondió a la sonrisa de Markus con una sonrisa cálida y después desvió la mirada hacia Aldric quien simplemente se dedicaba a observar la situación. Agradeció la repentina aparición de una camarera y se dedicó a contemplar la carta. Ignoró lo que último que había dicho Markus mientras que una mueca aparecía sobre sus labios. Rogaba que Aldric hubiera hecho caso omiso de la mención sobre "su amiga de la infancia".
La sonrisa de Anneliese desapareció por completo al escuchar a Markus. Abrió los ojos por la sorpresa y procuró no fulminarlo con la mirada. ¿Acaso era necesario hacer mención de sus deseos por realizar aquel trabajo en aquellos momentos? Pero claro, Markus no tenía la culpa, la culpa en realidad era de Anneliese por haberse inventado semejante mentira para poder asistir al compromiso y además ignoraba que Markus estuviera involucrado en todo aquello.
-Por supuesto, en cuanto tenga tiempo para hablar con él, le comentaré. - Sonrió ligeramente y volvió a fijar la mirada en la carta. A Anneliese no le parecía vergonzoso el trabajo que realizaba el castaño, al contrario, lo admiraba por luchar de aquella forma para mantener a su familia, pero en aquel momento hubiera deseado que aquel comentario lo hubiera omitido.
-Como ya les mencioné, yo conocía a Markus, pero ignoraba su relación con Jenah así como Jenah ignoraba mi relación con él. No tiene nada de malo ¿cierto? - Se encogió de hombros ya que no entendía el por qué se alborotaban tanto al escuchar que ellos ya se conocían. Tal vez Aldric creí que vivía encerrada en una torre y desde su compromiso se había convertido en una joven devota a él, negada a socializar con el resto del mundo, pero estaba completamente equivocado. Una falsa sonrisa curvó sus labios y tomó con fingido cariño la mano de su prometido. -Cielo, no es necesario que alardee acerca de todas mis amistades cada vez que cenamos.- Procuro sonar tan dulce como le fue posible. -No me gustaría aburrir a tus padres con mis asuntos. - Pestañeó encantadoramente un par de veces. Tuvo que dejar su mano sujeta a la de él ya que no quería darle oportunidad alguna de comenzar a sermonearla y a evidenciarla frente a sus amigos. Al notar la mirada y la sonrisa de Aldric tuvo ganas de darle una gran cachetada, pero debía comportarse.
-¿Te encuentras bien, Jenah? - Preguntó la castaña alarmada al notar que su amiga agachaba la cabeza. No quedó muy convencida con la justificación que había dado. Suspiró aliviada al escuchar que Jenah trataba de cubrirla un poco. -Claro, nos conocimos hace poco así que ya tendremos mucho tiempo a futuro para poder ponernos al día acerca de nuestras familias, compromisos y demás. - Esperaba que Jenah captara la indirecta y continuara siguiéndole el juego, ya que de lo contrario se estaba arriesgando bastante a que Aldric descubriera la verdad de todo aquello y comenzaba a apanicarse de que fuera a contarle a su padre a cerca de sus "nuevas amistades".
-Claro, es una historia simple y sencilla. - Comentó tras escuchar las palabras de Markus y lo miró significativamente. Espera que el castaño comprendiera que no era prudente hablar de más en aquellos momentos y no Jenah sino por Aldric, quien estaba segura que buscaría y estaría atento a cualquier mínimo detalle para fastidiarla. Respondió a la sonrisa de Markus con una sonrisa cálida y después desvió la mirada hacia Aldric quien simplemente se dedicaba a observar la situación. Agradeció la repentina aparición de una camarera y se dedicó a contemplar la carta. Ignoró lo que último que había dicho Markus mientras que una mueca aparecía sobre sus labios. Rogaba que Aldric hubiera hecho caso omiso de la mención sobre "su amiga de la infancia".
La sonrisa de Anneliese desapareció por completo al escuchar a Markus. Abrió los ojos por la sorpresa y procuró no fulminarlo con la mirada. ¿Acaso era necesario hacer mención de sus deseos por realizar aquel trabajo en aquellos momentos? Pero claro, Markus no tenía la culpa, la culpa en realidad era de Anneliese por haberse inventado semejante mentira para poder asistir al compromiso y además ignoraba que Markus estuviera involucrado en todo aquello.
-Por supuesto, en cuanto tenga tiempo para hablar con él, le comentaré. - Sonrió ligeramente y volvió a fijar la mirada en la carta. A Anneliese no le parecía vergonzoso el trabajo que realizaba el castaño, al contrario, lo admiraba por luchar de aquella forma para mantener a su familia, pero en aquel momento hubiera deseado que aquel comentario lo hubiera omitido.
-Como ya les mencioné, yo conocía a Markus, pero ignoraba su relación con Jenah así como Jenah ignoraba mi relación con él. No tiene nada de malo ¿cierto? - Se encogió de hombros ya que no entendía el por qué se alborotaban tanto al escuchar que ellos ya se conocían. Tal vez Aldric creí que vivía encerrada en una torre y desde su compromiso se había convertido en una joven devota a él, negada a socializar con el resto del mundo, pero estaba completamente equivocado. Una falsa sonrisa curvó sus labios y tomó con fingido cariño la mano de su prometido. -Cielo, no es necesario que alardee acerca de todas mis amistades cada vez que cenamos.- Procuro sonar tan dulce como le fue posible. -No me gustaría aburrir a tus padres con mis asuntos. - Pestañeó encantadoramente un par de veces. Tuvo que dejar su mano sujeta a la de él ya que no quería darle oportunidad alguna de comenzar a sermonearla y a evidenciarla frente a sus amigos. Al notar la mirada y la sonrisa de Aldric tuvo ganas de darle una gran cachetada, pero debía comportarse.
-¿Te encuentras bien, Jenah? - Preguntó la castaña alarmada al notar que su amiga agachaba la cabeza. No quedó muy convencida con la justificación que había dado. Suspiró aliviada al escuchar que Jenah trataba de cubrirla un poco. -Claro, nos conocimos hace poco así que ya tendremos mucho tiempo a futuro para poder ponernos al día acerca de nuestras familias, compromisos y demás. - Esperaba que Jenah captara la indirecta y continuara siguiéndole el juego, ya que de lo contrario se estaba arriesgando bastante a que Aldric descubriera la verdad de todo aquello y comenzaba a apanicarse de que fuera a contarle a su padre a cerca de sus "nuevas amistades".


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Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
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