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I'm on the highway to hell...{Privado}

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I'm on the highway to hell...{Privado}

Mensaje por Gabrielle Della Fournieth el Miér Feb 01, 2012 12:28 pm

La noche se cernía sobre el Perla Negra, de forma tal que la espesura negra del agua se perdía allá, en el horizonte, siendo uno con el firmamento nocturno, simplemente una fina capa de oscuridad que los envolvía. Apenas una o dos estrellas, y la luna escondida detrás de unas cuantas nubes; aquella noche era profunda, oscura…tan oscura como el propósito que tenían que llevar a cabo durante las próximas horas.
El corazón de Gabrielle palpitaba con demasiada fuerza desde que vislumbraron el puerto frente a sus ojos, toda esa gran aventura que habían planeado con Jack, cómo salir, cómo entrar, cómo arrebatarle un alma de las manos al mismísimo señor de la muerte…sonaba divertido mientras lo imaginaba, como una niña pensando en el futuro. Al ver las luces del puerto de Grecia cada vez más cerca, el sueño se volvía una realidad alrededor de la muchacha, envolviéndola como si de un oscuro manto se tratase. Y ahí fue cuando se dio cuenta, que era una misión demasiado sobrecogedora, demasiado grande…pero no se echaría para atrás ahora.
Porque todo era por él, por un alma pura que jamás había hecho ningún daño. Por una injusticia de los caprichos divinos de la muerte, a Abel no le había llegado su hora, ni a los diecisiete años, ni el día de hoy. Si había seguridad en que uno de ellos saldría con vida, sería él. Y eso, simplemente ese hecho, lograba que todo lo que estaban a punto de hacer valiese la pena.
Todos en el barco se encontraban en silencio, probablemente el rumor de lo que iban a hacer se esparció por el Perla más rápido que la peste, uno que otros cuchicheaban por lo bajo, pero no le interesaba en lo más mínimo saber de qué se trataba. El barco se abría paso a través de las aguas negras con su imponente presencia, mientras ella podía escuchar sus latidos repiquetear en sus oídos, con los brazos cruzados y la mirada fija en el único punto de luz que había. Cuando hayan tocado puerto, todo comenzaría…
”¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra!”



Volteó la mirada hacia el timón, el maestre Gibbs gritaba la misma palabra mientras el barco tomaba su lugar en el puerto. Las diferentes emociones se apoderaban por completo de la muchacha, al saber que era una misión de la cual probablemente no saldrían con vida, pero definitivamente valdría la pena arriesgarse.
Con los brazos detrás de la espalda, algo resignada, se dirigió al camarote del capitán, el cual tenía la puerta entreabierta, podía verse a Jack cargando todo tipo de armas entre sus ropas holgadas y harapientas.
Oye, Jackie, ya estamos en el puerto –dijo, como si no fuera ya lo bastante obvio. En realidad tenía noción de que el capitán lo sabía; simplemente se le antojó hablar con él, una vez más antes de que ocurriera toda la locura que estaban planeando hacer. Técnicamente, que ella planeó hacer.
No pudo evitar observar al pirata unos segundos, si ella estaba loca; él era un demente sin causa. Porque al menos ella tenía un motivo, recuperar el alma de su hermano {la cual nunca debió haber sido tomada, en primer lugar} y darle la vida que él siempre había merecido, porque Abel valía la pena, era la mejor persona que alguna vez conoció. Pero… ¿Y Jack? Jack detestaba a Abel. En principio creyó que sólo lo hacía por divertirse, al fin y al cabo en un barco nunca hay demasiadas diversiones y tienes que buscar a alguien para molestar y entretenerte, lo que ella hacía cada día con Jack, pero luego de un par de meses la aversión del pirata hacia el muchacho era más que certera.
Entonces… ¿Por qué lo hacía? Había una enorme probabilidad de que no salieran vivos de allí, y él venía, de todas formas. Allí estaba, preparándose para bajar a tierra… ¿Por qué?
En fin, voy a despertar a Abel…te veo abajo

Le sonrió levemente a Jack antes de abandonar el camarote, dirigiéndose ahora al suyo, donde hace dos meses dormía su hermano, como en aquél momento, que se encontraba profundamente envuelto en los brazos de Morfeo. Y al notar ese mismo semblante relajado, sin ningún tipo de sentimiento, perdido en la profundidad de sus sueños, no pudo evitar recordar cómo se veía el día que soltó su mano, y dejó de respirar.
Y al mirarlo ahora, ni siquiera podía rozar la piel de una persona sin temer por su vida. Gabrielle se sentía culpable últimamente, cada vez que lo miraba…aun creía firmemente que la muerte se lo había llevado demasiado pronto, que la única muerte que Abel merecía era morir en su cama, con unos cuantos años sobre sus hombros, sosteniendo la mano de sus hijos.
Sin embargo… ¿Esa locura lo abalaba? ¿Restringirlo de tener contacto físico simplemente porque lo extrañaba?
Las decisiones de la muerte eran caprichosas, pero por algo estaban ahí. Y al quebrantarlas, aun creyendo que no ocurriría, Gabe había logrado convertir esa nueva vida de Abel en un martirio, lo sabía. Y probablemente otra de las razones por las que pasa prácticamente todo el día con Jack es para no mirar los grandes ojos de su hermano mayor, y que la culpabilidad la carcoma por dentro, rompiendo su corazón.
Te mereces algo mejor que esto –musitó, de forma prácticamente inaudible, y con el bullicio de los hombres al tocar puerto le hacía imposible que alguien la escuchase– , saldrás de allí esta noche, teniendo todo lo que nadie debió haberte quitado en primer lugar… –suspiró, ahora era tiempo de sacarlo de allí, Jack ya debía estar abajo esperándolos. Tomó aire y dibujó una enorme sonrisa en su rostro, acercándose a Abel y sacudiéndolo.

