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You can laugh at my behavior that will never bother me
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You can laugh at my behavior that will never bother me
You can hide beneath the covers and study your pain,
make crosses from your lovers, throw roses in the rain.
Waste your summer praying in vain, for a savior to rise from these streets
make crosses from your lovers, throw roses in the rain.
Waste your summer praying in vain, for a savior to rise from these streets
Chuck intentaba no mantener afecciones por los lugares, pero le resultaba imposible; su naturaleza lo hacía interesarse por todo, por todos y tomarle cariño incluso a los objetos inanimados. Quizá era por eso que las personas lo tachaban de ingenuo –los que eran más amables –o de estúpido –los que no temían a ensuciar su lenguaje con palabras altisonantes –pero aun así, Chuck seguía repitiendo sus pasos, como si ninguna palabra pudiera afectarle. Desde luego, algunas cosas eran hirientes y los murmullos a su paso nunca se hacían esperar, pero, él simplemente enfocaba su mente en el rostro afable de su madre, en las palabras sabias de su padre; aunque últimamente sin siquiera proponérselo, el rostro de Delilah aparecía en la superficie de su cerebro haciéndolo sentirse más fuerte. Era como si la chica le inyectase algún poder sobrenatural que servía como escudo para los malintencionados. Y precisamente esa tarde fría de enero; Chuck caminaba por las calles de Anhalt, atravesando mares de personas para encontrar su refugio. El árbol de donde cayó la rubia, la primera vez que la vio. Para ser completamente honesto consigo mismo, lo primero que pensó cuando su cuerpo impacto el suyo, fue que la reina lo había encontrado, que de alguna manera, él la había liderado a su encuentro y que no tendría más remedio que convertirse en su esclavo, como ella había planeado desde el principio. Pero, cuando se dio cuenta de que una creatura rubia y hermosa, era la que le sonreía, pensó que se trataba de un ángel. Tenía sentido; su piel era tan blanca como la nieve y su cabello tan rubio como si hubiese sido bañado por el mismo sol, además de la sonrisa que lo había obligado a sonreír hipnóticamente de regreso.
Muchas veces se preguntó, si es que hubiera pasado lo mismo si en lugar de Delilah, hubiera habido otra chica, alguien abismalmente diferente a ella, y que también hubiese caído sobre él. Pero, en cada ocasión en que la pregunta lo asaltaba, Chuck simplemente sacudía la cabeza y se decía a si mismo que era imposible. Delilah era una chica especial, y casi tan despreocupada como él. De cierta manera se complementaban, lo que daba como resultado una relación única y envidiable.
Entonces, salió de sus pensamientos introvertidos, dado que divisó a lo lejos una mujer de aspecto sospechoso. De vez en cuando solía observar cosas que realmente no estaban ahí, pero que le daban una descarga de adrenalina, que era lo que lo mantenía con vida. La mujer era joven, probablemente en la mitad de sus treinta, pero había algo en el brillo de sus ojos que le ponía a Chuck la piel de gallina. En un movimiento ágil, se pego a la pared más cercana, obteniendo miradas que cuestionaban su sanidad mental y otras simplemente extrañadas. Sus manos eran lo que lo prevenían de colisionar contra las personas que transitaban por el lugar, puesto que sus ojos seguían a la mujer como si estuviesen pegados a ella. Fingía ser invisible porque tenía la creencia de que si él aparentaba no ver al resto, probablemente ellos no lo notarían. Algo similar a un camaleón, capaz de cambiar sus colores para permanecer oculto. De pronto la miró; estaba de espaldas a él, pero no había manera en el mundo en que se pudiera equivocar, se trataba de Delilah, se acercó sigilosamente; caminando con las puntas de los pies y tiró de su mano sin delicadeza, arrastrándola a la pared con él. Sin darle tiempo siquiera a que intentara discutir, o defenderse.
-Creo que estamos en peligro –murmuró tras un instante, girando su rostro para poder ver el de la rubia. Para él era un comportamiento completamente normal, intentar alejarla de lo que veía como potencial peligro. –Pero, no te preocupes, yo te defenderé –añadió, mientras una pequeña sonrisa nerviosa se extendía por sus labios. Ella no sabía su secreto, acerca de cambiar de forma corpórea sin aviso previo, pero, sabía que él estaba ahí alejándose de alguien, así que Chuck esperaba que entendiera porque la había colocado en la pared de invisibilidad simulada.

Chuck Strzechowski- Ciudadan@ de Anhalt
- Mensajes: 26
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 28/12/2011
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Aquel día Delilah se despertó antes de tiempo, así que logró escaparse de una de sus clases de piano que eran impartidas por la mañana, saliendo sin ser vista de su vivienda. Aquel día era especial para ella, no por que fuera una fecha señalada o algo así, simplemente hoy sentía que era un gran día, se sentía optimista, sonriente.
Pasó la mano por el muro al que caminaba pegada, quería ir al bosque, a su árbol, aquel que compratía con Chuck, pensó en él y sonrió un poco más, le gustaba la sensación de ir a verle, aprovechar cada minuto que podía de aquel tiempo que parecía extraño e irreal, mientras andaba no pudo evitar fijarse en un grupo de chicas que hablaban cuchicheando y la miraban con cinismo, Delilah las ignoró, a pesar de que sus murmullos acompañados de risitas, que seguro eran provocadas por alguna mentira sobre ella, la hacían enfurecer en cierta medida. Se contuvo las ganas de ir hacia ellas y darles una lección de algo verdaderamente divertido, pero se contuvo, no quería más problemas en los que sus padres le recordaran que ella no era la hija que deseaban. Pero era imposible parar ese sentimiento, Delilah se sentía atrapada en una jaula dorada, dentro lloraba, gritaba.. Incluso pataleaba, pero nadie nunca la escuchaba, como si se pusiera a gritar ahora en medio de la calle, y nadie ni siquiera levantara la vista, pero un nombre, una persona, vino a su mente, recordándole que siempre estaría ahí para ayudarla cuando cayera, como siempre.
Al cabo de un rato andando, algo la sujetó y arrastró a un lado con fuerza, Delilah iba a defenderse de su atacante, pero se detuvo al reconocer la cara en la que había estado pensando minutos antes. La joven alzó las cejas ante las palabras de Chuck ¿Protegerla? Ella sabía defenderse sola, golpeó levemente a su mejor amigo en el hombro mientras sonreía.
-Vuelve a asustarme así y te mataré, señorito Strzechowski - Murmuró bajo, siguiéndole el juego, luego se asomó con curiosidad, sólo un poco, para saber que peligro era el que le preocupaba
Pasó la mano por el muro al que caminaba pegada, quería ir al bosque, a su árbol, aquel que compratía con Chuck, pensó en él y sonrió un poco más, le gustaba la sensación de ir a verle, aprovechar cada minuto que podía de aquel tiempo que parecía extraño e irreal, mientras andaba no pudo evitar fijarse en un grupo de chicas que hablaban cuchicheando y la miraban con cinismo, Delilah las ignoró, a pesar de que sus murmullos acompañados de risitas, que seguro eran provocadas por alguna mentira sobre ella, la hacían enfurecer en cierta medida. Se contuvo las ganas de ir hacia ellas y darles una lección de algo verdaderamente divertido, pero se contuvo, no quería más problemas en los que sus padres le recordaran que ella no era la hija que deseaban. Pero era imposible parar ese sentimiento, Delilah se sentía atrapada en una jaula dorada, dentro lloraba, gritaba.. Incluso pataleaba, pero nadie nunca la escuchaba, como si se pusiera a gritar ahora en medio de la calle, y nadie ni siquiera levantara la vista, pero un nombre, una persona, vino a su mente, recordándole que siempre estaría ahí para ayudarla cuando cayera, como siempre.
Al cabo de un rato andando, algo la sujetó y arrastró a un lado con fuerza, Delilah iba a defenderse de su atacante, pero se detuvo al reconocer la cara en la que había estado pensando minutos antes. La joven alzó las cejas ante las palabras de Chuck ¿Protegerla? Ella sabía defenderse sola, golpeó levemente a su mejor amigo en el hombro mientras sonreía.
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- Louder, louder
And we'll run for our lives
I can hardly speak, I understand
Why you can't raise your voice to say?

Delilah Sewikriž- Doncella de Anhalt
- Mensajes: 84
Reputación: 1
Fecha de inscripción: 17/02/2012
Localización: lost in the arms of destiny >_<
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Probablemente, si algún médico lograba poner sus garras sobre Chuck; lo catalogaría como un enfermo mental, alguien incapaz de pensar con racionalidad, quien puede confundir las fantasías creadas en su mente con la realidad tangible. De hecho, casi cada persona que se cruzaba por el camino del castaño compartía esa opinión. Pensaban que era demasiado infantil para ser un adolescente, y demasiado preocupado por el bienestar del mundo, como para comportarse como un adulto real. Chuck estaba en una línea intermedia, acariciando la madurez con recelo, pero aferrado a la niñez como si la vida se le fuera en ello. Su infancia ero lo único reconfortante que encontraba, el escudo impenetrable que podía volcar contra quienes quisieran herirlo. ¿Ingenuo? Quizá. Pero, para él funcionaba. No había una sola gota de cinismo en su cuerpo, porque su cuerpo lo compensaba con heroísmo innato. Precisamente por ello, cuando tiró del brazo de su rubia amiga, no se preocupó por las habladurías, ni se detuvo a pensar en cuan extraños podían verse dos adolescentes prácticamente adheridos a un muro.
-¿Matarme? –preguntó con curiosidad, aunque el tono de su voz se mantuvo bajo, hablaba casi en un murmullo. Lo pensó por un segundo entero, considerando la viabilidad de la idea, pero enseguida sacudió la cabeza un par de veces –Imposible –concluyó con un gesto de seriedad, no podía visualizar ningún escenario en que Delilah fuese capaz siquiera de lastimar a un ave, muchísimo menos a él. –Pero, lo tomaré en cuenta – finalizó la frase con una pequeña sonrisa de complicidad. La mitad del tiempo, no era capaz de discernir cuando una persona bromeaba con él, o cuando de verdad intentaban decirle algo; pero la química que tenía con Delilah era tan especial y tan avanzada, que comenzaba a captar los rasgos de humor que se escondían en sus hermosos ojos verdes.
Siguió la mirada de ella; centrando su atención de nuevo en el enemigo que podía camuflarse entre los transeúntes. Casi instintivamente, deslizó la mano que sostenía a la joven por el antebrazo, para presionar un par de veces, transmitiéndole de esa manera que no permitiría que la dañaran. –No estamos en un lugar seguro –presionó de nuevo, nunca utilizando fuerza suficiente para lastimarla. Sus ojos viajaban entre los paseantes, intentando ver si alguno de ellos le transmitía esa sensación de peligro inminente.
-¿Matarme? –preguntó con curiosidad, aunque el tono de su voz se mantuvo bajo, hablaba casi en un murmullo. Lo pensó por un segundo entero, considerando la viabilidad de la idea, pero enseguida sacudió la cabeza un par de veces –Imposible –concluyó con un gesto de seriedad, no podía visualizar ningún escenario en que Delilah fuese capaz siquiera de lastimar a un ave, muchísimo menos a él. –Pero, lo tomaré en cuenta – finalizó la frase con una pequeña sonrisa de complicidad. La mitad del tiempo, no era capaz de discernir cuando una persona bromeaba con él, o cuando de verdad intentaban decirle algo; pero la química que tenía con Delilah era tan especial y tan avanzada, que comenzaba a captar los rasgos de humor que se escondían en sus hermosos ojos verdes.
Siguió la mirada de ella; centrando su atención de nuevo en el enemigo que podía camuflarse entre los transeúntes. Casi instintivamente, deslizó la mano que sostenía a la joven por el antebrazo, para presionar un par de veces, transmitiéndole de esa manera que no permitiría que la dañaran. –No estamos en un lugar seguro –presionó de nuevo, nunca utilizando fuerza suficiente para lastimarla. Sus ojos viajaban entre los paseantes, intentando ver si alguno de ellos le transmitía esa sensación de peligro inminente.

