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Olor a café # Anne.
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Olor a café # Anne.
Olor a café y la brisa caliente andaban en el cuarto ¿Quién demonios lo había puesto ahi? ... No ... Una mejor pregunta ¿Cuándo había acabado la fiesta? lo último que pasaba por la memoria era el simple hecho de ir a dar aquella fiesta, con la gente volviendose loca, como siempre sin duda había sido una exelente interpretación por parte de todos, sobre todo claro, aquel grupo de músicos dando un espectáculo increíble. Lo mejor que podría verse en varios siglos.
Alzar la cabeza y sentir un par de papeles sobre los pómulos y desprenderse de inmediato y al jugar con la mirada identificar que se trataban de unas partituras y el listado de canciones de la noche pasada. El café como era de esperarse se encontraba a escasos centímetros reposando y listo para ser tomado en aquel escritorio sobre el que reposaba el cuerpo inherte y como no, exhausto. Los párpados aún pesaban, toneladas podría jurar la vida en ello, tenía pocas ganas de salir sin embargo era preferente a estar escuchando una y otra vez la historia de la noche pasada después de todo !También había estado ahi! no culpaba a los otros integrantes la emoción aún les invadía bueno.. a todos, pero.. podría jurar que en ese momento no era como para estar escuchando simplemente, no estaba de humor.
Poco más de las nueve de la mañana, según el reloj que colgaba sobre el escritorio. El sonido del cantar de las aves fue el causante que despertará unos minutos atrás. Aquel asunto se vió despojado de la memoria y fue sustituido por el delicioso olor del café y sin más los labios llegaron hasta la taza dando un sorbo de aquel líquido caliente. Los minutos y las horas pasaron, finalmente el lujo de estar arreglado había culminado.
-Mierda... Dejé la guitarra.
Maldecir al ver que la herramienta esencial en la vida de Axel había sido olvidada en el castillo, más no obstante al menos tendría la oportunidad de "apreciar" alrededor. La caminata había sido placentera sin ninguna interrupción y sin ninguna molestia, un par de chicas se habían acercado con gran curiosidad, posiblemente una charla y una taza de café por la mañana no les vendría mal; poco fue su interés y sin más se convocó a continuar caminado.
Tras caminar un largo rato, la plaza había llegado al mapa de su destino. Ahí podría pasar aunque fuese un buen rato viendo a los niños jugar, quizá o simplemente ver a las personas caminar. Lo que fuera para distraerlo un rato estaría bien y más aún para ayudarlo a despojar el mal estar que aún culminaba con su cabeza a cada paso que daba; pues mucha había sido la bebida que había contemplado para la diversión.
Alzar la cabeza y sentir un par de papeles sobre los pómulos y desprenderse de inmediato y al jugar con la mirada identificar que se trataban de unas partituras y el listado de canciones de la noche pasada. El café como era de esperarse se encontraba a escasos centímetros reposando y listo para ser tomado en aquel escritorio sobre el que reposaba el cuerpo inherte y como no, exhausto. Los párpados aún pesaban, toneladas podría jurar la vida en ello, tenía pocas ganas de salir sin embargo era preferente a estar escuchando una y otra vez la historia de la noche pasada después de todo !También había estado ahi! no culpaba a los otros integrantes la emoción aún les invadía bueno.. a todos, pero.. podría jurar que en ese momento no era como para estar escuchando simplemente, no estaba de humor.
Poco más de las nueve de la mañana, según el reloj que colgaba sobre el escritorio. El sonido del cantar de las aves fue el causante que despertará unos minutos atrás. Aquel asunto se vió despojado de la memoria y fue sustituido por el delicioso olor del café y sin más los labios llegaron hasta la taza dando un sorbo de aquel líquido caliente. Los minutos y las horas pasaron, finalmente el lujo de estar arreglado había culminado.
{...}
-Mierda... Dejé la guitarra.
Maldecir al ver que la herramienta esencial en la vida de Axel había sido olvidada en el castillo, más no obstante al menos tendría la oportunidad de "apreciar" alrededor. La caminata había sido placentera sin ninguna interrupción y sin ninguna molestia, un par de chicas se habían acercado con gran curiosidad, posiblemente una charla y una taza de café por la mañana no les vendría mal; poco fue su interés y sin más se convocó a continuar caminado.
Tras caminar un largo rato, la plaza había llegado al mapa de su destino. Ahí podría pasar aunque fuese un buen rato viendo a los niños jugar, quizá o simplemente ver a las personas caminar. Lo que fuera para distraerlo un rato estaría bien y más aún para ayudarlo a despojar el mal estar que aún culminaba con su cabeza a cada paso que daba; pues mucha había sido la bebida que había contemplado para la diversión.

Axel S. Foster- Conde de Ataúlfo
- Mensajes: 44
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 25/01/2012
Re: Olor a café # Anne.
Destino: Reino de Ataúlfo, Francia. Desde la mención de aquel viaje, Anneliese no había podido contener la emoción que la invadía. En los últimos meses, los viajes que realizaba se limitaban a Ahnalt y después de vuelta a Lohr. Pero llevaba mucho tiempo deseando conocer Francia y por fin tendría la oportunidad de hacerlo. Pero toda aquella alegría desbordante se había evaporado en cuestión de segundos. La noche antes de realizar aquel viaje, su padre le informó que Aldric y su familia los acompañarían ya que los eventos celebrados en dicho reino, eran de suma importancia. No había remedio alguno, estaba condenada de por vida a vivir bajo la sombra de Aldric y su familia, así que de una u otra forma, debía comenzar a hacerse a la idea de que pronto tendría que compartir su vida con él.
Un terrible dolor de cabeza no le dejo en paz durante el camino de Lohr a Ataúlfo. Generalmente solía disfrutar aquellos largos viajes y se entretenía contemplando la belleza que le ofrecía cada paisaje nuevo, pero en aquella ocasión el viaje le había parecido interminable e imploraba llegar pronto a su destino para poder escapar de sus peores pesadillas, las cuales recibían los títulos de "padre" y "prometido". Había logrado conciliar el sueño y repentinamente se vio forzada a abrir de nuevo los ojos al haber llegado al fin a su destino.
La hermosa residencia donde se hospedarían durante su estancia, logró que la castaña despertara. Aquellos hermosos jardines la invitaban a dar lo más pronto posible una larga caminata, además de que había logrado escuchar por parte de uno de los criados que la plaza se encontraba cerca, así que estaba ansiosa por conocerla. Se apresuró a ordenar sus cosas hasta que una doncella se ofreció a terminar lo que había comenzado. Con una sonrisa se dispuso a abandonar su habitación pero se topó con Aldric en su camino. Después de gritarse mutuamente y de negarse a volver al encierro, la castaña abandonó la residencia lo más pronto que le fue posible.
Definitivamente la amargura sería su fiel compañera por el resto de su vida. Desde que había sido comprometida, su humor había empeorado considerablemente y temía que así se mantuviera por el resto de su vida. El clima cálido y la belleza de Ataúlfo lograron despejarla un poco. Estaba consciente de que todavía era temprano ya que muy poca gente se veía por las calles. Iba distraída contemplando cuidadosamente cada detalle hasta que un golpe en seco la regresó a la realidad.
-Oh, discúlpeme por favor. - Anneliese se sonrojo ligeramente y contempló alarmada al joven con el que acababa de tropezar. Su rostro denotaba cierto malestar. -¿Se encuentra usted bien? - Preguntó la castaña con la esperanza de que el golpe no hubiera sido el causante del aturdimiento del joven.
Un terrible dolor de cabeza no le dejo en paz durante el camino de Lohr a Ataúlfo. Generalmente solía disfrutar aquellos largos viajes y se entretenía contemplando la belleza que le ofrecía cada paisaje nuevo, pero en aquella ocasión el viaje le había parecido interminable e imploraba llegar pronto a su destino para poder escapar de sus peores pesadillas, las cuales recibían los títulos de "padre" y "prometido". Había logrado conciliar el sueño y repentinamente se vio forzada a abrir de nuevo los ojos al haber llegado al fin a su destino.
La hermosa residencia donde se hospedarían durante su estancia, logró que la castaña despertara. Aquellos hermosos jardines la invitaban a dar lo más pronto posible una larga caminata, además de que había logrado escuchar por parte de uno de los criados que la plaza se encontraba cerca, así que estaba ansiosa por conocerla. Se apresuró a ordenar sus cosas hasta que una doncella se ofreció a terminar lo que había comenzado. Con una sonrisa se dispuso a abandonar su habitación pero se topó con Aldric en su camino. Después de gritarse mutuamente y de negarse a volver al encierro, la castaña abandonó la residencia lo más pronto que le fue posible.
Definitivamente la amargura sería su fiel compañera por el resto de su vida. Desde que había sido comprometida, su humor había empeorado considerablemente y temía que así se mantuviera por el resto de su vida. El clima cálido y la belleza de Ataúlfo lograron despejarla un poco. Estaba consciente de que todavía era temprano ya que muy poca gente se veía por las calles. Iba distraída contemplando cuidadosamente cada detalle hasta que un golpe en seco la regresó a la realidad.
-Oh, discúlpeme por favor. - Anneliese se sonrojo ligeramente y contempló alarmada al joven con el que acababa de tropezar. Su rostro denotaba cierto malestar. -¿Se encuentra usted bien? - Preguntó la castaña con la esperanza de que el golpe no hubiera sido el causante del aturdimiento del joven.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
- Mensajes: 77
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 26/12/2011
Edad: 22
Re: Olor a café # Anne.
Nuevamente el tiempo no había sido su mejor aliada pues los minutos, segundos e incluso un par de horas se escaparon a gran prisa de su noción ¡Valla idiota que estaba hecho! o valla envidia que podrían tener unos terceros al verle desperdiciar su tiempo como cual agua arrecia por el río sin ninguna prisa o sin ningún destino en especifico. No, al final no podría quejarse de desperdiciar el tiempo para él era como si todos fueran incluso en un ritmo aún más acelerado ¿Por qué no tomarse un poco de tiempo? al final todos tendrían el mismo final de alguna forma u otra ¿Por qué no disfrutar? Sus filosóficos pensamientos fueron arrebatados en el momento en que pasó frente a una panadería. El olor a la masa recién salida del horno, la leche recién pasteurizada pero fue aún más hipnotizante el café recién servido su nariz se arrugo ante el delicioso olor ¿Porqué diablos no lo había tomado antes de salir? ahora bien su estómago estaría molestando hasta que fuera servida esa delicia. Más para su suerte en el castillo era el único lugar en el que le "podría" gustar como servían el café ¿Porqué? Seguro algún tipo de veneno que le servían, pero aún así sabía rico. Rió ante sus propios pensamientos.
Apenas avanzando un par de pasos, distraído acompañado de su complicada mente un golpe le fue dado. Certero llegó contra su nariz, realmente le dolió ¿Quién podría tener una cabeza tan dura? cerró los ojos en el impacto e inmediatamente envió sus manos a la nariz en un acto reflejo. La voz de una señorita se hizo presente, soltó un suspiro y una risa interna retumbo en su cabeza -por un momento tal golpe le recordó a los cabezazos que solía darle su hermana.-
-Eso depende, si sigo siendo guapo estoy bien.
Bromeó destapándose la nariz al tiempo que abría sus azulinos ojos, repasándolos en la figura femenina que tenía enfrente. Bastante bella, y a juzgar por su parte no era una ciudadana cualquiera segura alguna princesa, condesa o algún miembro de la corona de algún otro reino. No la había visto jamás, por lo tanto asumió que no sería de Francia la chica.
-¿Tú estás bien?
Envió su iris al cristal que tenía enfrente de él. Comenzando a contemplarse en el espejo, mirándose su cara una y otra vez no había pasado nada, como mucho se habría hinchado solo un poco su nariz.
-Bueno... De todas formas soy feo. Así que no creo que me hayas hecho mucho daño.
Soltó una pequeña carcajada sonora.
Apenas avanzando un par de pasos, distraído acompañado de su complicada mente un golpe le fue dado. Certero llegó contra su nariz, realmente le dolió ¿Quién podría tener una cabeza tan dura? cerró los ojos en el impacto e inmediatamente envió sus manos a la nariz en un acto reflejo. La voz de una señorita se hizo presente, soltó un suspiro y una risa interna retumbo en su cabeza -por un momento tal golpe le recordó a los cabezazos que solía darle su hermana.-
-Eso depende, si sigo siendo guapo estoy bien.
Bromeó destapándose la nariz al tiempo que abría sus azulinos ojos, repasándolos en la figura femenina que tenía enfrente. Bastante bella, y a juzgar por su parte no era una ciudadana cualquiera segura alguna princesa, condesa o algún miembro de la corona de algún otro reino. No la había visto jamás, por lo tanto asumió que no sería de Francia la chica.
-¿Tú estás bien?
Envió su iris al cristal que tenía enfrente de él. Comenzando a contemplarse en el espejo, mirándose su cara una y otra vez no había pasado nada, como mucho se habría hinchado solo un poco su nariz.
-Bueno... De todas formas soy feo. Así que no creo que me hayas hecho mucho daño.
Soltó una pequeña carcajada sonora.

Axel S. Foster- Conde de Ataúlfo
- Mensajes: 44
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 25/01/2012
Re: Olor a café # Anne.
Tantas cosas cruzaban por su cabeza en aquellos momentos, que era sumamente fácil mantener a Anneliese bastante distraída de lo que sucedía en el lugar donde se encontraba. De vez en cuando alguna tienda llamaba su atención, pero tan pronto perdía el interés por esta, regresaba a su mar de pensamientos que no dejaban de agobiarla. La fresca brisa mañanera había disminuido un poco el dolor de cabeza que tenía, pero todavía sentía ligeras punzadas en la parte izquierda de la cabeza. ¿Acaso se había vuelto tan torpe que ahora se estrellaba con cualquier persona que se le cruzara en la calle? No era la primera vez que le sucedía una situación tan vergonzosa como aquella y gracias al tremendo susto y a la pena que la invadía, y tras haber realizado las preocupadas preguntas al joven, el dolor de cabeza decidió aumentar considerablemente y se le nubló ligeramente la vista. La respuesta del castaño logró distraerla un poco.