Oye…¡Oye, Abel, despierta! –rió, notando cómo, poco a poco, sus ojos enrojecidos se abrían– . Hemos tocado puerto, todos están ebrios y van a ir al bar, pero con Jackie queremos recorrer el lugar, ¡Ven! O te perderás todo –era un obvio engaño, decirle a dónde se dirigían en realidad sólo causaría negativa en el muchacho, y así perderían más tiempo del que podrían ganar ahí abajo.
Una vez que Abel se levantó, ambos descendieron al puerto, encontrando al capitán Sparrow prácticamente al instante. Gabe seguía sonriendo jovialmente, como todos los días, ya que hacer lo contrario levantaría obvias sospechas en su hermano mayor, que la conocía como la palma de su mano.
Y bien…¿Vamos de una vez? –escuchar su propia voz le hizo sentir un nudo en la garganta, todo apenas estaba comenzando, todo lo que habían planeado por semanas, todo lo que deseaba hacer desde que Abel había dejado de respirar. Internamente su corazón repiqueteaba con la fuerza del trote de un caballo, pero lo disimulaba lo suficientemente bien para que el resto del mundo no lo notara.
…Frunció los labios, y tomó la mano de Abel con fuerza.


Última edición por Gabrielle Della Fournieth el Jue Abr 05, 2012 11:55 am, editado 1 vez

Gabrielle Della Fournieth
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Re: I'm on the highway to hell...{Privado}

Mensaje por Abel Della Fournieth el Jue Feb 02, 2012 3:14 am

Otra noche sobre ese maldito barco. Abel estaba cansado de discutir con Jack y odiaba su estúpido comportamiento a tal punto de querer patearle la cara, pero finalmente terminaba cediendo porque Gabe se interponía en el medio de ambos, obligándolos a detener las constantes peleas. El chico seguía pensando que aquel intento de hombre no merecía ser el capitán ni de un bote a remos, pero ese era ya otro tema. Pasaba el tiempo dentro del camarote de Gabe, ya que no tenía uno propio, o limpiando la cubierta. Estúpidos piratas, repetía constantemente en su cabeza por más que ya lo consideraran uno. Amaba estar con su hermana y compartir la mayor parte del tiempo, pero odiaba con todo su ser estar bajo el mando del maloliente. No obstante, lo que fuese por Gabe. Incluso, dar su vida, otra vez. Desde el momento en que se habían encontrado todo había cambiado; ya no tenía que vagar sin rumbo por el mundo, escapando, esquivando a las personas para evitar el contacto físico. Ahora tenía a alguien que le tomaba la mano por encima del guante, y besaba su hombro por sobre la ropa. Le sonreía, bromeaba, dormía a su lado. Gabrielle Della Fournieth era su luz en toda esa inmensa oscuridad, igual que aquella noche donde conducían el barco hacia un sitio que Abel jamás creyó volvería a visitar… tan pronto.

Dormir ya no le era placentero, y menos cuando tenía pesadillas frecuentes acerca de su estadía en el inframundo, cuando había muerto. Sin embargo, gracias a los trabajos que le encomendaba Jack, vivía cansado. No quería provocar al pirata porque sabía que lo tiraría por la borda en un abrir y cerrar de ojos, así que se limitaba a maldecirlo y seguir con lo suyo. Peleaban casi siempre cuando a Abel le molestaba algo que le había hecho a Gabe. Sino, lo demás le importaba un comino. En esos momentos reposaba sobre su intento de cama, removiéndose incomodo de un lado a otro; aunque no lo pareciera, estaba profundamente dormido. Torturas, gritos, llantos. No había hecho nada malo durante sus diecisiete años como para terminar en ese pozo, aunque quizás contaba que se hubiese acostado unas cuantas veces con una jovencita, antes del matrimonio. Lo raro de sus sueños era que no los vivía en carne propia, sino que era un espectador, un tercero, que observaba el sufrimiento de su alma. Ésta estaba envejecida, destruida. Llegó a pensar que no eran recuerdos sino vividos instantes del presente, donde Hades decidía mostrarle lo que le estaba ocurriendo a su alma. Y si así era, él no tenía alma, lo que explicaba el porqué de su maldición. Mas todo era una suposición por parte del muchacho que seguía removiéndose intranquilo, hasta que adoptó una posición cómoda.