Chuck Strzechowski- Ciudadan@ de Anhalt
- Mensajes: 26
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 28/12/2011
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Delilah disfrutaba bastante las aventuras, desde pequeña siempre trató de verse rodeada de ellas, como si pudiese crear un mundo diferente al suyo, como si de alguna forma, las aventuras la hicieran olvidarse de su aburrida y monótona vida con sus padres. Por eso es que congenió tan rápido con Chuck, y por lo que sigue disfrutando cada segundo al lado del chico, cada día con él era diferente, fuera de la rutina, y no le importaban las habladurías de los demás sobre su extraña relación con él.
No entendía muy bien cual era el factor de peligro y la curiosidad la estaba matando, por más que miraba no veía lo mismo que Chuck, cuando él respondió a su broma, ella reaccionó rodando los ojos con asqueo, era muy difícil bromear con él la mayor parte del tiempo, pero eso no era algo que la enfadase demasiado... Al menos no siempre.
Sintió como el chico empezaba a ejercer presión sobre su brazo, en un mudo y físico intento de comunicación, muchos lo habrían malinterpretado, pero Delilah le conocía lo suficientemente bien como para reconocer los resquicios de protección en cada roce, ella no se consideraba el tipo de chica que necesitara de un chico para estar a salvo, pero tenía que admitir que le gustaba la protección de Chuck, hasta cierto punto, le recordaba que ella para él era alguien importante, una verdadera amiga.
Le oyó repetir que no estaban a salvo y la chica de exasperó un poco, quería saber que era lo que le preocupaba tanto a su mejor amigo, y si hay algo que odia, es esperar de brazos cruzados cuando hay algo misterioso que resolver, así que avanzó un poco, separando su espalda de la pared para tratar de tener un mejor punto de vista, y si era lo suficientemente rápida, tratar de ponerse delante de Chuck. Si el chico estaba en lo cierto, podría ser un error bastante importante, pero eso es lo que Delilah hace, lanzarse a la aventura sin pensar en las consecuencias, y es una de las razones por las que por culpa de su curiosidad mete la pata continuamente. A pesar de eso, tampoco fue demasiado exagerada, se movía sigilosa y tratando de no ser vista, ella sólo quería ver lo mismo que Chuck, saber que era esa cosa que le preocupaba.
No entendía muy bien cual era el factor de peligro y la curiosidad la estaba matando, por más que miraba no veía lo mismo que Chuck, cuando él respondió a su broma, ella reaccionó rodando los ojos con asqueo, era muy difícil bromear con él la mayor parte del tiempo, pero eso no era algo que la enfadase demasiado... Al menos no siempre.
Sintió como el chico empezaba a ejercer presión sobre su brazo, en un mudo y físico intento de comunicación, muchos lo habrían malinterpretado, pero Delilah le conocía lo suficientemente bien como para reconocer los resquicios de protección en cada roce, ella no se consideraba el tipo de chica que necesitara de un chico para estar a salvo, pero tenía que admitir que le gustaba la protección de Chuck, hasta cierto punto, le recordaba que ella para él era alguien importante, una verdadera amiga.
Le oyó repetir que no estaban a salvo y la chica de exasperó un poco, quería saber que era lo que le preocupaba tanto a su mejor amigo, y si hay algo que odia, es esperar de brazos cruzados cuando hay algo misterioso que resolver, así que avanzó un poco, separando su espalda de la pared para tratar de tener un mejor punto de vista, y si era lo suficientemente rápida, tratar de ponerse delante de Chuck. Si el chico estaba en lo cierto, podría ser un error bastante importante, pero eso es lo que Delilah hace, lanzarse a la aventura sin pensar en las consecuencias, y es una de las razones por las que por culpa de su curiosidad mete la pata continuamente. A pesar de eso, tampoco fue demasiado exagerada, se movía sigilosa y tratando de no ser vista, ella sólo quería ver lo mismo que Chuck, saber que era esa cosa que le preocupaba.

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Delilah Sewikriž- Doncella de Anhalt
- Mensajes: 84
Reputación: 1
Fecha de inscripción: 17/02/2012
Localización: lost in the arms of destiny >_<
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Explicarle a Delilah que una reina malvada podría estar camuflada entre las personas del lugar, no era algo tan sencillo, a pesar de que lo pareciera. Puesto que Chuck debía enlistar la forma correcta de revelar su secreto para que la joven rubia no se descolocara. Era un gran peso; saber que la maldad de la reina podía llegar a tales límites, y precisamente por ello, él prefería mantenerlo para sí mismo. No es que no confiara en Delilah, al contrario, sabía que si se decidía a hablar, ella guardaría el secreto fielmente, pero no podía arriesgarse a que la mujer se enterara y los destruyera a ambos. Era poderosa, alguien de la realeza, ¿Quién elegiría creerle a un ciudadano común con la mentalidad de un niño de cinco años? Solo los locos.
Abrió los ojos desmesuradamente, cuando su compañera de aventuras se separó de la pared. Entendía que la curiosidad la corroyera, pero, no podía explicar en palabras el vacio que se formaba en su estómago al pensar que algo podría sucederle. Su mente dilapidaba en escenarios distintos, cada uno peor que el anterior, y en todos ellos, nadie más que él era culpable de lo que le sucedía a la rubia. Admiraba de sobremanera la vivacidad de la joven, la libertad que la caracterizaba, pero en ese momento, la detestaba como nunca había detestado nada en su vida. Sacudió la cabeza, deshaciéndose de los pensamientos negativos, no servía de nada albergar ese tipo de cosas en su cabeza, no eran de ayuda.
-¿Qué crees que haces? –preguntó tras un instante. Su voz elevándose un par de octavas más de lo normal. Los dedos de sus manos seguían en contacto con el muro, como si de esa manera, la invisibilidad simulada pudiera ser transmitida a su piel.
Le tomó dos segundos enteros reunir valor suficiente para actuar, pero se movió rápido y ágil, como un gato. En un momento estaba ahí, escondiéndose como el niño pequeño que seguía siendo y al siguiente estaba colocándose frente a Delilah. Le daba la espalda a lo que él consideraba peligro, pero se convertía en un escudo protector. –Aquí no –repitió haciendo eco distorsionado de sus palabras anteriores. Movió las cejas, señalando vagamente el camino que llevaba a su lugar especial, quería alejarla de ahí, protegerla. No estaba pensando en sí mismo, sino en que debía ser valiente, un héroe para Delilah. -¿Vamos? –le ofreció su mano para servirle de guía, aunque no era necesario, ella conocía de sobra el camino.
Ooc: Perdona la tardanza xD, no podía escribir nada bueno .-.
Abrió los ojos desmesuradamente, cuando su compañera de aventuras se separó de la pared. Entendía que la curiosidad la corroyera, pero, no podía explicar en palabras el vacio que se formaba en su estómago al pensar que algo podría sucederle. Su mente dilapidaba en escenarios distintos, cada uno peor que el anterior, y en todos ellos, nadie más que él era culpable de lo que le sucedía a la rubia. Admiraba de sobremanera la vivacidad de la joven, la libertad que la caracterizaba, pero en ese momento, la detestaba como nunca había detestado nada en su vida. Sacudió la cabeza, deshaciéndose de los pensamientos negativos, no servía de nada albergar ese tipo de cosas en su cabeza, no eran de ayuda.
-¿Qué crees que haces? –preguntó tras un instante. Su voz elevándose un par de octavas más de lo normal. Los dedos de sus manos seguían en contacto con el muro, como si de esa manera, la invisibilidad simulada pudiera ser transmitida a su piel.
Le tomó dos segundos enteros reunir valor suficiente para actuar, pero se movió rápido y ágil, como un gato. En un momento estaba ahí, escondiéndose como el niño pequeño que seguía siendo y al siguiente estaba colocándose frente a Delilah. Le daba la espalda a lo que él consideraba peligro, pero se convertía en un escudo protector. –Aquí no –repitió haciendo eco distorsionado de sus palabras anteriores. Movió las cejas, señalando vagamente el camino que llevaba a su lugar especial, quería alejarla de ahí, protegerla. No estaba pensando en sí mismo, sino en que debía ser valiente, un héroe para Delilah. -¿Vamos? –le ofreció su mano para servirle de guía, aunque no era necesario, ella conocía de sobra el camino.
Ooc: Perdona la tardanza xD, no podía escribir nada bueno .-.