-Si sigue siendo guapo... - repitió y después le fue inevitable no reír ante el comentario recibido. Pestañeó un par de veces para tratar de enfocarlo. Era alto y castaño y poseía unos preciosos ojos azules. Por su acento dedujo que sería originario de Ataúlfo. -Déjeme evaluarlo un poco, no quiero darle una respuesta errónea.- Respondió con una sonrisa mientras lo miraba de pies a cabeza por segunda ocasión. -¿Quiere que sea sincera? - Preguntó de broma mientras adoptaba un aire de seriedad al igual que una persona que estaba a punto de contar una noticia terrible.
Se percató que la mirada del castaño también estaba evaluándola, así que no pudo evitar sonrojarse. Al menos su aspecto no era tan desastroso y la cabellera recogida en una alta cola de caballo siempre le sentaba de maravilla a su aspecto, aunque ella no estuviera tan convencida de ello. Se retiró el flequillo y se alisó un poco los pliegues de la falda.
-Me encuentro perfectamente. - Mintió con una sonrisa convincente. Todavía estaba un poco mareada y aturdida pero seguramente se le pasaría el malestar pronto. -Aunque prefiero no arriesgarme a preguntar si mi poca belleza ha quedado arruinada, no estoy de humor para recibir una mala noticia. - Lo observó con curiosidad y sonrió de nuevo al notar que contemplaba su reflejo en el cristal de la tienda que se encontraba detrás de ellos.
-Temo que deberé contradecirlo. No me parece que usted sea feo. - Se aventuró a comentar la ojiazul aunque denotaba cierta timidez en la voz. Notó que la nariz del castaño se había hinchado ligeramente, al igual que en la frente de Anneliese, había aparecido una marca redonda y roja que comenzaba a doler. -Me apena tanto haberlo golpeado.- No sabía qué hacer para evitar que su nariz se hinchara más y no estaba segura que en alguna de las tiendas le pudieran proporcionar algo frío que desinflamara la zona hinchada. -¿Puedo hacer algo por usted? - Preguntó con amabilidad. Debía comenzar a fijarse mejor por donde caminaba para evitarse estos accidentes tan embarazosos.
-Si sigue siendo guapo... - repitió y después le fue inevitable no reír ante el comentario recibido. Pestañeó un par de veces para tratar de enfocarlo. Era alto y castaño y poseía unos preciosos ojos azules. Por su acento dedujo que sería originario de Ataúlfo. -Déjeme evaluarlo un poco, no quiero darle una respuesta errónea.- Respondió con una sonrisa mientras lo miraba de pies a cabeza por segunda ocasión. -¿Quiere que sea sincera? - Preguntó de broma mientras adoptaba un aire de seriedad al igual que una persona que estaba a punto de contar una noticia terrible.
Se percató que la mirada del castaño también estaba evaluándola, así que no pudo evitar sonrojarse. Al menos su aspecto no era tan desastroso y la cabellera recogida en una alta cola de caballo siempre le sentaba de maravilla a su aspecto, aunque ella no estuviera tan convencida de ello. Se retiró el flequillo y se alisó un poco los pliegues de la falda.
-Me encuentro perfectamente. - Mintió con una sonrisa convincente. Todavía estaba un poco mareada y aturdida pero seguramente se le pasaría el malestar pronto. -Aunque prefiero no arriesgarme a preguntar si mi poca belleza ha quedado arruinada, no estoy de humor para recibir una mala noticia. - Lo observó con curiosidad y sonrió de nuevo al notar que contemplaba su reflejo en el cristal de la tienda que se encontraba detrás de ellos.
-Temo que deberé contradecirlo. No me parece que usted sea feo. - Se aventuró a comentar la ojiazul aunque denotaba cierta timidez en la voz. Notó que la nariz del castaño se había hinchado ligeramente, al igual que en la frente de Anneliese, había aparecido una marca redonda y roja que comenzaba a doler. -Me apena tanto haberlo golpeado.- No sabía qué hacer para evitar que su nariz se hinchara más y no estaba segura que en alguna de las tiendas le pudieran proporcionar algo frío que desinflamara la zona hinchada. -¿Puedo hacer algo por usted? - Preguntó con amabilidad. Debía comenzar a fijarse mejor por donde caminaba para evitarse estos accidentes tan embarazosos.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
- Mensajes: 77
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 26/12/2011
Edad: 22
Re: Olor a café # Anne.
Unas pocas miradas de ajenos se postraron en ambos jóvenes, muchas eran las situaciones que podrían estar formulando pero aún más importante el hecho de que el conde estaba ahí en la plaza con al parecer una figura importante... ¡Joder! Era la mismísima condesa que había llegado hasta esta mañana. Se le había olvidado por completo que el castillo tendría visitantes aquel día, no solían invitar a nadie hasta pasar al menos un par de días tras hacer la celebración de alguna fiesta tanto como en el castillo o como en el reino. Había sido una ocasión rara, pero seguramente conllevaría a un fin favorable para el reino o alguna clase de amistad que se tenía con la familia. Era fastidioso incluso algunas ocasiones hacer ese tipo de relaciones pues al final terminaban siendo en su mayoría por bienes hipócritas o fines distintos y en muchas veces se trataba de un doble juego; no encontraba demasiada coherencia a ese tipo de situaciones y realmente poco le importaba.
Soltó una pequeña carcajada sonora a lo bajo ante el comentario de la chica, al menos le seguía el juego indicación de que podría tener un buen humor. Cosa que le gustaba a Axel. Un nuevo comentario con intenciones cómicas se hizo presente, valla pequeño encuentro que se estaba desarrollando; normalmente cuando pasaba algún tipo de situaciones similares -era muy común en él chocar con las personas en la calle, muchas veces se preguntó por pura vanidad si era un atrayente de personas. Al final lo vio como una broma y continuo creyendo que solamente era demasiado tonto como para caminar con resaca- las personas solían disculparse varias veces a pesar de que fuese culpa de Axel el haber agredido a la persona contraria, muchas veces suponía eso como una desventaja por ser alguien de "la realeza".
-¿Tan mal quedé?
Exageró dándole continuidad a la pequeña broma que se estaba formando en la plaza, acompañando a aquel tono de preocupación con una pizca de vanidad se incorporó una mueca teatral que detonaba terror ante lo que podría ser la respuesta. Sonrió, dejando que aquellos huequillos se colarán en su cara en cuanto la formación de los músculos de la sonrisa se formarán.
Un pequeño silencio se presentó. Lo suficientemente bueno para presenciar el enrojecimiento que comenzaba a formarse en la frente de la chica, ¿Tan fuerte había sido el golpe? ¿Acaso ella era de piel sensible? como fuera, al final Axel estaba simplemente exagerando; perdiendo un poco de tiempo. Pero verla así no pudo evitar que se preocupara, apenas abrió los labios para dar un comentario acerca de cuanto sentía que la frágil piel de la chica se viera afectada por culpa de la estupidez de Axel, pero fue callando pronto con un comentario acerca de la situación actual de la chica, evidente una mentira.
-No creo que se encuentre del todo bien.
No pudo evitar tocar ligeramente la frente de la chica, justo donde la formación roja se había situado. Como si se tratara de alguien con total confianza simplemente la tocó.
-Oh, temo decirle que no recibirá una mala noticia -Sonrió pícaro. -Sigue siendo muy hermosa usted.
Admitió encogiéndose en hombros. Pero sin embargo, era cierto la chica que yacía ahí presente de él era sumamente bella, aquellos ojos azules contrastados por su negra cabellera y con aquellos matices en su cara de superioridad le agradaban en lo personal a Axel, una debilidad en cuanto a mujeres se refiere.
-Valla, gracias por no herir mis sentimientos. -Bromeó.
Sacó su lengua de lado. Valla confianzudo que estaba hecho aquel conde.
-Ah sido mi culpa, así que no importa. Al final soy muy distraído y digamos que no me fijo mucho por donde ando dando mis pasos en falso, soy yo quien se debe disculpar.
Admitió encogiéndose en hombros. Una vez más avergonzado por el rojizo círculo que se había formado en la frente de la chica, no pudo evitar enviar su azulina iris a esa parte especifica de ella.
-No por mi precisamente. Pero creo que lo mejor será entrar a algún lugar y pedir un pañuelo mojado para evitarnos problemas acerca de aquel golpecillo que se dio en la frente.
Soltó una pequeña carcajada sonora a lo bajo ante el comentario de la chica, al menos le seguía el juego indicación de que podría tener un buen humor. Cosa que le gustaba a Axel. Un nuevo comentario con intenciones cómicas se hizo presente, valla pequeño encuentro que se estaba desarrollando; normalmente cuando pasaba algún tipo de situaciones similares -era muy común en él chocar con las personas en la calle, muchas veces se preguntó por pura vanidad si era un atrayente de personas. Al final lo vio como una broma y continuo creyendo que solamente era demasiado tonto como para caminar con resaca- las personas solían disculparse varias veces a pesar de que fuese culpa de Axel el haber agredido a la persona contraria, muchas veces suponía eso como una desventaja por ser alguien de "la realeza".
-¿Tan mal quedé?
Exageró dándole continuidad a la pequeña broma que se estaba formando en la plaza, acompañando a aquel tono de preocupación con una pizca de vanidad se incorporó una mueca teatral que detonaba terror ante lo que podría ser la respuesta. Sonrió, dejando que aquellos huequillos se colarán en su cara en cuanto la formación de los músculos de la sonrisa se formarán.
Un pequeño silencio se presentó. Lo suficientemente bueno para presenciar el enrojecimiento que comenzaba a formarse en la frente de la chica, ¿Tan fuerte había sido el golpe? ¿Acaso ella era de piel sensible? como fuera, al final Axel estaba simplemente exagerando; perdiendo un poco de tiempo. Pero verla así no pudo evitar que se preocupara, apenas abrió los labios para dar un comentario acerca de cuanto sentía que la frágil piel de la chica se viera afectada por culpa de la estupidez de Axel, pero fue callando pronto con un comentario acerca de la situación actual de la chica, evidente una mentira.
-No creo que se encuentre del todo bien.
No pudo evitar tocar ligeramente la frente de la chica, justo donde la formación roja se había situado. Como si se tratara de alguien con total confianza simplemente la tocó.
-Oh, temo decirle que no recibirá una mala noticia -Sonrió pícaro. -Sigue siendo muy hermosa usted.
Admitió encogiéndose en hombros. Pero sin embargo, era cierto la chica que yacía ahí presente de él era sumamente bella, aquellos ojos azules contrastados por su negra cabellera y con aquellos matices en su cara de superioridad le agradaban en lo personal a Axel, una debilidad en cuanto a mujeres se refiere.
-Valla, gracias por no herir mis sentimientos. -Bromeó.
Sacó su lengua de lado. Valla confianzudo que estaba hecho aquel conde.
-Ah sido mi culpa, así que no importa. Al final soy muy distraído y digamos que no me fijo mucho por donde ando dando mis pasos en falso, soy yo quien se debe disculpar.
Admitió encogiéndose en hombros. Una vez más avergonzado por el rojizo círculo que se había formado en la frente de la chica, no pudo evitar enviar su azulina iris a esa parte especifica de ella.
-No por mi precisamente. Pero creo que lo mejor será entrar a algún lugar y pedir un pañuelo mojado para evitarnos problemas acerca de aquel golpecillo que se dio en la frente.

Axel S. Foster- Conde de Ataúlfo
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Fecha de inscripción: 25/01/2012
Re: Olor a café # Anne.
Anneliese se distrajo al notar el creciente grupo de personas que ahora los rodeaban. ¿Acaso nunca habían visto a dos personas chocar contra sí mismas? No comprendía que les podía causar tanta curiosidad, si no era nadie importante. En realidad si era alguien importante y ella siempre le hacía caso omiso al título nobiliario por lo que la sorpresa siempre la invadía cuando la miraban con curiosidad. No estaba segura, pero cabía la posibilidad de que aquel joven castaño fuera alguien importante en Ataúlfo, ¿quizás era un miembro de la nobleza? Volvió a mirarlo, cuidando los detalles. Estaba un poco desarreglado, algo que no era común entre los nobles, pero no podía negar que su porte le brindaba cierto aire de importancia. Aunque moría de curiosidad por saber si pertenecía o no a la nobleza, prefirió no tocar aquel tema ya que la mayoría, siempre que se les mencionaba la posesión de algún título, adoptaban un aire de formalidades que Anneliese no soportaba.
La risa del castaño era contagiosa y Anneliese no pudo evitar sonreír. Sintió alivio al notar que el joven tomaba aquel asunto como un cómico accidente.
-Creo que su situación no tiene remedio... - Comentó con un tono trágico mientras fingía sentir una terrible pena. -Y todo fue mi culpa, ¿acaso podré vivir cargando semejante asunto en mi consciencia? - Colocó una mano sobre su rostro y después no pudo evitar reír por segunda ocasión. La sencillez y carisma del ojiazul habían logrado que Anneliese se olvidara del pésimo humor que la invadía desde que habían comenzado aquel largo viaje. Terminó por convencerse de que abandonar la residencia donde se hospedaría durante aquellas semanas había sido una excelente idea además de que por fortuna esta se encontraba cerca de la plaza, la cual a sus ojos seguía siendo bastante maravillosa.