Había comenzado a roncar cuando Gabe irrumpió en el cuarto. Se tomó unos minutos antes de despertarlo a sacudones, que trajeron al chico de nuevo a la realidad. Somnoliento, se sentó, con la vista perdida en un punto muerto del camarote. Tenía el rostro inexpresivo, con los ojos achinados, y cara de haber estado de fiesta durante semanas, por más que no fuera verdad. Giró la cabeza para observar a Gabe; la veía borrosa, y su voz la escuchaba a lo lejos: no estaba despierto del todo. A pesar de eso, entendió perfectamente lo que le dijo. Abel se recostó de nuevo, acomodándose, dándole la espalda.
–No me interesa, vayan tú y Jackie a donde quieran. –dijo, con la voz ronca y haciéndole burla a cómo había llamado al pirata. Aborrecía ese apodo que le había puesto con tanta confianza y cariño. Y a él sólo se refería con su nombre… –Me quedaré cuidando el barco –agregó, suspirando y esperando que el peso a su lado se esfumase. No lo hizo. Dedujo que Gabe no se iría hasta que él aceptase así que rodó los ojos, se puso de pie y se resignó a seguirlos a donde sea que fuesen.

Algo no va bien, repetía una voz en su mente. ¿Grecia? Abel mantenía el ceño fruncido, notando las miradas de todos puestas en su persona. Ya estaban en el puerto. Jack se unió a ellos, también examinándolo de forma extraña, mientras que su hermana sonreía forzadamente. Las piezas no encajaban, y tenía que averiguar qué estaba ocurriendo, pero antes…
–¿Qué estás mirando, saco de mugre? –gruñó a Jack, pero tuvo que detenerse y desviar sus ojos celestes hacia adelante cuando Gabrielle le apretó la mano. –¿Hacia dónde vamos? –preguntó visiblemente interesado. No tenía pensado mover los pies de su lugar, mas ella ya había comenzado a tirar de su cuerpo. El clima estaba perfecto para él que iba cubierto hasta el cuello de ropa para no rozar ninguna piel por accidente. La brisa del ambiente llegaba cargada de misterios, con un aroma peculiar, conocido. Se le erizó el vello del cuerpo. Ella seguía conduciéndolo y él pensaba en que quería salir de allí lo más pronto posible.

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Re: I'm on the highway to hell...{Privado}

Mensaje por Jack Sparrow el Jue Feb 02, 2012 10:48 pm

Ese día tan... incomodo llegó en un abrir y cerrar de ojos, el Sol se ocultó demasiado rápido, como si quisiese que su perdición llegara lo más pronto posible. Aunque el mismísimo Jack Sparrow fue quien quizo formar parte del plan, sencillamente estaba aterrado por dentro, lleva años y años huyendo de la muerte, la alcanzó una vez pero pudo regresar, ahora él se lanza contra ella con los ojos cerrados esperando a que se le acabe la suerte que ha tenido por tanto tiempo, ¿La razón? Ni el mismo la sabe, no sabe en realidad los motivos por los cuales el se lanzará hacia esa aventura suicida, porque no tiene otro nombre, exceso de alcohol y confianza podría ser pero no, ni siquiera el más ebrio y loco al mismo tiempo se lanzaría al Inframundo como lo harían ellos en esa noche y muchísimo menos por una persona que detesta hasta la médula.
Dejó que esa noche Cotton llevara las riendas del timón porque sencillamente el no podría concentrarse y por inercia hubiese dado un giro de 180° para otra dirección... quizás... Tortuga, un lugar super seguro lejos de la muerte aparentemente. Regresó a su camarote y tomó varias armas, su fiel sable, cuatro pistolas, municiones y polvora, aunque ni sabe por que lo hace, dispararle con una arma de fuego o intentar cortarlo con su espada es tan inútil como intentar tapar el Sol con un dedo, pero por si acaso... uno nunca sabe.

Estuvo adentro algo de tiempo mientras repasaba su plan, tenían todo en contra y cualquier error los acercaría aún más a la muerte, la idea es salir los tres, no que Hades tenga más almas así de fácil.
Escucha claramente a Gibbs decir "¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra!", la único que lo sacó de su trance, no pudo evitar alterarse un poco pero se calmó tomando un sorbo de ron, que luego fueron dos, tres, la mitad, hasta terminar la botella, ni siquiera eso sirvió, para más colmo entra a su habitación la Maestre Della Fournieth como siempre, irrumpiendo el hermoso silencio que había en el lugar, suspira ante su información más obvia del mundo... ¿Llegamos? Wow... que tranquilizante. El silencio fue su respuesta, al parecer ella entendió y decidió buscar al hermano de la discordia.

