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¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
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¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
Si hay algo para lo que Gabe era mala era para una simple acción; madurar.
La joven no tenía complejo de Peter Pan ni mucho menos, no se sentía reacia a crecer ni nada semejante, pero si tenías el placer {El honor, según ella} de conocerla y tratarla por un par de horas comprenderías que la jovencita tenía el humor y la energía de una muchacha de dieciséis años. Era inteligente, pensaba acorde a su edad y su cuerpo estaba más que desarrollado. Sin embargo, cuando dabas la espalda, Gabe se dibujaba bigotes con barro, te robaba tu sombrero y se lo colocaba sobre su propia cabeza, levantaba perros por la calle y les hablaba como si fuera lo más normal del mundo, asaltaba las casas con una sonrisita amable y una pistola para tener una nueva pieza de joyería…
Y así se podría seguir todo el día. Gabrielle tenía un sentido del humor bastante particular, pero un espíritu emprendedor y una energía prácticamente inagotable, difícil es encontrar quieta a la maestre del Perla, sin algo en las manos. Saltando, haciendo gestos obscenos por diversión, chillando, hablando sin parar; a algunos podría resultarle molesta, inaguantable, “sofocante para cualquier oído”. Ella se limitaba a decir un simple “amargados” y beber un trago de cualquier bebida alcohólica mientras reía con desenvolvimiento {Hace unos años había entendido que el alcohol te daba más energía que los dulces, y ahora era su nuevo método para las situaciones de aburrimiento extremo}.
Sea como fuese, ese día habían amanecido en Londres, la niebla típica del lugar la recibió y aspiró una larga bocanada de la misma. Estirándose por la cubierta del barco, relajando sus músculos, caminando a sus anchas como si el lugar fuese de ella, así es como le gustaba vivir. Sin límites, sin reglas, en libertad de andar donde quiera, vivir como quiera y relacionarse con quien quiera. Siempre había amado y respetado a su familia, pero ese estilo de vida de “señorita francesa” jamás le había llamado la atención. ¿No poder eructar, ni maldecir, ni correr donde quisiera? ¡Vamos! Era una vida con cadenas, atada a algo que no quería, Abel siempre lo había sabido, aunque no compartiera del todo su pensamiento…
Ah, Abel…
Todavía durmiendo en su camarote, como si fuera lo más normal del mundo, como si no se hubiera ido hace ya cinco años, como si nada hubiera pasado. Estaba ahí, sonriendo como antes, un tanto menos bromista y alegre, pero al menos estaba vivo, y eso era lo que le importaba a Gabe. Ese hombre voodoo de New Orleans lo había devuelvo a la vida, aunque con un precio, él no podía tocar a nadie… ¿Cómo arreglar eso ahora?
-…Estoy trabajando en eso-murmuró, para sí misma, observando cómo tocaban puerto desde uno de los barandales del barco, para girar sobre sus talones y comenzar a caminar, una vez más sentía la necesidad de quemar energía, de mover las piernas, de embriagarse con fina cerveza de Londres y tal vez conocer algunas de las cosas importantes de allí…como el palacio de Buckinham, no estaría mal robar un par de cosillas allí…después de todo, a los ingleses les sobraban los lujos, no extrañarían tener un poco menos.
Bajó del barco de un salto, con una enorme sonrisa dibujada en su rostro de facciones delicadas {demasiado delicadas para su personalidad un tanto masculina}, abriéndose paso entre la tripulación que la observaba con una ceja enarcada, como si fuera una loca de mierda.
“Al fin y al cabo no están muy errados.”
Las calles de Londres estaban empedradas, y el aire se sentía diferente…como espeso, como puro, luego de pasar días enteros en el fondo del barco, bebiendo, no venía nada mal un poco de aire puro. Sus pasos apresurados sobre la acera se escuchaban con suma facilidad. Y tal vez era su aspecto demasiado emocionado, su caminar acelerado o su aspecto desgreñado y sus ropas holgadas, pero en su caminata recibió algunas miradas de las señoritas refinadas, con grandes vestidos amarillos abultados y monóculos. Ella sólo se quitó el sombrero, saludándolas con una mezcla exquisita de simpatía y sarcasmo, mientras encaminaba su paseo directamente al norte. Las calles estaban colmadas de diversos locales tales como herrerías, costureras y bares…los cuales ya recordaba su ubicación, ya que planeaba pasar por ahí luego.
Entre las cabezas que aparecían frente a sus ojos había una que llamaba firmemente su atención; un sombrero raído, rastas desgreñadas sin control, que al moverse producían un sonido metálico por todas chucherías que el hombre llevaba colgando de la cabeza. Un andar extraño, inusual, extravagante, que tal vez se deba al bamboleo constante del barco, una tendencia afeminada o un leve retraso mental, Gabrielle había estudiado todas las posibilidades.
Sea como sea, ahí estaba, solo y desprevenido, listo para ser molestado.
– ¡Jackie! –corrió hasta su lado, colocándole un brazo sobre los hombros. Otra característica de la muchacha era su completo atrevimiento, su falta de tacto, y el hecho de que entra en confianza demasiado pronto. Al notar que olvidó un detalle rodó los ojos, malditos tecnicismos– . Ya, entendí. Hola, capitán Jackie. No te vi salir, de otra manera te hubiera seguido antes para molestarte, llevo como veinte minutos irritando a esas viejas gordas llenas de… –se detuvo a sí misma al ver algo, algo tan impresionante, tan único, tan maravilloso que no pudo quitar sus ojos de ello mientras caminaba.
– …Una mansión… –susurró, mirándola. Luego a Jack, luego la mansión, y luego a Jack…-¡Una mansión! ¡Una casa de ricos! ¡Una fuente de oro!-no tenía la más mínima delicadeza, la gente pasaba a su alrededor y podía escuchar lo que decía, a pesar de estar cuatro años en el negocio, aun debía aprender muchas cosas si quería mejorar como pirata– Es lo que necesitamos, Jackie, es como una pista celestial, ¡El universo quiere que entremos ahí! –le sonrió, emocionada, mientras observaba mejor la estructura– . Las ventanas no son muy altas, podemos entrar perfectamente, y por fin cenar algo decente, y guardar dinero para gastarlo en la buena vida, en Tortuga. Anda, básicamente es una oportunidad segura –se río, mordiéndose el labio para contener su emoción y soltó a Jack, acercándose cada vez más al lugar donde deseaba llegar, la X de su mapa, el punto del tesoro.
– . Y si nos atrapan…bueno…soy joven, tengo piernas rápidas, puedo escapar. Tú, en cambio… –lo observó de arriba abajo, y abrió la boca para luego cerrarla, como quien reprime una carcajada-…tienes unos años más encima, espero que lo logres.
La joven no tenía complejo de Peter Pan ni mucho menos, no se sentía reacia a crecer ni nada semejante, pero si tenías el placer {El honor, según ella} de conocerla y tratarla por un par de horas comprenderías que la jovencita tenía el humor y la energía de una muchacha de dieciséis años. Era inteligente, pensaba acorde a su edad y su cuerpo estaba más que desarrollado. Sin embargo, cuando dabas la espalda, Gabe se dibujaba bigotes con barro, te robaba tu sombrero y se lo colocaba sobre su propia cabeza, levantaba perros por la calle y les hablaba como si fuera lo más normal del mundo, asaltaba las casas con una sonrisita amable y una pistola para tener una nueva pieza de joyería…
Y así se podría seguir todo el día. Gabrielle tenía un sentido del humor bastante particular, pero un espíritu emprendedor y una energía prácticamente inagotable, difícil es encontrar quieta a la maestre del Perla, sin algo en las manos. Saltando, haciendo gestos obscenos por diversión, chillando, hablando sin parar; a algunos podría resultarle molesta, inaguantable, “sofocante para cualquier oído”. Ella se limitaba a decir un simple “amargados” y beber un trago de cualquier bebida alcohólica mientras reía con desenvolvimiento {Hace unos años había entendido que el alcohol te daba más energía que los dulces, y ahora era su nuevo método para las situaciones de aburrimiento extremo}.
Sea como fuese, ese día habían amanecido en Londres, la niebla típica del lugar la recibió y aspiró una larga bocanada de la misma. Estirándose por la cubierta del barco, relajando sus músculos, caminando a sus anchas como si el lugar fuese de ella, así es como le gustaba vivir. Sin límites, sin reglas, en libertad de andar donde quiera, vivir como quiera y relacionarse con quien quiera. Siempre había amado y respetado a su familia, pero ese estilo de vida de “señorita francesa” jamás le había llamado la atención. ¿No poder eructar, ni maldecir, ni correr donde quisiera? ¡Vamos! Era una vida con cadenas, atada a algo que no quería, Abel siempre lo había sabido, aunque no compartiera del todo su pensamiento…
Ah, Abel…
Todavía durmiendo en su camarote, como si fuera lo más normal del mundo, como si no se hubiera ido hace ya cinco años, como si nada hubiera pasado. Estaba ahí, sonriendo como antes, un tanto menos bromista y alegre, pero al menos estaba vivo, y eso era lo que le importaba a Gabe. Ese hombre voodoo de New Orleans lo había devuelvo a la vida, aunque con un precio, él no podía tocar a nadie… ¿Cómo arreglar eso ahora?
-…Estoy trabajando en eso-murmuró, para sí misma, observando cómo tocaban puerto desde uno de los barandales del barco, para girar sobre sus talones y comenzar a caminar, una vez más sentía la necesidad de quemar energía, de mover las piernas, de embriagarse con fina cerveza de Londres y tal vez conocer algunas de las cosas importantes de allí…como el palacio de Buckinham, no estaría mal robar un par de cosillas allí…después de todo, a los ingleses les sobraban los lujos, no extrañarían tener un poco menos.
Bajó del barco de un salto, con una enorme sonrisa dibujada en su rostro de facciones delicadas {demasiado delicadas para su personalidad un tanto masculina}, abriéndose paso entre la tripulación que la observaba con una ceja enarcada, como si fuera una loca de mierda.
“Al fin y al cabo no están muy errados.”
Las calles de Londres estaban empedradas, y el aire se sentía diferente…como espeso, como puro, luego de pasar días enteros en el fondo del barco, bebiendo, no venía nada mal un poco de aire puro. Sus pasos apresurados sobre la acera se escuchaban con suma facilidad. Y tal vez era su aspecto demasiado emocionado, su caminar acelerado o su aspecto desgreñado y sus ropas holgadas, pero en su caminata recibió algunas miradas de las señoritas refinadas, con grandes vestidos amarillos abultados y monóculos. Ella sólo se quitó el sombrero, saludándolas con una mezcla exquisita de simpatía y sarcasmo, mientras encaminaba su paseo directamente al norte. Las calles estaban colmadas de diversos locales tales como herrerías, costureras y bares…los cuales ya recordaba su ubicación, ya que planeaba pasar por ahí luego.
Entre las cabezas que aparecían frente a sus ojos había una que llamaba firmemente su atención; un sombrero raído, rastas desgreñadas sin control, que al moverse producían un sonido metálico por todas chucherías que el hombre llevaba colgando de la cabeza. Un andar extraño, inusual, extravagante, que tal vez se deba al bamboleo constante del barco, una tendencia afeminada o un leve retraso mental, Gabrielle había estudiado todas las posibilidades.
Sea como sea, ahí estaba, solo y desprevenido, listo para ser molestado.
– ¡Jackie! –corrió hasta su lado, colocándole un brazo sobre los hombros. Otra característica de la muchacha era su completo atrevimiento, su falta de tacto, y el hecho de que entra en confianza demasiado pronto. Al notar que olvidó un detalle rodó los ojos, malditos tecnicismos– . Ya, entendí. Hola, capitán Jackie. No te vi salir, de otra manera te hubiera seguido antes para molestarte, llevo como veinte minutos irritando a esas viejas gordas llenas de… –se detuvo a sí misma al ver algo, algo tan impresionante, tan único, tan maravilloso que no pudo quitar sus ojos de ello mientras caminaba.
– …Una mansión… –susurró, mirándola. Luego a Jack, luego la mansión, y luego a Jack…-¡Una mansión! ¡Una casa de ricos! ¡Una fuente de oro!-no tenía la más mínima delicadeza, la gente pasaba a su alrededor y podía escuchar lo que decía, a pesar de estar cuatro años en el negocio, aun debía aprender muchas cosas si quería mejorar como pirata– Es lo que necesitamos, Jackie, es como una pista celestial, ¡El universo quiere que entremos ahí! –le sonrió, emocionada, mientras observaba mejor la estructura– . Las ventanas no son muy altas, podemos entrar perfectamente, y por fin cenar algo decente, y guardar dinero para gastarlo en la buena vida, en Tortuga. Anda, básicamente es una oportunidad segura –se río, mordiéndose el labio para contener su emoción y soltó a Jack, acercándose cada vez más al lugar donde deseaba llegar, la X de su mapa, el punto del tesoro.
– . Y si nos atrapan…bueno…soy joven, tengo piernas rápidas, puedo escapar. Tú, en cambio… –lo observó de arriba abajo, y abrió la boca para luego cerrarla, como quien reprime una carcajada-…tienes unos años más encima, espero que lo logres.
Última edición por Gabrielle Della Fournieth el Miér Feb 22, 2012 3:27 am, editado 1 vez

Gabrielle Della Fournieth- Maestre en El Perla Negra
- Mensajes: 62
Reputación: 3
Fecha de inscripción: 06/01/2012
Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
¡Tierra! ¡Tierra! Así fue como el Maestre Gibbs hizo reaccionar a medio barco y sacar a Jack Sparrow de su camarote mientras daba las ordenes a su tripulación, que se movía de aquí para allá preparando todo para atracar puerto, llegarían pronto y como siempre a lo lejos se podía notar las nubes grises y pesadas que siempre tenía ese sitio, Sparrow sonrió de lado, tal cual como la había dejado, tal cual lo recibe después de tanto tiempo. Regresó a su camarote a colocarse su pesada chaqueta, una más refinada (según él) para bajar al puerto con algo más de clase... bahj en realidad se la colocó para llamar la atención de una forma más sarcástica de lo normal.
Todo marchaba bien... ¡Pero esperen! Algo andaba mal, Jack Sparrow miró por todos lados, luego se giró 90° pero no había nadie... ¿Donte estaba esa pequeña pulga que no se despegaba de él desde que subió al barco? Si ¿Donde está Gabrielle? En fin, si aún estaba dormida ya bajaría por su cuenta, puede que esté con el parásito de su hermano, ese zombie que recogió porque no le quedo de otra, ya lo pondrá a hacer algo productivo, como limpiar todo el barco de arriba a abajo. El Perla fue disminuyendo la velocidad para luego maniobrar por pequeños espacios y encontrar un sitio para atracar. Fue el primero que bajó esa vez, con los brazos abiertos cual hijo reencontrándose con su padre y respirando aire de civilización luego de un tiempo de haber estado e Tortuga, el mar, Tortuga de nuevo y el mar después de una gran noche de juerga en esa isla claro está.