Chuck Strzechowski- Ciudadan@ de Anhalt
- Mensajes: 26
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 28/12/2011
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Le conocía lo suficiente como para no sorprenderse cuando el chico se interpuso en su camino, su extrema protección a veces la exasperaba, era como si él pensase que ella no podía hacer nada sola y eso la enfadaba, pero claro, luego él con una miradita y un chiste fácil la hacían olvidarse de que estaba enfadada haciéndola reír. Delilah odiaba que hiciera eso, así nunca podía enfadarse con él. Aún así miró tras el hombro del chico una vez más, sólo para asegurarse de que todo estaba bien, y que no había ningún peligro inminente que pudiera hacer daño a su mejor amigo.
Como no vio nada se relajó un poco y volvió su mirada hacia Chuck quien le indicó con las cejas el camino para ir a su "lugar secreto" y Delilah le sonrió tiernamente, aceptando su mano, y para sentir que de alguna forma ella ganaba en la situación, tiró de él hacia ella, atrayendole mientras echaba a correr hacia el árbol.
Delilah amaba ese sitio, con todas sus fuerzas, todo lo que apreciaba se encontraba allí, el tiempo no era un enemigo, el viento, las mariposas, los pájaros, los árboles.. Nunca habría compartido con nadie ese lugar, bueno, con nadie que no fuera Chuck, de quien soltó la mano suavemente cuando llegaron.
Recordó algo, que hacía tiempo había terminado pero que no sabía si entregar o no, en opinión de ella, esa clase de regalo haría que se burlara de ella o simplemente sería algo estúpido y carente de sentido, pero aunque no era un gran detalle, la chica lo había hecho porque le apetecía hacerlo, ¿Y quien sabe? A lo mejor a él podría gustarle.
Delilah olvidó por un momento sus modales de alta cuna y comenzó a escalar el árbol, con dificultad debido a su vestimenta, pero logrando alcanzar el lugar esperado, su escondite secreto, actuaba como una niña sobreexcitada e inquieta, pero estaba realmente feliz de estar allí, cogió lo que andaba buscando y bajó del árbol, un poco manchada, pero aterrizando con elegancia. Se sacudió el vestido, sólo para evitar una riña de su madre y luego se acercó a Chuck de nuevo, con aires juguetones y sin mostrar lo que llevaba.
-Tengo algo para ti-Canturreó sonriente con las manos tras la espalda- Pero antes de dártelo tienes que cerrar los ojos.
Se mordió el labio un poco inquieta, era típico en ella querer sorprender a Chuck, siempre trataba de que él estuviera contento, sobretodo cuando ella estaba triste, como ahora, era cuando más necesitaba de la alegría y el espíritu de Chuck, aunque sonara egoísta, le era necesario para fingir que todo iba bien.. Aunque pensándolo mejor, todo iba mejor cuando era así.
OFF: No hay problema ^^ no te estreses
xD
Como no vio nada se relajó un poco y volvió su mirada hacia Chuck quien le indicó con las cejas el camino para ir a su "lugar secreto" y Delilah le sonrió tiernamente, aceptando su mano, y para sentir que de alguna forma ella ganaba en la situación, tiró de él hacia ella, atrayendole mientras echaba a correr hacia el árbol.
Delilah amaba ese sitio, con todas sus fuerzas, todo lo que apreciaba se encontraba allí, el tiempo no era un enemigo, el viento, las mariposas, los pájaros, los árboles.. Nunca habría compartido con nadie ese lugar, bueno, con nadie que no fuera Chuck, de quien soltó la mano suavemente cuando llegaron.
Recordó algo, que hacía tiempo había terminado pero que no sabía si entregar o no, en opinión de ella, esa clase de regalo haría que se burlara de ella o simplemente sería algo estúpido y carente de sentido, pero aunque no era un gran detalle, la chica lo había hecho porque le apetecía hacerlo, ¿Y quien sabe? A lo mejor a él podría gustarle.
Delilah olvidó por un momento sus modales de alta cuna y comenzó a escalar el árbol, con dificultad debido a su vestimenta, pero logrando alcanzar el lugar esperado, su escondite secreto, actuaba como una niña sobreexcitada e inquieta, pero estaba realmente feliz de estar allí, cogió lo que andaba buscando y bajó del árbol, un poco manchada, pero aterrizando con elegancia. Se sacudió el vestido, sólo para evitar una riña de su madre y luego se acercó a Chuck de nuevo, con aires juguetones y sin mostrar lo que llevaba.
-Tengo algo para ti-Canturreó sonriente con las manos tras la espalda- Pero antes de dártelo tienes que cerrar los ojos.
Se mordió el labio un poco inquieta, era típico en ella querer sorprender a Chuck, siempre trataba de que él estuviera contento, sobretodo cuando ella estaba triste, como ahora, era cuando más necesitaba de la alegría y el espíritu de Chuck, aunque sonara egoísta, le era necesario para fingir que todo iba bien.. Aunque pensándolo mejor, todo iba mejor cuando era así.
OFF: No hay problema ^^ no te estreses

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Delilah Sewikriž- Doncella de Anhalt
- Mensajes: 84
Reputación: 1
Fecha de inscripción: 17/02/2012
Localización: lost in the arms of destiny >_<
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Delilah tenía poderes sobrenaturales.
O al menos eso era lo que Chuck creía cada vez que la veía. Iban más allá de que en apariencia física era un modelo humano de una muñequita de porcelana, o de que fuese alguien de la realeza. La razón real por la que el joven creía que ella era una especie de ser mágico, se debía a que, cuando ella aparecía, el cielo parecía despejarse, dejando espacio para que el sol brillase con todo su esplendor y lo mismo sucedía en el interior de Chuck; se fortalecía, su ánimo mejoraba, era casi completamente feliz, cosa que solo sucedía cuando se trataba de la rubia. Era como si de pronto, todo estuviese bien, sin importar si el mundo se caía a pedazos a su alrededor. Como si el miedo dejara de existir.
Esperaba que no insistiera, que simplemente aceptara su muda petición de alejarse de ese lugar, que por una vez en la vida, siguiera indicaciones. Y es que Delilah era ese tipo de chica que simplemente no podía obedecer reglas, que se aventuraba al peligro con una sonrisa en los labios. Justo como él. Pero, no quería que ella se dañara, no quería verla sufrir por nada en absoluto. Nunca.
Sin embargo, por alguna razón accedió a irse, y en menos de un segundos se encontraban recorriendo el camino hacía su lugar especial. Inmediatamente después, la jovencita comenzó a escalar el árbol. Nada extraño, excepto que parecía buscar algo en especial. Él, por su parte se dedicó a esperar, mirando de vez en cuando sobre su hombro. La alarma interior de su cabeza aun no se apagaba por completo.
-¿Un regalo? –no pudo evitar verse tan emocionado como su amiga. Los regalos habían sido su parte favorita de todo tipo de fiesta, adoraba la idea de que alguien dedicara un segundo de su tiempo para elegir o construir un obsequio pensado en alguien más. –Pero no es mi cumpleaños –la sonrisa no se borró de sus labios, a pesar de que parecía no tener lógica en su mundo el solo pensamiento de recibir algo en un día ordinario. -Y yo no tengo nada para ti –arrugó el entrecejo. No sabía que debía tener preparado un regalo para ella. En momentos así, añoraba a su madre, porque sin duda alguna, ella le habría indicado que momento sería oportuno para obsequiarle algo a Delilah. Él, como en muchas otras cosas, era un poco tonto en ese campo.
-Bien, ojos cerrados –dejó que sus parpados cubrieran sus ojos, pero medio segundo después, entreabrió uno, para espiar, estaba siendo demasiado obvio, pero seguía esperando que ella no lo notase.
O al menos eso era lo que Chuck creía cada vez que la veía. Iban más allá de que en apariencia física era un modelo humano de una muñequita de porcelana, o de que fuese alguien de la realeza. La razón real por la que el joven creía que ella era una especie de ser mágico, se debía a que, cuando ella aparecía, el cielo parecía despejarse, dejando espacio para que el sol brillase con todo su esplendor y lo mismo sucedía en el interior de Chuck; se fortalecía, su ánimo mejoraba, era casi completamente feliz, cosa que solo sucedía cuando se trataba de la rubia. Era como si de pronto, todo estuviese bien, sin importar si el mundo se caía a pedazos a su alrededor. Como si el miedo dejara de existir.
Esperaba que no insistiera, que simplemente aceptara su muda petición de alejarse de ese lugar, que por una vez en la vida, siguiera indicaciones. Y es que Delilah era ese tipo de chica que simplemente no podía obedecer reglas, que se aventuraba al peligro con una sonrisa en los labios. Justo como él. Pero, no quería que ella se dañara, no quería verla sufrir por nada en absoluto. Nunca.
Sin embargo, por alguna razón accedió a irse, y en menos de un segundos se encontraban recorriendo el camino hacía su lugar especial. Inmediatamente después, la jovencita comenzó a escalar el árbol. Nada extraño, excepto que parecía buscar algo en especial. Él, por su parte se dedicó a esperar, mirando de vez en cuando sobre su hombro. La alarma interior de su cabeza aun no se apagaba por completo.
-¿Un regalo? –no pudo evitar verse tan emocionado como su amiga. Los regalos habían sido su parte favorita de todo tipo de fiesta, adoraba la idea de que alguien dedicara un segundo de su tiempo para elegir o construir un obsequio pensado en alguien más. –Pero no es mi cumpleaños –la sonrisa no se borró de sus labios, a pesar de que parecía no tener lógica en su mundo el solo pensamiento de recibir algo en un día ordinario. -Y yo no tengo nada para ti –arrugó el entrecejo. No sabía que debía tener preparado un regalo para ella. En momentos así, añoraba a su madre, porque sin duda alguna, ella le habría indicado que momento sería oportuno para obsequiarle algo a Delilah. Él, como en muchas otras cosas, era un poco tonto en ese campo.
-Bien, ojos cerrados –dejó que sus parpados cubrieran sus ojos, pero medio segundo después, entreabrió uno, para espiar, estaba siendo demasiado obvio, pero seguía esperando que ella no lo notase.