El Perla tocó puerto y la rampa fue colocada por los tripulantes que salieron felices del barco hacia un bar cercano a hacer fiesta, todos menos Gibbs que se quedó observando como todos iban contentos mientras que él, aunque no vaya a ir, tiene motivos para no estar como sus compañeros. A su vez, Jack bajó al puerto y respiró el aire griego, llevaba años que no pisaba esa tierra, tiene su encanto esi si.
La voz de los protagonistas de esta locura rezonaron otra vez la paz momentánea de Jack, Gabby tan enérgica como siempre y Abel... bueno, tan pedante como siempre, desde que se subió al barco nunca ha cambiado, si todo esto sale bien, lo pondrá a limpiar el Perla Negra con la lengua.
-Gabby cariño -Se acerca moviendo un poco los brazos-. Y tú... Abelino, imponiendo el último grito de la moda con esos trapos, tu hermana me fastidió TODAS LAS NOCHES para que fueramos a un lugar tranquilo para que te sientas vivo y todas esas estupideces que necesitas, así que muevete -Hace señas con las manos para que se movieran, mientras que Gibbs se le acerca y le entrega una pequeña bolsa y se estrechan la mano.

-Vuelve rápido, antes de que la tripulación se acaben el vino griego que tanto te gusta -Sonríe Gibbs a Jack-.

-Tranquilo, volveré antes de que cante el gallo tres veces -Sonríe él no voy convincente, observa a Gibbs darse media vuelta y se pone a la misma distancia que los hermanos-. ¿Saben? No hay nada como una caminata nocturna por la mitológica Grecia -Dice mientras se guarda la bolsa dentro de su chaqueta de cuero negra-. Incluso para ti niño zombie, con este frío aprovecharemos ese atuendo tan ridiculamente exagerado para que no llames tanto la atención -Reía para no llorar, en su mente pasaban las recomendaciones de su amigo Gibbs y la dirección hacia donde debían ir, el Inframundo no es un lugar que se encuentre así de fácil-.

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Re: I'm on the highway to hell...{Privado}

Mensaje por Gabrielle Della Fournieth el Vie Feb 10, 2012 12:18 am

Abel sospechaba algo, se notaba. Era tan notorio así que el ambiente podía cortarse con cuchillo, los tres caminaban en silencio, Jack tarareando una que otra cancioncilla de piratas como para romper el silencio. Gabe soltando una risita cada tanto y burlándose de sus cantos, pero Abel no abría la boca. Es más, ni siquiera los miraba, parecía como si realmente supiera a dónde se dirigían, como si hubiera sabido todo desde el principio…
No, no…relájate, eso no puede ser posible.
El muchacho se mantenía en silencio conforme avanzaban por las calles empedradas de Grecia, haciendo bastante ruido al caminar con sus botas de segunda mano, Gabrielle sudaba, con el corazón en la garganta y una sonrisa amplia que podía contener cualquier tipo de emoción que fuera un inconveniente, era excelente disimulando cuando la situación le convenía.
A ningún lugar en especial, hermanito, simplemente estamos paseando –le apretó la mano mientras avanzaban por el lugar. La ciudad era oscura como las fauces negras de una bestia, pocas luces se podían vislumbrar con claridad. En realidad, ella sólo seguía a Jack, quien al parecer seguía el camino, mientras hablaba completas trivialidades, una detrás de la otra, un manantial de estupideces, para armonizar un poco el ambiente.
Es obvio que fracasó. Además de saber a dónde se dirigían, había olvidado que Jack y Abel no se soportaban.
Qué conveniente que compartieran este tierno y suicida viaje juntos.
. ¿Saben qué sería divertido? –preguntaba, cada tanto, mientras los dos hombres permanecían en silencio–Echar a Jack a la cámara de los leones, tú sabes…donde hacían sacrificios a los gladiadores romanos… –hizo chistes tontos así todo el camino, ganándose una que otra risita nerviosa, forzada, de Abel.

Jack se detuvo, en un momento, y ambos lo imitaron. Detuvieron su paso mientras veían la entrada de una oscura y húmeda cueva. La muchachita le dirigió una mirada de reojo al pirata, quien sólo se limitó a entrar allí.
Ignorando las preguntas de Abel, sobre por qué entraban a una cueva mohosa y apestosa, adentraron a la oscuridad del lugar, esperando por algo {o, en este caso, alguien} que les muestre una señal de que estaban yendo por el camino correcto.
Al final de aquella cueva se hallaba, aun entre la oscuridad de la misma, la silueta de alguien nuevo. Una presencia innegable que sólo ponía más nervioso al joven Della Fournieth, quien preguntaba indignado cosas a los piratas, sin obtener respuesta alguna. Gabrielle estaba demasiado concentrada como para responderle.
Notó cómo Jack retiraba una bolsa de sus andrajosas ropas y la tendía hacia aquél extraño hombrecillo cuyo rostro era desconocido, éste se las guardó y continuó caminando, hacia aquella cueva que al parecer conducía a donde deseaban llegar.
Y allí fue cuando todo estalló.
Abel no soportó más, había descubierto todo, de alguna forma que ella desconocía. Soltó su mano y comenzó a gritar improperios a ambos, con sus profundos ojos azules brillando de ira, escupiendo palabras amargas, gritando y sintiendo el eco de sus reproches por todo el lugar, a Gabrielle se le heló la sangre. Jack, por otro lado, fue más práctico, y alzó su pistola hacia él, intentando hacerlo callar.
. ¡Ya basta, los dos! –se colocó delante de Abel, al notar que el pirata lo apuntaba con su arma, y lo miró con el ceño fruncido, Jack continuó hacia delante, siguiendo al barquero, mientras ella se dirigía a su hermano–, por favor, no me odies…esto es por tu bien, quiero que tengas una vida normal, que puedas tocar a las personas, tener una familia, ser feliz-lo miró, en su mirada se veía su impotencia ante la situación, mientras volvía a tomar su mano con timidez, sobre su guante–…la muerte te llevó demasiado pronto, y hoy vamos a vengarnos de esa bastarda