Al pisar las empedradas calles de Londres, las miradas no se hicieron esperar, es como si no estuviesen acostumbrados a ver a alguien exóticamente vestido, no se... podrían pensar que es un extranjero de esas tierras al Oriente de este Mundo en vez de un pordiosero cualquiera que salió de un barco como un polizonte más. Decidió caminar por ahí, sin rumbo fijo, cada paso que daba era exageradamente ruidoso contras las piedras del camino, sus ornamentos objetos metalicos y cuentas de piedra que tenía en el cabello chocaban haciendo más ruido, perfecto para molestar a los transeúntes acostumbrados a la paz y la tranquilidad de su hermosa ciudad.
Se paró en seco cuando la pregunta del millón se le pasó por la cabeza... ¿Qué haría en Londres? Había tanto que hacer más no sabía que exactamente, estaban los bares de ricos y los bares de pobres que visitar, entrar en las carretas de las mujeres solteronas, viudas o ancianas con dinero para quitarles sus joyas o colarse en una de las reuniones de los millonarios. Mientras pensaba que hacer con su vida, una vocecita de la que está más que familiarizado se escucha muy cerca de él y en menos de un segundo un brazo aparece sobre sus hombros, la miró fijamente a punto de decir algo pero ella se adelántó.
-Así me gusta, que no se te olvide cariño, Ca-pi-tán -Ella comenzó a hablar de lo que había hecho hasta que dejó de pronunciar, ¿Acaso nunca había visto una mansión antes? Pero después se dio cuenta de lo que tenía en mente, podrían quitarle muchas cosas de valor a esa familia, habría que ver si no hay gente, más fácil y cómodo -Oye calmate, ¿No has robado algo así antes? -Suspira mientras ve las ventanas, tiene razón, entrarían fácil... muy fácil diría, se dejó convencer, podría haber un sombrero nuevo dentro o uno para ella para que deje de quitarselo cada vez que le viene en gana-. Está bien está bien, vamos por esa pequeña casa de muñecas de porcelana.
Ambos caminaban a esa mansión que los llamaba con toda esa majestuosidad, Jack se imaginaba las cosas que podrían haber dentro de ese sitio hasta que Gabrielle hizo mención de la supuesta vejez del pirata, suspirando alza el dedo indice mirandola de reojo.
-Oye oye... Londres es famosa porque como unas 20 veces CASI capturan al Capitán Jack Sparrow y eso fue hace poco, no estoy viejo querida aceptalo... aún sigo siendo tan astuto como siempre.
Cuidadosamente, mirando de un lado a otro, los dos se desplazan lentamente hacia la ventana más cercana y la que se ve que es más segura de todas, Jack levanta la ventana para que ella pasara de primero y se fijara si no había nadie adentro o escuchara algún sonido, no había moros en la costa, al parecer no había nadie, no podían tener tanta suerte más no se iba a confiar, luego el cruza la ventana y se maravilla, esa mansión muy lujosa por dentro y por fuera solo puede significar que los dueños se bañan con dinero todos los días. La habitación aunque era bonita, no había nada interesante, tendrían que buscar la habitación principal si querían encontrar algo de valor. Salieron de esa habitación, era exageradamente grande ese lugar, los pasillos kilométricos, muchas puertas finamente ornamentadas, jarrones, tazas de té, todas esas cosas, viendo todo, no sabía que puerta abrir, todas le daban tentación...
-¡Tengo hambre! -Sacó su brújula y señaló hacia una dirección, agarró por el brazo a Gabrielle casi arrastrándola porque se iba a ir a otro sitio y sin despegarle la mirada a la brújula siguiendo los movimientos de la flecha cuidadosamente hasta una puerta doble -¡Voilá! -Abre la puerta de par en par, era la cocina más grande que había visto, si es así de grande es porque se cocina gran cantidad de comida, comida que debe estar oculta por algún sitio esperando ser encontrada por dos piratas hambrientos que ya quieren comer algo de gente desde hace tiempo.
-Gabby cariño, usa tu olfato para encontrar comida, ¡Corre corre! -Se ríe y comienza a registrar la despensa buscando algo que comer, no había nada, solo ollas... -¡Tú! Busca algo, no puedo hacerlo todo solo -Se lo ordenó-.
Todo marchaba bien... ¡Pero esperen! Algo andaba mal, Jack Sparrow miró por todos lados, luego se giró 90° pero no había nadie... ¿Donte estaba esa pequeña pulga que no se despegaba de él desde que subió al barco? Si ¿Donde está Gabrielle? En fin, si aún estaba dormida ya bajaría por su cuenta, puede que esté con el parásito de su hermano, ese zombie que recogió porque no le quedo de otra, ya lo pondrá a hacer algo productivo, como limpiar todo el barco de arriba a abajo. El Perla fue disminuyendo la velocidad para luego maniobrar por pequeños espacios y encontrar un sitio para atracar. Fue el primero que bajó esa vez, con los brazos abiertos cual hijo reencontrándose con su padre y respirando aire de civilización luego de un tiempo de haber estado e Tortuga, el mar, Tortuga de nuevo y el mar después de una gran noche de juerga en esa isla claro está.
Al pisar las empedradas calles de Londres, las miradas no se hicieron esperar, es como si no estuviesen acostumbrados a ver a alguien exóticamente vestido, no se... podrían pensar que es un extranjero de esas tierras al Oriente de este Mundo en vez de un pordiosero cualquiera que salió de un barco como un polizonte más. Decidió caminar por ahí, sin rumbo fijo, cada paso que daba era exageradamente ruidoso contras las piedras del camino, sus ornamentos objetos metalicos y cuentas de piedra que tenía en el cabello chocaban haciendo más ruido, perfecto para molestar a los transeúntes acostumbrados a la paz y la tranquilidad de su hermosa ciudad.
Se paró en seco cuando la pregunta del millón se le pasó por la cabeza... ¿Qué haría en Londres? Había tanto que hacer más no sabía que exactamente, estaban los bares de ricos y los bares de pobres que visitar, entrar en las carretas de las mujeres solteronas, viudas o ancianas con dinero para quitarles sus joyas o colarse en una de las reuniones de los millonarios. Mientras pensaba que hacer con su vida, una vocecita de la que está más que familiarizado se escucha muy cerca de él y en menos de un segundo un brazo aparece sobre sus hombros, la miró fijamente a punto de decir algo pero ella se adelántó.
-Así me gusta, que no se te olvide cariño, Ca-pi-tán -Ella comenzó a hablar de lo que había hecho hasta que dejó de pronunciar, ¿Acaso nunca había visto una mansión antes? Pero después se dio cuenta de lo que tenía en mente, podrían quitarle muchas cosas de valor a esa familia, habría que ver si no hay gente, más fácil y cómodo -Oye calmate, ¿No has robado algo así antes? -Suspira mientras ve las ventanas, tiene razón, entrarían fácil... muy fácil diría, se dejó convencer, podría haber un sombrero nuevo dentro o uno para ella para que deje de quitarselo cada vez que le viene en gana-. Está bien está bien, vamos por esa pequeña casa de muñecas de porcelana.
Ambos caminaban a esa mansión que los llamaba con toda esa majestuosidad, Jack se imaginaba las cosas que podrían haber dentro de ese sitio hasta que Gabrielle hizo mención de la supuesta vejez del pirata, suspirando alza el dedo indice mirandola de reojo.
-Oye oye... Londres es famosa porque como unas 20 veces CASI capturan al Capitán Jack Sparrow y eso fue hace poco, no estoy viejo querida aceptalo... aún sigo siendo tan astuto como siempre.
Cuidadosamente, mirando de un lado a otro, los dos se desplazan lentamente hacia la ventana más cercana y la que se ve que es más segura de todas, Jack levanta la ventana para que ella pasara de primero y se fijara si no había nadie adentro o escuchara algún sonido, no había moros en la costa, al parecer no había nadie, no podían tener tanta suerte más no se iba a confiar, luego el cruza la ventana y se maravilla, esa mansión muy lujosa por dentro y por fuera solo puede significar que los dueños se bañan con dinero todos los días. La habitación aunque era bonita, no había nada interesante, tendrían que buscar la habitación principal si querían encontrar algo de valor. Salieron de esa habitación, era exageradamente grande ese lugar, los pasillos kilométricos, muchas puertas finamente ornamentadas, jarrones, tazas de té, todas esas cosas, viendo todo, no sabía que puerta abrir, todas le daban tentación...
-¡Tengo hambre! -Sacó su brújula y señaló hacia una dirección, agarró por el brazo a Gabrielle casi arrastrándola porque se iba a ir a otro sitio y sin despegarle la mirada a la brújula siguiendo los movimientos de la flecha cuidadosamente hasta una puerta doble -¡Voilá! -Abre la puerta de par en par, era la cocina más grande que había visto, si es así de grande es porque se cocina gran cantidad de comida, comida que debe estar oculta por algún sitio esperando ser encontrada por dos piratas hambrientos que ya quieren comer algo de gente desde hace tiempo.
-Gabby cariño, usa tu olfato para encontrar comida, ¡Corre corre! -Se ríe y comienza a registrar la despensa buscando algo que comer, no había nada, solo ollas... -¡Tú! Busca algo, no puedo hacerlo todo solo -Se lo ordenó-.

Jack Sparrow- Mensajes: 17
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 21/12/2011
Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
La emoción en el rostro de Gabrielle era simplemente imposible de disimular, pocas veces había pisado Londres en su vida, y aquella oportunidad era algo única en todos los sentidos. Tenía a su hermano, luego de cinco años de creerlo perdido, tenía un barco, aunque no fuese suyo. Tenía la vida que le gustaba, ser pirata, vivir de lo suyo, sin responsabilidades ni ataduras de ningún tipo, estaba feliz, no tenía culpabilidades, tristezas, ni motivos para derramar una sola lágrima más.
Y como si fuera poco… ¡Iba a robar una mansión! Una auténtica mansión, que sólo había visto de lejos en Francia, una o dos, sin poder siquiera acercarse a dos pies. Cuando aún vivía en Ataúlfo, Gabe jamás había pensado en la remota posibilidad de robarle algo a cualquier persona {probablemente porque no tenía necesidad de hacerlo}. Sin embargo, desde que se había vuelto pirata, algunos de los códigos de su moral cambiaron. Mientras sea un poco de dinero, o algo que los afectados puedan reemplazar, no se sentiría culpable.
Gabe aun tenía reglas, no mataba, definitivamente. Y probablemente nunca lo hiciera {menos aun luego de todo el dolor pasado por Abel}, y era selectiva a los robos {no robes a los huérfanos, no robes en la Iglesia, no robes a los niños}.
Pero ahora ahí estaba, frente a sus ojos, la oportunidad de aquél viaje, el golpe que estaba esperando desde que en el barco anunciaron que habían tocado tierra, ¿Y quién mejor para acompañarla que su más reciente mejor amigo, el capitán Sparrow?
Llevaba ya cuatro meses en ese barco maloliente, lleno de hombres desagradables y alcohol hasta debajo de las maderas del suelo. Sin embargo, tenía su cierto encanto…cuando te acostumbrabas. Gabrielle, por su parte, se pasó esos meses pegada al capitán, ya que era la única persona mas o menos decente dentro de la tripulación, el único con quien podía hablar y reír sin recibir comentarios que le asquearan.
– No –negó con la cabeza, mirando la casa con una expresión de fascinación algo ridícula– , allá en Francia no había demasiadas mansiones. Excepto el castillo real, pero debías tener una muy buena excusa para acercarte aunque sea a diez pies de allí…Ese lugar es enorme, Jackie…¿Quién crees que viva ahí?
Conforme se acercaban, ella podía notar cómo el pirata analizaba el lugar con los ojos, tal como ella, probablemente buscando lo mismo. Señales de movimiento dentro, posibles puntos para entrar y salir, la gente alrededor de ellos, para que al entrar no sea tan obvio…Cinco años robando le habían dado una virtud para aquello; pero era evidente que Sparrow llevaba más tiempo en el negocio.
– ¿En serio? ¿Podemos entrar? –su voz era más aguda de lo normal, debido a la emoción que le daba el golpe que estaban a punto de realizar, miró a Jack con una sonrisa de oreja a oreja –. Oh, Jackie, te besaría si no tuvieras un aliento tan asquerosamente putrefacto… –lo dijo como lo más común del mundo, es más, parecía feliz mientras lo decía, con los ojos pegados en la mansión y el paso ligeramente acelerado hacia delante.
Sólo pudo soltar una risa, sin disimular en lo más mínimo, cuando mencionó que no estaba viejo. Jack le llevaba fácilmente diez años, técnicamente no era viejo con todas las letras, pero era divertido molestarlo con que sí. En realidad…era divertido molestarlo. Punto.
Básicamente así perdían el tiempo en el barco, molestándose y desafiándose el uno al otro, constantemente habían concursos por quién bebía más, burlas de Jack hacia Abel que terminaban en peleas con Gabrielle. Burlas de Gabrielle hacia Angélica que terminaban en peleas con Jack. Había un motivo diferente para discutir cada día, y esa misma discusión era el motivo de encontrarse a media noche en la cubierta del barco a beber y olvidar todo lo ocurrido durante el día. Era una rutina extraña, prácticamente tóxica, pero se sentía cómoda en ella.
Sí, probablemente Gabe estaba algo mal de la cabeza.
– Claro, cielo. Probablemente los guardias sean igual o más ancianos que tú-se rió bajito, mientras llegaban a la ventana que casualmente no tenía seguro, la gente que vivía en aquella mansión era demasiado descuidada o demasiado idiota–¿Realmente le dices a una jovencita voluptuosa, menor que tú por diez años, que no eres viejo? –rodó los ojos mientras entraba al lugar, al parecer esa ventana daba directo a la cocina, más grande y lujosa que la habitación donde ella dormía en su viejo hogar. Caminando despacio se acercó hacia la puerta, revisando cuidadosamente, hasta estrelló una estatuilla contra el piso, pensando que al hacer ruido escucharía los pasos frenéticos de las personas al instante. Al parecer estaban a salvo.
–. No hay nadie, entra…y cuidado con la cadera
Ambos piratas observaban la casa con una sonrisa de satisfacción en el rostro, el lugar era enorme, y mucho más lujoso de lo que esperaban. Jack profundizó la cocina mientras Gabrielle tomaba rumbo directo hacia uno de los salones. Inspeccionando qué podrían llevarse…había unos candelabros de plata bastante lujosos, que podrían venderse o como última opción derretirse, tenían relojes de pie con joyas y ya podía comenzar a ver el brillo de otras piedras en la habitación contigua, estiró su mano, con una sonrisa repleta de codicia, hacia los candelabros cuando un grito ensordecedor llamó su atención.
Rodó los ojos, así que Jack tenía hambre, qué genial… ¿No iban a llevarse nada?