-¿Por qué dice eso? - Preguntó alarmada la castaña. No era posible que hubiera adivinado a cerca del malestar que padecía ya que había hecho un gran esfuerzo por disimularlo. El sonrojo de la joven aumentó considerablemente al sentir la mano del joven sobre su frente. -Ouch... -Susurró por lo bajo al sentir la presión de sus dedos. Posiblemente ese era el lugar donde se había golpeado. -¿Qué tengo? - Preguntó ya que los dedos del joven seguían posados sobre su frente. Frunció ligeramente el ceño ya que le molestaba ser siempre tan distraída y provocar accidentes innecesarios gracias a su poca habilidad para esquivar personas.
-Oh... - Fue el único sonido que pudo pronunciar ya que de nuevo sentía su rostro enrojecer. No estaba acostumbrada a recibir halagos por parte de jóvenes tan apuestos y desconocidos. De boca de su padre ni de su prometido había recibido algún cumplido que la hiciera sentir bien, al contrario, lo único que recibía eran duras críticas que la hacían sentir poca cosa. -Lo golpeo y le dejo la nariz hinchada y lo que recibo a cambio es un cumplido, es usted muy amable. - Sonrió tímidamente y después arrugó un poco la nariz al notar que la hinchazón producida por golpe que le había dado al chico comenzaba a aumentar. -¿No le duele mucho? - No se atrevía a tocar la zona del golpe, así que simplemente se acercó un poco más para mirarlo.
-No pretendía herirlos, simplemente le digo la verdad. - Le guiña un ojo con una amplia sonrisa dibujada sobre sus labios. Le comenzaba a gustar bastante la forma en la que comentaba las cosas y la sencillez de su persona. -¿Usted es el distraído? - Sonríe ligeramente. -Temo contradecirlo, pero no es la primera vez que ocasiono un accidente por venir pensando en otra cosa. - Comienza a jugar nerviosa con sus manos. -Descuide, me parece que su nariz es lo que necesita contacto con algo frío antes de que crezca más de lo debido. - Observa a su alrededor. -¿A dónde podríamos ir? - Pregunta ya que está segura de que él conoce la zona mucho mejor que ella.
La risa del castaño era contagiosa y Anneliese no pudo evitar sonreír. Sintió alivio al notar que el joven tomaba aquel asunto como un cómico accidente.
-Creo que su situación no tiene remedio... - Comentó con un tono trágico mientras fingía sentir una terrible pena. -Y todo fue mi culpa, ¿acaso podré vivir cargando semejante asunto en mi consciencia? - Colocó una mano sobre su rostro y después no pudo evitar reír por segunda ocasión. La sencillez y carisma del ojiazul habían logrado que Anneliese se olvidara del pésimo humor que la invadía desde que habían comenzado aquel largo viaje. Terminó por convencerse de que abandonar la residencia donde se hospedaría durante aquellas semanas había sido una excelente idea además de que por fortuna esta se encontraba cerca de la plaza, la cual a sus ojos seguía siendo bastante maravillosa.
-¿Por qué dice eso? - Preguntó alarmada la castaña. No era posible que hubiera adivinado a cerca del malestar que padecía ya que había hecho un gran esfuerzo por disimularlo. El sonrojo de la joven aumentó considerablemente al sentir la mano del joven sobre su frente. -Ouch... -Susurró por lo bajo al sentir la presión de sus dedos. Posiblemente ese era el lugar donde se había golpeado. -¿Qué tengo? - Preguntó ya que los dedos del joven seguían posados sobre su frente. Frunció ligeramente el ceño ya que le molestaba ser siempre tan distraída y provocar accidentes innecesarios gracias a su poca habilidad para esquivar personas.
-Oh... - Fue el único sonido que pudo pronunciar ya que de nuevo sentía su rostro enrojecer. No estaba acostumbrada a recibir halagos por parte de jóvenes tan apuestos y desconocidos. De boca de su padre ni de su prometido había recibido algún cumplido que la hiciera sentir bien, al contrario, lo único que recibía eran duras críticas que la hacían sentir poca cosa. -Lo golpeo y le dejo la nariz hinchada y lo que recibo a cambio es un cumplido, es usted muy amable. - Sonrió tímidamente y después arrugó un poco la nariz al notar que la hinchazón producida por golpe que le había dado al chico comenzaba a aumentar. -¿No le duele mucho? - No se atrevía a tocar la zona del golpe, así que simplemente se acercó un poco más para mirarlo.
-No pretendía herirlos, simplemente le digo la verdad. - Le guiña un ojo con una amplia sonrisa dibujada sobre sus labios. Le comenzaba a gustar bastante la forma en la que comentaba las cosas y la sencillez de su persona. -¿Usted es el distraído? - Sonríe ligeramente. -Temo contradecirlo, pero no es la primera vez que ocasiono un accidente por venir pensando en otra cosa. - Comienza a jugar nerviosa con sus manos. -Descuide, me parece que su nariz es lo que necesita contacto con algo frío antes de que crezca más de lo debido. - Observa a su alrededor. -¿A dónde podríamos ir? - Pregunta ya que está segura de que él conoce la zona mucho mejor que ella.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
- Mensajes: 77
Reputación: 0
Fecha de inscripción: 26/12/2011
Edad: 22
Re: Olor a café # Anne.
Su ceja se enarcó perfectamente sobre su cara junto a una dramatizable mueca de dolor a su alter ego de igual forma su diestra quedó rebosante sobre su pecho y así podría decir que sin duda le había dolido su comentario; no tenía arreglo y la mejor forma para darse confianza fue sin duda mostrando sus dotes teatrales. Pronto se desvaneció aquella faceta trágica que suponía estaba representando para quedar un poco pensativo.
-Puede quedarse en paz siendo el caso, su consciencia está limpia. Queda perdonada bella señorina.
Un ademán. Inclinó su cuerpo hacia adelante -de la espalda para arriba- dejando que su diestra reposara en su abdomen no sin antes dar un par de giros en al aire; y la zurda en su espalda. Ademán que se podría considerar digno de la nobleza más sin embargo con el paso de los años dicho además fue permitido para toda clase de personas pudiéndose significar diferentes cosas, todo dependía de la situación en la que se empleara. En ese caso Axel pretendía que fuera un ademán de que aquella culpa quedaba absuelva. Bastaron no más de quince segundos para que el rubio estuviera nuevamente con su espalda completamente recta, aún mostrando aquellos aires de sencillez y carisma que había pretendido demostrar desde el choque con la señorita ojiazulina.
-Pues temo decirle que usted también se ha golpeado, y en su frente se ha marcado una especie de círculo deforme rojo -Asintió. -Afortunadamente no es nada grande ni grave por lo que no tendré que preocuparme demasiado, sin embargo mis más sinceras disculpas por haberle ocasionado una pequeña deformidad en su hermosa cara que en efecto tengo que admitir se veía mejor sin esa... Mancha.
Explicó. Apenado por quizá haberla lastimado ante el tacto, quizá había sido demasiado salvaje y la había lastimado; esperaba a que fuera tan solo un malestar menor. Su sonrisa se extendió aún más al ver el enrojecimiento en el rostro de la chica, para ojos de Axel se veía sin duda aún más hermosa; pronto la duda sobre si recibía halagos constantemente se hizo presente, raro que no lo hicieran y mucho menos a una chica como ella, despojó esos pensamientos obviamente no era eso posiblemente quizá solamente era demasiado tímida como para recibir halagos. Eso era más probable.
-Debería considerar entonces ir golpeando a la gente por la calle. -Rió.
Se reincorporó de nuevo a él mismo. Había olvidado un momento que él de igual forma había salido lastimado, poco había sido el dolor que había recibido siendo el caso.
-No, no duele.
Admitió encogiéndose en hombros. Soltó una nueva carcajada a lo bajo, serena.
-Siendo así el caso, entonces podremos decir que ambos somos los distraídos. Menos mal que hemos chocado mutuamente, de lo contrario seguro alguien más nos hubiera gritado de cosas.
¿Más de lo debido? Si tenía una nariz grande seguramente ahora estaba enorme.
-Vamos, quizá en algún lugar gusten ayudarnos con nuestros golpes.
Extendió su brazo como todo buen caballero en espera a que su dama le gustase acompañarlo a salir a dar una caminada; postrada en su cara aquella sonrisa estúpida que no se había podido borrar desde el encuentro con la chica.
-Puede quedarse en paz siendo el caso, su consciencia está limpia. Queda perdonada bella señorina.
Un ademán. Inclinó su cuerpo hacia adelante -de la espalda para arriba- dejando que su diestra reposara en su abdomen no sin antes dar un par de giros en al aire; y la zurda en su espalda. Ademán que se podría considerar digno de la nobleza más sin embargo con el paso de los años dicho además fue permitido para toda clase de personas pudiéndose significar diferentes cosas, todo dependía de la situación en la que se empleara. En ese caso Axel pretendía que fuera un ademán de que aquella culpa quedaba absuelva. Bastaron no más de quince segundos para que el rubio estuviera nuevamente con su espalda completamente recta, aún mostrando aquellos aires de sencillez y carisma que había pretendido demostrar desde el choque con la señorita ojiazulina.
-Pues temo decirle que usted también se ha golpeado, y en su frente se ha marcado una especie de círculo deforme rojo -Asintió. -Afortunadamente no es nada grande ni grave por lo que no tendré que preocuparme demasiado, sin embargo mis más sinceras disculpas por haberle ocasionado una pequeña deformidad en su hermosa cara que en efecto tengo que admitir se veía mejor sin esa... Mancha.
Explicó. Apenado por quizá haberla lastimado ante el tacto, quizá había sido demasiado salvaje y la había lastimado; esperaba a que fuera tan solo un malestar menor. Su sonrisa se extendió aún más al ver el enrojecimiento en el rostro de la chica, para ojos de Axel se veía sin duda aún más hermosa; pronto la duda sobre si recibía halagos constantemente se hizo presente, raro que no lo hicieran y mucho menos a una chica como ella, despojó esos pensamientos obviamente no era eso posiblemente quizá solamente era demasiado tímida como para recibir halagos. Eso era más probable.
-Debería considerar entonces ir golpeando a la gente por la calle. -Rió.
Se reincorporó de nuevo a él mismo. Había olvidado un momento que él de igual forma había salido lastimado, poco había sido el dolor que había recibido siendo el caso.
-No, no duele.
Admitió encogiéndose en hombros. Soltó una nueva carcajada a lo bajo, serena.
-Siendo así el caso, entonces podremos decir que ambos somos los distraídos. Menos mal que hemos chocado mutuamente, de lo contrario seguro alguien más nos hubiera gritado de cosas.
¿Más de lo debido? Si tenía una nariz grande seguramente ahora estaba enorme.
-Vamos, quizá en algún lugar gusten ayudarnos con nuestros golpes.
Extendió su brazo como todo buen caballero en espera a que su dama le gustase acompañarlo a salir a dar una caminada; postrada en su cara aquella sonrisa estúpida que no se había podido borrar desde el encuentro con la chica.

Seriously...
are you
stupid?

Axel S. Foster- Conde de Ataúlfo
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Re: Olor a café # Anne.
Anneliese lo contemplaba con una sonrisa. Su risa invadió de nuevo el lugar al notar los gestos dramáticos que realizaba ante las respuestas y comentarios que le había dado. Nunca se había topado con un joven que exagerara las cosas de aquella forma y eso logró que el joven comenzara a ser del agrado de la castaña. Si hubiera sido una joven y se hubiera puesto a dramatizar, posiblemente no le hubiera prestado atención y hubiera seguido su camino, pero los peculiares modales del joven la obligaban a quedarse junto a él ya que la curiosidad de conocerlo un poco más era simplemente inevitable.
-En realidad no estoy segura si está completamente limpia. - Comentó con inocencia mientras se quedaba pensativa. No había peor juez de la condesa que ella misma y nunca solía darse cuenta de un cumplido ni aceptaba creer que podía haber algo bueno en ella. Pero no era su culpa, había crecido con un padre que se había empeñado en hacerle cada minuto de su vida, una espantosa pesadilla.
Ante aquella reverencia no le quedo ni la menor duda de que aquel joven debía estar de cierta forma relacionado con la nobleza. En aquellos eventos tan elegantes, Anneliese había sido testigo de las ridiculeces a las que se sometían los nobles y generalmente aquellas reverencias tan extravagantes eran parte del espectáculo. El hecho de verlo realizando semejante movimiento, logró que de nuevo una sonrisa se dibujara sobre los labios de la ojiazul.
-¿Deforme? - Preguntó todavía más alarmada y colocó su mano sobre la frente. Se sentía un tanto hinchada y le dolía cuando sus dedos hacían contacto con ella. Solo eso le faltaba, llegar con un golpe en la cabeza, ser el hazmerreír de Aldric cuando la viera y además recibir una reprimenda por parte de su padre quien no perdía momento alguno en recordarle lo torpe y descuidada que era. -¿Acaso ahora me está llamando fea? - Enarcó una ceja ante el comentario y se cruzo de brazos. -Arruina mi rostro y después me llama fea... vaya caballero es usted. - Le dijo con severidad en la voz aunque esbozo después una pequeña sonrisa ya que en realidad solo estaba dramatizando a modo de broma igual que él.
-Oh no, esa es una mala idea, aunque no me costaría trabajo estrellarme con cuanta persona se me cruzara. - Respondió amablemente mientras jugaba nerviosa con una de sus manos. -Además dudo que todos respondan con tanta amabilidad ante una chica torpe que se cruza en su camino. - Río divertida ya que estaba segura de que si hubiera chocado con alguna otra persona, esta le hubiera terminado recriminando por su falta de atención y era poco probable que recibiera algún cumplido que no fuera "niña tonta". -A mi me parece que ese golpe si duele. - Frunció el ceño ya que estaba segura de que le mentía para que no se sintiera más culpable.
-La suerte está de nuestro lado entonces. - Sonrió alegremente. -Claro, estoy segura de que la gente de Ataúlfo será amable no me decepcionará. - Tomó con suavidad su brazo mientras que con la otra mano se aseguraba de que el flequillo cubriera la mancha roja que tenía sobre la frente. -Y debo decir que hasta el momento no me han decepcionado en lo absoluto. - Le guiñó un ojo y después se quedó unos momentos en silencio. -Por cierto, ¿me dirá su nombre? - Preguntó con curiosidad a su acompañante.