Ni siquiera supo si Abel siguió protestando, si gruñó, la insultó o le sonrió. No lo vio, no lo notó, y no le interesó, ya que lo arrastró hacia delante, y apenas pudieron dar un par de pasos antes de ver un escenario tal que los paralizó a los tres.
Las paredes de roca de la cueva se abrían, extendiéndose el doble, hasta parecían talladas en columnas con calaveras oscuras y consumidas por los años. Cerca de sus pies había un río color azulado, compuesto completamente de almas en pena cuyos alaridos llenaban el ambiente, el eco del lugar hacía el ruido casi insoportable, y los gemidos adoloridos de las personas que habían muerto debajo del capricho divino de la muerte lograron que a la muchacha se le llenaran los ojos de lágrimas.
Miró a Jack unos segundos, ninguno de los tres emitía un sonido, mientras el hombre que ya había sido pagado los conducía hacia el arca negra, donde los tres subieron en fila. Abel parecía resignado, o asustado, no podía descifrarlo. Gabrielle tragó saliva cuando la barca dejó el puerto y comenzó a navegar sobre el río de almas, ahora no había marcha atrás. Estaban entrando en su propia tumba, y es más que probable que no salieran.
Por un momento, viendo ese mar infinito de sombrías miradas que alguna vez tuvieron un brillo en sus pupilas, se preguntó dónde se encontraría el alma de Abel, ¿Dónde la tendrían? ¿Cómo demonios podrían recuperarla? Son detalles que no se habían puesto a pensar. Sin embargo, la improvisación siempre se les había dado bien.
El alma de su hermano era algo que se habían llevado injustamente, y siempre había estado segura de ello. Un muchacho de diecisiete años, que no hizo más que amar y vivir su vida. Quien nunca hizo daño a nadie, quien nunca tomó una vida. Un joven, que apenas empezaba a convertirse en hombre… ¿Por qué la necesidad de ese capricho divino? …Abel era una buena persona, y no iba a dejar que su alma se consumiera ahí abajo, con el resto de los condenados. Él merecía algo mejor.

Sin embargo, algo más se ocupó de distraer su atención del pasado, una presión en uno de sus pies, como si la jalaran… ¡Mierda, la estaban jalando!
¡MIERDA, SUÉLTAME, MALDICIÓN, SUÉLTAME! –exclamó, asustada, sacudiendo su pierna con fuerza. Uno de los muertos aferraba su tobillo con su mano huesuda, al parecer intentando jalarla a la mar. Luchó un poco más, gritando maldiciones, con ayuda de su hermano y Jack, hasta que finalmente pudo quitárselo de encima. El barquero simplemente los ignoraba, limitándose a hacer su trabajo, dirigirlos a su destino por la paga acordada.
…eso fue…una maldita locura. –se quejó, entre dientes, antes de que la barca se detuviera bruscamente, habían llegado. Era una plataforma tétrica, negra y azul, que al parecer formaba una perfecta calavera, de dimensiones colosales.
A su costado, un perro gigante, de tres cabezas, dormitaba sin sospechar que iban a entrometerse dentro del lugar, dentro de ese tenebroso lugar donde ningún ser vivo se había atrevido a entrar, fuera de los mitos griegos que podías leer en libros de aventuras.
Con la mano de Abel entre las suyas miró a su hermano y luego a Jack, deliberando sobre quién se bajaría de la barca y pisaría las zonas oscuras primero.