Chuck Strzechowski- Ciudadan@ de Anhalt
- Mensajes: 26
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 28/12/2011
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Cuando Chuck sonrió, los ojos de Delilah se agrandaron un poco, como si hubiese sido sorprendida por un acontecimiento hermoso y fugaz, era complicado saber porque la sonrisa de ciertas personas transmiten calidez y no permiten apartar la mirada de ellas. Para la joven era algo misterioso y mágico, pero nunca trató de ponerle un nombre a esas cosas que solamente con Chuck podía llegar a identificar, según ella, ponerle un nombre a esas sensaciones era limitarlas, atraparlas, mientras que si seguían sin un nombre, eran libres e infinitas.
Disfrutar de ese momento le recordó porque deseaba que su tiempo con Chuck no acabase nunca, quedarse para siempre así, en donde todos los problemas se quedaban en nada cuando él sonreía, eso era el verdadera sentido de la amistad ¿No? Ser feliz si el otro es feliz, y ella lo era, definitivamente, cada vez que escuchaba su sonido favorito en el mundo, la risa de su mejor amigo. Porque al fin y al cabo ella había tropezado y caído durante esos días, pero ahora estaba de pie, gracias a él, y eso era uno de los sentimientos más puros que jamás pensaba poder sentir.
-No necesito que sea un día especial para darte algo- Dijo ella un poco fastidiada chasqueando la lengua. Delilah no quería regalos, ella ya tenía el suyo, igualmente el regalo que tenía para él era estúpido y no era para nada algo bonito.. Pero en su mente se imaginaba continuamente cediendo ante la presión, si la obligaban a casarse, significaría la muerte, literalmente, porque no se casaría de ningún modo, prefería morir a vivir de esa forma que lo único que haría sería marchitarla hasta convertirla en una mísera cáscara, y la llevaría al suicidio.
Normalmente no tenía pensamientos tan negativos y mucho menos ahora, que al estar con Chuck se siente con muchas más fuerzas para seguir negándose a los deseos de sus padres. Sonrió de forma cálida cuando le vio hacer trampas, abriendo un poco el ojo para ver que era lo que tenía, pero no le dijo nada, al fin y al cabo el regalo no era lo importante, lo importante era que él supiera que a pesar de todo, no iba a dejar que su amistad se marchara y que pasase lo que pasase se aferraría a momentos como este, para no rendirse.
Sacó las manos de detrás de la espalda para dejar ver una pequeña pulsera echa a mano a partir de unas cuantas lianas, hilo de oro robado de las cortinas de su habitación, y de la cual colgaba una pequeña pieza de plata con forma de ala, había sido un regalo de su padre hace algunos años, y en cierta forma, su intención era que su mejor amigo posea algo importante para ella, lo consideraba un pensamiento estúpido e irracional, pero la idea de separarse de Chuck le creaba una inexplicable sensación de ansiedad que la ahogaba y le hacía querer que una parte de ella estuviera con él, al menos para ser recordada, y como no podía pedirle dinero a sus padres para comprarle algo realmente bonito a Chuck, hizo algo para poder darle su colgante que casi nunca se ponía y que seguramente Chuck no entendería.
-Antes de que pienses que es una idiotez.. No es para que te lo pongas, simplemente necesitaba que lo tuvieras- Le confesó antes de darle permiso para abrir los ojos, estaba inquieta y avergonzada, repitiéndose a si misma que no era una buena idea pero ya no había marcha a atrás, si hacía el ridículo, al menos que su misión alcanzara su objetivo, que su regalo se quedara con Chuck, aunque fuera encerrado en un cajón, en donde fuera, pero con él, eso la haría sentir mucho mejor- Abre los ojos
Disfrutar de ese momento le recordó porque deseaba que su tiempo con Chuck no acabase nunca, quedarse para siempre así, en donde todos los problemas se quedaban en nada cuando él sonreía, eso era el verdadera sentido de la amistad ¿No? Ser feliz si el otro es feliz, y ella lo era, definitivamente, cada vez que escuchaba su sonido favorito en el mundo, la risa de su mejor amigo. Porque al fin y al cabo ella había tropezado y caído durante esos días, pero ahora estaba de pie, gracias a él, y eso era uno de los sentimientos más puros que jamás pensaba poder sentir.
-No necesito que sea un día especial para darte algo- Dijo ella un poco fastidiada chasqueando la lengua. Delilah no quería regalos, ella ya tenía el suyo, igualmente el regalo que tenía para él era estúpido y no era para nada algo bonito.. Pero en su mente se imaginaba continuamente cediendo ante la presión, si la obligaban a casarse, significaría la muerte, literalmente, porque no se casaría de ningún modo, prefería morir a vivir de esa forma que lo único que haría sería marchitarla hasta convertirla en una mísera cáscara, y la llevaría al suicidio.
Normalmente no tenía pensamientos tan negativos y mucho menos ahora, que al estar con Chuck se siente con muchas más fuerzas para seguir negándose a los deseos de sus padres. Sonrió de forma cálida cuando le vio hacer trampas, abriendo un poco el ojo para ver que era lo que tenía, pero no le dijo nada, al fin y al cabo el regalo no era lo importante, lo importante era que él supiera que a pesar de todo, no iba a dejar que su amistad se marchara y que pasase lo que pasase se aferraría a momentos como este, para no rendirse.
Sacó las manos de detrás de la espalda para dejar ver una pequeña pulsera echa a mano a partir de unas cuantas lianas, hilo de oro robado de las cortinas de su habitación, y de la cual colgaba una pequeña pieza de plata con forma de ala, había sido un regalo de su padre hace algunos años, y en cierta forma, su intención era que su mejor amigo posea algo importante para ella, lo consideraba un pensamiento estúpido e irracional, pero la idea de separarse de Chuck le creaba una inexplicable sensación de ansiedad que la ahogaba y le hacía querer que una parte de ella estuviera con él, al menos para ser recordada, y como no podía pedirle dinero a sus padres para comprarle algo realmente bonito a Chuck, hizo algo para poder darle su colgante que casi nunca se ponía y que seguramente Chuck no entendería.
-Antes de que pienses que es una idiotez.. No es para que te lo pongas, simplemente necesitaba que lo tuvieras- Le confesó antes de darle permiso para abrir los ojos, estaba inquieta y avergonzada, repitiéndose a si misma que no era una buena idea pero ya no había marcha a atrás, si hacía el ridículo, al menos que su misión alcanzara su objetivo, que su regalo se quedara con Chuck, aunque fuera encerrado en un cajón, en donde fuera, pero con él, eso la haría sentir mucho mejor- Abre los ojos

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Delilah Sewikriž- Doncella de Anhalt
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Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
La curiosidad era algo con la que mente de Chuck no podía lidiar, que procesaba de manera diferente; desde luego, quería complacer a Delilah, mantenerse fiel a la promesa tácita de no espiar, pero, era algo tan complicado de realizar, que precisamente por ello, se encontraba entreabriendo un ojo, para saciar su curiosidad nata. En la mayoría de los temas, se comportaba como un niño pequeño, alguien incapaz de tener un razonamiento normal. Siempre se lo había atribuido al hecho de que su madre le había mostrado lo mejor de la vida en la tierna infancia, así que, de alguna u otra forma, se había quedado atrapado donde era feliz. Donde ser un héroe mítico era una cosa viable, donde el poder de la magia era factible solo con movimiento de la mano. Donde Chuck podía seguir siendo Chuck, sin transformarse en su otra parte. No es que no hubiera hecho las paces con su otro cuerpo, porque hacía tiempo que encontraba divertido el hecho de poder mutar en alguien más, de explorar otras facetas; pero, seguía sintiéndose una especie rara de monstruo con cabello extrañamente cortado y sonrisa torcida. No creía que su versión adulta se viera así, porque desde la primera transformación, Chuck se había sentado en el espejo a examinar su rostro, encontrándose con que era abismalmente diferente al otro, suponía que debía ser la magia o la reina misma, quienes decidieron como serían sus facciones adultas.
Regresó su atención a Delilah; desde su posición podía ver que la joven sonaba ligeramente más molesta que un par de minutos antes. –Tienes razón, solo necesitas una persona especial –sonrió victorioso, como si sus palabras estuvieran llenas de sabiduría. Las ansias lo corroían, pero intentó mantenerlas bajo su control. Los regalos espontáneos no debían contener presión alguna, todo debía fluir naturalmente. Respiró profundamente, mientras realizaba una cuenta regresiva en su mente.
Antes de eso, creía que era físicamente imposible rodar los ojos mientras estos estuviesen cerrados, pero aun así, trató de hacerlo. Él jamás pensaría que algo proveniente de la rubia era tonto. Jamás. Ni siquiera si esta por alguna razón intentaba obsequiarle goma de mascar, simplemente pensaría que la goma de mascar debía significar algo importante, y la masticaría con felicidad. –Delilah, no pienses por mi –dijo con simpleza, sonando como si fuese unos años mayor –Sea lo que sea, será hermoso –podía ver algo entre sus dedos, pero no con exactitud, así que cuando por fin, el permiso para abrir los ojos le fue otorgado, pudo notar lo que era.
Extendió la mano, para acariciar la pulsera que se encontraba entre los dedos de Delilah, no la tomó, solo deslizó lentamente sus propios dedos en ella. El material era suave al tacto, y brillaba con los rayos del sol que atravesaban las hojas de su árbol. –Es hermosa –miraba el objeto con la admiración típica en que deben ser observados los tesoros –Como tú –elevó la mirada hacía ella, por exactamente dos segundos y medio antes de que el peso de lo que había dicho lo golpeara con fuerza. ¿Por qué lo había dicho? Fácil, las palabras flotaban en la punta de su lengua exigiendo ser pronunciadas.
Se aclaró la garganta y bajó la vista. Nunca antes había dicho algo así, no en voz alta. No a Delilah. –Gracias –su voz era un murmulló, como el de las olas calmadas al llegar a tierra. –Voy a usarla –giró la mano, pidiendo en silencio que le ayudara a cerrarla en su muñeca. El dije que portaba la pulsera era un ala, cosa que Chuck encontró de cierta manera poético; dado que, casi siempre, al mirarla, pensaba en ángeles, en mariposas, en seres hermosos y libres.
Regresó su atención a Delilah; desde su posición podía ver que la joven sonaba ligeramente más molesta que un par de minutos antes. –Tienes razón, solo necesitas una persona especial –sonrió victorioso, como si sus palabras estuvieran llenas de sabiduría. Las ansias lo corroían, pero intentó mantenerlas bajo su control. Los regalos espontáneos no debían contener presión alguna, todo debía fluir naturalmente. Respiró profundamente, mientras realizaba una cuenta regresiva en su mente.
Antes de eso, creía que era físicamente imposible rodar los ojos mientras estos estuviesen cerrados, pero aun así, trató de hacerlo. Él jamás pensaría que algo proveniente de la rubia era tonto. Jamás. Ni siquiera si esta por alguna razón intentaba obsequiarle goma de mascar, simplemente pensaría que la goma de mascar debía significar algo importante, y la masticaría con felicidad. –Delilah, no pienses por mi –dijo con simpleza, sonando como si fuese unos años mayor –Sea lo que sea, será hermoso –podía ver algo entre sus dedos, pero no con exactitud, así que cuando por fin, el permiso para abrir los ojos le fue otorgado, pudo notar lo que era.
Extendió la mano, para acariciar la pulsera que se encontraba entre los dedos de Delilah, no la tomó, solo deslizó lentamente sus propios dedos en ella. El material era suave al tacto, y brillaba con los rayos del sol que atravesaban las hojas de su árbol. –Es hermosa –miraba el objeto con la admiración típica en que deben ser observados los tesoros –Como tú –elevó la mirada hacía ella, por exactamente dos segundos y medio antes de que el peso de lo que había dicho lo golpeara con fuerza. ¿Por qué lo había dicho? Fácil, las palabras flotaban en la punta de su lengua exigiendo ser pronunciadas.
Se aclaró la garganta y bajó la vista. Nunca antes había dicho algo así, no en voz alta. No a Delilah. –Gracias –su voz era un murmulló, como el de las olas calmadas al llegar a tierra. –Voy a usarla –giró la mano, pidiendo en silencio que le ayudara a cerrarla en su muñeca. El dije que portaba la pulsera era un ala, cosa que Chuck encontró de cierta manera poético; dado que, casi siempre, al mirarla, pensaba en ángeles, en mariposas, en seres hermosos y libres.