Caminó con velocidad hacia la cocina, no tenía idea de cuándo podían regresar los dueños ni tampoco quería enterarse, el pirata estaba allí, con sus ropas andrajosas y su brújula apuntando hacia lo que su estómago más deseaba en aquél momento. Este tipo tiene que estar bromeando…
Pero al parecer eso no era ni un cuarto de la cocina que aquellos ricachones se costeaban, ya que cuando Jack la tomó bruscamente del brazo, la llevó hacia otra parte de la casa, repleta de alacenas y rincones donde bien podía haber comida.
–Jack, hay cosas realmente buenas en el salón, deberíamos… – “ Gabby cariño, usa tu olfato para encontrar comida, ¡Corre corre!” rodó los ojos, negando con la cabeza, y comenzó a buscar por las alacenas, abriendo una puerta a la vez, encontrando sólo instrumentos de cocina, no comida. –…No tenemos idea de cuándo regresará esta gente y tú sólo piensas en hacer un desayuno continental–se quejó, buscando lo más rápido que podía, cuanto antes el pirata encontrara comida, antes se irían a buscar tesoros de verdad. Aunque, si tenía que ser sincera…su estómago rogaba por algo que no fuera ron y frutas robadas por la calle desde hace semanas, tal vez no estaría tan mal hacer un intento de comida real, aunque sea rápido.
Abrió una de las puertas, encontrando finalmente todo tipo de verduras, al parecer esta gente tampoco escatimaban en cuanto se trataba de víveres. Abriendo las puertas al lado encontró carne, y así y así.
–¡Oh, Jack!-llamó, cantarina, con voz dulce e infantil–¿Quién dices que hace el trabajo aquí? ¿Quién acaba de encontrar comida de verdad? –canturreó, pero al mirar detrás de su hombro él no estaba ni cerca, se debió haber perdido por la casa, no lo culpaba, había muchas cosas tentadoras allí.
–…pirata de pacotilla-musitó, entre dientes, rodando los ojos, y prácticamente al instante sintió una presencia cerca de ella, seguido por los pasos fuertes de las botas de él–…digo, ¡Jackie, amor! Encontré los víveres, cielo.
Y como si fuera poco… ¡Iba a robar una mansión! Una auténtica mansión, que sólo había visto de lejos en Francia, una o dos, sin poder siquiera acercarse a dos pies. Cuando aún vivía en Ataúlfo, Gabe jamás había pensado en la remota posibilidad de robarle algo a cualquier persona {probablemente porque no tenía necesidad de hacerlo}. Sin embargo, desde que se había vuelto pirata, algunos de los códigos de su moral cambiaron. Mientras sea un poco de dinero, o algo que los afectados puedan reemplazar, no se sentiría culpable.
Gabe aun tenía reglas, no mataba, definitivamente. Y probablemente nunca lo hiciera {menos aun luego de todo el dolor pasado por Abel}, y era selectiva a los robos {no robes a los huérfanos, no robes en la Iglesia, no robes a los niños}.
Pero ahora ahí estaba, frente a sus ojos, la oportunidad de aquél viaje, el golpe que estaba esperando desde que en el barco anunciaron que habían tocado tierra, ¿Y quién mejor para acompañarla que su más reciente mejor amigo, el capitán Sparrow?
Llevaba ya cuatro meses en ese barco maloliente, lleno de hombres desagradables y alcohol hasta debajo de las maderas del suelo. Sin embargo, tenía su cierto encanto…cuando te acostumbrabas. Gabrielle, por su parte, se pasó esos meses pegada al capitán, ya que era la única persona mas o menos decente dentro de la tripulación, el único con quien podía hablar y reír sin recibir comentarios que le asquearan.
– No –negó con la cabeza, mirando la casa con una expresión de fascinación algo ridícula– , allá en Francia no había demasiadas mansiones. Excepto el castillo real, pero debías tener una muy buena excusa para acercarte aunque sea a diez pies de allí…Ese lugar es enorme, Jackie…¿Quién crees que viva ahí?
Conforme se acercaban, ella podía notar cómo el pirata analizaba el lugar con los ojos, tal como ella, probablemente buscando lo mismo. Señales de movimiento dentro, posibles puntos para entrar y salir, la gente alrededor de ellos, para que al entrar no sea tan obvio…Cinco años robando le habían dado una virtud para aquello; pero era evidente que Sparrow llevaba más tiempo en el negocio.
– ¿En serio? ¿Podemos entrar? –su voz era más aguda de lo normal, debido a la emoción que le daba el golpe que estaban a punto de realizar, miró a Jack con una sonrisa de oreja a oreja –. Oh, Jackie, te besaría si no tuvieras un aliento tan asquerosamente putrefacto… –lo dijo como lo más común del mundo, es más, parecía feliz mientras lo decía, con los ojos pegados en la mansión y el paso ligeramente acelerado hacia delante.
Sólo pudo soltar una risa, sin disimular en lo más mínimo, cuando mencionó que no estaba viejo. Jack le llevaba fácilmente diez años, técnicamente no era viejo con todas las letras, pero era divertido molestarlo con que sí. En realidad…era divertido molestarlo. Punto.
Básicamente así perdían el tiempo en el barco, molestándose y desafiándose el uno al otro, constantemente habían concursos por quién bebía más, burlas de Jack hacia Abel que terminaban en peleas con Gabrielle. Burlas de Gabrielle hacia Angélica que terminaban en peleas con Jack. Había un motivo diferente para discutir cada día, y esa misma discusión era el motivo de encontrarse a media noche en la cubierta del barco a beber y olvidar todo lo ocurrido durante el día. Era una rutina extraña, prácticamente tóxica, pero se sentía cómoda en ella.
Sí, probablemente Gabe estaba algo mal de la cabeza.
– Claro, cielo. Probablemente los guardias sean igual o más ancianos que tú-se rió bajito, mientras llegaban a la ventana que casualmente no tenía seguro, la gente que vivía en aquella mansión era demasiado descuidada o demasiado idiota–¿Realmente le dices a una jovencita voluptuosa, menor que tú por diez años, que no eres viejo? –rodó los ojos mientras entraba al lugar, al parecer esa ventana daba directo a la cocina, más grande y lujosa que la habitación donde ella dormía en su viejo hogar. Caminando despacio se acercó hacia la puerta, revisando cuidadosamente, hasta estrelló una estatuilla contra el piso, pensando que al hacer ruido escucharía los pasos frenéticos de las personas al instante. Al parecer estaban a salvo.
–. No hay nadie, entra…y cuidado con la cadera
Ambos piratas observaban la casa con una sonrisa de satisfacción en el rostro, el lugar era enorme, y mucho más lujoso de lo que esperaban. Jack profundizó la cocina mientras Gabrielle tomaba rumbo directo hacia uno de los salones. Inspeccionando qué podrían llevarse…había unos candelabros de plata bastante lujosos, que podrían venderse o como última opción derretirse, tenían relojes de pie con joyas y ya podía comenzar a ver el brillo de otras piedras en la habitación contigua, estiró su mano, con una sonrisa repleta de codicia, hacia los candelabros cuando un grito ensordecedor llamó su atención.
Rodó los ojos, así que Jack tenía hambre, qué genial… ¿No iban a llevarse nada?
Caminó con velocidad hacia la cocina, no tenía idea de cuándo podían regresar los dueños ni tampoco quería enterarse, el pirata estaba allí, con sus ropas andrajosas y su brújula apuntando hacia lo que su estómago más deseaba en aquél momento. Este tipo tiene que estar bromeando…
Pero al parecer eso no era ni un cuarto de la cocina que aquellos ricachones se costeaban, ya que cuando Jack la tomó bruscamente del brazo, la llevó hacia otra parte de la casa, repleta de alacenas y rincones donde bien podía haber comida.
–Jack, hay cosas realmente buenas en el salón, deberíamos… – “ Gabby cariño, usa tu olfato para encontrar comida, ¡Corre corre!” rodó los ojos, negando con la cabeza, y comenzó a buscar por las alacenas, abriendo una puerta a la vez, encontrando sólo instrumentos de cocina, no comida. –…No tenemos idea de cuándo regresará esta gente y tú sólo piensas en hacer un desayuno continental–se quejó, buscando lo más rápido que podía, cuanto antes el pirata encontrara comida, antes se irían a buscar tesoros de verdad. Aunque, si tenía que ser sincera…su estómago rogaba por algo que no fuera ron y frutas robadas por la calle desde hace semanas, tal vez no estaría tan mal hacer un intento de comida real, aunque sea rápido.
Abrió una de las puertas, encontrando finalmente todo tipo de verduras, al parecer esta gente tampoco escatimaban en cuanto se trataba de víveres. Abriendo las puertas al lado encontró carne, y así y así.
–¡Oh, Jack!-llamó, cantarina, con voz dulce e infantil–¿Quién dices que hace el trabajo aquí? ¿Quién acaba de encontrar comida de verdad? –canturreó, pero al mirar detrás de su hombro él no estaba ni cerca, se debió haber perdido por la casa, no lo culpaba, había muchas cosas tentadoras allí.
–…pirata de pacotilla-musitó, entre dientes, rodando los ojos, y prácticamente al instante sintió una presencia cerca de ella, seguido por los pasos fuertes de las botas de él–…digo, ¡Jackie, amor! Encontré los víveres, cielo.

Gabrielle Della Fournieth- Maestre en El Perla Negra
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Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
Gabrielle sencillamente parecía un perro cuando olfatea carne al estar hambriento, su excitación era tal que hasta asustaba, si antes era muy hiperactiva, ahora lo es más y es el triple de desagradable que antes. Llevaba ya un tiempo con ella, su sus cálculos no le fallan, más o menos 3 o 4 meses en el Perla Negra desde que la invitó a unirse a su tripulación cuando la encontró en Tortuga, día y noche se pregunta si esa fue la mejor decisión o sencillamente es una señal de que debería dejar el ron para decir coherencias........... ¡Nah! Eso nunca. Sabía que era de una familia decente, no nació como pirata y tal parecer ser que tampoco era su destino, tenía algo que no encajaba en ese mundo o quizás sencillamente no la soportaba del todo. Se sorprendió al escuchar que nunca había visto una mansión, ¿De qué cueva de Francia había salido?
-¿No hay mansiones en Francia? Vaya, a lo mejor saliste del pueblo más diminuto de ese país, no me sorprendería -Mira la mansión detenidamente, los que viven ahí, sinceramente tienen EL dinero-. No lo sé, puede que el que lleve las riendas de la casa sea un miembro del Parlamento o comercie esclavos, esas cosas dan dinero a montones -Todo estaba listo para entrar, no había nada que temer, se acercaron a la ventana-.
-Obviamente que podemos entrar niña, confía en mi -Escuchaba su comentario acerca de su aliento, era una de las tantas cosas que siempre se encargaba de recordarle que olían mal, palabras necias, oídos sordos-.
Así era siempre, parece que se tomó demasiada confianza con él desde que subió al barco, si fuese un tipo ya lo hubiese colgado del mástil para que aprendiera a respetar pero ella tenía algo que le decía que no importaba el castigo, seguiría y seguiría peor que nunca, así que mejor la deja ser hasta que se canse por sí misma y termine retirándose junto con su estúpido hermano del Perla y así volver a su vida normal, puede que algún día la emborrache tanto que quede inconsciente y así pueda deshacerse de ella en una isla desierta, algo nada original pero efectivo a su vez. Lo que más odiaba era que TODOS los días hacía un comentario sobre Angélica, otra razones por las cuales se arrepiente de beber es el hecho de hablarle de ella aquella noche de alcoholismo desenfrenado, desde ese día su vida se volvió un infierno, no solo la recordaba él, sino que de paso ella lo hacía todo de forma tan pero tan insoportable que provoca atarla al ancla y que Dios se apiade de su alma.
-Ancianos no, jóvenes cadetes sin la rapidéz ni la astucia de TU Capitán que es distinto... pero ya basta, mejor no te doy cuerda porque se qu no te callas nunca -Suspira y alza la ventana, como era de suponerse descubrió la que no tenía seguro, luego escucha el comentario de la chica que hizo que reprimiera una carcajada como pudo-. ¿V-voluptuosa? -Se quita una lágrima del ojo mientras la detalla de arriba hacia abajo y de atrás para adelante-, claro claro... tú tienes lo voluptuosa de lo que yo tengo de abstemio -Dijo mientras sostenía la ventana, esperando que ella entrara primero, rodó los ojos cuando escuchó que torpemente su tonta Maestre dejaba caer una estatua al suelo, ni se inmutó ya que sabía desde un principio que no había nadie en el lugar-. Dios... tenía que pasar -Pasó a la mansión con agilidad-.
Si, cuando Jack muere de hambre tiene que saciarlo inmediatamente y que mejor momento que ese, interrumpió la búsqueda de su tonta aprendíz de robos y la arrastró hasta la cocina, como era de esperarse no le gustó la idea pero su Capitán le dirá algo que le servirá para toda la vida.
-Te diré la razón por la cual no temo a que vengan los dueños, verás, te darás cuenta de que este lugar esta totalmente limpio, cosa que los dueños ordenaron a sus criados limpiar antes de irse, eso quiere decir que este lugar no lleva solo ni dos días, tu torpeza ayudó también a darme cuenta de la ausencia de almas en el lugar, por experiencia propia se que cuando los dueños se ausentarán por muchos días, se encargan de que los criados los sigan, ellos ni locos dejarán la casa sola esperando la traición de sus trabajadores y por último, todas las ventanas a excepción de ésta esta abierta, eso es para emergencias, si ocurre un percance en el viaje, los dueños tendrán fácil acceso al lugar dejando abierta una ventana, solo ellos saben cual es, ni siquiera le dicen nada a sus sirvientes, por si de por casualidad otra ventana está abierta, sabrán que uno de sus criados tuvo que ver en el asunto, ¿Ya podrías relajarte y disfrutar del lugar de una vez por todas? -Hizo toda la explicación con sus típicos movimientos exagerados de brazos, para cuando terminó no espero respuesta de la chica, dandose media vuelta hacia la cocina recién descubierta.
Al escuchar la voz cantarina de Gabrielle, se acercó a la despensa que descubrió y con un hombrazo la quitó del medio para adorar la Santa Comida que había ahí dentro, se imaginó mil cosas que podría hacer, puso manos a la obra.
-¡Muy bien Gabby! Veo que tú no solo sirves para acabarte todo el ron y hacer escándalo dejándo caer cosas en una casa donde se supone que deberías hacer el mínimo ruido -Aplaude muy sarcástico-. En fin, ya hiciste tu trabajo aquí -La agarra por el brazo y la lleva hasta el límite entre la cocina y el pasillo y la empuja sutilmente hasta afuera-. Tu Capitán va a cocinar algo magnífico y tú... bueno, puedes seguir tirando cosas por ahí, igual nos iremos hastes de que se den cuenta de quienes estaban aquí, así que Au revoir mademoiselle -Cierra ambas puertas-.
Jack dirige su atención de nuevo en la despensa, toma varios tomates, cebollas, lechuga, algunas frutas y carne, había a montón así que podía hacer algo decente para comer ese día. Se sentó en la mesa y miró los ingredientes que tenía, meditó unos instantes y se le ocurrió lo que podría hacer, algo sencillo pero quién se puede quejar, es Pirata, no Chef...