-En realidad no estoy segura si está completamente limpia. - Comentó con inocencia mientras se quedaba pensativa. No había peor juez de la condesa que ella misma y nunca solía darse cuenta de un cumplido ni aceptaba creer que podía haber algo bueno en ella. Pero no era su culpa, había crecido con un padre que se había empeñado en hacerle cada minuto de su vida, una espantosa pesadilla.
Ante aquella reverencia no le quedo ni la menor duda de que aquel joven debía estar de cierta forma relacionado con la nobleza. En aquellos eventos tan elegantes, Anneliese había sido testigo de las ridiculeces a las que se sometían los nobles y generalmente aquellas reverencias tan extravagantes eran parte del espectáculo. El hecho de verlo realizando semejante movimiento, logró que de nuevo una sonrisa se dibujara sobre los labios de la ojiazul.
-¿Deforme? - Preguntó todavía más alarmada y colocó su mano sobre la frente. Se sentía un tanto hinchada y le dolía cuando sus dedos hacían contacto con ella. Solo eso le faltaba, llegar con un golpe en la cabeza, ser el hazmerreír de Aldric cuando la viera y además recibir una reprimenda por parte de su padre quien no perdía momento alguno en recordarle lo torpe y descuidada que era. -¿Acaso ahora me está llamando fea? - Enarcó una ceja ante el comentario y se cruzo de brazos. -Arruina mi rostro y después me llama fea... vaya caballero es usted. - Le dijo con severidad en la voz aunque esbozo después una pequeña sonrisa ya que en realidad solo estaba dramatizando a modo de broma igual que él.
-Oh no, esa es una mala idea, aunque no me costaría trabajo estrellarme con cuanta persona se me cruzara. - Respondió amablemente mientras jugaba nerviosa con una de sus manos. -Además dudo que todos respondan con tanta amabilidad ante una chica torpe que se cruza en su camino. - Río divertida ya que estaba segura de que si hubiera chocado con alguna otra persona, esta le hubiera terminado recriminando por su falta de atención y era poco probable que recibiera algún cumplido que no fuera "niña tonta". -A mi me parece que ese golpe si duele. - Frunció el ceño ya que estaba segura de que le mentía para que no se sintiera más culpable.
-La suerte está de nuestro lado entonces. - Sonrió alegremente. -Claro, estoy segura de que la gente de Ataúlfo será amable no me decepcionará. - Tomó con suavidad su brazo mientras que con la otra mano se aseguraba de que el flequillo cubriera la mancha roja que tenía sobre la frente. -Y debo decir que hasta el momento no me han decepcionado en lo absoluto. - Le guiñó un ojo y después se quedó unos momentos en silencio. -Por cierto, ¿me dirá su nombre? - Preguntó con curiosidad a su acompañante.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
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Re: Olor a café # Anne.
Yacía tiempo desde que Axel no había sido así ¿Cuánto tiempo habría pasado? Más de unos tantos meses incontables valla cosa, le agradaba y bastante tenía que admitirlo poder sentirse de cierta forma "libre" siendo que él realmente era. Con todo aquello que la nobleza implicaba, después con las cuestiones de su reino -dicho reino que ahora solo permanecía al parecer en las memorias únicamente de él- el cambio para continuar con una dichosa vida normal, el separarse de sus hermanos y entre otros tantos factores que a comparación de los dichos le restaban gran importancia; no había sido el mismo desde hace tiempo, era de esperarse que comenzara a optar por acoplarse a su nueva vida con una nueva personalidad y una nueva ideología. Pero en esos momentos, en aquella plaza solo con un par de segundos habían mostrándose oportunos para volver a ser quien era, no lo entendía muy bien y no quería entenderlo ciertamente disfrutaba ese momento ¿Acaso la aparición de esa chica precisamente que yacía enfrente de él había sido la culpable de tal cosa? Quizá, ya tendría tiempo de agradecerle después. Negó con la cabeza aún con la sonrisa impregnada en su cara, valla cosa que decía la chica. Al menos para el rubio parecía que fuera alguien inocente, tranquila, aunque como quién dice las apariencias siempre engañan Axel no descartaba aquel factor. Aún así le era imposible pensar en que alguna vez hubiese hecho algo malo o al menos lo bastante grande como para tener su consciencia sucia, como quien dice.
Su diestra pasó por vez primera sobre el contorno de su ahora nariz hinchada y deforme, su índice marcó ligeramente el tabique descansando tan solo un escaso segundo en la punta de su nariz. No, rectifico que ningún daño colateral existiera si tenía dolor incluso con el simple roce pero nada que fuera de otro mundo o algún dolor insoportable, para la piel del ojiazul apenas era palpable la presencia de cualquier indicio de queja, no tenía nada que exponer acerca de su ahora gorda nariz. Le molestaba saber que se le hinchaba y que eso conllevara que se deformara un poco la cara; no era un vanidoso pero aún así le molestaba un poco saber que tendría que vivir con aquella nariz algunos minutos, al menos hasta que encontraran un recinto de agua para calmar y aliviar el hinchazón.
-No malinterpreté mis comentarios, que miré que para que yo le haga un halago ... -Sonrió-. Ya es decir mucho, déjeme confesar.
Cierto. El poder que tenía Axel con las chicas, en su mayoría de los casos era nulo, más por el hecho que no solía hacer halagos a cualquier persona solo porque si. Tampoco es como si a aquella castaña que había realmente cautivar sus sentidos le estuviera diciendo dichas cosas por alguna forma de vergüenza por la pasada escena, muy por el contrario, odiaba quedar bien a base de mentiras.
-Rectifico, es usted hermosa. -Asintió con un suave movimiento en su rostro.- Mis más humildes disculpas por cualquier confusión siendo el caso.
Aquella sonrisa se transformó en una pícara tras el comentario y en un nuevo gesto de aceptación tras el comentario de la chica en respuesta a el de él.
-Tienes razón. -Admitió.- Quizá intenten aprovecharse incluso de la inocencia de esa chica torpe. -Bromeo.- Bastante suerte ha sido entonces que se estrellara conmigo siendo el caso en particular.
Un pequeño toque se hizo presente sobre su nariz, bastante lata estaba dando ya la misma, soltó un suspiro frustrado,para si mismo, nada ruidoso; en acto reflejo la punta de su índice diestro fue enviada directamente hacia el centro de su tabique. Más lo retiro con suavidad al escuchar las palabras de la chica, una nueva sonrisa se formó de par en par en sus labios.
-Enserio no duele. Solo molesta un poco, usted sabe, la sensación de saber que ahora mi nariz es aún más grande y fea de lo normal pero bueno, no importa tendré que acostumbrarme a eso.
Soltó una pequeña risa sonora proveniente desde su pecho.
-Oh no crea que todos son amables, muchos de ellos son muy quisquillas.
Admitió, ahora con la mano de la chica en el brazo para así comenzar a dar una caminata con pasos suaves y lentos, como todo buen guía dejando que su acompañante pudiera apreciar la vista y las modalidades que Ataúlfo le podría brindar.
-Genial, más vale que Ataúlfo no de una decepción entonces. -Se encogió en hombros. -Axel Foster, no lo malgaste. -Le guiñó el ojo denotando aún los aires bromistas. - ¿Y usted es?
Su diestra pasó por vez primera sobre el contorno de su ahora nariz hinchada y deforme, su índice marcó ligeramente el tabique descansando tan solo un escaso segundo en la punta de su nariz. No, rectifico que ningún daño colateral existiera si tenía dolor incluso con el simple roce pero nada que fuera de otro mundo o algún dolor insoportable, para la piel del ojiazul apenas era palpable la presencia de cualquier indicio de queja, no tenía nada que exponer acerca de su ahora gorda nariz. Le molestaba saber que se le hinchaba y que eso conllevara que se deformara un poco la cara; no era un vanidoso pero aún así le molestaba un poco saber que tendría que vivir con aquella nariz algunos minutos, al menos hasta que encontraran un recinto de agua para calmar y aliviar el hinchazón.
-No malinterpreté mis comentarios, que miré que para que yo le haga un halago ... -Sonrió-. Ya es decir mucho, déjeme confesar.
Cierto. El poder que tenía Axel con las chicas, en su mayoría de los casos era nulo, más por el hecho que no solía hacer halagos a cualquier persona solo porque si. Tampoco es como si a aquella castaña que había realmente cautivar sus sentidos le estuviera diciendo dichas cosas por alguna forma de vergüenza por la pasada escena, muy por el contrario, odiaba quedar bien a base de mentiras.
-Rectifico, es usted hermosa. -Asintió con un suave movimiento en su rostro.- Mis más humildes disculpas por cualquier confusión siendo el caso.
Aquella sonrisa se transformó en una pícara tras el comentario y en un nuevo gesto de aceptación tras el comentario de la chica en respuesta a el de él.
-Tienes razón. -Admitió.- Quizá intenten aprovecharse incluso de la inocencia de esa chica torpe. -Bromeo.- Bastante suerte ha sido entonces que se estrellara conmigo siendo el caso en particular.
Un pequeño toque se hizo presente sobre su nariz, bastante lata estaba dando ya la misma, soltó un suspiro frustrado,para si mismo, nada ruidoso; en acto reflejo la punta de su índice diestro fue enviada directamente hacia el centro de su tabique. Más lo retiro con suavidad al escuchar las palabras de la chica, una nueva sonrisa se formó de par en par en sus labios.
-Enserio no duele. Solo molesta un poco, usted sabe, la sensación de saber que ahora mi nariz es aún más grande y fea de lo normal pero bueno, no importa tendré que acostumbrarme a eso.
Soltó una pequeña risa sonora proveniente desde su pecho.
-Oh no crea que todos son amables, muchos de ellos son muy quisquillas.
Admitió, ahora con la mano de la chica en el brazo para así comenzar a dar una caminata con pasos suaves y lentos, como todo buen guía dejando que su acompañante pudiera apreciar la vista y las modalidades que Ataúlfo le podría brindar.
-Genial, más vale que Ataúlfo no de una decepción entonces. -Se encogió en hombros. -Axel Foster, no lo malgaste. -Le guiñó el ojo denotando aún los aires bromistas. - ¿Y usted es?

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Axel S. Foster- Conde de Ataúlfo
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Re: Olor a café # Anne.
La presencia de aquel joven era un claro ejemplo de sencillez e invitaba a la castaña a sentirse en confianza. Adoraba los momentos en los que encontraba gente de ese tipo. Por su posición, estaba acostumbrada a estar rodeada de gente superficial e hipócrita por lo que ella debía de comportarse de la misma forma fingiendo tener la vida perfecta y deleitarse al contar lo maravillosa que era la vida con su padre, además de tener que fingir sonrisas y afecto hacia personas que simplemente no toleraba. Aunque estaba segura de que no todos los nobles eran así, era raro encontrar a una persona que fuera sincera ya que debían de cuidar la imagen de perfección. El agobio de haber chocado con un extraño, comenzaba a disminuir, cosa que en otras circunstancias, no le hubiera sido posible.
Se mordió el labio al notar que examinaba su nariz. A los ojos de la castaña, no parecía un golpe tan grave como para haberle roto la nariz, pero su cabeza no era prácticamente blanda así que era lógico que la nariz del rubio se hubiera hinchado por el golpe. Le fue inevitable no sentirse de nuevo culpable al notar su expresión de frustración.
-Ah un joven egocéntrico que no es capaz de aceptar que los demás puedan competir con su belleza. - Enarcó una ceja y sonrió burlonamente. -Entonces debo asumir que soy una chica sumamente afortunada ¿no? - Su expresión denotaba suficiencia y sonrió con cierto orgullo fingido. -Insisto, golpearé personas más seguido para recibir tantos halagos. - Río divertida y después le guiño un ojo. Esperaba que realmente fuera así y no fuera en realidad el típico chico que le decía lo mismo a todas las jóvenes con las que se cruzaba.
-A usted le gusta verme sonrojada ¿cierto? - Ya había perdido la cuenta de cuantas veces se había sonrojado hasta el momento y ya prácticamente se había resignado a que sus mejillas emanaran calor y se dibujaran de un rojo tenue lo cual de cierta forma acrecentaba su belleza. -Descuide, queda perdonado. - Una sincera sonrisa se dibujo sobre sus labios. Sabía que el joven decía todo aquello en broma y no con el afán de hacerla sentir mal y de cierta forma le divertía adoptar una postura trágica y responder de forma dramática ya que él le seguía el hilo de la conversación y le respondía de la misma forma. -La suerte esta de mi lado el día de hoy. - En realidad los últimos días habían sido una autentica pesadilla para Anneliese y hasta el momento el encuentro con el francés, había sido lo único que le había sucedido y tal vez la belleza que ofrecía aquel lugar a los ojos de la castaña.
-Es usted un exagerado. - Comentó con una sonrisa. -Si me permite decirlo, su nariz es en lo absoluto fea, solo que si está un poco hinchada y cada que lo miro no puedo evitar sentirme culpable, pero me tranquiliza la idea de que en un par de días, volverá a la normalidad. - Sabía que el rubio bromeaba pero no podía evitar sentirse apenada cada que lo miraba. -¿Quisquillosos? Bueno tengo un par de semanas para averiguar cómo son las personas del Reino de Ataúlfo. - Estaba sujeta con suavidad al brazo del joven. Agradecía que su padre estuviera lejos ya que se hubiera escandalizado al ver a Anneliese fraternizando con un extraño y peor todavía, tomándolo del brazo para dar un paseo por la plaza de Ataúlfo. -¿Axel Foster, conde de Ataúlfo? - Preguntó sorprendida ya que había tenido que memorizar todos los nombres de los nobles antes de llegar a aquel lugar. -Soy Anneliese Schäfer... supongo que habrá escuchado algo a cerca de mí. - Todavía estaba sorprendida por la identidad recién revelada de Axel. -El destino estaba decidido a que nos encontráramos, si no lo hubiera conocido ahora mismo, probablemente en la noche lo hubiera hecho de todas formas. - Se mordió el labio inferior al ver la nariz de Axel y recordar que tenían una fiesta pendiente en honor a la llegada de la familia Schäfer y Köhler.