Chuck Strzechowski- Ciudadan@ de Anhalt
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Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
La muchacha no pudo evitar reír un poco ante el comentario de su amigo, claro que Chuck era una persona especial, en todos los sentidos, desde que conoció a Chuck se sintió atrapada por él, era algo diferente a todo lo que había visto y conocido anteriormente. Poseía esa despreocupación que lo caracterizaba, él no tenía miedo a mostrar quien era realmente, pudiendo ser simplemente eso, Chuck, sin importarle lo que digan los demás, sin importar lo que dijeran de él. Eso le convertía en una persona que poseía una libertad que Delilah envidiaba y adoraba, haciendo que su mejor amigo, a pesar de ser una burla para los demás, para ella fuera un ejemplo a seguir.
Se le cortó la respiración cuando Chuck abrió los ojos, no sabía porque pero le angustiaba el tema del regalo, sabía que era su amigo, y que él jamás la ridiculizaría o rechazaría algo hecho por ella, pero Delilah sentía como su corazón se encogía cuando los dedos de él rozaron su mano mientras acariciaban la delgada pulsera. Comentó que era hermosa, y Delilah soltó todo el aire de golpe, como si llevara años sin hacerlo, bueno, le había costado bastante trabajo encontrar los vegetales que no se rompieran y enredarlos de forma armoniosa con el hilo de oro, entonces dijo algo que la sorprendió, un simple comentario y notó como la tierra temblaba bajo sus pies. Fue un simple añadido, dos insignificantes palabras "Como tú" ¿Qué significaba eso? Delilah nunca se consideró una muchacha demasiado hermosa, lo cierto es que su madre siempre la presionaba porque ella nunca fue lo suficientemente bella como para ser su hija, al menos así se veía ella, por lo que desconocía totalmente que pudiera resultar hermosa para otros aunque ella no se viera así. Los ojos de él la atravesaron durante el corto tiempo que la miró, antes de volver a bajar la mirada, fueron apenas unos segundos, pero el tiempo iba mucho más lento para ella.
Delilah sintió como sus mejillas ardían segura de que se estaban tiñendo de un llamativo color sonrosado, puede incluso que rojo, mientras ella bajaba la mirada también, le daba miedo que sus ojos revelaran la verdad que trataba de esconder, y que estaba colgando de su lengua. Así que se mordió el labio mientras accedía a colocarle la pulsera, lo hizo con suavidad, disfrutando del leve roce de la piel suave de la muñeca de él, mientras susurró un leve "De nada" y pensaba para sí misma en lo que la había empujado a hacerla. Normalmente la joven no es que fuera demasiado amable, era bastante "explosiva" al hablar con la gente y esa tendencia le impedía mantener buenas relaciones con la mayoría de la gente, durante toda su adolescencia se sintió enormemente frustrada, ya que consideraba que su nivel intelectual no le permitía mantener cierto tipo de conversaciones, no porque se creyera más inteligente que los demás, si no más bien, por el hecho de considerar más importante tener conocimientos provenientes de los libros que los provenientes de mujeres mayores que le enseñarían lo que un hombre busca en una buena esposa. Pero Chuck sacaba esa parte de ella, esa que casi nadie veía y que incluso ella desconocía poseer, en la que era más dulce y agradable de lo que podía concebir.
Eso le recordó a Delilah aquel terrible secreto que no quería decir en voz alta, como si temiera que al hacerlo fuera más real y palpable, pero al volver a mirar a Chuck se dijo a si misma que jamás le había ocultado nada a él, ni mucho menos le había mentido, así que si sus padres iban a estar más encima de ella ahora que nunca por sus actos de rebeldía, mejor que Chuck estuviera al tanto, antes de que se enterara de alguna otra forma, los cotilleos de la corte corren a una velocidad alarmante.
-Tenemos que hablar sobre una cosa...- Dijo ella un poco más seria ¿Pero como se lo decía? Una parte de ella reaccionó preocupándose ante una posible mala reacción, en la que Chuck se enfadara con ella, pero claro, eso no era demasiado viable.
Se le cortó la respiración cuando Chuck abrió los ojos, no sabía porque pero le angustiaba el tema del regalo, sabía que era su amigo, y que él jamás la ridiculizaría o rechazaría algo hecho por ella, pero Delilah sentía como su corazón se encogía cuando los dedos de él rozaron su mano mientras acariciaban la delgada pulsera. Comentó que era hermosa, y Delilah soltó todo el aire de golpe, como si llevara años sin hacerlo, bueno, le había costado bastante trabajo encontrar los vegetales que no se rompieran y enredarlos de forma armoniosa con el hilo de oro, entonces dijo algo que la sorprendió, un simple comentario y notó como la tierra temblaba bajo sus pies. Fue un simple añadido, dos insignificantes palabras "Como tú" ¿Qué significaba eso? Delilah nunca se consideró una muchacha demasiado hermosa, lo cierto es que su madre siempre la presionaba porque ella nunca fue lo suficientemente bella como para ser su hija, al menos así se veía ella, por lo que desconocía totalmente que pudiera resultar hermosa para otros aunque ella no se viera así. Los ojos de él la atravesaron durante el corto tiempo que la miró, antes de volver a bajar la mirada, fueron apenas unos segundos, pero el tiempo iba mucho más lento para ella.
Delilah sintió como sus mejillas ardían segura de que se estaban tiñendo de un llamativo color sonrosado, puede incluso que rojo, mientras ella bajaba la mirada también, le daba miedo que sus ojos revelaran la verdad que trataba de esconder, y que estaba colgando de su lengua. Así que se mordió el labio mientras accedía a colocarle la pulsera, lo hizo con suavidad, disfrutando del leve roce de la piel suave de la muñeca de él, mientras susurró un leve "De nada" y pensaba para sí misma en lo que la había empujado a hacerla. Normalmente la joven no es que fuera demasiado amable, era bastante "explosiva" al hablar con la gente y esa tendencia le impedía mantener buenas relaciones con la mayoría de la gente, durante toda su adolescencia se sintió enormemente frustrada, ya que consideraba que su nivel intelectual no le permitía mantener cierto tipo de conversaciones, no porque se creyera más inteligente que los demás, si no más bien, por el hecho de considerar más importante tener conocimientos provenientes de los libros que los provenientes de mujeres mayores que le enseñarían lo que un hombre busca en una buena esposa. Pero Chuck sacaba esa parte de ella, esa que casi nadie veía y que incluso ella desconocía poseer, en la que era más dulce y agradable de lo que podía concebir.
Eso le recordó a Delilah aquel terrible secreto que no quería decir en voz alta, como si temiera que al hacerlo fuera más real y palpable, pero al volver a mirar a Chuck se dijo a si misma que jamás le había ocultado nada a él, ni mucho menos le había mentido, así que si sus padres iban a estar más encima de ella ahora que nunca por sus actos de rebeldía, mejor que Chuck estuviera al tanto, antes de que se enterara de alguna otra forma, los cotilleos de la corte corren a una velocidad alarmante.
-Tenemos que hablar sobre una cosa...- Dijo ella un poco más seria ¿Pero como se lo decía? Una parte de ella reaccionó preocupándose ante una posible mala reacción, en la que Chuck se enfadara con ella, pero claro, eso no era demasiado viable.

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Delilah Sewikriž- Doncella de Anhalt
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Localización: lost in the arms of destiny >_<
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Nunca le había sucedido con nadie. El hecho de que la persona hablara y él escuchase millones de campanillas titilando sobre sus oídos, solo sucedía con la voz de Delilah, era como si ella tuviese música propia, era el tono dulce, amable y a la vez valiente de su voz, mezclado con magia. Si, debía ser eso. Era la única explicación viable que Chuck encontraba, porque, cuando la escuchaba, podía sentir su corazón bailar dentro de su pecho. Cada latido acompasándose al ritmo que ella imponía. Un sentimiento extraño, nuevo y a la vez completamente inexplorado. El joven suponía que se debía solo a que el nivel de amistad que compartía con la rubia, iba más allá de lo que nadie podía imaginar. Que de cierta forma, sus almas se compaginaron en el momento en que ella cayó del árbol que estaba frente a ellos.
Intentaba no elevar la vista, no observar la mirada extrañada de la jovencita tras haber dicho esas palabras, pero un pequeño vistazo, le permitió ver, sus mejillas coloreadas con un tono rosáceo, como el de las flores, como el de sus labios. Sonrió a penas, evitando ser demasiado obvio, mientras esperaba que ella atara con firmeza la pulsera a su muñeca. Una vez que hubo terminado, Chuck pasó de nuevo sus dedos por el obsequio, siguiendo la forma de los hilos, los contornos redondeados del ala. De verdad era hermosa; única. Estaba completamente seguro de que no encontraría nada parecido, ni siquiera si realmente buscaba en todos los lugares donde vendían ese tipo de accesorios. Pero, sentía que debía darle algo a cambio, algo para que ella también pudiese recordarlo cuando no estuviera presente. Algo a lo que aferrarse, si la reina lo encontraba y lograba dominarlo por completo. Era el peor escenario que podía imaginar, pero era tan o más viable como cualquier otro. Después de todo, la reina tenía recursos económicos, además de magia oscura para ayudar a localizarlo, para atarlo a su regazo y utilizarlo como una marioneta sedienta de sangre. Él lo sabía, pero esperaba que el destino le sonriera, que alejara a la mujer de su camino por el tiempo suficiente como para encontrar las palabras correctas y poder explicarle a Delilah la clase de fenómeno que era. Quizá, ella lo odiaría, quizá le tendría lástima. No podía decidir cuál de las dos posibilidades lo lastimaba más, pero veía lógico que sucediera.
¿La frase que más teme un hombre, incluso uno que realmente tiene la capacidad mental de un niño de cinco años? “Tenemos que hablar” Chuck pensaba que había hecho algo terrible, que de alguna manera Delilah lo sabía.
Buscó desesperadamente en sus ojos claros, algo que le dijera que su secreto estaba a salvo, que seguía ignorándolo. Tragó saliva de manera audible mientras se preparaba mentalmente para lo peor.
-¿De qué? –preguntó intentando que su voz se mantuviera estable. Como si no escondiera un secreto del tamaño del bosque mismo. Verificó que no hubiera rastro alguno de ira en el rostro de Delilah, pero no podía ver nada extraño en ella. No podía concebir de qué se trataba el tema, que era eso tan importante de lo que tenían que hablar. Dio un par de pasos alrededor de ella, luciendo claramente nervioso, delatándose solo, pero si ella preguntaba, bien podía atribuirlo a que ella había usado palabras aterradoras -¿Hice algo malo? –había inocencia pura en su voz y un deseo incontrolable de que ella dijese que no.
Intentaba no elevar la vista, no observar la mirada extrañada de la jovencita tras haber dicho esas palabras, pero un pequeño vistazo, le permitió ver, sus mejillas coloreadas con un tono rosáceo, como el de las flores, como el de sus labios. Sonrió a penas, evitando ser demasiado obvio, mientras esperaba que ella atara con firmeza la pulsera a su muñeca. Una vez que hubo terminado, Chuck pasó de nuevo sus dedos por el obsequio, siguiendo la forma de los hilos, los contornos redondeados del ala. De verdad era hermosa; única. Estaba completamente seguro de que no encontraría nada parecido, ni siquiera si realmente buscaba en todos los lugares donde vendían ese tipo de accesorios. Pero, sentía que debía darle algo a cambio, algo para que ella también pudiese recordarlo cuando no estuviera presente. Algo a lo que aferrarse, si la reina lo encontraba y lograba dominarlo por completo. Era el peor escenario que podía imaginar, pero era tan o más viable como cualquier otro. Después de todo, la reina tenía recursos económicos, además de magia oscura para ayudar a localizarlo, para atarlo a su regazo y utilizarlo como una marioneta sedienta de sangre. Él lo sabía, pero esperaba que el destino le sonriera, que alejara a la mujer de su camino por el tiempo suficiente como para encontrar las palabras correctas y poder explicarle a Delilah la clase de fenómeno que era. Quizá, ella lo odiaría, quizá le tendría lástima. No podía decidir cuál de las dos posibilidades lo lastimaba más, pero veía lógico que sucediera.
¿La frase que más teme un hombre, incluso uno que realmente tiene la capacidad mental de un niño de cinco años? “Tenemos que hablar” Chuck pensaba que había hecho algo terrible, que de alguna manera Delilah lo sabía.
Buscó desesperadamente en sus ojos claros, algo que le dijera que su secreto estaba a salvo, que seguía ignorándolo. Tragó saliva de manera audible mientras se preparaba mentalmente para lo peor.
-¿De qué? –preguntó intentando que su voz se mantuviera estable. Como si no escondiera un secreto del tamaño del bosque mismo. Verificó que no hubiera rastro alguno de ira en el rostro de Delilah, pero no podía ver nada extraño en ella. No podía concebir de qué se trataba el tema, que era eso tan importante de lo que tenían que hablar. Dio un par de pasos alrededor de ella, luciendo claramente nervioso, delatándose solo, pero si ella preguntaba, bien podía atribuirlo a que ella había usado palabras aterradoras -¿Hice algo malo? –había inocencia pura en su voz y un deseo incontrolable de que ella dijese que no.