-¿No hay mansiones en Francia? Vaya, a lo mejor saliste del pueblo más diminuto de ese país, no me sorprendería -Mira la mansión detenidamente, los que viven ahí, sinceramente tienen EL dinero-. No lo sé, puede que el que lleve las riendas de la casa sea un miembro del Parlamento o comercie esclavos, esas cosas dan dinero a montones -Todo estaba listo para entrar, no había nada que temer, se acercaron a la ventana-.
-Obviamente que podemos entrar niña, confía en mi -Escuchaba su comentario acerca de su aliento, era una de las tantas cosas que siempre se encargaba de recordarle que olían mal, palabras necias, oídos sordos-.
Así era siempre, parece que se tomó demasiada confianza con él desde que subió al barco, si fuese un tipo ya lo hubiese colgado del mástil para que aprendiera a respetar pero ella tenía algo que le decía que no importaba el castigo, seguiría y seguiría peor que nunca, así que mejor la deja ser hasta que se canse por sí misma y termine retirándose junto con su estúpido hermano del Perla y así volver a su vida normal, puede que algún día la emborrache tanto que quede inconsciente y así pueda deshacerse de ella en una isla desierta, algo nada original pero efectivo a su vez. Lo que más odiaba era que TODOS los días hacía un comentario sobre Angélica, otra razones por las cuales se arrepiente de beber es el hecho de hablarle de ella aquella noche de alcoholismo desenfrenado, desde ese día su vida se volvió un infierno, no solo la recordaba él, sino que de paso ella lo hacía todo de forma tan pero tan insoportable que provoca atarla al ancla y que Dios se apiade de su alma.
-Ancianos no, jóvenes cadetes sin la rapidéz ni la astucia de TU Capitán que es distinto... pero ya basta, mejor no te doy cuerda porque se qu no te callas nunca -Suspira y alza la ventana, como era de suponerse descubrió la que no tenía seguro, luego escucha el comentario de la chica que hizo que reprimiera una carcajada como pudo-. ¿V-voluptuosa? -Se quita una lágrima del ojo mientras la detalla de arriba hacia abajo y de atrás para adelante-, claro claro... tú tienes lo voluptuosa de lo que yo tengo de abstemio -Dijo mientras sostenía la ventana, esperando que ella entrara primero, rodó los ojos cuando escuchó que torpemente su tonta Maestre dejaba caer una estatua al suelo, ni se inmutó ya que sabía desde un principio que no había nadie en el lugar-. Dios... tenía que pasar -Pasó a la mansión con agilidad-.
Si, cuando Jack muere de hambre tiene que saciarlo inmediatamente y que mejor momento que ese, interrumpió la búsqueda de su tonta aprendíz de robos y la arrastró hasta la cocina, como era de esperarse no le gustó la idea pero su Capitán le dirá algo que le servirá para toda la vida.
-Te diré la razón por la cual no temo a que vengan los dueños, verás, te darás cuenta de que este lugar esta totalmente limpio, cosa que los dueños ordenaron a sus criados limpiar antes de irse, eso quiere decir que este lugar no lleva solo ni dos días, tu torpeza ayudó también a darme cuenta de la ausencia de almas en el lugar, por experiencia propia se que cuando los dueños se ausentarán por muchos días, se encargan de que los criados los sigan, ellos ni locos dejarán la casa sola esperando la traición de sus trabajadores y por último, todas las ventanas a excepción de ésta esta abierta, eso es para emergencias, si ocurre un percance en el viaje, los dueños tendrán fácil acceso al lugar dejando abierta una ventana, solo ellos saben cual es, ni siquiera le dicen nada a sus sirvientes, por si de por casualidad otra ventana está abierta, sabrán que uno de sus criados tuvo que ver en el asunto, ¿Ya podrías relajarte y disfrutar del lugar de una vez por todas? -Hizo toda la explicación con sus típicos movimientos exagerados de brazos, para cuando terminó no espero respuesta de la chica, dandose media vuelta hacia la cocina recién descubierta.
Al escuchar la voz cantarina de Gabrielle, se acercó a la despensa que descubrió y con un hombrazo la quitó del medio para adorar la Santa Comida que había ahí dentro, se imaginó mil cosas que podría hacer, puso manos a la obra.
-¡Muy bien Gabby! Veo que tú no solo sirves para acabarte todo el ron y hacer escándalo dejándo caer cosas en una casa donde se supone que deberías hacer el mínimo ruido -Aplaude muy sarcástico-. En fin, ya hiciste tu trabajo aquí -La agarra por el brazo y la lleva hasta el límite entre la cocina y el pasillo y la empuja sutilmente hasta afuera-. Tu Capitán va a cocinar algo magnífico y tú... bueno, puedes seguir tirando cosas por ahí, igual nos iremos hastes de que se den cuenta de quienes estaban aquí, así que Au revoir mademoiselle -Cierra ambas puertas-.
Jack dirige su atención de nuevo en la despensa, toma varios tomates, cebollas, lechuga, algunas frutas y carne, había a montón así que podía hacer algo decente para comer ese día. Se sentó en la mesa y miró los ingredientes que tenía, meditó unos instantes y se le ocurrió lo que podría hacer, algo sencillo pero quién se puede quejar, es Pirata, no Chef...

Jack Sparrow- Mensajes: 17
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Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
Mirar la enorme casa cada vez le hacía sentir más y más en peligro, como si en cualquier momento los dueños pudieran entrar y dispararles directo en la frente. Sin embargo, la sensación de peligro le agradaba, de cierta manera. El hecho de poder ser descubiertos tan fácilmente era un tanto interesante. Y tan interesante como era, fue descartada cuando Jack hizo su enorme discurso {y un tanto aburrido, cuando quería parecer un experto en lo que decía lograba volverse aburrido, de alguna extraña manera} sobre por qué los dueños de la mansión no volverían en unos cuantos días. Aquello le quitó parte de la emoción al asunto, pero era una buena excusa para tomar todo lo que pudieran sin apresurarse ni sentir ninguna presión sobre sus hombros. Ahora sí sería el robo del siglo, ahora sí podían desalojar todo el lugar y utilizar el dinero para vivir a lo grande por meses…
…claro, que todo podría pasar más rápido si a Jack no se le hubiera ocurrido cocinar en medio de un plan de robo. Rodó los ojos, pero al fin y al cabo… ¿Qué podía hacer? Si realmente los dueños iban a estar tan ausentes, pues no importaba que perdieran un poco de tiempo, aunque fuera en algo tan tonto como cocinar. Gabe solía cocinar para su familia, hace años ya, cuando su madre se hallaba ocupada o ella estaba demasiado aburrida, pero no era algo que amara, en realidad, y menos que haría en la casa de las personas a las que pretendía despojar de sus posesiones.
Frunció el ceño cuando Jack la empujó hacia fuera, y antes de que pudiera abrir la boca para protestar, la puerta de la cocina se había cerrado en sus propias narices.
– ¿Tú…? ¿Cocinar? –no pudo evitar que por un segundo se pasara por su cabeza una imagen de Jack, moviendo exageradamente las manos sobre una olla humeante de salsa, intentando colocarle sal y arrojando todo el salero dentro debido a los extraños tics que poseía en los brazos. Dejando caer una de las chucherías que tenía en el cabello dentro de la sopa, cortando la ensalada con su espada y cosas así durante unos momentos. Luego simplemente cerró los ojos, negó con la cabeza y se alejó de forma resignada.
–Si pienso seguir con vida, no voy a comer nada de lo que ese inepto prepare… –la idea de un pirata cocinando era bastante chocante, y por un instante agradeció que las puertas le apartaran la vista de lo que sea que Jack estuviese haciendo.
Gabrielle comenzó a pasearse por el lugar, recorriendo las habitaciones con parsimonia, buscando lo mejor de cada una, lo más valioso que se podrían llevar de cada lugar, lo que más monedas les daría…más alcohol, más comida, más ropa que no pareciese de indigente. En fin, valdría la pena.
A veces Jack podía ser un completo idiota…
–¿A veces…? ¡Já!-De acuerdo, bien, la mayoría de las veces era un completo idiota, por eso mismo Gabe adoraba molestarlo, fingiendo acento español para fingir ser su antigua novia y lograr que se moleste. Beber su ron antes de que él llegara y lograr que se moleste. Quitarle su sombrero y lograr que se moleste. Y bueno, más o menos así pasaba todo el día…era divertido, ver su vena sobresalir de la piel hasta parecer que va explotar. Era divertido escucharlo gritar improperios que al fin y al cabo sólo le hacían reír más. Molestar a la gente siempre había sido divertido, pero Jack era un caso diferente. Su enojo le hacía reír el doble.
Mientras se llenaba los brazos con candelabros de plata y relojes incrustados de joyas pensaba si podría lograr llevarse algo que a Abel le gustara. Después de todo, el lugar era enorme, incluso tenía una planta alta, por la cual debías subir una escalera, ahí encontrabas la habitación del matrimonio, cerrado con llave {nada que un cuchillo y el ingenio de la chica no lograran abrir} repleto de las posesiones más valiosas del lugar, y un baño enorme, probablemente la habitación más grande de la casa… ¿Tanto alboroto por el lugar donde vas a…? Bah, estos ricos y sus costumbres extravagantes.
Descendió las escaleras con cuidado, despacio, con ambos brazos llenos de cosas de valor que había quitado de cada cuarto, mientras llegaba al piso de abajo y se acercaba a la cocina, donde suponía su compañero debía seguir. Ya había pasado un largo rato, tal vez media hora, que la muchacha aprovechó a la perfección. Abrió la puerta con una patada, ya que tenía las manos ocupadas, demasiado distraída en su botín como para tener delicadeza.
–Jackie, no tienes idea. Prácticamente cada mueble de allí debe costar una fortuna, la habitación principal es más grande que el patio de mi antiguo hogar. Y el baño…Dios santo, hay un baño arriba que es prácticamente una ciudad, desperdicio de espacio…en fin, arriba también está la habitación principal y podemos quitarles… –su discurso fue interrumpido por un aroma. Una fragancia penetrante que, lejos de ser el olor natural de Jack, era agradable, algo tan sensible ante su nariz que logró que su estómago rugiera con desesperación. Era comida, olor a comida recién preparada, lo cual le hizo quitar la vista del pirata y observar lo que había hecho.
–. Wow… –musitó, impresionada, aun con los brazos llenos de cosas ajenas, los ojos muy abiertos y la boca entreabierta–…eso se ve…comestible, Jackie. Yo creí que freirías una rata y le pondrías demasiada pimienta, y en lugar de preparar jugo pondrías una jarra de agua del riachuelo –se rió, sin despegar los ojos de la mesa servida, como si fuese una alucinación, como si hubiera algo que no le cerrara del todo, inclusive revisó la cocina con los ojos, en los rincones donde alguien podría esconderse, para asegurarse de que no le obligó a nadie a cocinar a punta de pistola fingiendo que fue él.
–. De acuerdo, lo admito, estoy impresionada. Sabes cocinar-dejó las cosas en el suelo, con cuidado, y tomó asiento en la mesa con movimientos lentos, como si en algún momento saliera alguien a decirle que era una broma, que la carne era de perro, o que habían secuestrado al verdadero Jack, aun seguía algo escéptica mas debía apegarse a los hechos–realmente sabes cocinar… –se encogió de hombros, al parecer algunas cosas no podían explicarse. El cielo es azul, hay cuatro puntos cardinales, los muertos podían regresar de la vida y Jack Sparrow sabía cocinar.
…claro, que todo podría pasar más rápido si a Jack no se le hubiera ocurrido cocinar en medio de un plan de robo. Rodó los ojos, pero al fin y al cabo… ¿Qué podía hacer? Si realmente los dueños iban a estar tan ausentes, pues no importaba que perdieran un poco de tiempo, aunque fuera en algo tan tonto como cocinar. Gabe solía cocinar para su familia, hace años ya, cuando su madre se hallaba ocupada o ella estaba demasiado aburrida, pero no era algo que amara, en realidad, y menos que haría en la casa de las personas a las que pretendía despojar de sus posesiones.
Frunció el ceño cuando Jack la empujó hacia fuera, y antes de que pudiera abrir la boca para protestar, la puerta de la cocina se había cerrado en sus propias narices.
– ¿Tú…? ¿Cocinar? –no pudo evitar que por un segundo se pasara por su cabeza una imagen de Jack, moviendo exageradamente las manos sobre una olla humeante de salsa, intentando colocarle sal y arrojando todo el salero dentro debido a los extraños tics que poseía en los brazos. Dejando caer una de las chucherías que tenía en el cabello dentro de la sopa, cortando la ensalada con su espada y cosas así durante unos momentos. Luego simplemente cerró los ojos, negó con la cabeza y se alejó de forma resignada.
–Si pienso seguir con vida, no voy a comer nada de lo que ese inepto prepare… –la idea de un pirata cocinando era bastante chocante, y por un instante agradeció que las puertas le apartaran la vista de lo que sea que Jack estuviese haciendo.
Gabrielle comenzó a pasearse por el lugar, recorriendo las habitaciones con parsimonia, buscando lo mejor de cada una, lo más valioso que se podrían llevar de cada lugar, lo que más monedas les daría…más alcohol, más comida, más ropa que no pareciese de indigente. En fin, valdría la pena.
A veces Jack podía ser un completo idiota…
–¿A veces…? ¡Já!-De acuerdo, bien, la mayoría de las veces era un completo idiota, por eso mismo Gabe adoraba molestarlo, fingiendo acento español para fingir ser su antigua novia y lograr que se moleste. Beber su ron antes de que él llegara y lograr que se moleste. Quitarle su sombrero y lograr que se moleste. Y bueno, más o menos así pasaba todo el día…era divertido, ver su vena sobresalir de la piel hasta parecer que va explotar. Era divertido escucharlo gritar improperios que al fin y al cabo sólo le hacían reír más. Molestar a la gente siempre había sido divertido, pero Jack era un caso diferente. Su enojo le hacía reír el doble.
Mientras se llenaba los brazos con candelabros de plata y relojes incrustados de joyas pensaba si podría lograr llevarse algo que a Abel le gustara. Después de todo, el lugar era enorme, incluso tenía una planta alta, por la cual debías subir una escalera, ahí encontrabas la habitación del matrimonio, cerrado con llave {nada que un cuchillo y el ingenio de la chica no lograran abrir} repleto de las posesiones más valiosas del lugar, y un baño enorme, probablemente la habitación más grande de la casa… ¿Tanto alboroto por el lugar donde vas a…? Bah, estos ricos y sus costumbres extravagantes.
Descendió las escaleras con cuidado, despacio, con ambos brazos llenos de cosas de valor que había quitado de cada cuarto, mientras llegaba al piso de abajo y se acercaba a la cocina, donde suponía su compañero debía seguir. Ya había pasado un largo rato, tal vez media hora, que la muchacha aprovechó a la perfección. Abrió la puerta con una patada, ya que tenía las manos ocupadas, demasiado distraída en su botín como para tener delicadeza.