Se mordió el labio al notar que examinaba su nariz. A los ojos de la castaña, no parecía un golpe tan grave como para haberle roto la nariz, pero su cabeza no era prácticamente blanda así que era lógico que la nariz del rubio se hubiera hinchado por el golpe. Le fue inevitable no sentirse de nuevo culpable al notar su expresión de frustración.
-Ah un joven egocéntrico que no es capaz de aceptar que los demás puedan competir con su belleza. - Enarcó una ceja y sonrió burlonamente. -Entonces debo asumir que soy una chica sumamente afortunada ¿no? - Su expresión denotaba suficiencia y sonrió con cierto orgullo fingido. -Insisto, golpearé personas más seguido para recibir tantos halagos. - Río divertida y después le guiño un ojo. Esperaba que realmente fuera así y no fuera en realidad el típico chico que le decía lo mismo a todas las jóvenes con las que se cruzaba.
-A usted le gusta verme sonrojada ¿cierto? - Ya había perdido la cuenta de cuantas veces se había sonrojado hasta el momento y ya prácticamente se había resignado a que sus mejillas emanaran calor y se dibujaran de un rojo tenue lo cual de cierta forma acrecentaba su belleza. -Descuide, queda perdonado. - Una sincera sonrisa se dibujo sobre sus labios. Sabía que el joven decía todo aquello en broma y no con el afán de hacerla sentir mal y de cierta forma le divertía adoptar una postura trágica y responder de forma dramática ya que él le seguía el hilo de la conversación y le respondía de la misma forma. -La suerte esta de mi lado el día de hoy. - En realidad los últimos días habían sido una autentica pesadilla para Anneliese y hasta el momento el encuentro con el francés, había sido lo único que le había sucedido y tal vez la belleza que ofrecía aquel lugar a los ojos de la castaña.
-Es usted un exagerado. - Comentó con una sonrisa. -Si me permite decirlo, su nariz es en lo absoluto fea, solo que si está un poco hinchada y cada que lo miro no puedo evitar sentirme culpable, pero me tranquiliza la idea de que en un par de días, volverá a la normalidad. - Sabía que el rubio bromeaba pero no podía evitar sentirse apenada cada que lo miraba. -¿Quisquillosos? Bueno tengo un par de semanas para averiguar cómo son las personas del Reino de Ataúlfo. - Estaba sujeta con suavidad al brazo del joven. Agradecía que su padre estuviera lejos ya que se hubiera escandalizado al ver a Anneliese fraternizando con un extraño y peor todavía, tomándolo del brazo para dar un paseo por la plaza de Ataúlfo. -¿Axel Foster, conde de Ataúlfo? - Preguntó sorprendida ya que había tenido que memorizar todos los nombres de los nobles antes de llegar a aquel lugar. -Soy Anneliese Schäfer... supongo que habrá escuchado algo a cerca de mí. - Todavía estaba sorprendida por la identidad recién revelada de Axel. -El destino estaba decidido a que nos encontráramos, si no lo hubiera conocido ahora mismo, probablemente en la noche lo hubiera hecho de todas formas. - Se mordió el labio inferior al ver la nariz de Axel y recordar que tenían una fiesta pendiente en honor a la llegada de la familia Schäfer y Köhler.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
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Re: Olor a café # Anne.
-No, sería demasiado egoísta incluso pensar que otros podrían competir con mi belleza inigualable.
Su diestra aparto un cabello largo invisible en su hombro y su cara se mostró en lo alto provocando un ademán como si de alguna chica vanidosa se tratara. Sin duda aquella primera introducción dramatizando y gastando bromas por cualquier cosa que se presentara no había sido un fiasco después de todo. Y al final había podido lograr entablar una conversación amigable con la chica; soltó una carcajada poco ruidosa ante su misma acción ¿Cuán ridículo se estaba mostrando desde que había comenzado a bromear y a dramatizar con ella? De alguna forma u otra se sentía en plena libertad con la chica ojiazul, como si tuvieran años de conocerse y ese trato fuera tan normal y común en ellos, estaba cómodo tenía que admitirlo y demasiado, no recordaba cual había sido la última vez que Axel se había desgastado varias bromas simplemente no lo podía recordar pues en el castillo se suponía que tenía que mantener la cordura a pesar de tener algunos amigos ahí, seguía sintiéndose demasiado excluido de todo eso.
-¿Afortunada? -Sonrío negando con la cabeza de izquierda a derecha y de regreso un par de veces. -Creo que tendrá que chocar conmigo varias veces para recibir un buen halago. -Soltó una pequeña risa sonora, acercándose a ella -a su oído- como si de un secreto se tratara. -No creo que otra persona aquí pueda darle un buen halago sin querer insinuarle algo.
Admitió. Y era cierto, en más de una ocasión en el pasado había tenido problemas con algunos ciudadanos que intentaban sobrepasarse con las chicas, sobre todo con aquellas que gustaban de conocer el reino visitando Ataúlfo desde muy lejos; incluso con un par de miembros de la corona llegó a tener problemas de comunicación por lo mismo. Era extraño, sin embargo recordar a todas esas chicas con una belleza singular cada una y comparar la situación con la castaña era un tanto contradictorio, era diferente y demasiado; admitía que había coqueteado con un par de chicas antes, pero nada comparado con esa situación. Se detuvo a pensar un momento ¿Realmente estaba coqueteando con ella? No lo veía de esa forma, estaba siendo simplemente él y eso le gustaba a ella, al parecer, no sabía bien cual era el calificativo que podría emplear ¿Atracción? Si, eso era. Se sentía atraído por ella y mucho tenía que admitir. Aquella estúpida sonrisa se intensifico aún más al escuchar el comentario sobre el sonrojo de la castaña, si se veía impresionantemente linda pero el objetivo no era hacerla sonrojar sino simplemente decirle la verdad. Negó con su rubia cabellera un par de veces.
-No es por verla sonrojada, simplemente digo la verdad. -Admitió encogiéndose en hombros. -Aunque si me es permitido agregar, usted se ve extremadamente linda con aquel rubor sobre su cara.
Asintió con la cabeza, dando un pequeño ademán hacia el frente gesticulando con sus labios un "gracias" ante su reciente perdón. Se incorporó poniendo su espalda nuevamente recta y por primera vez en la conversación recordó el reciente dolor de cabeza que tenía desde que había salido del castillo a culpa de la fiesta dada la noche anterior; se fue por completo aquel malestar de un momento a otro, le agradecía en silencio a la castaña eso.
-Temo decirle, que muchos me hacen llamar el rey del drama. Creo que me he ganado dignamente ese título. -Bromeó. E inmediatamente ante el cumplido por su nariz una pequeña vergüenza se impregno en su cara, era más el hecho de recibir tal halago que el comentario mismo. No solía recibir muchos halagos de las chicas. -Jaja, pues muchas gracias ahora confirmo que mi nariz sigue estando bien; lamento que se sienta culpable, en verdad no tiene por que reprimirse por mi. -Le regalo una sonrisa.- Más que culpable tendría que sentirse bien, ha ayudado a un pobre en alma a tener un buen día.
Soltó una pequeña carcajada sonora al pensar en la reacción de los ciudadanos de Ataúlfo siendo golpeados por la chica. Si, no habría duda que lo más seguro fuese que hicieran algún tipo de revuelo contra la castaña y al final terminaran pidiéndole disculpas. Su sonrisa se postró de lado siendo un poco más chica pues la reacción de la chica había ciertamente, no sorprendido, si no más bien lo había tomado de "bajada"; ahora sabía que la chica cambiaría con él. Sin embargo, pronto el nombre de la chica hizo que las cosas cambiara nuevamente para la mentalidad del rubio ¿Ahora?
-Si, el mismísimo. -Asintió.- Anneliese Schäfer, condesa de Lohr. -Hizo un ademán con su mano mostrando halago ante la presentación de su homóloga. -Nuestros padres eran buenos amigos...
Comentó con cierto sarcasmo al tiempo que se encogía en hombros. La verdad era que cuando aún estaba en vida el padre de Foster en más de una ocasión había tenido alguna discusión y desacuerdo con el señor Schäfer, esto debido a las diferencias que solían tener en cuanto a sus mentalidades; había sido épico el presenciar las diferentes discusiones de ambos.
-Si al final seguro el destino hubiera sido testigo de nuestro encuentro. -Se quedó en silencio un momento.- Me pregunto si ahí también hubiera sufrido un atentado por usted.
Bromeó, aún andando caminando del brazo con Anne sentía más de una mirada de algún ajeno que intentaba adivinar porque ambos condes andaban de tal forma por las calles; era incluso un poco vergonzoso saber que los ciudadanos se habían dado cuenta que la castaña era la condesa de otro reino. Indignante.
Su diestra aparto un cabello largo invisible en su hombro y su cara se mostró en lo alto provocando un ademán como si de alguna chica vanidosa se tratara. Sin duda aquella primera introducción dramatizando y gastando bromas por cualquier cosa que se presentara no había sido un fiasco después de todo. Y al final había podido lograr entablar una conversación amigable con la chica; soltó una carcajada poco ruidosa ante su misma acción ¿Cuán ridículo se estaba mostrando desde que había comenzado a bromear y a dramatizar con ella? De alguna forma u otra se sentía en plena libertad con la chica ojiazul, como si tuvieran años de conocerse y ese trato fuera tan normal y común en ellos, estaba cómodo tenía que admitirlo y demasiado, no recordaba cual había sido la última vez que Axel se había desgastado varias bromas simplemente no lo podía recordar pues en el castillo se suponía que tenía que mantener la cordura a pesar de tener algunos amigos ahí, seguía sintiéndose demasiado excluido de todo eso.
-¿Afortunada? -Sonrío negando con la cabeza de izquierda a derecha y de regreso un par de veces. -Creo que tendrá que chocar conmigo varias veces para recibir un buen halago. -Soltó una pequeña risa sonora, acercándose a ella -a su oído- como si de un secreto se tratara. -No creo que otra persona aquí pueda darle un buen halago sin querer insinuarle algo.
Admitió. Y era cierto, en más de una ocasión en el pasado había tenido problemas con algunos ciudadanos que intentaban sobrepasarse con las chicas, sobre todo con aquellas que gustaban de conocer el reino visitando Ataúlfo desde muy lejos; incluso con un par de miembros de la corona llegó a tener problemas de comunicación por lo mismo. Era extraño, sin embargo recordar a todas esas chicas con una belleza singular cada una y comparar la situación con la castaña era un tanto contradictorio, era diferente y demasiado; admitía que había coqueteado con un par de chicas antes, pero nada comparado con esa situación. Se detuvo a pensar un momento ¿Realmente estaba coqueteando con ella? No lo veía de esa forma, estaba siendo simplemente él y eso le gustaba a ella, al parecer, no sabía bien cual era el calificativo que podría emplear ¿Atracción? Si, eso era. Se sentía atraído por ella y mucho tenía que admitir. Aquella estúpida sonrisa se intensifico aún más al escuchar el comentario sobre el sonrojo de la castaña, si se veía impresionantemente linda pero el objetivo no era hacerla sonrojar sino simplemente decirle la verdad. Negó con su rubia cabellera un par de veces.
-No es por verla sonrojada, simplemente digo la verdad. -Admitió encogiéndose en hombros. -Aunque si me es permitido agregar, usted se ve extremadamente linda con aquel rubor sobre su cara.
Asintió con la cabeza, dando un pequeño ademán hacia el frente gesticulando con sus labios un "gracias" ante su reciente perdón. Se incorporó poniendo su espalda nuevamente recta y por primera vez en la conversación recordó el reciente dolor de cabeza que tenía desde que había salido del castillo a culpa de la fiesta dada la noche anterior; se fue por completo aquel malestar de un momento a otro, le agradecía en silencio a la castaña eso.
-Temo decirle, que muchos me hacen llamar el rey del drama. Creo que me he ganado dignamente ese título. -Bromeó. E inmediatamente ante el cumplido por su nariz una pequeña vergüenza se impregno en su cara, era más el hecho de recibir tal halago que el comentario mismo. No solía recibir muchos halagos de las chicas. -Jaja, pues muchas gracias ahora confirmo que mi nariz sigue estando bien; lamento que se sienta culpable, en verdad no tiene por que reprimirse por mi. -Le regalo una sonrisa.- Más que culpable tendría que sentirse bien, ha ayudado a un pobre en alma a tener un buen día.
Soltó una pequeña carcajada sonora al pensar en la reacción de los ciudadanos de Ataúlfo siendo golpeados por la chica. Si, no habría duda que lo más seguro fuese que hicieran algún tipo de revuelo contra la castaña y al final terminaran pidiéndole disculpas. Su sonrisa se postró de lado siendo un poco más chica pues la reacción de la chica había ciertamente, no sorprendido, si no más bien lo había tomado de "bajada"; ahora sabía que la chica cambiaría con él. Sin embargo, pronto el nombre de la chica hizo que las cosas cambiara nuevamente para la mentalidad del rubio ¿Ahora?
-Si, el mismísimo. -Asintió.- Anneliese Schäfer, condesa de Lohr. -Hizo un ademán con su mano mostrando halago ante la presentación de su homóloga. -Nuestros padres eran buenos amigos...
Comentó con cierto sarcasmo al tiempo que se encogía en hombros. La verdad era que cuando aún estaba en vida el padre de Foster en más de una ocasión había tenido alguna discusión y desacuerdo con el señor Schäfer, esto debido a las diferencias que solían tener en cuanto a sus mentalidades; había sido épico el presenciar las diferentes discusiones de ambos.