Chuck Strzechowski- Ciudadan@ de Anhalt
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Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Lo que más temía Delilah era su reacción, pero conocía lo suficiente a Chuck como para ser ella la sorprendida ante esta, leyó los ojos de su amigo como si fuera uno de esos libros que se ha leído repetidamente hasta saberse cada palabra de memoria, y no pudo evitar sentirse contrariada al leer algo tan desconcertante, era como si Chuck le ocultara algo, como si temiera que ella supiera algo que él no quería contarle... Delilah sacudió levemente la cabeza, desechando la idea, Chuck era lo único transparente para ella, la palabra de porque quería tanto al chico era esa aunque sonara rara, la transparencia.
Nada de falsedad, ni mentiras, Chuck era la única persona que veía así, limpia y pura,él sabe lo que ella desprecia las mentiras, nunca le mentiría, pero le conocía tan bien que no podía evitar preguntarse la razón de ver eso, en lugar de simple desconcierto, en los ojos de su amigo.
Cuando Chuck preguntó aquello las sospechas de Delilah crecieron un poco más, hasta el punto de hacer que ella dejara de mirarle a los ojos, era como si él mismo estuviera aceptando lo que ella temía, como si él hubiera hecho malo y temiera que ella lo supiera...
La joven se lo negó así misma de nuevo, era imposible, así que a pesar de saber que ella es capaz de ver cosas que otros no son capaces de notar, que normalmente nunca se le escapa nada, Delilah confió ciegamente en Chuck, si no podía confiar en él, no podía hacerlo en nadie. Él siempre la atrapaba al caer.. Incluso cuando este hecho es literal.
-Tu nunca me harías nada malo- Dijo Delilah mirándole de nuevo y sonriendo de lado, no era una pregunta, era una afirmación, que a lo mejor, sólo decía en voz alta para recordarsela a ella misma. Había pensado horas y horas sobre si decírselo a Chuck o no, ese siempre había sido un tema.. Casi tabú entre ellos, el amor, el matrimonio, el futuro en sí, pero Delilah ya no era una niña y sospechaba que el peso de la madurez inducida por sus padres pronto caería sobre ella, pero para ella era tanto el peso que temía que le rompiera las piernas. Se puso seria de nuevo y bajó la mirada a los zapatos de Chuck ¿Cómo explicarle algo así? Era como tratar de contarle a un niño pequeño de donde vienen los niños, un tema incómodo y para el que nunca les ves preparados. Pero tenía ella que hacerlo, si no podía desahogarse con Chuck estaba perdida, además de que ella adoraba los secretos, pero no ocultarle cosas a su mejor amigo y menos cuando son tan grandes. Pensó en como suavizar las cosas pero no se le ocurrió manera, era ella directa, sincera y detonante, y aunque con Chuck siempre trataba de no ser tan tajante, no encontró otra forma de soltar aquello.
-Mis padres quieren que me case, con un hombre 7 años mayor, un conde de Ataúlfo- Su voz sonó monóta sin cambio alguno entre palabra y palabra Lo cierto es que era un tema terrorífico para ella, sólo pensar en lo que es ser esposa, no volver a ver a Chuck como antes, sus obligaciones, incluyendo las de un dormitorio matrimonial, y la terrible obligación de dar un heredero, el corazón de Delilah se encogió y apartó la mirada, era difícil hacerla llorar, pero tener la certeza de que sus padres no la querían lo suficiente como para salvarla de ese destino la hacía sentir extraña.
OFF: Siento ser tan rápida en responder pero es que si no llevo un ritmo me atasco con otros personajes xD tu no tengas prisa por responder
Nada de falsedad, ni mentiras, Chuck era la única persona que veía así, limpia y pura,él sabe lo que ella desprecia las mentiras, nunca le mentiría, pero le conocía tan bien que no podía evitar preguntarse la razón de ver eso, en lugar de simple desconcierto, en los ojos de su amigo.
Cuando Chuck preguntó aquello las sospechas de Delilah crecieron un poco más, hasta el punto de hacer que ella dejara de mirarle a los ojos, era como si él mismo estuviera aceptando lo que ella temía, como si él hubiera hecho malo y temiera que ella lo supiera...
La joven se lo negó así misma de nuevo, era imposible, así que a pesar de saber que ella es capaz de ver cosas que otros no son capaces de notar, que normalmente nunca se le escapa nada, Delilah confió ciegamente en Chuck, si no podía confiar en él, no podía hacerlo en nadie. Él siempre la atrapaba al caer.. Incluso cuando este hecho es literal.
-Tu nunca me harías nada malo- Dijo Delilah mirándole de nuevo y sonriendo de lado, no era una pregunta, era una afirmación, que a lo mejor, sólo decía en voz alta para recordarsela a ella misma. Había pensado horas y horas sobre si decírselo a Chuck o no, ese siempre había sido un tema.. Casi tabú entre ellos, el amor, el matrimonio, el futuro en sí, pero Delilah ya no era una niña y sospechaba que el peso de la madurez inducida por sus padres pronto caería sobre ella, pero para ella era tanto el peso que temía que le rompiera las piernas. Se puso seria de nuevo y bajó la mirada a los zapatos de Chuck ¿Cómo explicarle algo así? Era como tratar de contarle a un niño pequeño de donde vienen los niños, un tema incómodo y para el que nunca les ves preparados. Pero tenía ella que hacerlo, si no podía desahogarse con Chuck estaba perdida, además de que ella adoraba los secretos, pero no ocultarle cosas a su mejor amigo y menos cuando son tan grandes. Pensó en como suavizar las cosas pero no se le ocurrió manera, era ella directa, sincera y detonante, y aunque con Chuck siempre trataba de no ser tan tajante, no encontró otra forma de soltar aquello.
-Mis padres quieren que me case, con un hombre 7 años mayor, un conde de Ataúlfo- Su voz sonó monóta sin cambio alguno entre palabra y palabra Lo cierto es que era un tema terrorífico para ella, sólo pensar en lo que es ser esposa, no volver a ver a Chuck como antes, sus obligaciones, incluyendo las de un dormitorio matrimonial, y la terrible obligación de dar un heredero, el corazón de Delilah se encogió y apartó la mirada, era difícil hacerla llorar, pero tener la certeza de que sus padres no la querían lo suficiente como para salvarla de ese destino la hacía sentir extraña.
OFF: Siento ser tan rápida en responder pero es que si no llevo un ritmo me atasco con otros personajes xD tu no tengas prisa por responder