–Jackie, no tienes idea. Prácticamente cada mueble de allí debe costar una fortuna, la habitación principal es más grande que el patio de mi antiguo hogar. Y el baño…Dios santo, hay un baño arriba que es prácticamente una ciudad, desperdicio de espacio…en fin, arriba también está la habitación principal y podemos quitarles… –su discurso fue interrumpido por un aroma. Una fragancia penetrante que, lejos de ser el olor natural de Jack, era agradable, algo tan sensible ante su nariz que logró que su estómago rugiera con desesperación. Era comida, olor a comida recién preparada, lo cual le hizo quitar la vista del pirata y observar lo que había hecho.
–. Wow… –musitó, impresionada, aun con los brazos llenos de cosas ajenas, los ojos muy abiertos y la boca entreabierta–…eso se ve…comestible, Jackie. Yo creí que freirías una rata y le pondrías demasiada pimienta, y en lugar de preparar jugo pondrías una jarra de agua del riachuelo –se rió, sin despegar los ojos de la mesa servida, como si fuese una alucinación, como si hubiera algo que no le cerrara del todo, inclusive revisó la cocina con los ojos, en los rincones donde alguien podría esconderse, para asegurarse de que no le obligó a nadie a cocinar a punta de pistola fingiendo que fue él.
–. De acuerdo, lo admito, estoy impresionada. Sabes cocinar-dejó las cosas en el suelo, con cuidado, y tomó asiento en la mesa con movimientos lentos, como si en algún momento saliera alguien a decirle que era una broma, que la carne era de perro, o que habían secuestrado al verdadero Jack, aun seguía algo escéptica mas debía apegarse a los hechos–realmente sabes cocinar… –se encogió de hombros, al parecer algunas cosas no podían explicarse. El cielo es azul, hay cuatro puntos cardinales, los muertos podían regresar de la vida y Jack Sparrow sabía cocinar.

Gabrielle Della Fournieth- Maestre en El Perla Negra
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Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
¿Por qué era tan dificil imaginarse a Jack cocinando? Bueno, creo que es muy dificil imaginarselo haciendo algo decente en vez de tomar ron y robar, a veces era interesante ver las caras de los demás cuando descubrian alguna habilidad nueva del Capitán y más si es relativamente honrada como cocinar y no apuntar a alguien en la cabeza obligándolo a ello como lo que la gente creería comunmente. Lástima que los demás de la tripulación no probarán sus platos, aunque tampoco quiere que se enteren, es una situación que lo ameritaba urgente, tanto que por eso no le interesa que Gabrielle sepa que puede hacerlo y que, por su bien, no se le ocurra decirle a nadie de uno de los tantos secretos de Jack Sparrow o la colgará en el mástil de cabeza por una semana. Es una buena chica y además inteligente, ella sabe lo que el conviene, ya más de una vez ha vivido en carne propia que si la amenaza, cumplirá al pie de la letra.
Una de las cosas que aprendió del oficio, es que muchas manos arruinan el mejor trabajo de un chef, así que aunque no hubiese dejado por nada del mundo que Gabrielle tocara algo con sus torpes manitas, es mejor mantenerla al margen de todo esto, así callara su linda pero enorme boca cuando pruebe lo que preparará. Sin más tiempo que perder, la sacó con "delicadeza" de la cocina y cerró la puerta sin siquiera darle derecho ni tiempo a replicas, es mejor, cuando le dan cuerda a la niñita para que hable, no se calla.
Ahora la pregunta del millón de Libras Esterlinas, ¿Qué iba a cocinar? Tenía un amplio repertorio, conoce lo suficiente de varias gastronomías pero... pensándolo bien eso llevaría bastante tiempo si se pone a cocinar de forma tan compuesta, así que mientras pensaba que hacer a la vez que golpeaba su frente con una cucharilla, según así podía pensar como un Chef... tenía todo en la mesa, solo tenía que improvisar.
Lo primero que hizo fue encender el horno con leña que había, para luego pelar algunos vegetales y preparar la carne con un poco de sal y una combinación de especias que aprendió de un cocinero inglés. Así estuvo, por un rato, era increiblemente rápido en eso, por supuesto, nadie puede tener tanta paz y tranquilidad con Gabrielle adentro, además de que su estómago le imploraba por comida, tenía buen aroma, la chiquilla esa no se podría quejar, no había comido nada decente en días, semanas, meses... Lo único que faltaba eran bebidas, tenía frutas en la mesa, pero por curiosidad decidió hurgar entre la despensa, estos ricos mínimo deberían tener algún vino caro por ahí. Solo encontró una botella de un vino francés, se sentirá como en casa por lo menos.
Todo iba bien hasta que vio que las puertas se abrían y detrás de ella estaba Gabrielle con un montón de cosas que había robado de esa casa. Como era de esperarse, la sorpresa en su rostro y todos sus sentidos encendidos al entrar a la cocina provocó en Jack un sonrisa de satisfacción que se vio borrada un instante por el comentario de la chica.
-Yo comeré esto, tú comerás rata a la pimienta rebozado con tripas de rata -Dice mientras acomoda todos los utensilios y cacerolas que no va a usar de la mesa-. No... no encontrarás a más nadie aqui, esto lo hice yo solo -Dice suspirando harto mientras comienza a colocar en la mesa los platos, los cubiertos y dos copas, coloca el vino en la mesa y comienza a traer el almuerzo-. Obvio que se cocinar Gabby, solo que no lo sabías, es obvio, tampoco ando por todos lados diciendo "Yo cocino ¡Yo cocino!"... y por favor espero que esto que acabas de ver, se quede aquí, nadie lo sabe... si escucho algún comentario inocente de alguien de la tripulación, más vale que te lances tú misma a los tiburones -Sonríe y coloca sobre la mesa un plato lleno de ensalada con vegetales perfectamente cortados-.
Entendía perfectamente a Gabrielle, comprendió que quizás era una broma por la forma en dirigirse a la mesa con desconfianza, en respuesta a eso abrió el horno y el olor de la carne se dispersa por toda la cocina, hace tres cortes con el cuchillo para ella y los otros tres para él, sirve papas al horno, algo de sopa en un plato hondo para ambos y destapa el vino y sirve hasta la mitad de las copas de ambos. Por último y como postre, varias frutas cortadas en cuadritos en un plato.
-Bon Appetit -Sonríe y se sienta en su lado en la mesa-. Si quieres más, que imagino que será lo más normal, allá hay más carne y papas, hice bastante, creo que se me pasó la mano -Esperó a que ella terminara de entrar en razón y que probara de primero-. Me dices que tal -Dice mientras coloca ambas manos en la mesa y la mira esperando su respuesta-.
Una de las cosas que aprendió del oficio, es que muchas manos arruinan el mejor trabajo de un chef, así que aunque no hubiese dejado por nada del mundo que Gabrielle tocara algo con sus torpes manitas, es mejor mantenerla al margen de todo esto, así callara su linda pero enorme boca cuando pruebe lo que preparará. Sin más tiempo que perder, la sacó con "delicadeza" de la cocina y cerró la puerta sin siquiera darle derecho ni tiempo a replicas, es mejor, cuando le dan cuerda a la niñita para que hable, no se calla.
Ahora la pregunta del millón de Libras Esterlinas, ¿Qué iba a cocinar? Tenía un amplio repertorio, conoce lo suficiente de varias gastronomías pero... pensándolo bien eso llevaría bastante tiempo si se pone a cocinar de forma tan compuesta, así que mientras pensaba que hacer a la vez que golpeaba su frente con una cucharilla, según así podía pensar como un Chef... tenía todo en la mesa, solo tenía que improvisar.
Lo primero que hizo fue encender el horno con leña que había, para luego pelar algunos vegetales y preparar la carne con un poco de sal y una combinación de especias que aprendió de un cocinero inglés. Así estuvo, por un rato, era increiblemente rápido en eso, por supuesto, nadie puede tener tanta paz y tranquilidad con Gabrielle adentro, además de que su estómago le imploraba por comida, tenía buen aroma, la chiquilla esa no se podría quejar, no había comido nada decente en días, semanas, meses... Lo único que faltaba eran bebidas, tenía frutas en la mesa, pero por curiosidad decidió hurgar entre la despensa, estos ricos mínimo deberían tener algún vino caro por ahí. Solo encontró una botella de un vino francés, se sentirá como en casa por lo menos.
Todo iba bien hasta que vio que las puertas se abrían y detrás de ella estaba Gabrielle con un montón de cosas que había robado de esa casa. Como era de esperarse, la sorpresa en su rostro y todos sus sentidos encendidos al entrar a la cocina provocó en Jack un sonrisa de satisfacción que se vio borrada un instante por el comentario de la chica.
-Yo comeré esto, tú comerás rata a la pimienta rebozado con tripas de rata -Dice mientras acomoda todos los utensilios y cacerolas que no va a usar de la mesa-. No... no encontrarás a más nadie aqui, esto lo hice yo solo -Dice suspirando harto mientras comienza a colocar en la mesa los platos, los cubiertos y dos copas, coloca el vino en la mesa y comienza a traer el almuerzo-. Obvio que se cocinar Gabby, solo que no lo sabías, es obvio, tampoco ando por todos lados diciendo "Yo cocino ¡Yo cocino!"... y por favor espero que esto que acabas de ver, se quede aquí, nadie lo sabe... si escucho algún comentario inocente de alguien de la tripulación, más vale que te lances tú misma a los tiburones -Sonríe y coloca sobre la mesa un plato lleno de ensalada con vegetales perfectamente cortados-.
Entendía perfectamente a Gabrielle, comprendió que quizás era una broma por la forma en dirigirse a la mesa con desconfianza, en respuesta a eso abrió el horno y el olor de la carne se dispersa por toda la cocina, hace tres cortes con el cuchillo para ella y los otros tres para él, sirve papas al horno, algo de sopa en un plato hondo para ambos y destapa el vino y sirve hasta la mitad de las copas de ambos. Por último y como postre, varias frutas cortadas en cuadritos en un plato.
-Bon Appetit -Sonríe y se sienta en su lado en la mesa-. Si quieres más, que imagino que será lo más normal, allá hay más carne y papas, hice bastante, creo que se me pasó la mano -Esperó a que ella terminara de entrar en razón y que probara de primero-. Me dices que tal -Dice mientras coloca ambas manos en la mesa y la mira esperando su respuesta-.

Jack Sparrow- Mensajes: 17
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Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
El sonido que su estómago produjo cuando el aroma de la carne en su mejor punto inundó el ambiente simplemente fue ridículo. Hacía demasiado tiempo que la muchacha no comía decentemente, y tan acostumbrada a ello estaba que simplemente omitió el hecho de saborear un platillo tal como aquél. Que no era el plato de un chef, por supuesto, pero era más de lo que ha probado en años.
Se sentó a la mesa, mientras su desconfianza se desvanecía poco a poco, notando cómo Jack colocaba los platos y la bebida, lo miró una ceja enarcada, conteniendo una risita mientras se mordía el labio.
–¿También eres camarero? –se rió, mientras observaba el plato de comida frente a ella y esperaba que el pirata tomara asiento del otro lado de la mesa, aquella era una situación extraña, surrealista, bizarra…pero ¿Qué podía hacer? Rechazar un almuerzo…jamás, ese no era el estilo Della Fournieth.
Cortó un trozo de carne, bastante grande {Por su mente se cruzó un pequeño recuerdo, instantáneo, de su madre mirándola comer en su casa y rogándole que corte trozos más pequeños, que algún día se iba a ahogar, mientras Abel se reía} y se lo llevó a la boca con voracidad.
–. Esto está realmente bueno, Jackie. Sinceramente no me lo esperaba –explicó, tragando, y al instante tomando los cubiertos entre sus manos menudas para continuar con lo que estaba haciendo. Así pasó un buen rato, en el cual no se hablaron entre sí, Gabrielle por estar demasiado ocupada devorando y sirviéndose a cada momento {repitió tres veces antes de quedarse finalmente satisfecha, y notó que Jack no se le quedó atrás}, hasta inclinarse en su silla, soltando un suspiro, hacia bastante que no tenía realmente el estómago lleno, y era agradable.
–. Lo único que lamento-empezó, colocando los pies en la mesa, inclinándose en la silla y observando el techo–, es que no estuviera Abel, él también merecía comer así…en fin, mejor que no sepa lo que haces –se rió suavemente, llevándose ambas manos al vientre y de por sí suponiendo el rostro que debía tener Jack en ese momento–. No, tonto, no le diré a nadie que cocinas. Así puedo extorsionarte con la información y obligarte a alimentarme cuando yo quiera –bromeó, sonriente, mientras se cruzaba de brazos y lo miraba desde el otro lado de la mesa.
–…Y dime, ¿Hay más facetas tuyas de ese estilo? ¿Tejes? ¿Haces lindos bordados floreados? –soltó una risita, aun al borde de las nauseas por la gula podía disfrutar de molestar al capitán Sparrow.
Se volvió a sentar como un ser humano para terminar su quinta copa de vino mientras le observaba con una sonrisita. Tal y como se había dicho antes, toda la situación en sí era extraña. Entrar a una mansión de desconocidos esperando robar un gran botín, y acabar almorzando como si fuera lo más normal del mundo.
–. Bueno… –se levantó de la mesa, sacudiéndose las manos y observando al capitán, adornando su rostro de facciones joviales con una gran sonrisa–…oficialmente ya no tengo hambre, no tengo más que felicitarlo, capitán. Aunque disfrute el momento, dudo que vuelva a pasar –se tronó los dedos de las manos mientras observaba los objetos retirados por ella, apilados en un rincón de la cocina.
–. ¿Y ahora?-inquirió, mirándolo con la curiosidad brillando en sus pupilas de color azul–¿Vas a tomarte el tiempo de ver lo que pude tomar hasta ahora? –preguntó, indicando con su mano su botín–¿O prefieres darte un baño de burbujas? –rodó los ojos, obviamente estaba bromeando.
Se desperezó mientras esperaba una respuesta del pirata. Si pudiera escoger ella, pensando a través de sus necesidades y no de lo que tenía que hacer, escogería recostarse en ese enorme colchón de plumas de la habitación que estaba al subir las escaleras y dormiría hasta que no haya un mañana.
Sin embargo, aun con la distracción de la comida, estaban allí para otra cosa, para llevarse todo lo que pudiesen y venderlo en el próximo puerto, después de todo, si Jack tenía la razón y los dueños del hogar iban a tardar tanto en regresar, podían tomarse todo el tiempo del mundo para ser meticulosos y buscar por todos los rincones del lugar.
Se sentó a la mesa, mientras su desconfianza se desvanecía poco a poco, notando cómo Jack colocaba los platos y la bebida, lo miró una ceja enarcada, conteniendo una risita mientras se mordía el labio.