-Si al final seguro el destino hubiera sido testigo de nuestro encuentro. -Se quedó en silencio un momento.- Me pregunto si ahí también hubiera sufrido un atentado por usted.
Bromeó, aún andando caminando del brazo con Anne sentía más de una mirada de algún ajeno que intentaba adivinar porque ambos condes andaban de tal forma por las calles; era incluso un poco vergonzoso saber que los ciudadanos se habían dado cuenta que la castaña era la condesa de otro reino. Indignante.

Axel S. Foster- Conde de Ataúlfo
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Re: Olor a café # Anne.
-Claro, estoy segura que hasta los Dioses lo envidian y le temen. - Rio divertida al ver la mímica que realizaba. Era mucho mejor actriz de lo que ella pudiera llegar a ser alguna vez. La castaña solía sentirse incómoda cuando se trataba de socializar con los chicos de su edad, tal vez porque relacionaba el maltrato de su padre y creía que ellos se comportarían de la misma forma con ella. Además su "prometido" no era precisamente la persona más encantadora que uno pudiera conocer y la trataba de forma similar a como la trataba su padre: como una simple muñeca de porcelana, la cual debía de mantenerse sumisa y callada y acatarse a las normas que ellos le impusieran. Pero ella poseía un espíritu rebelde el cual la había conducido hasta ahí. Solo trato de reprimir todo pensamiento relacionado a su padre, ya que estaba segura de que cuando volviera, recibiría un regaño espantoso, aunque podría usar como defensa que había salido y socializado con el conde de Ataúlfo y así tal vez la perdonara un poco.
-Tendré que rechazar su amable oferta. - Retiró un mechón de cabello y lo colocó detrás de su oreja. -No quiero arriesgarme a dejarlo mal herido por tanto choque. - Un ligero escalofrío la recorrió de pies al cabeza al sentir el cálido aliento del rubio sobre su oído. Ni si quiera su prometido tenía aquella confianza de acercarse a ella de semejante forma, además de que Anneliese nunca se lo hubiera permitido. Pero esta vez era algo diferente y la castaña no encontraba motivo alguno para pedirle al joven que se alejara de ella. Una tímida sonrisa se dibujo sobre sus labios al escuchar el comentario. -Bueno, si usted se encuentra cerca de mí, no correré peligro alguno. - Sin conocerla realmente, había acertado. Anneliese era sumamente ingenua y siempre trataba de buscar lo mejor de las personas. Pero siempre terminaban por decepcionarla y a pesar de haber atravesado por esa situación en severas ocasiones, no aprendía la lección. Cuando las personas no eran de fiar, solía sentir una extraña sensación en el pecho o el estómago, pero esta vez fue diferente. Parecía ser como si conociera al joven de toda la vida y que simplemente se hubiera reencontrado con un viejo y encantador amigo.
-No creo que sea para tanto. -Ya ni siquiera se había inmutado en tratar de buscar la forma de atenuar el rubor que invadía sus mejillas con cada comentario que recibía del rubio. No comprendía porque se comportaba tan amable con ella y mucho menos creía que el joven sintiera alguna atracción hacia su persona. Siempre se menospreciaba a si misma cuando de chicos se trataba, además de que había pero juez que ella misma para criticarse. Desde muy pequeña había comenzado a preguntarse en que fallaba y porque su padre la detestaba, así que siempre buscaba y encontraba numerosos defectos en sí misma. Nunca nadie le había asegurado que todos eran imperfectos y seguramente ese era el motivo por el cual la condesa se había vuelto una chica demasiado perfeccionista y sufría mucho al no alcanzar aquel nivel máximo de perfección.
-¿Rey? No, usted ya es algo así como el amo, señor y Dios del dramatismo. - Lo miraba de reojo y no dijo nada al ver un ligero y discreto sonrojo que había aparecido en sus mejillas tras el comentario que había formulado. Un gesto de confusión de dibujo en el rostro de la castaña. ¿Cómo era posible haberle ayudado a tener un buen día? Estaba segura de que era por mera cortesía que le decía aquello y para que dejara de sentirse culpable. -¿Y cómo es que lo he ayudado? - Ladeó la cabeza para mirarlo ya que todavía se preguntaba cómo era aquello posible. Definitivamente la risa del rubio era contagiosa y ella comenzó a reír melodiosamente al igual que el, aunque tras la exclamación de sorpresa por parte de Anneliese al enterarse que el era también un conde, habían cesado las risas. "Todo lo que se relaciona con la nobleza es una terrible desgracia y lo lleva a la ruina." Pensó con amargura al notar el repentino cambio en la actitud del rubio.
-¿Nuestros padres se conocían? - Alzó la mirada curiosa al escuchar aquello. -En realidad no había escuchado hablar de su familia hasta que llegamos aquí, mi padre suele ocultarme muchas cosas. - Torció los labios en señal de desacuerdo. -Espero que la mala relación de nuestros padres no tenga influencia alguna sobre la nuestra. - Comentó con cierta tristeza en la voz, ya que Axel le había gustado, mucho más de lo que hubiera deseado y no quería que su relación se diera por finalizada gracias a su odioso padre. El ya había arruinado la vida de Anneliese en muchos aspectos y no iba a permitir que sucediera de nuevo. -Tal vez lo hubieran asignado como mi pareja de baile y lo hubiera hecho tropezar con mi vestido. -Recordó que más tarde asistirían a una gran fiesta en honor a su llegada y era algo que le resultaba emocionante ya que adoraba las fiestas y todavía más, los hermosos vestidos que tenía oportunidad de usar.
Ignoró lo que sucedía a su alrededor. Varias cabezas se giraron curiosas para observar a la pareja que caminaba por las calles de la plaza. Era lógico que llamaran la atención ya que mínimo Axel, no debía pasar desapercibido por Ataúlfo. Un delicioso aroma llegó hasta su nariz y sintió un pequeño dolor en el estómago, quien a gritos le exigía comida ya que la noche anterior se había negado a probar bocado, pero procuró ignorarlo ya que no quería parecer inoportuna ante el conde.
-Tendré que rechazar su amable oferta. - Retiró un mechón de cabello y lo colocó detrás de su oreja. -No quiero arriesgarme a dejarlo mal herido por tanto choque. - Un ligero escalofrío la recorrió de pies al cabeza al sentir el cálido aliento del rubio sobre su oído. Ni si quiera su prometido tenía aquella confianza de acercarse a ella de semejante forma, además de que Anneliese nunca se lo hubiera permitido. Pero esta vez era algo diferente y la castaña no encontraba motivo alguno para pedirle al joven que se alejara de ella. Una tímida sonrisa se dibujo sobre sus labios al escuchar el comentario. -Bueno, si usted se encuentra cerca de mí, no correré peligro alguno. - Sin conocerla realmente, había acertado. Anneliese era sumamente ingenua y siempre trataba de buscar lo mejor de las personas. Pero siempre terminaban por decepcionarla y a pesar de haber atravesado por esa situación en severas ocasiones, no aprendía la lección. Cuando las personas no eran de fiar, solía sentir una extraña sensación en el pecho o el estómago, pero esta vez fue diferente. Parecía ser como si conociera al joven de toda la vida y que simplemente se hubiera reencontrado con un viejo y encantador amigo.
-No creo que sea para tanto. -Ya ni siquiera se había inmutado en tratar de buscar la forma de atenuar el rubor que invadía sus mejillas con cada comentario que recibía del rubio. No comprendía porque se comportaba tan amable con ella y mucho menos creía que el joven sintiera alguna atracción hacia su persona. Siempre se menospreciaba a si misma cuando de chicos se trataba, además de que había pero juez que ella misma para criticarse. Desde muy pequeña había comenzado a preguntarse en que fallaba y porque su padre la detestaba, así que siempre buscaba y encontraba numerosos defectos en sí misma. Nunca nadie le había asegurado que todos eran imperfectos y seguramente ese era el motivo por el cual la condesa se había vuelto una chica demasiado perfeccionista y sufría mucho al no alcanzar aquel nivel máximo de perfección.
-¿Rey? No, usted ya es algo así como el amo, señor y Dios del dramatismo. - Lo miraba de reojo y no dijo nada al ver un ligero y discreto sonrojo que había aparecido en sus mejillas tras el comentario que había formulado. Un gesto de confusión de dibujo en el rostro de la castaña. ¿Cómo era posible haberle ayudado a tener un buen día? Estaba segura de que era por mera cortesía que le decía aquello y para que dejara de sentirse culpable. -¿Y cómo es que lo he ayudado? - Ladeó la cabeza para mirarlo ya que todavía se preguntaba cómo era aquello posible. Definitivamente la risa del rubio era contagiosa y ella comenzó a reír melodiosamente al igual que el, aunque tras la exclamación de sorpresa por parte de Anneliese al enterarse que el era también un conde, habían cesado las risas. "Todo lo que se relaciona con la nobleza es una terrible desgracia y lo lleva a la ruina." Pensó con amargura al notar el repentino cambio en la actitud del rubio.
-¿Nuestros padres se conocían? - Alzó la mirada curiosa al escuchar aquello. -En realidad no había escuchado hablar de su familia hasta que llegamos aquí, mi padre suele ocultarme muchas cosas. - Torció los labios en señal de desacuerdo. -Espero que la mala relación de nuestros padres no tenga influencia alguna sobre la nuestra. - Comentó con cierta tristeza en la voz, ya que Axel le había gustado, mucho más de lo que hubiera deseado y no quería que su relación se diera por finalizada gracias a su odioso padre. El ya había arruinado la vida de Anneliese en muchos aspectos y no iba a permitir que sucediera de nuevo. -Tal vez lo hubieran asignado como mi pareja de baile y lo hubiera hecho tropezar con mi vestido. -Recordó que más tarde asistirían a una gran fiesta en honor a su llegada y era algo que le resultaba emocionante ya que adoraba las fiestas y todavía más, los hermosos vestidos que tenía oportunidad de usar.
Ignoró lo que sucedía a su alrededor. Varias cabezas se giraron curiosas para observar a la pareja que caminaba por las calles de la plaza. Era lógico que llamaran la atención ya que mínimo Axel, no debía pasar desapercibido por Ataúlfo. Un delicioso aroma llegó hasta su nariz y sintió un pequeño dolor en el estómago, quien a gritos le exigía comida ya que la noche anterior se había negado a probar bocado, pero procuró ignorarlo ya que no quería parecer inoportuna ante el conde.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
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Re: Olor a café # Anne.
Otra carcajada se profanó al escuchar el comentario de la chica sobre los dioses. Si, le causó gracia de cierta forma quizá estaba entrando ya en una fase simplona, esperaba que esa no fuera una opción. No quizá simplemente estaba feliz, si lo estaba, demasiado feliz para poder comparar ¿Por qué? Quién sabía, una buena mañana eso sin duda. Se estaba liberando tal cuál, no es como si fuera algo raro si no más bien poco usual, solía ser más sociable a la segunda o tercera platica social con sus homólogos, esto podría deberse quizá a el hecho de que con la mayoría de las personas con las que hablaba se trataba de aquellos pertenecientes a la nobleza intentando encajar en sus conversaciones para no quedar mal con él mismo, ni mucho menos con su reino. Si, eso sonaba más coherente. Quizá también porque a pesar de vivir en un reino con personas hasta cierto punto habladores, seguían tratándolo como un superior -aveces podía sentir el miedo que tenían los ciudadanos cuando hablaban con él por miedo a ser castigados por algo que dijeran o hicieran, cosa que sería banal pues Axel jamás ejercía algún castigo en inocentes- la razón podría ser que era de las primeras personas con las que podía hablar como si se tratara de alguien normal.
-Creo que tendría que comenzar a fortalecer mis músculos para que pudiese chocar libremente contra mi, sin correr con la culpa de que en cualquier momento podría matarme. -Bromeo acompañado de una cara dramática ante el comentario.
Tenía que admitir que a pesar y a comparación de otros chicos, el cuerpo de Axel era especialmente atlético por lo que su comentario incluso podría verse banal ante la situación. E incluso la idea de fortalecerse con sus huesos podrían terminar lastimando a alguien.
-Si, yo la protegeré. Así que puedo decirle libremente que a partir de ahora usted ya no corre peligro alguno. -Sonrío. -Insisto. -Aún con aquella sonrisa estúpida impregnada en sus labios, intento intensificarse un poco más.
Comenzaba a doler los pómulos, los labios y los músculos de la cara. Volvía a rectificar yacía bastante tiempo ya desde que no tenía un rato agradable con alguien. No quería verlo de aquella forma, pero de forma inconsciente comparó a la castaña ojiazul que postraba frente a él, junto con algunas amigas e incluso algunas chicas del reino y adentrándose un poco a más detalles con algunas chicas que llegó a salir hace tiempo ya, ella tenía ese aire de "no sé que" que le atraía al chico, además de sus facciones físicas que sin duda volverían loco a cualquier hombre, tenía esa vibra que le daba cierta confianza a Axel. En caso de que se pudiera entablar una relación aún más fuerte que aquella charla casual que tenían, sin duda se encargaría de hacerla sonrojar cada que tuviera la oportunidad; aquella faceta de chica tímida, sonrojada, inocente, frágil, si, le gustaba y mucho.
-¿Amo? ¿Señor? ¿Dios? ¡Jajajaja!
No lo pudo aguantar y soltó la carcajada a los cuatro vientos. Le causo gracia y demasiado así que con toda certeza aquella carcajada se alargó solo un poco más de lo que debería y supuestamente tendría permitido. Su zurda, libre mientras caminaban terminó en el abdomen del rubio haciendo un poco de presión y sin poder evitarlo se vio obligado a parar un poco la caminata, pues le había dado una especie de ataque de risa, ironía ante la certeza del comentario más que nada. Cerró los ojos un par de segundos, mientras tomaba aire recuperándose. Dos segundos y estaba como nuevo; aventurándose a volver a dejar su zurda colgada a su costado y continuar con la caminata. No se había percatado pero ya habían avanzado unas cuantas manzanas desde que abandonaron aquel lugar de encuentro, vaya que caminaban rápido.