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Delilah Sewikriž- Doncella de Anhalt
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Reputación: 1
Fecha de inscripción: 17/02/2012
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Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Realizar un ejercicio de memoria en el medio de una conversación activa, no era un asunto sencillo, ni siquiera para una persona normal, mucho menos para Chuck. En especial porque se trataba de volver sobre sus pasos en dos vidas paralelas, al menos al interludio de las mismas. Cuando su piel adoptaba la forma de “Peter”, y cuando volvía a ser él mismo. Pero estaba seguro de que había sido cuidadoso, siempre internándose en el bosque al momento en el que la primera señal del cambio aparecía. Bueno, casi seguro. El dolor era tan cegador que esos momentos se volvían borrones en su mente. Episodios donde el tiempo transcurría a una velocidad diferente, tortuosamente más lenta; pero que le otorgaban la incapacidad de saber a ciencia cierta que sucedía a su alrededor. El cambio en sí; era dolor puro, y ser consciente de cada célula de su cuerpo retorciéndose, mutando, a veces, afirmaba que podía escuchar el sonido de su sangre corriendo presurosamente dentro de sus venas, o su cabello crecer, crujiendo suavemente cerca de sus oídos. Quizá era que su imaginación se desenvolvía a golpes apresurados, pero, era lo que sucedía desde su punto de vista. Como si todo lo demás se congelara y él estuviese atrapado entre dos mundos, entre dos cuerpos.
Claro que tenía miedo que Delilah se enterase; nadie normal podía aceptar el hecho de que alguien transfigurara su piel, sin creer que se trataba de un monstruo, de algo perverso y dañino. Sentía las manos húmedas, comenzaba a transpirar por el estrés, la preocupación, pero especialmente porque era bastante obvio que él mismo delataba que escondía algo, pero no tenía la facultad de eludir su inquietud.
Si ella lo odiase, su mundo se caería en pedazos. Ella era su mejor amiga, su otra mitad; la mejor mitad, para ser honesto. En ese momento, cuando su corazón se agitaba a velocidades exorbitantes, Delilah pronunció la mágica frase, la que le permitió respirar con tranquilidad a pesar de que ni siquiera supo en qué momento había contenido el aliento. A pesar de eso, la satisfacción se evaporó con prontitud, una vez que su cerebro conecto los puntos necesarios. Si él no había hecho nada, el problema era de la rubia, y eso, consecuentemente lo convertía en su problema. Asintió una vez, invitándola a hablar. Si era algo que estuviese en sus manos, no dudaría un solo segundo en repararlo para ella. Quería que fuese feliz, quería hacerla feliz.
Esperó un segundo, dos; mismos que se convirtieron en un minuto entero sin que un solo sonido se escapara de su garganta. Debía ser una broma. Delilah no podía casarse con un conde de Ataúlfo, no podía casarse con nadie. No creía que ninguna persona fuera lo suficientemente buena para ella, además de que, era demasiado joven, demasiado vital. El matrimonio la apagaría como una vela en el viento. La sola idea era inconcebible. Sus ojos buscaban los de ella, pero Delilah no le sostuvo la mirada.
Era doloroso. De una forma diferente; no había ningún dolor externo, pero, era violento e inextinguible, localizado en el centro de su pecho. –Es mentira, ¿verdad? –se concedió un momento para dudar, para asegurarse de que la traviesa jovencita no estuviera jugándole una broma pesada. En un movimiento automático, su mano acarició el ala de la pulsera. –No –dos letras. Simples, llanas y sencillas. Su voz contenía la misma emoción indescifrable que causaba el dolor. –No puedes –sacudió la cabeza, corrigiéndose en el último segundo –No pueden obligarte –ninguna persona tenía derecho de decidir sobre la vida de nadie, ni siquiera si la ley parecía permitírselos. –No voy a permitirlo –no tenía un plan, pero solo sobre su cadáver la vería casarse con otro. –A menos que… -se mordió el labio, inseguro de pronunciar las siguientes palabras –a menos que tú quieras hacerlo –si era su decisión también, no podía hacer nada, excepto respetarla ¿cierto? Podía ahogarse en sus sentimientos de abandono, podía por primera vez odiar a otro ser humano, pero no podía evitarlo.
Ooc: No te preocupes, entiendo; a mi tambien me gusta llevarlos con ritmo, pero a veces me quedo sin ideas, y prefiero esperar, para no responder tonterias xDDDD.
Claro que tenía miedo que Delilah se enterase; nadie normal podía aceptar el hecho de que alguien transfigurara su piel, sin creer que se trataba de un monstruo, de algo perverso y dañino. Sentía las manos húmedas, comenzaba a transpirar por el estrés, la preocupación, pero especialmente porque era bastante obvio que él mismo delataba que escondía algo, pero no tenía la facultad de eludir su inquietud.
Si ella lo odiase, su mundo se caería en pedazos. Ella era su mejor amiga, su otra mitad; la mejor mitad, para ser honesto. En ese momento, cuando su corazón se agitaba a velocidades exorbitantes, Delilah pronunció la mágica frase, la que le permitió respirar con tranquilidad a pesar de que ni siquiera supo en qué momento había contenido el aliento. A pesar de eso, la satisfacción se evaporó con prontitud, una vez que su cerebro conecto los puntos necesarios. Si él no había hecho nada, el problema era de la rubia, y eso, consecuentemente lo convertía en su problema. Asintió una vez, invitándola a hablar. Si era algo que estuviese en sus manos, no dudaría un solo segundo en repararlo para ella. Quería que fuese feliz, quería hacerla feliz.
Esperó un segundo, dos; mismos que se convirtieron en un minuto entero sin que un solo sonido se escapara de su garganta. Debía ser una broma. Delilah no podía casarse con un conde de Ataúlfo, no podía casarse con nadie. No creía que ninguna persona fuera lo suficientemente buena para ella, además de que, era demasiado joven, demasiado vital. El matrimonio la apagaría como una vela en el viento. La sola idea era inconcebible. Sus ojos buscaban los de ella, pero Delilah no le sostuvo la mirada.
Era doloroso. De una forma diferente; no había ningún dolor externo, pero, era violento e inextinguible, localizado en el centro de su pecho. –Es mentira, ¿verdad? –se concedió un momento para dudar, para asegurarse de que la traviesa jovencita no estuviera jugándole una broma pesada. En un movimiento automático, su mano acarició el ala de la pulsera. –No –dos letras. Simples, llanas y sencillas. Su voz contenía la misma emoción indescifrable que causaba el dolor. –No puedes –sacudió la cabeza, corrigiéndose en el último segundo –No pueden obligarte –ninguna persona tenía derecho de decidir sobre la vida de nadie, ni siquiera si la ley parecía permitírselos. –No voy a permitirlo –no tenía un plan, pero solo sobre su cadáver la vería casarse con otro. –A menos que… -se mordió el labio, inseguro de pronunciar las siguientes palabras –a menos que tú quieras hacerlo –si era su decisión también, no podía hacer nada, excepto respetarla ¿cierto? Podía ahogarse en sus sentimientos de abandono, podía por primera vez odiar a otro ser humano, pero no podía evitarlo.
Ooc: No te preocupes, entiendo; a mi tambien me gusta llevarlos con ritmo, pero a veces me quedo sin ideas, y prefiero esperar, para no responder tonterias xDDDD.

Chuck Strzechowski- Ciudadan@ de Anhalt
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Fecha de inscripción: 28/12/2011
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Por un momento, solamente por un momento, un brillo peligroso asomó por los ojos de Delilah al escuchar una de las peores frases que pueden decirse referida hacia ella "no puedes..." Pero fue sólo un segundo, antes de que ella comprendiera que Chuck no trataba de ordenarle nada, y antes de que él mismo se corrigiera, la chica no podía evitar ese tipo de reacciones, eran como un actoreflejo.
Delilah siempre se identificaba con el lobo, luchando hasta la muerte por mantener su libertad, eso le convertía en su animal favorito, suspiró y siguió sin poder mirar a Chuck a los ojos, entonces él dijo algo aún peor, que no lo permitiría, a menos que ella quisiera. Normalmente eso habría hecho sonreír a Delilah, que su amigo respetara su decisión, que él la apoyaba decidiera lo que decidiera, pero en ese momento no supo porque no le gustó esa sensación, era como si a él no le importara que ella se casara con otro, bueno, no era como si Delilah esperara que él se pusiera celoso o algo así, pero era su amigo.
Él debía saber lo que significaba para ella el matrimonio, sobre todo con un hombre que apenas conocía, sólo tenía 17 años.. Y él 24, era prácticamente un abismo para la chica, y Chuck.. ¿Simplemente sonreiría mientras ella iba al altar con ese hombre? Se sintió dolida, como si esperara que él luchara por ella o..
Ese fue el momento, ese pensamiento ¿Él? ¿Luchar por ella? ¿Porqué? solamente era su amigo, se repitió mentalmente. Esos sentimientos y pensamientos la desconcertaban, la enfurecían hundiéndola sin remisión ¡¿Porqué pensaba esas cosas?! Odiaba sentir esas cosas de pronto, no las entendía, le molestaban y siempre aparecían con Chuck, o al menos esa era su teoría, que simplemente eran una serie de sentimientos no identificados que tenían que ver con la amistad que los unía y que hacían sentirla tan estúpida, tan extraña a la vez que la hacían alejarse de sí misma y centrarse más en la presencia del moreno que tenía delante.
-¿Crees que quiero? - Preguntó secamente, a pesar de no querer de descargar su ira con él, la ira que le provocaban esos pensamientos desconocidos e ilógicos. Cerró los ojos, Delilah tenía fama de ser una joven explosiva e irreverente y en ese momento sentía que iba a explotar, pero no quería hacerlo con Chuck, él no tenía la culpa de ese extraño bipolarismo que estaba creciendo en su interior, abrió la boca para hablar, pero sus palabras no querían volar desde su boca, estaba atrapada en su propia paranoia, presa de su propio silencio.- Me negué- Su voz la sorprendió hasta a ella, un tono oscuro, culpable ¿En su interior se sentía culpable por negarse? Quería desahogarse con Chuck, ver su cara cuando ella hablara y saber si era cierto lo que todos decían, que estaba cometiendo un error, que estaba deshonrando a su familia- No es justo ¿Verdad? Ellos quieren regalarme como si fuera una muñeca de trapo, regalar a un hombre mi vida y mi cuerpo como si yo no fuera nada.. Y me hacen sentir culpable por negarme, es como si no me quisieran, como si no entendieran que decir que sí, sería mi sentencia de muerte.
Por fin Delilah miró a Chuck después de confesarle la verdad, su verdad, esperando su consejo y comprensión, pero a lo mejor estaba pidiendo demasiado, los sonidos de su corazón martilleaban en su cerebro como un tambor, haciendo eco, si su mejor amigo no la apoyaba en eso ¿Se daría por vencida? ¿Se entregaría al inmenso vacío que amenazaba con consumirla para siempre? No apartó la mirada de los ojos de Chuck, sintiendo que sus ojos partían en mil pedazos su parte más sensata, él la conocía lo suficiente para saber que detrás de su mirada se escondía todo un mundo que no todos podían ver.
-¿Crees que debo hacerlo? ¿A pesar de preferir la muerte? - Sus palabras demostraban su desesperación y su carácter tajante, no había marcha atrás, para ella el matrimonio que sus padres le ofrecían no era más que una muerte en vida silenciosa y agónica. Por otra parte se sentía terriblemente culpable de poner a Chuck en una conversación tan seria, como si él no debiera verse involucrado por su culpa en medio de todo eso. Le gustaba más otro tipo de conversaciones con él, los momentos divertidos, la peleas en las que él la hacía reír para que no se enfadara.. No eso, ella no quería ese momento.
Delilah siempre se identificaba con el lobo, luchando hasta la muerte por mantener su libertad, eso le convertía en su animal favorito, suspiró y siguió sin poder mirar a Chuck a los ojos, entonces él dijo algo aún peor, que no lo permitiría, a menos que ella quisiera. Normalmente eso habría hecho sonreír a Delilah, que su amigo respetara su decisión, que él la apoyaba decidiera lo que decidiera, pero en ese momento no supo porque no le gustó esa sensación, era como si a él no le importara que ella se casara con otro, bueno, no era como si Delilah esperara que él se pusiera celoso o algo así, pero era su amigo.
Él debía saber lo que significaba para ella el matrimonio, sobre todo con un hombre que apenas conocía, sólo tenía 17 años.. Y él 24, era prácticamente un abismo para la chica, y Chuck.. ¿Simplemente sonreiría mientras ella iba al altar con ese hombre? Se sintió dolida, como si esperara que él luchara por ella o..
Ese fue el momento, ese pensamiento ¿Él? ¿Luchar por ella? ¿Porqué? solamente era su amigo, se repitió mentalmente. Esos sentimientos y pensamientos la desconcertaban, la enfurecían hundiéndola sin remisión ¡¿Porqué pensaba esas cosas?! Odiaba sentir esas cosas de pronto, no las entendía, le molestaban y siempre aparecían con Chuck, o al menos esa era su teoría, que simplemente eran una serie de sentimientos no identificados que tenían que ver con la amistad que los unía y que hacían sentirla tan estúpida, tan extraña a la vez que la hacían alejarse de sí misma y centrarse más en la presencia del moreno que tenía delante.
-¿Crees que quiero? - Preguntó secamente, a pesar de no querer de descargar su ira con él, la ira que le provocaban esos pensamientos desconocidos e ilógicos. Cerró los ojos, Delilah tenía fama de ser una joven explosiva e irreverente y en ese momento sentía que iba a explotar, pero no quería hacerlo con Chuck, él no tenía la culpa de ese extraño bipolarismo que estaba creciendo en su interior, abrió la boca para hablar, pero sus palabras no querían volar desde su boca, estaba atrapada en su propia paranoia, presa de su propio silencio.- Me negué- Su voz la sorprendió hasta a ella, un tono oscuro, culpable ¿En su interior se sentía culpable por negarse? Quería desahogarse con Chuck, ver su cara cuando ella hablara y saber si era cierto lo que todos decían, que estaba cometiendo un error, que estaba deshonrando a su familia- No es justo ¿Verdad? Ellos quieren regalarme como si fuera una muñeca de trapo, regalar a un hombre mi vida y mi cuerpo como si yo no fuera nada.. Y me hacen sentir culpable por negarme, es como si no me quisieran, como si no entendieran que decir que sí, sería mi sentencia de muerte.
Por fin Delilah miró a Chuck después de confesarle la verdad, su verdad, esperando su consejo y comprensión, pero a lo mejor estaba pidiendo demasiado, los sonidos de su corazón martilleaban en su cerebro como un tambor, haciendo eco, si su mejor amigo no la apoyaba en eso ¿Se daría por vencida? ¿Se entregaría al inmenso vacío que amenazaba con consumirla para siempre? No apartó la mirada de los ojos de Chuck, sintiendo que sus ojos partían en mil pedazos su parte más sensata, él la conocía lo suficiente para saber que detrás de su mirada se escondía todo un mundo que no todos podían ver.
-¿Crees que debo hacerlo? ¿A pesar de preferir la muerte? - Sus palabras demostraban su desesperación y su carácter tajante, no había marcha atrás, para ella el matrimonio que sus padres le ofrecían no era más que una muerte en vida silenciosa y agónica. Por otra parte se sentía terriblemente culpable de poner a Chuck en una conversación tan seria, como si él no debiera verse involucrado por su culpa en medio de todo eso. Le gustaba más otro tipo de conversaciones con él, los momentos divertidos, la peleas en las que él la hacía reír para que no se enfadara.. No eso, ella no quería ese momento.