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Re: I'm on the highway to hell...{Privado}

Mensaje por Abel Della Fournieth el Mar Feb 21, 2012 1:35 am

No le gustaba para nada lo que estaba sucediendo. A pesar que Gabe y Jack actuaban como si fuera un día común y corriente, a Abel precisamente eso le daba mala espina. Cariño, CARIÑO, había necesidad de llamarla de esa forma. El castaño apretó su mano. El maloliente podría hacerlo reventar en un abrir y cerrar de ojos. En primer lugar, el pirata ya había actuado extraño al no responder su ataque, sino que cambió el tema acotando algo sobre las ideas de su hermana. El muchacho frunció el ceño. ¿Desde cuándo era tan amable? Si, tenía que tratarse de una trampa. Pero como Gabe lo estaba conduciendo de la mano, él se dejaba llevar sin decir nada. A lo sumo podría salir corriendo a último momento, o amenazar con su típica situación de intentar tocar la piel de alguien. Ya lo había usado muchas veces; algunas bien y otras… no tanto. Luego, ella contestó que a ningún sitio en especial. Abrió la boca para reprochar; ambos se estaban contradiciendo.
–Me sentiría más vivo si pudiera golpearte la cara, pero tienes guardaespaldas –contestó al capitán pero mirando de reojo a su hermana. –¿Se puede saber qué esconden ustedes dos? De estúpido puedo tener la cara únicamente –acotó el moribundo, paseando su mirada a ambos. Ninguno respondía. Suspiró, rodando los ojos. No tenía otra alternativa. Pegándose a su hermana, evitando mirar a Jackie, Abel emprendió aquel camino misterioso.

Chistes tontos. Eso dio justo en el clavo. Sin embargo, ahora tenía curiosidad. Quería saber qué estaba cruzando los pensamientos de esos dos, y para ello tenía que mantener la boca cerrada y esperar a que lo condujeran. Mientras más avanzaban, más fuerte sentía aquel aroma extraño, conocido, que no le traía buenos pensamientos sino algunos bastante agresivos. Ya no escuchaba a su hermana, así que cuando ella lo miraba se limitaba a sonreírle y asentir, como si de verdad lo hubiese hecho. En un momento determinado, sus guías se detuvieron, forzándolo también a él. Ese hedor putrefacto era insoportable; el dolor de cabeza lo estaba matando y le transpiraba la nuca. Los dedos de la mano que tenía libre llegaron hasta su frente, presionándola.
–¿Y por qué entramos a una cueva mohosa y apestosa? Ya tengo suficiente con ese barco a diario. –A pesar de estar diciendo esas palabras, entró. A paso lento avanzar hacia el final de la misma, donde se encontraron con un cuarto individuo. Abel lo miró, fijo. Por supuesto no lo conocía, y su presencia era de los más… horrorosa. Sin embargo, todo en aquel se le hacía familiar. Su boca siguió formulando preguntas, pero su razón no las acompañaba. Por fuera se veía alterado, pero por dentro el muchacho Della Fournieth se estaba helando. Cuando Jack le entregó un par de monedas, Abel tembló al verlas. Y estalló, soltando con rapidez la mano de su hermana, pegándose a una pared para alejarse de esos dos.

–No lo puedo creer, MALDITOS. ¿CÓMO SE ATREVEN? ¿Qué no saben donde mierda nos encontramos? –Los miraba como si se tratase de dos insectos. Por supuesto que lo sabían. –Tú, TÚ, Gabrielle Della Fournieth, eres una tonta y una suicida. –Miró al pirata. –De ti no me sorprende, ya que seguro quieres conseguir algo de esto, para tu propio beneficio. Me das asco Sparrow. Traer a Gabrielle aquí, ¡AQUÍ! –escupió, furioso, con todos pero más consigo mismo, por poseer esa maldición que ponía la vida de los demás en peligro. La pistola de Jack se elevó hacia su dirección. Abel sonrió amargamente. –Y sí, el cobarde arregla todo con su estúpida arma. VAMOS, DISPARA. O mejor, ¿por qué no esperas a que entremos y me arrojas dentro del foso? Será lo mismo. –Avanzó dos pasos para seguir enfrentándolo, cuando ella se colocó en medio de ambos. Intentó tranquilizarlo, ganándose una mirada fría y vacía por parte del joven. No quitó su mano cuando la tomó, temblando, esperando una reacción. –Hace unos años, la muerte se llevo a uno de nosotros. Hoy, puede que se lleve a tres. –Cortó al aire con su comentario, pero siguió a Jack. Después de todo, ya estaban allí.

El inframundo era una mierda. Y ahora que estaba allí, lo sentía como su casa. Detestable, terrorífico. Comenzaron a transitar aquel rio de almas. Un nudo en el estomago. Se despegó de ellos, apoyando su espalda en la madera de la balsa. Su rostro no emitía expresión reconocible, sino más bien una que podría confundir a cualquiera. ¿Y cómo esperaban que estuviese? ¿Feliz? ¡Pero si estaban arriesgando la vida por él! Por un chico que no valía la pena ya, porque estaba muerto. Por más que caminase entre los vivos, y comiese, durmiese, o lo que fuese, estaba muerto. Y sus pensamientos, en ese instante, estaban en otro plano, mezclados, confundidos, hasta que unos gritos llamaron su atención. Mierda, Gabe…
Tomó el brazo de su hermana, tirando hacia dentro de la balsa. El maldito muerto quería arrastrarla consigo. Después de tanto luchar, por fin la soltó. Los tres pudieron respirar tranquilos. Abel dirigió la mirada hacia atrás, negando. ¿Miedo? ¿Terror? ¿Resignación? Nada de eso. Su sentir era extraño. Por un momento olvidó que estaba enfadado con Gabe por lo que revisó su tobillo, donde aquel había envuelto su esperanza. Se encontraba bien. Suspiró, volviendo a su lugar. Era como si su cuerpo estuviese débil, desganado, y eso le impidiese comportarse normalmente. ¿Qué demonios le estaba sucediendo?