–¿También eres camarero? –se rió, mientras observaba el plato de comida frente a ella y esperaba que el pirata tomara asiento del otro lado de la mesa, aquella era una situación extraña, surrealista, bizarra…pero ¿Qué podía hacer? Rechazar un almuerzo…jamás, ese no era el estilo Della Fournieth.
Cortó un trozo de carne, bastante grande {Por su mente se cruzó un pequeño recuerdo, instantáneo, de su madre mirándola comer en su casa y rogándole que corte trozos más pequeños, que algún día se iba a ahogar, mientras Abel se reía} y se lo llevó a la boca con voracidad.
–. Esto está realmente bueno, Jackie. Sinceramente no me lo esperaba –explicó, tragando, y al instante tomando los cubiertos entre sus manos menudas para continuar con lo que estaba haciendo. Así pasó un buen rato, en el cual no se hablaron entre sí, Gabrielle por estar demasiado ocupada devorando y sirviéndose a cada momento {repitió tres veces antes de quedarse finalmente satisfecha, y notó que Jack no se le quedó atrás}, hasta inclinarse en su silla, soltando un suspiro, hacia bastante que no tenía realmente el estómago lleno, y era agradable.
–. Lo único que lamento-empezó, colocando los pies en la mesa, inclinándose en la silla y observando el techo–, es que no estuviera Abel, él también merecía comer así…en fin, mejor que no sepa lo que haces –se rió suavemente, llevándose ambas manos al vientre y de por sí suponiendo el rostro que debía tener Jack en ese momento–. No, tonto, no le diré a nadie que cocinas. Así puedo extorsionarte con la información y obligarte a alimentarme cuando yo quiera –bromeó, sonriente, mientras se cruzaba de brazos y lo miraba desde el otro lado de la mesa.
–…Y dime, ¿Hay más facetas tuyas de ese estilo? ¿Tejes? ¿Haces lindos bordados floreados? –soltó una risita, aun al borde de las nauseas por la gula podía disfrutar de molestar al capitán Sparrow.
Se volvió a sentar como un ser humano para terminar su quinta copa de vino mientras le observaba con una sonrisita. Tal y como se había dicho antes, toda la situación en sí era extraña. Entrar a una mansión de desconocidos esperando robar un gran botín, y acabar almorzando como si fuera lo más normal del mundo.
–. Bueno… –se levantó de la mesa, sacudiéndose las manos y observando al capitán, adornando su rostro de facciones joviales con una gran sonrisa–…oficialmente ya no tengo hambre, no tengo más que felicitarlo, capitán. Aunque disfrute el momento, dudo que vuelva a pasar –se tronó los dedos de las manos mientras observaba los objetos retirados por ella, apilados en un rincón de la cocina.
–. ¿Y ahora?-inquirió, mirándolo con la curiosidad brillando en sus pupilas de color azul–¿Vas a tomarte el tiempo de ver lo que pude tomar hasta ahora? –preguntó, indicando con su mano su botín–¿O prefieres darte un baño de burbujas? –rodó los ojos, obviamente estaba bromeando.
Se desperezó mientras esperaba una respuesta del pirata. Si pudiera escoger ella, pensando a través de sus necesidades y no de lo que tenía que hacer, escogería recostarse en ese enorme colchón de plumas de la habitación que estaba al subir las escaleras y dormiría hasta que no haya un mañana.
Sin embargo, aun con la distracción de la comida, estaban allí para otra cosa, para llevarse todo lo que pudiesen y venderlo en el próximo puerto, después de todo, si Jack tenía la razón y los dueños del hogar iban a tardar tanto en regresar, podían tomarse todo el tiempo del mundo para ser meticulosos y buscar por todos los rincones del lugar.

Gabrielle Della Fournieth- Maestre en El Perla Negra
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Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
Jack Sparrow SI sabe cocinar y eso lo hace sentirse orgulloso, un Pirata tan famoso como él debería de saber hacer de todo, además a eso le gusta a las chicas... aunque solo Gabrielle haya presenciado sus dotes culinarios y para él es absolutamente raro que se le haya antojado con ella, tampoco es que sea la gran cosa, apenas es la Maestre del Perla y nada más. Aunque sea ese el caso, ella más bien debería estar agradecida por todo lo que le preparo, hasta le acomodó la mesa, ese si que fue un motivo de risa para ella, él solo sonríe como para no responderle, aunque si tenía esa curiosidad de saber que tal estaba lo que hizo y más de una chica que lo único que hace es criticar y criticar, desde por qué el barco esta tan viejo hasta ridiculizar a su propio Capitán; Jack mientras pensaba eso dio un suspiro sin razón aparente mientras se sentaba, en su rostro se dibujó una media sonrisa al escuchar sus merecidos halagos, a pesar de que no lo hacía tan seguido y eso porque no tenía cómo, se había superado él mismo aquel día y para él es suficiente. No aguantó la espera y comenzó a comer también, casi llora de la felicidad al probar comida de verdad después de mucho tiempo de alimentarse con lo que sea que encuentre tampoco es algo sano.
Comieron hasta que sencillamente no quedó más nada, dejar la comida sencillamente es un pecado para ellos que después de eso se vieron y se rieron como tontos por un momento y luego de un largo suspiro de satisfacción por estar lleno, tomó el último sorbo de vino que había en su copa y se levanto de la silla estirándose abriendo los brazos.
-Que bueno que disfrutó del almuerzo Maestre, y tiene razón en decir que no volverá a pasar así que si gusta, coma hasta la última migaja de su plato o pásele la lengua si lo desea-Deja la mesa tal cual como está y va camino hacia la puerta, pero un comentario de la chica hace que se pare en seco y voltee a mirarla de reojo sonriendo-. Es cierto... me parece perfecto eso del baño, gracias... si me disculpas iré a profanar con mi cuerpo sucio el baño principal de esta casa -Jack sin esperar a que ella contestara, siguió su rumbo hacia la puerta de la cocina mientras caminaba con ese pasito tan único en él por los pasillos tarareando una canción pirata.
En esas casas, lo más común era encontrar la habitación principal en el piso de arriba, subió las escaleras tranquilamente mientras sus pasos hacían ligeros ruidos cuando pisaba cada escalón, de ahí solo tuvo que revisar cada una de las puertas del segundo piso para encontrar la habitación más elegante. Tardó unos minutos, se golpea la cabeza con la palma de la mano levemente al no buscar desde un principio la puerta más grande y mejor ornamentada de todas, ya era cuestión de girar las cerraduras al mismo tiempo y abrirlas a la par para ver una maravillosa habitación, muy grande, con un decorado fino digno de un noble, aunque luego se fijaría en los detalles, traspasó la habitación hasta la puerta dentro de ese cuarto, si Gabrielle tenía razón, detrás de esta puerta debería estar ese baño majestuoso del que le habló hace poco, con mucha seguridad y mientras se imaginaba el mismo como podría ser lo que vería a continuación, giró la cerradura solo para quedarse sorprendido de la poca imaginación que tuvo hace unos instantes, el baño era de otro mundo, lo que había pasado por su mente era un baño ideal para un clase media-baja comparado con lo que veían sus ojos en ese momento. Era gigante, es increible que haya esta vez no exageró en detalles, había una bañera en el centro, un estante que al verlo tenía esas sales con aromas, jabones y demás artículos de limpieza que prácticamente solo ha usado como cuatro o cinco veces en su vida. No resistió más la tentación y se retiró la ropa, dejándola a un lado y comenzó a llenar la bañera con el agua mientras veía que jabón tomar, tampoco iba a exagerar... ¡Bahj! Quizás no iba a volver a bañarse más nunca en su vida y era ahora o nunca el momento en que se podía dar el lujo de hacerlo como un señor de la alta sociedad.
Tomó una sal aromática y jabón espumoso, colocó dichos en toda la bañera que ya estaba prácticamente llena, introdujo una pierna para irse acostumbrando al frío de apoco hasta que ya estaba totalmente adentro, cerró los ojos y con la típica pose de los brazos afuera de la bañera mientras que la espuma comenzaba a brotar de a poco, cerró los ojos relajandose por completo, sonreía de lado, estaba empezando a disfrutar ese baño tranquilo y hasta deseaba que nunca se acabara esa pequeña suerte que tuvieron. Sumergió su cabeza por unos diez segundos para salir de nuevo y girar rápidamente su cráneo como un perro para eliminar algo del agua de sus dreadlocks y volver a su pose de relajación extrema.
-En el mar la vida es más sabrosa... y en esta bañera también -Dijo tonteando con él mismo en un estado parecido a la ebriedad mientras tarareaba una canción, puede sinceramente acostumbrarse a eso.
Comieron hasta que sencillamente no quedó más nada, dejar la comida sencillamente es un pecado para ellos que después de eso se vieron y se rieron como tontos por un momento y luego de un largo suspiro de satisfacción por estar lleno, tomó el último sorbo de vino que había en su copa y se levanto de la silla estirándose abriendo los brazos.
-Que bueno que disfrutó del almuerzo Maestre, y tiene razón en decir que no volverá a pasar así que si gusta, coma hasta la última migaja de su plato o pásele la lengua si lo desea-Deja la mesa tal cual como está y va camino hacia la puerta, pero un comentario de la chica hace que se pare en seco y voltee a mirarla de reojo sonriendo-. Es cierto... me parece perfecto eso del baño, gracias... si me disculpas iré a profanar con mi cuerpo sucio el baño principal de esta casa -Jack sin esperar a que ella contestara, siguió su rumbo hacia la puerta de la cocina mientras caminaba con ese pasito tan único en él por los pasillos tarareando una canción pirata.
En esas casas, lo más común era encontrar la habitación principal en el piso de arriba, subió las escaleras tranquilamente mientras sus pasos hacían ligeros ruidos cuando pisaba cada escalón, de ahí solo tuvo que revisar cada una de las puertas del segundo piso para encontrar la habitación más elegante. Tardó unos minutos, se golpea la cabeza con la palma de la mano levemente al no buscar desde un principio la puerta más grande y mejor ornamentada de todas, ya era cuestión de girar las cerraduras al mismo tiempo y abrirlas a la par para ver una maravillosa habitación, muy grande, con un decorado fino digno de un noble, aunque luego se fijaría en los detalles, traspasó la habitación hasta la puerta dentro de ese cuarto, si Gabrielle tenía razón, detrás de esta puerta debería estar ese baño majestuoso del que le habló hace poco, con mucha seguridad y mientras se imaginaba el mismo como podría ser lo que vería a continuación, giró la cerradura solo para quedarse sorprendido de la poca imaginación que tuvo hace unos instantes, el baño era de otro mundo, lo que había pasado por su mente era un baño ideal para un clase media-baja comparado con lo que veían sus ojos en ese momento. Era gigante, es increible que haya esta vez no exageró en detalles, había una bañera en el centro, un estante que al verlo tenía esas sales con aromas, jabones y demás artículos de limpieza que prácticamente solo ha usado como cuatro o cinco veces en su vida. No resistió más la tentación y se retiró la ropa, dejándola a un lado y comenzó a llenar la bañera con el agua mientras veía que jabón tomar, tampoco iba a exagerar... ¡Bahj! Quizás no iba a volver a bañarse más nunca en su vida y era ahora o nunca el momento en que se podía dar el lujo de hacerlo como un señor de la alta sociedad.
Tomó una sal aromática y jabón espumoso, colocó dichos en toda la bañera que ya estaba prácticamente llena, introdujo una pierna para irse acostumbrando al frío de apoco hasta que ya estaba totalmente adentro, cerró los ojos y con la típica pose de los brazos afuera de la bañera mientras que la espuma comenzaba a brotar de a poco, cerró los ojos relajandose por completo, sonreía de lado, estaba empezando a disfrutar ese baño tranquilo y hasta deseaba que nunca se acabara esa pequeña suerte que tuvieron. Sumergió su cabeza por unos diez segundos para salir de nuevo y girar rápidamente su cráneo como un perro para eliminar algo del agua de sus dreadlocks y volver a su pose de relajación extrema.
-En el mar la vida es más sabrosa... y en esta bañera también -Dijo tonteando con él mismo en un estado parecido a la ebriedad mientras tarareaba una canción, puede sinceramente acostumbrarse a eso.

Jack Sparrow- Mensajes: 17
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Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
Tuvo que reprimirse lo suficiente como para no insultarlo mientras se iba fuera de la cocina, al parecer al piso de arriba, a darse un baño. ¿Darse un baño? ¿En serio? Está bien que la cena fuera necesaria, no habían ingerido nada decente a su organismo en mucho tiempo. Pero el hecho de tener una mansión a su disposición, con objetos de valor por doquier, y que él prefiriese darse un baño que interesarse mínimamente por todo el oro que podrían sacar de aquél lugar, esa actitud simplemente le ponía los pelos de punta.
Sin embargo, ella conocía a Jack Sparrow {demonios, si lo conocía}, y sabía que hablarle y maldecirlo como a cualquier otra persona no serviría, porque él era terco como una mula y con el cerebro del tamaño una roca. Sabía que insistirle una vez más en buscar cosas para quitarles antes de que entrara al baño sería tan inútil como intentar detener la lluvia con las manos, por lo que decidió enviar todo al demonio ella también, dejando las cosas que pudo conseguir en la cocina, y buscando alguna de sus bebidas favoritas para bajar la comida. Después de todo, el lugar era enorme, las alacenas contenían más cosas de lo que los ojos podrían esperar percibir al abrirlas, y todas, absolutamente todas, estaban llenas.
–Já, encontré el botín… –en su rostro se formó una sonrisa que pronto se ensanchó al ver lo que esperaba encontrar. Una bodega completamente llena de vinos, los dueños del lugar debían ser coleccionistas o algo por el estilo, guardando las botellas como si fueran premios detrás de vitrinas de cristal, vaya desperdicio–…pues, lo lamento por ustedes –tomó la primera botella que vio, de una de las marcas más refinadas y costosas de Inglaterra, al parecer, y le quitó el corcho con los dientes, dándole un trago largo que disfrutó sentir por su garganta, era exquisito.
Emborracharse con vinos…una borrachera demasiado lujosa para una piratilla cuyo mayor logro en el día es robar alguna pieza de joyería a una anciana desprevenida, pero al fin y al cabo, eran oportunidades que se daban una sola vez en la vida, y Gabe no pensaba desaprovecharla.
Y vaya que no lo hizo…
El dulce sabor de la primera botella inundó su ser, para dar paso a la segunda, y la tercera, y así terminó con seis botellas de vino vacías a sus pies, intentando contener los ataques de hipo y las risitas tontas que le daban cada vez que bebía de más.
Ya había olvidado por completo su propósito en aquella casa, ya había olvidado el hecho de saquear y quitarles de las garras todo lo que pudiera a los anónimos dueños del lugar, incluso había olvidado al roñoso pirata con el que había decidido ver el lugar hasta que ese aleatorio pensamiento cruzó por su cabeza.
–¡Ja…Jackie!-exclamó, de repente, recordando la existencia del capitán del Perla, el cual, por lo que recordaba, sólo estaba escaleras arriba. ¡Tenía que avisarle a Jackie sobre aquella bodega de vinos, iba a quedar encantado! ¡Iban a emborracharse juntos y entonar canciones de piratas!