Ligth up has if you have a choice



Even if you cannot hear my voice



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- Louder, louder
And we'll run for our lives
I can hardly speak, I understand
Why you can't raise your voice to say?

Delilah Sewikriž- Doncella de Anhalt
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Localización: lost in the arms of destiny >_<
Re: You can laugh at my behavior that will never bother me
Podía decirse que Chuck conocía a Delilah como la palma de su mano; sabía que palabras la hacían estallar, cuales la hacían feliz y especialmente, casi siempre podía leer sus emociones en el color cristalino de sus ojos. Pero, en ese momento, realmente no se sentía seguro de lo que veía en ella. Tenía entendido que todas las mujeres esperaban el día de su boda; que sus padres les eligieran un hombre que se duchara con oro líquido en lugar de agua, un buen apellido y si tenía un título concerniente a la monarquía, bueno, era un agregado nada despreciable. Aunque Delilah, era especial, ella nunca había hablado de bodas concertadas, ni de cómo imaginaba su futuro al lado de un hombre poderoso, para ser preciso, Delilah jamás había hablado del amor. Ese tema era inexistente entre ellos. Como si con nombrarlo fuera a caer sobre sus almas una maldición. Probablemente era un pensamiento exagerado, probablemente el amor era la solución a casi todos los problemas del mundo, pero ¿Por qué precisamente alguien tenía que casarse con ella?
Deducía que se debía más que nada al interés de que ambos reinos tuvieran un nexo irrompible por medio del matrimonio, a pesar de que la rubia era hermosa y su personalidad era la más divertida que había visto en su vida, su cerebro seguía indicándole que era por la primera opción. Se repitió mentalmente la pregunta de ella “¿Crees que quiere?”. No, no lo creía.
Cruzó los brazos sobre el pecho, con la esperanza vana de que eso lo protegiera de la sensación de que su amiga; su Delilah se le escapaba entre los dedos. Si ella contraía matrimonio, la perdería para siempre, probablemente se mudaría al reino de su esposo, tendría una vida ocupada y después de un tiempo, ni siquiera recordaría su nombre. No recordaría que eran inseparables, que nadie podía dañarlos cuando estaban juntos.
Era injusto en tantos niveles distintos, que ni siquiera podía creerlo. De una manera diferente, Delilah estaba pasando por lo mismo que él. Desde luego, entendía que los motivos de la rubia para no pelear con tanta fuerza, se debían enteramente al tema de la sangre, a no traicionar a sus padres, porque eso para cualquier hijo, sonaba como una aberración total. Pero, cambiando los escenarios, torciendo un poco la realidad, ambos vivieron lo mismo en momentos distintos. Pero Chuck no se quedó a averiguar si la reina podía moldear su destino a su antojo, él huyó. No era la manera más heroica, pero si la más funcional. La que le aseguraba que podía respirar sin la presión de saberse un juguete, la que le brindaba a sus padres el poder de respirar sin la idea de que su hijo era un monstruo.
Las siguientes palabras solo lo hundieron más, orillándolo a sacudir la cabeza vehementemente, no era justo, y no creía que ella simplemente tuviera que bajar la cabeza y acatar las órdenes de sus padres. Delilah no era una cosa, era una persona; una valiosa e importante.
Elevó la mano, quería tocarle el hombro, decirle que todo estaría bien, pero para poder decirlo, primero tenía que creerlo él mismo. Dejó que su mano cayera lánguidamente a su costado, como si el movimiento nunca hubiera sido planeado.
Para ser radicalmente honesto, Chuck no solía pensar demasiado las cosas antes de actuar, ni siquiera cuando se trataba de temas importantes, por ello, solía equivocarse y de vez en cuando enmendar sus errores era más difícil que simplemente haberse detenido a usar el cerebro, pero esta vez, cuando habló, sus palabras eran completamente honestas, sin premeditación, pero con la sincera esperanza de que, eso lo resolviera todo. –Huye conmigo –era una oferta directamente expedida por su corazón. No podía simplemente sentarse a verla desaparecer en un matrimonio concertado, se negaba. Probablemente no era una buena idea; ya que se acostumbraba que cuando una jovencita se iba con un hombre, primeramente tenía que haber una boda, y claro, el marido debía cumplir con ciertos requisitos. Por ejemplo, ostentar un título o tener millones para derrochar. Se detuvo un segundo, mientras sus ojos oscuros se posaban en los de ella, más abiertos de lo normal, con sorpresa dibujada en las pupilas; comprendiendo el rumbo de sus propios pensamientos. No estaba planeando huir con ella como una amiga, en toda su diatriba, pensaba en ella como una… esposa.
Ooc: Perdón, perdón, perdón, perdón xD!! Es que, tengo una capacidad de atención peor que la de Dory .-., pero, intentaré no dejar que las cosas brillantes (???) me distraigan xD.
Deducía que se debía más que nada al interés de que ambos reinos tuvieran un nexo irrompible por medio del matrimonio, a pesar de que la rubia era hermosa y su personalidad era la más divertida que había visto en su vida, su cerebro seguía indicándole que era por la primera opción. Se repitió mentalmente la pregunta de ella “¿Crees que quiere?”. No, no lo creía.
Cruzó los brazos sobre el pecho, con la esperanza vana de que eso lo protegiera de la sensación de que su amiga; su Delilah se le escapaba entre los dedos. Si ella contraía matrimonio, la perdería para siempre, probablemente se mudaría al reino de su esposo, tendría una vida ocupada y después de un tiempo, ni siquiera recordaría su nombre. No recordaría que eran inseparables, que nadie podía dañarlos cuando estaban juntos.
Era injusto en tantos niveles distintos, que ni siquiera podía creerlo. De una manera diferente, Delilah estaba pasando por lo mismo que él. Desde luego, entendía que los motivos de la rubia para no pelear con tanta fuerza, se debían enteramente al tema de la sangre, a no traicionar a sus padres, porque eso para cualquier hijo, sonaba como una aberración total. Pero, cambiando los escenarios, torciendo un poco la realidad, ambos vivieron lo mismo en momentos distintos. Pero Chuck no se quedó a averiguar si la reina podía moldear su destino a su antojo, él huyó. No era la manera más heroica, pero si la más funcional. La que le aseguraba que podía respirar sin la presión de saberse un juguete, la que le brindaba a sus padres el poder de respirar sin la idea de que su hijo era un monstruo.
Las siguientes palabras solo lo hundieron más, orillándolo a sacudir la cabeza vehementemente, no era justo, y no creía que ella simplemente tuviera que bajar la cabeza y acatar las órdenes de sus padres. Delilah no era una cosa, era una persona; una valiosa e importante.
Elevó la mano, quería tocarle el hombro, decirle que todo estaría bien, pero para poder decirlo, primero tenía que creerlo él mismo. Dejó que su mano cayera lánguidamente a su costado, como si el movimiento nunca hubiera sido planeado.
Para ser radicalmente honesto, Chuck no solía pensar demasiado las cosas antes de actuar, ni siquiera cuando se trataba de temas importantes, por ello, solía equivocarse y de vez en cuando enmendar sus errores era más difícil que simplemente haberse detenido a usar el cerebro, pero esta vez, cuando habló, sus palabras eran completamente honestas, sin premeditación, pero con la sincera esperanza de que, eso lo resolviera todo. –Huye conmigo –era una oferta directamente expedida por su corazón. No podía simplemente sentarse a verla desaparecer en un matrimonio concertado, se negaba. Probablemente no era una buena idea; ya que se acostumbraba que cuando una jovencita se iba con un hombre, primeramente tenía que haber una boda, y claro, el marido debía cumplir con ciertos requisitos. Por ejemplo, ostentar un título o tener millones para derrochar. Se detuvo un segundo, mientras sus ojos oscuros se posaban en los de ella, más abiertos de lo normal, con sorpresa dibujada en las pupilas; comprendiendo el rumbo de sus propios pensamientos. No estaba planeando huir con ella como una amiga, en toda su diatriba, pensaba en ella como una… esposa.
Ooc: Perdón, perdón, perdón, perdón xD!! Es que, tengo una capacidad de atención peor que la de Dory .-., pero, intentaré no dejar que las cosas brillantes (???) me distraigan xD.

Chuck Strzechowski- Ciudadan@ de Anhalt
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