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Re: I'm on the highway to hell...{Privado}

Mensaje por Jack Sparrow el Miér Mar 07, 2012 6:12 pm

Si había algo más pesado que el ambiente, la oscura noche y el frío, ese era Abel y sus tonterías del día, como puede haber alguien que diga tantas estupideces juntas, si supiera que por lo menos le iban a salvar la vida para que desde luego pueda Jack darle una paliza sin que el se muera en el intento... por lo menos no tan fácil que solo tocarlo y ya. De estúpido tenía la cara y ahora con ese aspecto tan horrible que supuestamente es su armadura anti-toques, así que mejor decidió no provocar la guerra, después de todo saldría su hermana en la defensa del idiota ese que no hace más nada que fastidiar el viaje, como si fuese poco el hecho de que los tres iban practicamente a darse un baño con los muertos.
Le hizo señas con la manos diciendo "bla bla bla" y sin siquiera mirarlo, concentrado en lo que vendría después, pensando en como salir de ahí si las cosas no salen como fueron planeadas.

Gabrielle de alguna forma no ayudaba, sus chistes tontos... MUY tontos y forzados, no necesariamente despejaban las sospechas del zombie, pero la dejó ser, puede que hasta eso era mejor que estar en silencio todo el trayecto y hacerlo menos llevadero.
Se iban acercando peligrosamente a su destino, respiró hondo al ver la cueva al fondo y fue sacando su bolsa con monedas, al llevar a la entrada, Abel de nuevo dijo algo a lo que Jack sencillamente no respondió y entraron todos, estaba oscura y húmeda, tenebrosamente inquietante y eso que ni han visto aún lo que verdaderamente da miedo de ese lugar. Se toparon por fin a la primera... criatura con quien él sabía que se cruzarían, al verlo, sabía que debía repartir las monedas a cada uno, la necesitarían justamente con él, con él... Caronte, el Barquero del Inframundo.
Por el gesto del moribundo hermano, supo que ya por fin había caído en cuenta de donde estaba, el nerviosismo se apoderó de Abel que había pedido completamente sus casillas al gritar dentro de esa cueva, seguía y seguía hablando estupideces, ¿Por qué no se calla? Maldito el día en que él subió al Perla, la vista de halcón que tuvo Gabrielle cuando lo vio desde lejos y maldito el momento que estaban pasando los tres por culpa de él... pero ya estaban ahí y no había marcha atrás, sacó su pistola ya cansado, tenía que hacerle entender que no pueden devolverse y si tenía que callarlo con un disparon en el hombro lo haría, pero como siempre, su hermanita salió a defenderlo, la guardó y subió a la balsa mientras que la figura fantasmal de Caronte abordaba el barco, esperando a los demás.

Sin contar el hecho de que la cueva era horriblemente tenebrosa, había un río hecho completamente de almas que gritaban maldiciones, que Caronte era un ser en descomposición y que Abel quería matarlos a ambos, el viaje fue agradable para Jack, miraba curioso de un lado a otro como si nada, tratando de calmarse y evitar el borde de la balsa, si caía a ese río, el mundo llorará la pérdida del carismático capitán. De pronto un alma rebelde sale del río y comienza a jalar a Gabrielle, con fuerza, Abel y Jack trataron de mantenerla en el barco hasta que el capitán tomó el remo de Caronte y golpeó esa alma que la soltó enseguida, le delvolvió el remo al barquero que siguió con lo que hacía como si nada mientras que Jack mira con preocupación a Gabrielle que aún no sale de su asombro.

Después de un rato, la balsa llega hasta la otra orilla, había una plataforma al frente, estaban más cerca de su destino, Caronte extendió su huesuda y descompuesta mano esperando su paga, Jack al ver que los demás no hacían nada, les quitó las monedas a los dos y se las entregó al barquero que esperaba ansioso a que se largaran sin decir ni una sola palabra al respecto, si esos dos le aterraba la idea de pagar, no podría esperar que ellos se levantaran primero, después de pensarlo unos segundos se puso de pie y camino decidido pero con miedo a la vez para pisar de primero la plataforma y dar otros pasos más esperando a que se dignaran a hacer lo mismo. Con un gesto con las manos los obligó a abandonar la balsa por fin, eso fue fácil, lo demás que venía a continuación si no lo sería.