Intentó levantarse, aunque sus piernas temblaban ligeramente, mientras soltaba una que otra risita sin sentido alguno, por el simple hecho de estar pasada de copas y ver todo divertido. Bastante mareada, notando cómo el mundo daba vueltas a su alrededor, salió de la cocina como pudo, sonriendo ampliamente, como si ver la escalera que llevaba al segundo piso de la mansión se tratara de una montaña que hay que escalar, una aventura de proporciones colosales.
Intentó pisar un par de escalones, trastabillándose y sosteniéndose del barandal de la escalera, soltando una alegre carcajada mientras pisaba, un escalón a la vez, con una expresión de profunda concentración que bien podría haberse tratado de investigar el más complicado de los misterios del universo. Cuando por fin tuvo el acceso al piso de arriba comenzó a buscar a su compañero, balanceándose hacia atrás y adelante al caminar, con una sonrisa grande y estúpida que sólo se plantaba en su rostro cuando bebía de más.
–¿Jaaaackie…? –canturreó, abriendo una de las puertas, se trataba de un armario de gruesos abrigos de piel, olían casi tan mal como su mejor amigo, pero no era él. Cerró la puerta parpadeando varias veces y con una sonrisilla pícara abrió la segunda puerta con una patada–¡TE ENCONTRÉ!-chilló, alegre, para encontrarse con una habitación perfectamente acomodada, la cama matrimonial tendida con una pulcritud impecable, rodó los ojos y continuó en su búsqueda. La última puerta que tenía frente a ella era un completo misterio, la abrió con rapidez y al ver lo que se hallaba dentro, su sonrisa simplemente se ensanchó más.
–¡Aquí estás! -claro, no notó un pequeño detalle hasta que era demasiado tarde. Jack estaba en una bañera, completamente cubierto por una capa de jabones y sales minerales, y la observaba con una ceja enarcada–¡Jackie! Tienes que ver la bodega de vinos que acabo de encontrar, es…Oh, ya veo…¡Te estás bañando! ¡Estás desnudo! –lo señaló con el dedo índice, estallando en carcajadas por alguna razón que sólo los dioses sabrían, cuando estaba ebria era el doble de molesta e hiperactiva que de costumbre, una de las razones por la cual todo el barco se alejaba de ella cuando se emborrachaba.
Sin embargo, ninguna cantidad de alcohol en sangre pudo prepararla para el movimiento que el pirata efectuó a continuación. Se levantó de la bañera, mirándola fijamente a los ojos y mostrando por completo una desnudez que Gabrielle jamás había tenido la oportunidad de ver justamente en él. Los ojos de la muchacha recorrieron el cuerpo del pirata sin poderlo evitar, con la boca ligeramente abierta, sorprendida por su acción, ¿Qué estaba ocurriendo?
Los brazos de Jack se posicionaron a sus costados, mientras lentamente la acercaba a la pared, acorralándola entre el frío mármol del baño y su cálido cuerpo desvestido.
–. Jackie, ¿Q-qué…?-tragó saliva, observando sus ojos, siempre delineados de esa extraña manera que él tanto amaba usar–¿…estás buscando problemas, capitán? –la sorpresa se le fue en cuestión de instantes, el estado de ebriedad en el que se encontraba acentuaba más su personalidad de por sí atrevida, recorrió el pecho empapado de Jack con una mano y su espalda con la otra, sin dejar de observar sus profundos ojos llenos de algo que jamás había visto en él; …¿Lujuria, tal vez?
Sin embargo, ella conocía a Jack Sparrow {demonios, si lo conocía}, y sabía que hablarle y maldecirlo como a cualquier otra persona no serviría, porque él era terco como una mula y con el cerebro del tamaño una roca. Sabía que insistirle una vez más en buscar cosas para quitarles antes de que entrara al baño sería tan inútil como intentar detener la lluvia con las manos, por lo que decidió enviar todo al demonio ella también, dejando las cosas que pudo conseguir en la cocina, y buscando alguna de sus bebidas favoritas para bajar la comida. Después de todo, el lugar era enorme, las alacenas contenían más cosas de lo que los ojos podrían esperar percibir al abrirlas, y todas, absolutamente todas, estaban llenas.
–Já, encontré el botín… –en su rostro se formó una sonrisa que pronto se ensanchó al ver lo que esperaba encontrar. Una bodega completamente llena de vinos, los dueños del lugar debían ser coleccionistas o algo por el estilo, guardando las botellas como si fueran premios detrás de vitrinas de cristal, vaya desperdicio–…pues, lo lamento por ustedes –tomó la primera botella que vio, de una de las marcas más refinadas y costosas de Inglaterra, al parecer, y le quitó el corcho con los dientes, dándole un trago largo que disfrutó sentir por su garganta, era exquisito.
Emborracharse con vinos…una borrachera demasiado lujosa para una piratilla cuyo mayor logro en el día es robar alguna pieza de joyería a una anciana desprevenida, pero al fin y al cabo, eran oportunidades que se daban una sola vez en la vida, y Gabe no pensaba desaprovecharla.
Y vaya que no lo hizo…
El dulce sabor de la primera botella inundó su ser, para dar paso a la segunda, y la tercera, y así terminó con seis botellas de vino vacías a sus pies, intentando contener los ataques de hipo y las risitas tontas que le daban cada vez que bebía de más.
Ya había olvidado por completo su propósito en aquella casa, ya había olvidado el hecho de saquear y quitarles de las garras todo lo que pudiera a los anónimos dueños del lugar, incluso había olvidado al roñoso pirata con el que había decidido ver el lugar hasta que ese aleatorio pensamiento cruzó por su cabeza.
–¡Ja…Jackie!-exclamó, de repente, recordando la existencia del capitán del Perla, el cual, por lo que recordaba, sólo estaba escaleras arriba. ¡Tenía que avisarle a Jackie sobre aquella bodega de vinos, iba a quedar encantado! ¡Iban a emborracharse juntos y entonar canciones de piratas!
Intentó levantarse, aunque sus piernas temblaban ligeramente, mientras soltaba una que otra risita sin sentido alguno, por el simple hecho de estar pasada de copas y ver todo divertido. Bastante mareada, notando cómo el mundo daba vueltas a su alrededor, salió de la cocina como pudo, sonriendo ampliamente, como si ver la escalera que llevaba al segundo piso de la mansión se tratara de una montaña que hay que escalar, una aventura de proporciones colosales.
Intentó pisar un par de escalones, trastabillándose y sosteniéndose del barandal de la escalera, soltando una alegre carcajada mientras pisaba, un escalón a la vez, con una expresión de profunda concentración que bien podría haberse tratado de investigar el más complicado de los misterios del universo. Cuando por fin tuvo el acceso al piso de arriba comenzó a buscar a su compañero, balanceándose hacia atrás y adelante al caminar, con una sonrisa grande y estúpida que sólo se plantaba en su rostro cuando bebía de más.
–¿Jaaaackie…? –canturreó, abriendo una de las puertas, se trataba de un armario de gruesos abrigos de piel, olían casi tan mal como su mejor amigo, pero no era él. Cerró la puerta parpadeando varias veces y con una sonrisilla pícara abrió la segunda puerta con una patada–¡TE ENCONTRÉ!-chilló, alegre, para encontrarse con una habitación perfectamente acomodada, la cama matrimonial tendida con una pulcritud impecable, rodó los ojos y continuó en su búsqueda. La última puerta que tenía frente a ella era un completo misterio, la abrió con rapidez y al ver lo que se hallaba dentro, su sonrisa simplemente se ensanchó más.
–¡Aquí estás! -claro, no notó un pequeño detalle hasta que era demasiado tarde. Jack estaba en una bañera, completamente cubierto por una capa de jabones y sales minerales, y la observaba con una ceja enarcada–¡Jackie! Tienes que ver la bodega de vinos que acabo de encontrar, es…Oh, ya veo…¡Te estás bañando! ¡Estás desnudo! –lo señaló con el dedo índice, estallando en carcajadas por alguna razón que sólo los dioses sabrían, cuando estaba ebria era el doble de molesta e hiperactiva que de costumbre, una de las razones por la cual todo el barco se alejaba de ella cuando se emborrachaba.
Sin embargo, ninguna cantidad de alcohol en sangre pudo prepararla para el movimiento que el pirata efectuó a continuación. Se levantó de la bañera, mirándola fijamente a los ojos y mostrando por completo una desnudez que Gabrielle jamás había tenido la oportunidad de ver justamente en él. Los ojos de la muchacha recorrieron el cuerpo del pirata sin poderlo evitar, con la boca ligeramente abierta, sorprendida por su acción, ¿Qué estaba ocurriendo?
Los brazos de Jack se posicionaron a sus costados, mientras lentamente la acercaba a la pared, acorralándola entre el frío mármol del baño y su cálido cuerpo desvestido.
–. Jackie, ¿Q-qué…?-tragó saliva, observando sus ojos, siempre delineados de esa extraña manera que él tanto amaba usar–¿…estás buscando problemas, capitán? –la sorpresa se le fue en cuestión de instantes, el estado de ebriedad en el que se encontraba acentuaba más su personalidad de por sí atrevida, recorrió el pecho empapado de Jack con una mano y su espalda con la otra, sin dejar de observar sus profundos ojos llenos de algo que jamás había visto en él; …¿Lujuria, tal vez?

Gabrielle Della Fournieth- Maestre en El Perla Negra
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Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
Puede que parezca una ironía que Jack le encante estar en esa bañera con agua limpia y además con sales aromáticas y toda esa espuma que apenas deja ver su cabeza emerger del agua, quizás nadie se ha puesto a pensar que en donde un pirata hecho y derecho va a encontrar un lugar donde darse un baño tranquilo, ¿En Tortuga? Jamás encontraría en ese sitio agua lo suficientemente limpia, bañarse ahí sería como sencillamente cambiar los gérmenes que tenía por unos nuevos.
Estaba todo tan tranquilo mientras se bañaba, no mucha gente sabía pero desde hace mucho tiempo, Jack no duerme tanto como antes, desde aquel motín con Barbossa, se Segundo al Mando, ya casi no confía en nadie, ni en su sombra, pero esta vez era distinto, ¿De qué podría temer estando en esa mansión solo con Gabrielle que, a pesar de que es toda hiperactiva y tonta, no presenta ningún peligro? Además de que si llegasen los dueños del lugar, muchísimo menos podría temer de esa gente, una huída a lo Jack Sparrow bastaría.
Tan concentrado estaba en sus pensamientos absurdos y hasta paranoicos, que se quedó dormido y ni se dio cuenta, de la nada comenzó a soñar con la Maestre Della Fournieth, su sonrisa tonta y molesta, con sus manos torpes y con su carácter tan chocante a veces. Esa acaparadora de ron que pelea con toda la tripulación del Perla Negra... Si tanto le molesta su existencia, ¿Por qué la invitó a pertenecer a la tripulación? Eso ni él lo sabe, aunque desde la primera vez que la vio supo que era alguien especial y más porque tuvo la osadía de retarla a una competencia de resistencia al ron, novata... solo después se dio cuenta de que ella apenas estaba comenzando su aventura como pirata, eso era entendible, tenía muchas cosas que aprender sencillamente. Su sueño, le parecía tan extrañamente real, hasta el Jack en el sueño interactuaba con ella, en un estado de embriaguez muy típico en ellos dos, riéndose como locos de cualquier cosa sin sentido que solo a ellos les provoca esas carcajadas.
De la nada escucha su voz a lo lejos, lo que hizo que se despertara de golpe mientras se levanta desorientado de la bañera, ahí estaba ella hablando de algo que no entendió pero luego, esa risa molesta se hizo presente, lo señalaba con ese dedo índice acusador mientras se burlaba de quién sabe qué, ¿Con qué si eh? A ver si lo próximo le causaba risa... sin razón aparente, Jack subió una pierna para abandonar el interior de la bañera, no le importaba que estuviese como Dios lo trajo al mundo, mucho menos que estuviese mojando todo el suelo, tampoco le importó el hecho de que a quien se le estaba acercando era su Maestre que en un abrir y cerrar de ojos dejó de reírse para que su mirada atrevida y sin un poco de vergüenza recorriera su cuerpo completamente desnudo y sin saber que hacer. Jack al estar tan cerca, provoco que la chica retrocediera lentamente hasta que se le acabó la vía de escape gracias a la pared, quedando atrapada entre el concreto y el Capitán que además frustró cualquier intento de huída. Era entendible esa mirada, esa expresión de sorpresa y ese trago fuerte de saliva por parte de la chica que clavaba su mirada en los ojos de su Capitán.
-¿Problemas? No... Aunque la que está metida en un lío es usted por esa mirada tan atrevida -Sonríe, no le molesta para nada que la chica lo vea de arriba a abajo-.
Las risas de la Maestre fueron las causantes de ese comportamiento tan extraño, por fin encontró la manera de que se callara de una buena vez y se comportara seria. Sintió su dedo recorrer su pecho mojado y desnudo, para Jack Sparrow es suficiente esa señal como para acercar sus labios y rozarlos con los de ella en un beso sutil mientras acerca su cuerpo hacia el de él, sin importar que su ropa se empape con su piel mojada, sin importar que luego ella reaccione con una cachetada, empujón o cualquier cosa, solo lo hace porque quiere y ya, sin miedo a las consecuencias.
Separó su boca de los labios de la chica lentamente solo para mirarla a los ojos unos instantes, a la vez que sus dedos recorrían su cuello, luego su pecho hasta el primer botón de su camisa; Gabrielle dio un saltito nervioso pero no opuso resistencia alguna, solo cerró los ojos y guió las manos de su Capitán hasta el final del recorrido, el tacto de Jack en su piel y el hecho de que su camisa cayera lentamente al suelo alborotó de a poco la respiración de la chica, que se mordía los labios al verse relativamente desnuda en frente del Capitán.
¿Por qué lo hacía? No lo sabe, solo que ya no hay marcha atrás, las prendas de Gabrielle iban abandonando su cuerpo de a poco, el culpable, Jack Sparrow, por primera vez la chica conoció el lado gentil de él, delicadamente ayudó a Gabby a deshacerse de sus botas, dejándo el camino libre para retirar las últimas prendas y que en pocos segundos, ambos estuviesen en igualdad de condiciones. Gabrielle dibujó una sonrisa tímida en sus labios, pero sus ojos, mirando fijamente a su Capitán, demostraban otra cosa, cierta pasión con un poco de lujuria, algo que no había visto nunca en ella, cosa que le dio confianza de seguir adelante sin importar nada.