-Pues... Podría presumirle que mi día ha sido bueno, fuera de rutina gracias a usted. Así me ha ayudado. - Explico amable, con aires bohémicos en su tono filosófico por naturaleza, explayando consigo una sonrisa de par en par.
-Veamos... Nuestros padres en un principio eran buenos amigos, sin embargo con el paso del tiempo uno de ellos se cegó por el poder, mientras que su padre simplemente intentaba ayudar al mío. Miré, mi padre tenía un reino aquí mismo en Francia, aún más chico que Ataúlfo y que Lohr, sin embargo al final era un reino. Nuestros padres intentaron hacerlo más grande, pero como le dije uno de ellos se cegó por el poder, mi padre así que comenzó a hacer alianzas por todos lados, malos tratos si así lo quiere ver. Cosa que no le agradó a su padre del todo. -Pausó para tomar un poco de aire y así poder proseguir. - La idea era que el primer en tener varón sería quien se quedará con el reino, mi padre por fines lógicos. A su padre no le gustó, otro factor por el cual sería lógico que odiara al mío. Así bien, al final terminaron por discutir y odiarse...
Terminó con el que podría ser y parecer un resumen un poco bien detallado acerca de la historia de ambas familias.
-No, esto no tiene porque afectar el trato que tenemos nosotros. ¿Verdad? -Muchas veces ese tipo de situaciones eran más que suficiente para que dos familias se odiaran, e incluso dejaran la conexión por completo el uno con el otro sin saber alguna historia concreta del porque el odio entre familias.
-¡Atentaría con mi vida una vez más! -Dramatizó con una sonrisa.
Un delicioso olor a pan recién horneado se impregnó en las aletas olfativas de Axel, su estómago en acto reflejo no pudo evitar rugir, era cierto aún no había desayunado absolutamente nada. Vaya vergüenza que pasaría con la condesa.
-¿Tiene hambre? -Pregunto directo. -Que, mire que el pan dulce de aquí de Ataúlfo es algo delicioso en todo sentido, si tiene tiempo y quiere podríamos ir a probar un poco.
-Creo que tendría que comenzar a fortalecer mis músculos para que pudiese chocar libremente contra mi, sin correr con la culpa de que en cualquier momento podría matarme. -Bromeo acompañado de una cara dramática ante el comentario.
Tenía que admitir que a pesar y a comparación de otros chicos, el cuerpo de Axel era especialmente atlético por lo que su comentario incluso podría verse banal ante la situación. E incluso la idea de fortalecerse con sus huesos podrían terminar lastimando a alguien.
-Si, yo la protegeré. Así que puedo decirle libremente que a partir de ahora usted ya no corre peligro alguno. -Sonrío. -Insisto. -Aún con aquella sonrisa estúpida impregnada en sus labios, intento intensificarse un poco más.
Comenzaba a doler los pómulos, los labios y los músculos de la cara. Volvía a rectificar yacía bastante tiempo ya desde que no tenía un rato agradable con alguien. No quería verlo de aquella forma, pero de forma inconsciente comparó a la castaña ojiazul que postraba frente a él, junto con algunas amigas e incluso algunas chicas del reino y adentrándose un poco a más detalles con algunas chicas que llegó a salir hace tiempo ya, ella tenía ese aire de "no sé que" que le atraía al chico, además de sus facciones físicas que sin duda volverían loco a cualquier hombre, tenía esa vibra que le daba cierta confianza a Axel. En caso de que se pudiera entablar una relación aún más fuerte que aquella charla casual que tenían, sin duda se encargaría de hacerla sonrojar cada que tuviera la oportunidad; aquella faceta de chica tímida, sonrojada, inocente, frágil, si, le gustaba y mucho.
-¿Amo? ¿Señor? ¿Dios? ¡Jajajaja!
No lo pudo aguantar y soltó la carcajada a los cuatro vientos. Le causo gracia y demasiado así que con toda certeza aquella carcajada se alargó solo un poco más de lo que debería y supuestamente tendría permitido. Su zurda, libre mientras caminaban terminó en el abdomen del rubio haciendo un poco de presión y sin poder evitarlo se vio obligado a parar un poco la caminata, pues le había dado una especie de ataque de risa, ironía ante la certeza del comentario más que nada. Cerró los ojos un par de segundos, mientras tomaba aire recuperándose. Dos segundos y estaba como nuevo; aventurándose a volver a dejar su zurda colgada a su costado y continuar con la caminata. No se había percatado pero ya habían avanzado unas cuantas manzanas desde que abandonaron aquel lugar de encuentro, vaya que caminaban rápido.
-Pues... Podría presumirle que mi día ha sido bueno, fuera de rutina gracias a usted. Así me ha ayudado. - Explico amable, con aires bohémicos en su tono filosófico por naturaleza, explayando consigo una sonrisa de par en par.
-Veamos... Nuestros padres en un principio eran buenos amigos, sin embargo con el paso del tiempo uno de ellos se cegó por el poder, mientras que su padre simplemente intentaba ayudar al mío. Miré, mi padre tenía un reino aquí mismo en Francia, aún más chico que Ataúlfo y que Lohr, sin embargo al final era un reino. Nuestros padres intentaron hacerlo más grande, pero como le dije uno de ellos se cegó por el poder, mi padre así que comenzó a hacer alianzas por todos lados, malos tratos si así lo quiere ver. Cosa que no le agradó a su padre del todo. -Pausó para tomar un poco de aire y así poder proseguir. - La idea era que el primer en tener varón sería quien se quedará con el reino, mi padre por fines lógicos. A su padre no le gustó, otro factor por el cual sería lógico que odiara al mío. Así bien, al final terminaron por discutir y odiarse...
Terminó con el que podría ser y parecer un resumen un poco bien detallado acerca de la historia de ambas familias.
-No, esto no tiene porque afectar el trato que tenemos nosotros. ¿Verdad? -Muchas veces ese tipo de situaciones eran más que suficiente para que dos familias se odiaran, e incluso dejaran la conexión por completo el uno con el otro sin saber alguna historia concreta del porque el odio entre familias.
-¡Atentaría con mi vida una vez más! -Dramatizó con una sonrisa.
Un delicioso olor a pan recién horneado se impregnó en las aletas olfativas de Axel, su estómago en acto reflejo no pudo evitar rugir, era cierto aún no había desayunado absolutamente nada. Vaya vergüenza que pasaría con la condesa.
-¿Tiene hambre? -Pregunto directo. -Que, mire que el pan dulce de aquí de Ataúlfo es algo delicioso en todo sentido, si tiene tiempo y quiere podríamos ir a probar un poco.

Axel S. Foster- Conde de Ataúlfo
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Re: Olor a café # Anne.
Una sonrisa alegre iluminó el rostro de Anneliese. Su manera de reír, que demostraba lo despreocupado que se encontraba de la vida, era bastante contagiosa. Su rostro se iluminaba de una forma especial cuando reía y este detalle no había pasado desapercibido a los ojos de la castaña. Definitivamente era como si estuviera charlando con un viejo conocido con el cual no había coincidido por largo tiempo y gracias al rubio, la mañana de Anneliese no había resultado tan aburrida como había creído ya que si se hubiera quedado en aquella residencia, posiblemente habría tenido que soportar los sermones de su padre sobre lo que debía o no debía hacer y amenazarla unas cien veces de que si llegaba a comportarse de forma indebida, lo pagaría muy caro. Y en realidad era patética la vida que llevaba Anneliese a lado de su padre, ya que él no se daba cuenta o ya se había dado cuenta y no quería aceptar que la castaña ya no era una niña pequeña e indefensa y de que se había formado un criterio bastante sólido y podía tomar las decisiones que ella considerara las más acertadas y las que más le convinieran.
-No me parece que deba fortalecerlos más, me ha dejado todo el cuerpo adolorido. - Bromeó tras escuchar el comentario. Si, todavía algunas partes de su cuerpo se quejaban por el impacto recibido pero ¿a quién no le hubiera dolido? A menos que fuera de piedra, tal vez hubiera aguantado un poco más. Sonrió aún más divertida después de mirar fugazmente al rubio de pies a cabeza. A su parecer, el físico del joven era perfecto, pero decidió que este tipo de comentarios no debían expresarse en voz alta y dar a entender que la castaña era una superficial.-Vaya, ahora tengo a mi valiente caballero que cuidará de mi... - La sonrisa del rubio cada vez aumentaba más de tamaño ¿o era su imaginación? -Aunque debo advertirle, los peligros y accidentes parecieran sentir cierta atracción por mi persona, así que deberá estar preparado. - Muchas veces se había llegado a preguntar si no tendría algún imán oculto en el cuerpo ya que muy a menudo sufría accidentes y los obstáculos parecían encantados de ponerse en medio de su camino.
Se percató de que varias miradas curiosas los observaban gracias a las alegres carcajadas del rubio. Tampoco le paso inadvertido que muchos de los extraños sonreían y se deleitaban con la alegría que Axel parecía emanar en aquellos momentos.
-Ahora lo dejaré sin respiración... Soy un verdadero peligro para usted. - Rio divertida al notar que le faltaba el aire gracias a la risa que le había provocado el anterior comentario. Era raro que alguien se riera de aquella forma de los comentarios de la castaña, así que prácticamente tomaba aquello como un halago y le agradaba que al menos una persona encontrara divertido lo que decía. Solía creer que tras la represión bajo la que vivía, se convertiría en una chica amargada y sin sentido del humor, pero aquella niña alegre y risueña parecía que todavía se encontraba escondida y lista para salir de nuevo cuando Anne se lo permitiera.
-Me alegra escuchar eso. Usted también me ha sacado de lo que hubiera sido la típica rutina en la vida de Anneliese. - Miro a su alrededor con curiosidad ya que habían avanzado bastante desde que habían comenzado a caminar. Cada tienda parecía pedirle a gritos a la castaña que entrara en ella, pero ya tendría más tiempo otro día para poder deleitarse con las sorpresas que cada una de aquellas tiendas escondían. Escucho con atención las palabras del joven y simplemente fruncía de vez en cuando el ceño o arrugaba la nariz. La vida de su padre siempre le había parecido un completo misterio y en ocasiones había llegado a pensar que tenía una especie de doble vida, pero tal vez su alocada mente le estaba haciendo creer algo que no era cierto.
-Claro otro factor para odiar a su padre y para odiarme un poco más a mí. - Comentó con una amarga sonrisa. Ahora comprendía un poco más porque su padre la rechazaba tanto. El hubiera deseado tener un hijo varón y a cambio había nacido Anneliese y para empeorar todo, su madre había muerto después de dar a luz. Lo que no la sorprendía era la ambición de su padre y la lucha por obtener el poder ya que desde que tenía memoria, el siempre había buscado la forma de inmiscuirse en la corte y procurar elevar la posición de la familia. Su última aportación a la familia Schäfer había sido el buscarle un prometido a Anneliese y ahora tener que obligarla a casarse con él, a pesar de que era un idiota arrogante, cosa que a su padre no le importaba en lo absoluto mientras que todo aquello siguiera resultando ventajoso para ellos.
-Por supuesto que no. La vida de mi padre está muy por aparte de la mía, así que descuide, todavía no pretendo salir corriendo y alejarme de usted. - Aunque estaba segura de que su padre vería aquella relación con malos ojos, Anneliese no pretendía hacer a un lado a las pocas personas agradables con las que se cruzaba. Estaba dispuesta a atenerse a las consecuencias que una amistad con el conde Foster implicaban para ella. Era su vida y debía de controlarla a su gusto y no al de su padre, aunque a este le costara todavía entender. La misma rebeldía de Anneliese era consecuencia de la represión bajo la que vivía sometida desde pequeña, así que las cosas no tardarían mucho tiempo en explotar si la situación de su casa no llegaba a cambiar.
-Temo informarle que aunque usted no quiera, atentaré contra su vida esta noche. - Ya tenía un motivo más para sentirse emocionada respecto a aquella fiesta. Era imposible ignorar aquel delicioso aroma del pan recién salido del horno. -Creo que no me había percatado de lo hambrienta que estaba hasta que llegamos aquí. Tiempo me sobra en estos momentos y el pan dulce es delicioso, así que será un placer acompañarlo a desayunar. -Lo miro esperando que le indicara el camino ya que ella no sabía exactamente a qué lugar debían entrar. Se alegró de saber que no era la única con hambre y de que no tendría que esperar hasta la tarde para probar bocado alguno.
-No me parece que deba fortalecerlos más, me ha dejado todo el cuerpo adolorido. - Bromeó tras escuchar el comentario. Si, todavía algunas partes de su cuerpo se quejaban por el impacto recibido pero ¿a quién no le hubiera dolido? A menos que fuera de piedra, tal vez hubiera aguantado un poco más. Sonrió aún más divertida después de mirar fugazmente al rubio de pies a cabeza. A su parecer, el físico del joven era perfecto, pero decidió que este tipo de comentarios no debían expresarse en voz alta y dar a entender que la castaña era una superficial.-Vaya, ahora tengo a mi valiente caballero que cuidará de mi... - La sonrisa del rubio cada vez aumentaba más de tamaño ¿o era su imaginación? -Aunque debo advertirle, los peligros y accidentes parecieran sentir cierta atracción por mi persona, así que deberá estar preparado. - Muchas veces se había llegado a preguntar si no tendría algún imán oculto en el cuerpo ya que muy a menudo sufría accidentes y los obstáculos parecían encantados de ponerse en medio de su camino.