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Re: I'm on the highway to hell...{Privado}

Mensaje por Gabrielle Della Fournieth el Jue Abr 05, 2012 4:02 pm

Básicamente había esperado ese momento desde que se había enterado de la maldición que afectaba a su hermano mayor, el Inframundo era más tétrico y lúgubre de lo que jamás se había imaginado, ni en sus peores pesadillas, aquello era mil veces peor. Las almas cantando descoordinadas un himno a la muerte, buscando unirte a su séquito, hundirte en un foso de perdición a su lado durante toda la eternidad. La mera posibilidad lograba que se le erizaran los cabellos de la nuca. No obstante, la muchacha de mirada azulada no olvidaba que estaba allí por algo mucho más grande que su vida; estaba por él, por Abel, y aquello le daba fuerzas para tragar saliva, resignarse y mirar hacia delante, hacia esa oscura tarima donde descenderían en cualquier momento.
Su corazón latía frenéticamente, por la emoción del momento y el susto de haber sido atrapada por un alma. Abel revisó su tobillo y luego de eso la muchacha intercambió una mirada con Jack, ofreciéndole una sonrisita, o un intento de ello, como quien dice “Deja, no pasa nada”, después de todo, tenían peores cosas por las cuales preocuparse.

La balsa finalmente tocó puerto, atenuándose en las inestables aguas compuestas por aquellas almas que habían olvidado lo que se sentía la paz. El capitán del Perla Negra fue el primero en poner un pie fuera de la seguridad de su transporte y pararse como un temerario en la plataforma infernal. Los hermanos, sostenidos uno del otro, descendieron también y se separaron por cuestiones de seguridad, si ocurría algo y tenían que pelear, entorpecerían la situación permaneciendo tan cerca.
Ni siquiera tuvieron tiempo de hacerse preguntas entre ellos, ya que se pudieron oír pasos a la distancia, fuertes y rápidos hacia el sitio donde los intrusos se hallaban, Gabrielle removió entre sus pertenencias hasta remover una pistola, por más inútil que le resultara, notando que Jack y Abel no tuvieron reacciones muy diferentes. Los nervios le carcomían, se le heló la sangre, que parecía dejar de correr por sus venas, y sus nervios se tensaron mientras los tres esperaban en silencio, como acechando, el peligro inminente que de forma fehaciente los cazaba con cada paso…
Sin embargo, al notar que aquella silueta que se acercaba hacia ellos no pertenecía al dios del Inframundo, su preocupación sólo se agravó. Estaban frente a frente a Perséfone, deidad inocente raptada hacia el infierno, la Reina de la muerte, en forma humana. Con el ceño fruncido y expresión desconcertada parándose a su lado y analizándolos uno por uno, se oyó un susurro casi imperceptible salir de sus jóvenes labios, mirando fijamente a la muchacha y a Jack, con expresión indignada…”Mortales” . Gabrielle no pudo dejar de notar que se refería sólo a ellos dos, Abel no entraba en esa simple palabra que Perséfone había pronunciado… ¿Su hermano no era un mortal?

Necesitamos su ayuda – se apresuró a hablar antes de que la deidad pudiese alterarse o buscar la presencia de su esposo. Era extraño estar cara a cara con alguien cuyas leyendas has leído en libros amarillentos de mitología griega, tan extraño que parecía un sueño, y Gabe prefería mantenerlo así, sentirse como dentro de un sueño, seguir la corriente, porque si enfrentaba el hecho que era realidad, podría trabarse, detenerse, asustarse…y la misión se iría al demonio – . Mi hermano ha perdido su alma hace seis años, por cuestiones más allá de su control, por injusticia…hemos venido a recuperarla, pero no podemos hacerlo solos, y ade…
Él tiene alma –la mujer observó a Abel de forma analítica, con una ceja enarcada, mientras lo penetraba con aquella mirada, fría como el hielo, que podría dar escalofríos a cualquiera –, pero no está completa…ni es suya. Tiene la mitad de tu alma – esta vez se volteó hacia Gabrielle, fijando su mirada en sus ojos azules, la muchacha se encontraba anonadada…¿Le había transmitido parte de su alma por la magia voodoo y ni siquiera lo sabía?

. Voy a ayudarlos –en los ojos de la mujer se pudo notar, al menos por un instante, una chispa de pena, empatía, melancolía provenientes de Abel.
La pirata intercambió una mirada con Sparrow, acercándose a él, no podía decir que en sus conversaciones no se haya incluido la posibilidad de que ambos hermanos compartieran el alma, pero tal vez se negaba a creer que fuera cierto. Observó de reojo la pistola del capitán, debían seguir el plan, lo que sea para que Abel saliera de allí sano y salvo, y pudiera tener la vida que merecía.
, ahora…intenten ser cautelosos, síganme hacia… –la voz de Perséfone se congeló de repente, y en el ambiente se podía sentir la incomodidad y el miedo, algo estaba pasando…alguien más estaba llegando. Alguien que, definitivamente, no tendría la misma comprensión hacia ellos que tuvo aquella mujer. Hades.
No olvides el plan. –fue lo único que dijo, en un susurro ahogado, para Jack. Ahora sí deberían pelear, como nunca en su vida, para intentar salir del agujero más peligroso del universo, para volver a tocar la superficie, para permitir que una pobre alma en pena vuelva a sentir la felicidad.

Gabrielle Della Fournieth
Maestre en El Perla Negra

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