La fría pared fue el primer testigo de esa pareja apasionada por el momento, lentamente la temperatura de ambos subía con cada movimiento, la respiración aceleraba y las manos de cada quien parecían moverse solas en el cuerpo que tenían en frente, los besos no se hicieron esperar, dejaron atrás los sutiles y cariñosos para convertirlos en besos apasionados que imponían el ritmo entre los dos piratas. Juntaban sus frentes, como si el tacto que tenían ya de por si no era suficiente para los dos, sus respiraciones se fusionaban, ligeros gemidos salían de lo más adentro de su ser que de a poco aumentaban su intensidad, ambos disfrutaban cada segundo que pasaba, ¿Cómo llegaron hasta eso? Una pregunta sin respuesta lógica, como todas las anteriores, solo pasó, se dieron las condiciones nada más y las aprovecharon, llevaron toda su lujuria hasta la bañera, no los detuvo ni siquiera el hecho de que el agua cada vez bajaba de nivel y todo eso gracias a los movimientos de ambos que ya están lejos de ser como los anteriores, para ser más salvajes, ya la sutileza quedó atrás para abrir paso a la pasión desenfrenada que tenían ambos acumulados dentro de su ser, tenían esa mansión solo para ellos... desaprovecharlo sería un completo error.
Estaba todo tan tranquilo mientras se bañaba, no mucha gente sabía pero desde hace mucho tiempo, Jack no duerme tanto como antes, desde aquel motín con Barbossa, se Segundo al Mando, ya casi no confía en nadie, ni en su sombra, pero esta vez era distinto, ¿De qué podría temer estando en esa mansión solo con Gabrielle que, a pesar de que es toda hiperactiva y tonta, no presenta ningún peligro? Además de que si llegasen los dueños del lugar, muchísimo menos podría temer de esa gente, una huída a lo Jack Sparrow bastaría.
Tan concentrado estaba en sus pensamientos absurdos y hasta paranoicos, que se quedó dormido y ni se dio cuenta, de la nada comenzó a soñar con la Maestre Della Fournieth, su sonrisa tonta y molesta, con sus manos torpes y con su carácter tan chocante a veces. Esa acaparadora de ron que pelea con toda la tripulación del Perla Negra... Si tanto le molesta su existencia, ¿Por qué la invitó a pertenecer a la tripulación? Eso ni él lo sabe, aunque desde la primera vez que la vio supo que era alguien especial y más porque tuvo la osadía de retarla a una competencia de resistencia al ron, novata... solo después se dio cuenta de que ella apenas estaba comenzando su aventura como pirata, eso era entendible, tenía muchas cosas que aprender sencillamente. Su sueño, le parecía tan extrañamente real, hasta el Jack en el sueño interactuaba con ella, en un estado de embriaguez muy típico en ellos dos, riéndose como locos de cualquier cosa sin sentido que solo a ellos les provoca esas carcajadas.
De la nada escucha su voz a lo lejos, lo que hizo que se despertara de golpe mientras se levanta desorientado de la bañera, ahí estaba ella hablando de algo que no entendió pero luego, esa risa molesta se hizo presente, lo señalaba con ese dedo índice acusador mientras se burlaba de quién sabe qué, ¿Con qué si eh? A ver si lo próximo le causaba risa... sin razón aparente, Jack subió una pierna para abandonar el interior de la bañera, no le importaba que estuviese como Dios lo trajo al mundo, mucho menos que estuviese mojando todo el suelo, tampoco le importó el hecho de que a quien se le estaba acercando era su Maestre que en un abrir y cerrar de ojos dejó de reírse para que su mirada atrevida y sin un poco de vergüenza recorriera su cuerpo completamente desnudo y sin saber que hacer. Jack al estar tan cerca, provoco que la chica retrocediera lentamente hasta que se le acabó la vía de escape gracias a la pared, quedando atrapada entre el concreto y el Capitán que además frustró cualquier intento de huída. Era entendible esa mirada, esa expresión de sorpresa y ese trago fuerte de saliva por parte de la chica que clavaba su mirada en los ojos de su Capitán.
-¿Problemas? No... Aunque la que está metida en un lío es usted por esa mirada tan atrevida -Sonríe, no le molesta para nada que la chica lo vea de arriba a abajo-.
Las risas de la Maestre fueron las causantes de ese comportamiento tan extraño, por fin encontró la manera de que se callara de una buena vez y se comportara seria. Sintió su dedo recorrer su pecho mojado y desnudo, para Jack Sparrow es suficiente esa señal como para acercar sus labios y rozarlos con los de ella en un beso sutil mientras acerca su cuerpo hacia el de él, sin importar que su ropa se empape con su piel mojada, sin importar que luego ella reaccione con una cachetada, empujón o cualquier cosa, solo lo hace porque quiere y ya, sin miedo a las consecuencias.
Separó su boca de los labios de la chica lentamente solo para mirarla a los ojos unos instantes, a la vez que sus dedos recorrían su cuello, luego su pecho hasta el primer botón de su camisa; Gabrielle dio un saltito nervioso pero no opuso resistencia alguna, solo cerró los ojos y guió las manos de su Capitán hasta el final del recorrido, el tacto de Jack en su piel y el hecho de que su camisa cayera lentamente al suelo alborotó de a poco la respiración de la chica, que se mordía los labios al verse relativamente desnuda en frente del Capitán.
¿Por qué lo hacía? No lo sabe, solo que ya no hay marcha atrás, las prendas de Gabrielle iban abandonando su cuerpo de a poco, el culpable, Jack Sparrow, por primera vez la chica conoció el lado gentil de él, delicadamente ayudó a Gabby a deshacerse de sus botas, dejándo el camino libre para retirar las últimas prendas y que en pocos segundos, ambos estuviesen en igualdad de condiciones. Gabrielle dibujó una sonrisa tímida en sus labios, pero sus ojos, mirando fijamente a su Capitán, demostraban otra cosa, cierta pasión con un poco de lujuria, algo que no había visto nunca en ella, cosa que le dio confianza de seguir adelante sin importar nada.
La fría pared fue el primer testigo de esa pareja apasionada por el momento, lentamente la temperatura de ambos subía con cada movimiento, la respiración aceleraba y las manos de cada quien parecían moverse solas en el cuerpo que tenían en frente, los besos no se hicieron esperar, dejaron atrás los sutiles y cariñosos para convertirlos en besos apasionados que imponían el ritmo entre los dos piratas. Juntaban sus frentes, como si el tacto que tenían ya de por si no era suficiente para los dos, sus respiraciones se fusionaban, ligeros gemidos salían de lo más adentro de su ser que de a poco aumentaban su intensidad, ambos disfrutaban cada segundo que pasaba, ¿Cómo llegaron hasta eso? Una pregunta sin respuesta lógica, como todas las anteriores, solo pasó, se dieron las condiciones nada más y las aprovecharon, llevaron toda su lujuria hasta la bañera, no los detuvo ni siquiera el hecho de que el agua cada vez bajaba de nivel y todo eso gracias a los movimientos de ambos que ya están lejos de ser como los anteriores, para ser más salvajes, ya la sutileza quedó atrás para abrir paso a la pasión desenfrenada que tenían ambos acumulados dentro de su ser, tenían esa mansión solo para ellos... desaprovecharlo sería un completo error.

Jack Sparrow- Mensajes: 17
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Re: ¡El universo quiere que robemos! {Jack Sparrow} {+180 (?}
Las manos del pirata recorrían el cuerpo de la muchacha con una habilidad y firmeza que le hacía sentir escalofríos que recorrían su columna vertebral. La joven no se quedaba atrás; besaba la piel húmeda de Sparrow, mordía y acariciaba en todo sitio que él le permitiera. No estaba segura de cómo aquello estaba ocurriendo, pero sinceramente, tampoco se detendría a pensarlo. Tal vez era el alcohol, tal vez era simplemente un momento de hormonas muy alborotadas, tal vez la inteligencia no estaba de parte de ninguno de los dos. Lo único que la muchacha podía saber con claridad, era que en los ojos de Jack brillaba una llama que la volvía loca, que le obligaba a morder sus labios, sin ningún tipo de delicadeza, recorrer su espalda con las uñas, dejando una marca detrás de éstas, y respirar agitadamente bajo su piel, sintiendo su tacto recorrer cada parte de ella, las manos de Jack se sentían como fuego, y escuchar gemidos roncos salir de la garganta del capitán era algo que simplemente jamás pensó oír, algo que le encantó, algo que le incitó a cerrar los ojos y pegarse contra su cuerpo, sintiendo que nunca lo tendría lo suficientemente cerca.
Jack la condujo a la bañera, y a varias partes aleatorias de la casa. Tenían todo el tiempo del mundo, tenían demasiada pasión atrapada en sus cuerpos, que se expulsaba en cada mirada que se daban en mitad del acto, cada vez que sus ojos se encontraban. Parecía que no podían soltarse, sus cuerpos se enredaban entre sí con un ritmo perfectamente armónico, los sonidos y alaridos provenientes de bocas de ambos era lo único que se oía en aquella mansión completamente desolada, los únicos que se encontraban allí, compartiendo un deseo carnal, una necesidad de ambos que había surgido de forma tan espontanea que extrañaba a ambos. Los ojos de la muchacha se encontraban cerrados, y su cabeza daba vueltas gracias a la borrachera, no tenía idea de qué parte de la casa se encontraban, pero podía sentir la respiración cálida de Jack en su oreja, y le bastaba para no sentir ninguna preocupación, para dejarse llevar por completo con los movimientos del capitán.
–…Jackie –fue apenas un susurro, casi sin voz; para acto seguido atrapar el lóbulo de su oreja entre sus dientes. Mostrar esa sonrisita repleta de picardía que no enseña a casi nadie…y hasta allí llegan los recuerdos de Gabrielle.
–Jackie…Jack, levántate –pronunció, con voz ronca, siguiendo las pistas que sus nublados ojos y su cabeza adolorida le podían dar. Como el hecho de que se hallaran acostados a sus anchas en la habitación contigua al baño, como que Sparrow no llevara ni una prenda sobre su cuerpo, y ella tampoco estaba en situaciones muy diferentes. La cabeza la estaba matando de dolor, mientras se levantaba lentamente y se acercaba al dichoso baño con los ojos entrecerrados por el sueño. Toda su ropa se encontraba allí, y la del pirata también, el piso estaba completamente empapado y la bañera rebalsada de agua y algo de espuma. Las huellas de pies mojadas recorrían el pasillo escaleras abajo…no hacía falta ser un genio para darse cuenta de qué había ocurrido. Y más aun, al tener pequeños recuerdos cortados, flashes de lo que ocurrió, en su cabeza conforme intentaba concentrarse.
–. Oye…en serio, despierta –dijo, con un tono de voz más fuerte, el cual le retumbó en la cabeza, regresando a la habitación mientras el capitán abría los ojos de a poco, mirándola con una sonrisita de complicidad. De acuerdo, definitivamente Jack sí recuerda todo.
–. ¿Hay otra explicación para que estemos juntos y desnudos en la misma cama que el hecho de que nos hayamos revolcado juntos? –preguntó, tan sólo por curiosidad. No es que fuera la gran cosa. Jack era un hombre, Gabrielle una mujer, y ambos tenían necesidades…pero a la vez, estaba el hecho de que jamás había visto al pirata de esa forma. Era sólo un objeto de burla, un tiro al blanco para molestar; no un tipo disponible para pasar una buena noche. Al tener ese repentino pensamiento, mientras se sentaba en la cama junto a él, sin ningún tipo de vergüenza ni ánimos de cubrirse {al fin y al cabo, por los pocos recuerdos que tenían ya se habían visto sin ropa por todos los ángulos posibles}, no pudo evitar notar que en ese momento; sobria, consiente, viendo al capitán sin sus ropas {Sus músculos levemente trabajados, su cantidad exagerada de tatuajes y su sonrisilla petulante} que…no estaba nada mal.
Jack la condujo a la bañera, y a varias partes aleatorias de la casa. Tenían todo el tiempo del mundo, tenían demasiada pasión atrapada en sus cuerpos, que se expulsaba en cada mirada que se daban en mitad del acto, cada vez que sus ojos se encontraban. Parecía que no podían soltarse, sus cuerpos se enredaban entre sí con un ritmo perfectamente armónico, los sonidos y alaridos provenientes de bocas de ambos era lo único que se oía en aquella mansión completamente desolada, los únicos que se encontraban allí, compartiendo un deseo carnal, una necesidad de ambos que había surgido de forma tan espontanea que extrañaba a ambos. Los ojos de la muchacha se encontraban cerrados, y su cabeza daba vueltas gracias a la borrachera, no tenía idea de qué parte de la casa se encontraban, pero podía sentir la respiración cálida de Jack en su oreja, y le bastaba para no sentir ninguna preocupación, para dejarse llevar por completo con los movimientos del capitán.
–…Jackie –fue apenas un susurro, casi sin voz; para acto seguido atrapar el lóbulo de su oreja entre sus dientes. Mostrar esa sonrisita repleta de picardía que no enseña a casi nadie…y hasta allí llegan los recuerdos de Gabrielle.
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–Jackie…Jack, levántate –pronunció, con voz ronca, siguiendo las pistas que sus nublados ojos y su cabeza adolorida le podían dar. Como el hecho de que se hallaran acostados a sus anchas en la habitación contigua al baño, como que Sparrow no llevara ni una prenda sobre su cuerpo, y ella tampoco estaba en situaciones muy diferentes. La cabeza la estaba matando de dolor, mientras se levantaba lentamente y se acercaba al dichoso baño con los ojos entrecerrados por el sueño. Toda su ropa se encontraba allí, y la del pirata también, el piso estaba completamente empapado y la bañera rebalsada de agua y algo de espuma. Las huellas de pies mojadas recorrían el pasillo escaleras abajo…no hacía falta ser un genio para darse cuenta de qué había ocurrido. Y más aun, al tener pequeños recuerdos cortados, flashes de lo que ocurrió, en su cabeza conforme intentaba concentrarse.
–. Oye…en serio, despierta –dijo, con un tono de voz más fuerte, el cual le retumbó en la cabeza, regresando a la habitación mientras el capitán abría los ojos de a poco, mirándola con una sonrisita de complicidad. De acuerdo, definitivamente Jack sí recuerda todo.
–. ¿Hay otra explicación para que estemos juntos y desnudos en la misma cama que el hecho de que nos hayamos revolcado juntos? –preguntó, tan sólo por curiosidad. No es que fuera la gran cosa. Jack era un hombre, Gabrielle una mujer, y ambos tenían necesidades…pero a la vez, estaba el hecho de que jamás había visto al pirata de esa forma. Era sólo un objeto de burla, un tiro al blanco para molestar; no un tipo disponible para pasar una buena noche. Al tener ese repentino pensamiento, mientras se sentaba en la cama junto a él, sin ningún tipo de vergüenza ni ánimos de cubrirse {al fin y al cabo, por los pocos recuerdos que tenían ya se habían visto sin ropa por todos los ángulos posibles}, no pudo evitar notar que en ese momento; sobria, consiente, viendo al capitán sin sus ropas {Sus músculos levemente trabajados, su cantidad exagerada de tatuajes y su sonrisilla petulante} que…no estaba nada mal.

Gabrielle Della Fournieth- Maestre en El Perla Negra
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