Se percató de que varias miradas curiosas los observaban gracias a las alegres carcajadas del rubio. Tampoco le paso inadvertido que muchos de los extraños sonreían y se deleitaban con la alegría que Axel parecía emanar en aquellos momentos.
-Ahora lo dejaré sin respiración... Soy un verdadero peligro para usted. - Rio divertida al notar que le faltaba el aire gracias a la risa que le había provocado el anterior comentario. Era raro que alguien se riera de aquella forma de los comentarios de la castaña, así que prácticamente tomaba aquello como un halago y le agradaba que al menos una persona encontrara divertido lo que decía. Solía creer que tras la represión bajo la que vivía, se convertiría en una chica amargada y sin sentido del humor, pero aquella niña alegre y risueña parecía que todavía se encontraba escondida y lista para salir de nuevo cuando Anne se lo permitiera.
-Me alegra escuchar eso. Usted también me ha sacado de lo que hubiera sido la típica rutina en la vida de Anneliese. - Miro a su alrededor con curiosidad ya que habían avanzado bastante desde que habían comenzado a caminar. Cada tienda parecía pedirle a gritos a la castaña que entrara en ella, pero ya tendría más tiempo otro día para poder deleitarse con las sorpresas que cada una de aquellas tiendas escondían. Escucho con atención las palabras del joven y simplemente fruncía de vez en cuando el ceño o arrugaba la nariz. La vida de su padre siempre le había parecido un completo misterio y en ocasiones había llegado a pensar que tenía una especie de doble vida, pero tal vez su alocada mente le estaba haciendo creer algo que no era cierto.
-Claro otro factor para odiar a su padre y para odiarme un poco más a mí. - Comentó con una amarga sonrisa. Ahora comprendía un poco más porque su padre la rechazaba tanto. El hubiera deseado tener un hijo varón y a cambio había nacido Anneliese y para empeorar todo, su madre había muerto después de dar a luz. Lo que no la sorprendía era la ambición de su padre y la lucha por obtener el poder ya que desde que tenía memoria, el siempre había buscado la forma de inmiscuirse en la corte y procurar elevar la posición de la familia. Su última aportación a la familia Schäfer había sido el buscarle un prometido a Anneliese y ahora tener que obligarla a casarse con él, a pesar de que era un idiota arrogante, cosa que a su padre no le importaba en lo absoluto mientras que todo aquello siguiera resultando ventajoso para ellos.
-Por supuesto que no. La vida de mi padre está muy por aparte de la mía, así que descuide, todavía no pretendo salir corriendo y alejarme de usted. - Aunque estaba segura de que su padre vería aquella relación con malos ojos, Anneliese no pretendía hacer a un lado a las pocas personas agradables con las que se cruzaba. Estaba dispuesta a atenerse a las consecuencias que una amistad con el conde Foster implicaban para ella. Era su vida y debía de controlarla a su gusto y no al de su padre, aunque a este le costara todavía entender. La misma rebeldía de Anneliese era consecuencia de la represión bajo la que vivía sometida desde pequeña, así que las cosas no tardarían mucho tiempo en explotar si la situación de su casa no llegaba a cambiar.
-Temo informarle que aunque usted no quiera, atentaré contra su vida esta noche. - Ya tenía un motivo más para sentirse emocionada respecto a aquella fiesta. Era imposible ignorar aquel delicioso aroma del pan recién salido del horno. -Creo que no me había percatado de lo hambrienta que estaba hasta que llegamos aquí. Tiempo me sobra en estos momentos y el pan dulce es delicioso, así que será un placer acompañarlo a desayunar. -Lo miro esperando que le indicara el camino ya que ella no sabía exactamente a qué lugar debían entrar. Se alegró de saber que no era la única con hambre y de que no tendría que esperar hasta la tarde para probar bocado alguno.


- Anne:


Anneliese G. Schäfer- Condesa de Lohr
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Re: Olor a café # Anne.
Una lluvia de cosas por hacer en aquel día comenzó a invadir la mente de Axel. Poco le importó, por una parte sabía bien que estaba en deuda con el reino por acogerlo tras quedarse prácticamente huérfano y aún más por el simple hecho de darle un puesto algo en la nobleza cuando simplemente tendría que integrar su presencia como algún ciudadano cualquiera; quizás podría ser florista, panadero o ejercer cualquier otro trabajo noble llevando una vida "normal" e incluso de músico, le gustaría la idea, pero aún así no podría tener las comodidades que actualmente el puesto de noble le ofrecía. Egoísta y perezoso de su parte al querer sin dar por ese día nada a cambio. Pero pareciera que saltarse esas simples tareas de asistir a una junta donde no sería escuchado o firmar algunos documentos que supondrían todo un éxito para personas, ciudadanos cualquiera; valdría la pena saltarse solo por ese día esas pequeñas pero acumulativas tareas para "enseñarle" de cierta forma el reino a Anne. Pronto recordó que una fuerte y bien estricta regla por parte del rey fue implementada días antes de que llegara la familia desde Alemania, la única regla que tendría que llevar acabo y que al parecer estaba rompiendo; se llevaría una gran sanción cuando el rey se enterara.
-¿Tan fuerte seré ya? - En broma, la zurda se dirigió a su antebrazo diestro, aquel brazo que resguardaba la mano de la condesa y era bien usado como un guía y soporte que hasta el momento no había conllevado algún mal uso; así bien con su zurda sobre el antebrazo diestro ejerció un poco de presión. Intentando denotar un músculo bien ejercitado, lo cual rectifico con una sonrisa y un asentamiento de arriba hacia abajo y de regreso con la cabeza en un movimiento suave y casual.
"Un valiente caballero" la última vez que había escuchado aquello seguro había sido en algún cuento o algo parecido. Pronto la idea, la imagen de un hombre con espada y escudo se vino a su mente. Eso era lo que coloquialmente sería un caballero, aquel hombre que salvará a su amada de un castillo y combatiera a varios dragones en un acto de valentía, finalmente rescatando a su amada y casándose para vivir felices para siempre. Esa idea siempre se la había planteado su hermana cuando de pequeños escuchaban un sin fin de cuentos de amor contados por su madre, Axel por su parte la mayoría de las veces -por no decir todas- era obligado por Gabriela, su hermana, a asistir con su madre para deleitarse con un cuento de ella y los caballeros valientes y sus damiselas. -Claro ¿Si no soy yo quién cuide de usted, quién lo hará? - Una carcajada sonora resonó en el pecho del ojiazul ante el comentario de Anne. Bien con ese tipo de comentario se asemejaba un poco al tipo de chica que podría ser su hermana: Aquellas que buscaban el peligro. Aunque claro, a simple vista Anneliese pareciera que era de ese tipo de chicas que no rompían ni un solo plato, quién sabe todo podía pasar. -Estaré preparado para todo tipo de problemas entonces. -Prometió.
Negó para sus propios pensamientos. Ahora estaba pensando en su hermana, un error pues evidentemente las personalidades de ambas eran completamente diferentes de extremos bien definidos. Removió todo tipo de pensamiento similar de su cabeza.
-Yo creo que si, usted es todo un peligro para mi persona... No me quiero ni imaginar lo que me podría hacer. -Dramatiza una mueca, ladeando su cara y abriendo sus ojos; preocupación dramatizada era lo que intentaba hacer notar Foster en su cara.
No pudo evitar sentirse "bien" al haber logrado sacar a la ojiazul de su típica rutina, aunque posiblemente lo haya dicho por no quedar mal o por simple compromiso. No sabía bien, una parte de él no puedo evitar sentir que era cierto lo que le decía. -Nos hemos salvado mutuamente. -Le guiña el ojo con aquellos aires de simplón. -Estamos a mano. - Negó amable con su cabeza ¿Odiarle por culpa de sus padres? era un sentimiento demasiado fuerte como para emplear en alguien que jamás había visto o si quizá si, pero jamás había tratado hasta ese momento mucho menos se podía dar el lujo de emplear sentimientos ajenos. Simplemente él no podía manejar aquella situación así. -Pues temo decirle que no he de poder odiarle a usted ni a su padre. La historia que tienen nuestras familias, al menos no aplican conmigo.
-Me prepararé para ver mi vida pasar frente a mis ojos. -Esperaba con un poco de ansias la tan anhelada fiesta que se impartiría en unas cuantas horas. Una enorme sonrisa se postró sobre la comisura labial del ojiazul al escuchar que de igual forma ella tenía hambre, una vez más al sentir el delicioso sabor del pan en su nariz su estómago volvió a dar un pequeño rugido dentro de él. Con tranquilidad se acercaron a la panadería, como buen caballero abrió la puerta dándole paso a que entrara primero ella, apenas y la brisa tocó el lugar y y una fuerte ráfaga de olor a pan dulce había golpeado por completo a Axel. En aquella panadería solía ser cliente frecuente por lo que la mejor mesa del pequeño local estaba reservada para él, ansioso y alegre el panadero al verle que entró con compañía se apresuró a preparar una canasta de centro con el mejor pan que tenían. Mientras tanto Anne & Axel se acercaban a la mesa abrió caballerosamente la silla para dejarla sentarse. -Aquí tienen el mejor pan de todo Ataúlfo. -Presumió apenas cerraba la silla detrás de la chica y con tranquilidad se acercaba a la silla junto a ella. Frente a ellos una gran ventana abierta dejando ver un hermoso paisaje del reino allá a lo lejos el viñedo con un pequeño lago.
Apenas unos segundos y el dueño ya había depositado la canasta al centro de los jóvenes.
-¿Tan fuerte seré ya? - En broma, la zurda se dirigió a su antebrazo diestro, aquel brazo que resguardaba la mano de la condesa y era bien usado como un guía y soporte que hasta el momento no había conllevado algún mal uso; así bien con su zurda sobre el antebrazo diestro ejerció un poco de presión. Intentando denotar un músculo bien ejercitado, lo cual rectifico con una sonrisa y un asentamiento de arriba hacia abajo y de regreso con la cabeza en un movimiento suave y casual.
"Un valiente caballero" la última vez que había escuchado aquello seguro había sido en algún cuento o algo parecido. Pronto la idea, la imagen de un hombre con espada y escudo se vino a su mente. Eso era lo que coloquialmente sería un caballero, aquel hombre que salvará a su amada de un castillo y combatiera a varios dragones en un acto de valentía, finalmente rescatando a su amada y casándose para vivir felices para siempre. Esa idea siempre se la había planteado su hermana cuando de pequeños escuchaban un sin fin de cuentos de amor contados por su madre, Axel por su parte la mayoría de las veces -por no decir todas- era obligado por Gabriela, su hermana, a asistir con su madre para deleitarse con un cuento de ella y los caballeros valientes y sus damiselas. -Claro ¿Si no soy yo quién cuide de usted, quién lo hará? - Una carcajada sonora resonó en el pecho del ojiazul ante el comentario de Anne. Bien con ese tipo de comentario se asemejaba un poco al tipo de chica que podría ser su hermana: Aquellas que buscaban el peligro. Aunque claro, a simple vista Anneliese pareciera que era de ese tipo de chicas que no rompían ni un solo plato, quién sabe todo podía pasar. -Estaré preparado para todo tipo de problemas entonces. -Prometió.
Negó para sus propios pensamientos. Ahora estaba pensando en su hermana, un error pues evidentemente las personalidades de ambas eran completamente diferentes de extremos bien definidos. Removió todo tipo de pensamiento similar de su cabeza.
-Yo creo que si, usted es todo un peligro para mi persona... No me quiero ni imaginar lo que me podría hacer. -Dramatiza una mueca, ladeando su cara y abriendo sus ojos; preocupación dramatizada era lo que intentaba hacer notar Foster en su cara.
No pudo evitar sentirse "bien" al haber logrado sacar a la ojiazul de su típica rutina, aunque posiblemente lo haya dicho por no quedar mal o por simple compromiso. No sabía bien, una parte de él no puedo evitar sentir que era cierto lo que le decía. -Nos hemos salvado mutuamente. -Le guiña el ojo con aquellos aires de simplón. -Estamos a mano. - Negó amable con su cabeza ¿Odiarle por culpa de sus padres? era un sentimiento demasiado fuerte como para emplear en alguien que jamás había visto o si quizá si, pero jamás había tratado hasta ese momento mucho menos se podía dar el lujo de emplear sentimientos ajenos. Simplemente él no podía manejar aquella situación así. -Pues temo decirle que no he de poder odiarle a usted ni a su padre. La historia que tienen nuestras familias, al menos no aplican conmigo.
-Me prepararé para ver mi vida pasar frente a mis ojos. -Esperaba con un poco de ansias la tan anhelada fiesta que se impartiría en unas cuantas horas. Una enorme sonrisa se postró sobre la comisura labial del ojiazul al escuchar que de igual forma ella tenía hambre, una vez más al sentir el delicioso sabor del pan en su nariz su estómago volvió a dar un pequeño rugido dentro de él. Con tranquilidad se acercaron a la panadería, como buen caballero abrió la puerta dándole paso a que entrara primero ella, apenas y la brisa tocó el lugar y y una fuerte ráfaga de olor a pan dulce había golpeado por completo a Axel. En aquella panadería solía ser cliente frecuente por lo que la mejor mesa del pequeño local estaba reservada para él, ansioso y alegre el panadero al verle que entró con compañía se apresuró a preparar una canasta de centro con el mejor pan que tenían. Mientras tanto Anne & Axel se acercaban a la mesa abrió caballerosamente la silla para dejarla sentarse. -Aquí tienen el mejor pan de todo Ataúlfo. -Presumió apenas cerraba la silla detrás de la chica y con tranquilidad se acercaba a la silla junto a ella. Frente a ellos una gran ventana abierta dejando ver un hermoso paisaje del reino allá a lo lejos el viñedo con un pequeño lago.
Apenas unos segundos y el dueño ya había depositado la canasta al centro de los jóvenes.

Seriously...
are you
stupid?

Axel S. Foster- Conde de Ataúlfo
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